5 – 13 octubre 2021

 

2.127 días viajando…
8 días en Grecia…
31 días de mototrip…

El 5 de octubre de 2021 llegué a la frontera con Grecia. Atrás queda la etapa por Albania, una de las más interesantes del mototrip, pero no te pierdas la de Grecia, que también promete ser sorprendente.

Vamos a elllo.

El mototrip

5 de octubre de 2021. Una vez cruzada la frontera, con test Covid incluido, vuelvo a estar en territorio de la UE. Vuelvo a tener datos de roaming y vuelvo a pagar en Euros. El lado malo es que vuelvo a los precios de Europa.

Mi primer destino es un parking de campers que he visto en park4night al lado del Monasterio del Profeta Elias. Cuando llego, veo que el lugar es una pasada, con agua y todo.

El único problema es que he llegado demasiado pronto. Sólo he tardado 40 min desde la frontera y apenas es mediodía, un poco pronto para terminar la etapa de hoy. Si el sitio fuera más animado, con más gente acampada, estaría muy bien pasar aquí el día. Pero estar absolutamente solo… no me animo.

Me acerco hasta Zitsa, el pueblo que hay al lado, y me tomo un café en el Παραγωνο Café mientras planifico.

He quedado en pasar una temporada en Corfú con unos amigos dentro de unos días. Para mí ése será el final de mototrip, ya que, justo después, me iré a la isla de Syros a hacer el housesitting que es el motivo (excusa) de todo este viaje.

Como dispongo de unos días antes de llegar a Corfú y no quiero gastar dinero, ayer solicité algunos workaways y me han aceptado en un refugio de perros con bastante buena pinta donde pedí estar unos 10 días. Lo único es que está cerca de Thessaloniki, es decir, a más de 300 kms, que es lo máximo que hago por etapa. Así que decido, irme acercando hacia allá, pero llegar mañana. La verdad es que es una pena no aprovechar este lugar tan chulo.

Decido ir a Kastoria como punto intermedio, porque veo en park4night que hay un parque (El Parque Mesopotamia) donde está permitido aparcar campers y acampar. Y gratis. Es perfecto para mí.

El camino hasta ahí son más de 2 horas entre montañas espectaculares y sin casi ver nada ni nadie más que árboles, ni siquiera pasa por casi ningún pueblo. Es impresionante.

Cuando llego al Parque de Mesopotamia (Δασάκι Μεσοποταμίας), es una maravilla. Enorme, con sitio indicado para campers, BBQs, mesas de picnic, fuentes de agua, zona infantil… impresionante.

Pero como no veo ninguna indicación sobre acampada, me acerco a preguntar a un grupo de jóvenes que están de BBQ. Una chica del grupo me dice que está permitido acampar (de hecho luego veo una zona habilitada y señalizada) pero que es un poco peligroso por los osos…

…WTF??? PERDONA???

Me dice que por el pueblo se comenta que hay una familia de osos que viene por las noches a comerse los restos de comida, pero que tomando las debidas precauciones no pasa nada.

¿¿Perdona?? ¿¿Cuáles son las debidas precauciones para protegerte de una familia de osos hambrientos mientras duermes en una fina tienda de campaña??

Buena cosa me ha dicho. Es imposible que pueda dormir pensando que pueden haber osos. Cualquier pequeño ruido me va a hacer estar alerta.

Le doy mil vueltas a la situación y no se me ocurre nada. Me voy con la moto a la ciudad de Kastoria para comprar algo para el desayuno de mañana mientras pienso en opciones. Busco couchsurfings, hostels, y campings… y nada, no hay nada por la zona que no sea extremadamente caro o lejano. Vuelvo al parque sin saber muy bien qué demonios hacer.

Y, de repente, me fijo en esta pequeña edificación…

Me acerco y veo que es un restaurante que parece llevar cerrado un tiempo. Quizá abre solo en verano. O quizá está cerrado permanentemente, porque parece bastante abandonado. Pero lo más interesante es que la parte de arriba es una especie de terraza abierta pero cubierta donde han almacenado montones de cosas. Y lo mejor es que se puede acceder ahí arriba desde una escalera exterior que está medio tapada con una reja, supongo que para disuadir a intrusos. Me parece el sitio más seguro para montar la tienda, aunque seguramente está prohibidísimo. Pero es eso, o hacerme un fuerte con las mesas de plástico que hay amontonadas por aquí. Madre mia.

Aunque tengo el estómago cerrado por los nervios (y eso que no he comido desde el desayuno) me hago algo de cena en una mesa de picnic mientras espero que oscurezca.

Los únicos que hay en el parque a estas horas son unos obreros trabajado en una especie de tubería enorme. Termino de cenar cuando oscurece y justo cuando los obreros se van.

De repente estoy a oscuras y completamente solo en este parque enorme. Impresiona una barbaridad. Pienso que van a aparecer osos en cualquier momento. Recojo y lavo lo de la cena a todo correr y me organizo: Aparco la moto detrás del edificio, dejando toda la comida en el baúl bien cerrado. No dejo comida en las alforjas, pero aún así las cierro bien cerradas. Donde dejo la moto es el único lugar mínimamente iluminado por dos focos azules suaves justo detrás del restaurante. Quizá está iluminado precisamente para ahuyentar a lo animales, así que perfecto.

Me subo el resto de las cosas a la terraza, cierro bien la verja y monto la tienda sobre el suelo de cemento. Al final es divertido y todo. Consigo dormir bien, sin la preocupación de que cualquier ruido pueda ser un oso. Y ni siquiera veo ninguna patrulla de la policía haciendo la ronda ni nada similar. Menos mal.

6 de octubre de 2021. Como amanece a las 7:30, me he puesto el despertador a las 7h para recoger antes de que venga nadie, pero me despierto a las 6:30 y como ya hay algo de claridad me levanto y recojo.

Hago un yoga breve, porque no me quiero entretener mucho y me siento un poco cansado. Desayuno en la misma mesa de ayer mientras dejo que se seque la tienda.

Muy originales son aquí con los carteles de los WC…

Pongo todo en la moto… y en marcha.

El día está desapacible, nublado y mucho más frío que ayer. Está claro que me tengo que poner más ropa, asi que hago una parada en el primer pueblo que me encuentro: Lechovo.

Concretamente en el Καφέ Ταβέρνα, donde me pido un café, mi primer café griego. Se trata de un café muy cargado, casi espeso y sin filtrar, por lo que tienes que esperar a que los posos se vayan al fondo. Es imbebible. Y encima me cobran 3€ (!!). Se nota que he vuelto a la EU.

Aprovecho la parada para ponerme el forro a la chaqueta, las mallas bajo el pantalón y los calcetines gruesos. Mucho mejor así.

La siguiente parada es en Rizari, en el Sweet Chocolate Coffee illy, para comprar pan para hacerme algo de almuerzo.

Poco después empieza a chispear. Tiene mala pinta el tiempo. Así que paro en una gasolinera en Giannitsa para refugiarme. Y, ya que estoy parado y parece que va para largo, aprovecho para almorzar algo. Me hago un bocata con el tomate y el queso.

Justo cuando acabo el bocata, para de llover y ya no me vuelve a llover en todo el camino. Perfect timing.

Tengo que cruzar Thessaloniki por la carretera que sigue la costa y el tráfico es espantoso. Se nota que es la segunda ciudad más grande de Grecia. Tardo un buen rato en poder pasar al otro lado de la ciudad.

A las 15h llego por fin a Hopeland Dogs Shelter. No estaba seguro de la ubicación exacta, pero es fácil saber que he llegado cuando veo docenas de perros que vienen a la puerta a ladrarme.

Mi llegada no es demasiado abrumadora, porque ya sabía (más o menos) a lo que venía. Eran tantos los comentarios en workaway que decían lo abrumador que podía ser al principio, que ya venía mentalizado. Nada más cruzar la puerta, soy rodeado por docenas de perros, ladrando como locos. Se les nota estresados. Algunos se me suben encima, otros (Carmen y Lola) me marcan un poco. Pero si no muestras miedo, todo ok, aunque puedo entender cómo se sentiría un helper muy joven y sin experiencia con perros.

Ahora mismo hay 5 voluntarios: una pareja de alemanas (Sam y Cassey) que llevan 10 días y se van mañana, un alemán (Lucas) de 18 años, y dos ingleses, Timo que está permanentemente colocado con una bebida a base de weed (según me dice él cuando me la ofrece) y Ted que lleva 9 meses aquí, y es el veterano.

La dueña del lugar es Natasa que llega por la tarde. Va a un ritmo frenético, quejándose de todo lo que le parece que está mal y haciendo mil cosas a la vez. Apenas tengo mucha ocasión de hablar con ella. Por lo que me cuentan, vive y tiene su negocio en otro lugar y esta casa la dedica 100% a los perros y funciona exclusivamente a base de voluntarios. De hecho diría que funciona porque está Ted, que lleva 9 meses. Sin un voluntario de larga duración, sería imposible que esto funcionara.

Eso sí, de lo que no hay duda es de que los perros son todo amor.

Paso la tarde ayudando a darles de comer. Especialmente a los cachorros, que tienen separados en jaulas por protección.

Pero no estoy seguro de que ésta sea la mejor manera de hacer las cosas. Ya me cuesta en general el concepto de “refugio de animales”, porque no estoy seguro de que sea lo mejor para ellos, pero esta idea de que sean tantísimos (debe haber un centenar) y que vivan dentro la casa (me dejan claro que la casa es de lo perros, no de las personas), hace que todo sea un caos. Gran parte del trabajo es limpiar cacas y meados dentro de la casa, claro.

El olor de la casa… pues es el que es, claro.  A eso le añadimos que la cocina está permanentemente hecha un asco, porque son gente joven que no saben mantener ese espacio mínimamente limpio.

El trabajo es fundamentalmente dar de comer a los perros, que al ser tantos y en tantos lugares, lleva más de una hora, y luego limpiar la casa en profundidad (con lejía). Tanto por la mañana como por la tarde. Es un trabajo bastante poco agradecido, pero bueno.

Al tener tantísimos perros, lo que hacen es crear espacios, sobre todo para dormir. Hay perros en el jardín, pero también hay perros en el salón, en las habitaciones… todo según su nivel de estrés o trauma, que les permite  o no estar con otros perros. Y luego también hay perros en las jaulas de fuera, según su peligrosidad o porque hay cachorros.

A mí me ponen en la habitación de abajo con Timo y dos perros: Joshey y Shakira. Lo de dormir con los perros lo llevo bien porque son un amor, pero lo de Timo. No me entusiasma compartir habitación con alguien que está constantemente colocado. Pero bueno, es lo que hay. Parece inofensivo.

Para cenar, Ted ha hecho una musaka de legumbres muy rica y algo de cuscus. Ha tenido en cuenta mi vegetarianismo, todo un detalle.

Cenamos un poco tarde para mi gusto, pero estoy muerto de hambre. En cuanto ceno, me voy a la cama.

Así de bien acompañado duermo.

7 de octubre de 2021. Lo del yoga es un problema, porque se supone que el trabajo comienza a las 7:45 y amanece a las 7:30. Puedo levantarme a las 6:30, pero no me apetece nada hacer yoga de noche. Así que igual me tomo estos días de descanso, que tampoco me viene mal.

Me voy aprendiendo (como me han pedido) los nombres de los perros. No es fácil porque ya digo que son como un centenar. Hoy el día está gris y mi ánimo también. Me es fácil trabajar porque me han dejado muy claro lo que tengo que hacer, pero es bastante físico y cansado… Y la idea de que la mayor parte de mi trabajo sea limpiar cacas y meados… no lo hace especialmente interesante. La mejor parte es darles de comer. La peor es lo de limpiar… y lo de meterlos en sus sitios para que coman.

Y es que ése es otro tema complejo. Hay que meterlos dentro de la casa para darles de comer, porque todos tienen su lugar para hacerlo, y no es tan fácil convencer a las docenas de perros que hay fuera de que entren en casa.

Hoy se han ido los 2 alemanes y Timo, que tiene 2 días libres, por lo que sólo estamos Lucas, el jovencísimo alemán que prepara la comida de los perros, y Ted y yo que se la damos. Al ser menos gente, hay más trabajo.

Lo bueno es que Natasa es muy organizada y dice a cada uno lo que tiene que hacer con exactitud. Se agradece que haya estructura y organización. Eso hace que las cosas sean más fáciles. Pero voy viendo que Natasa tiene un carácter muy fuerte, por lo que tengo que mantenerme firme para que mantengamos una relación de respeto mutuo.

Los perros sí que saben entender las emociones. Como Estela…

He descubierto que en el cuarto de la lavadora tienen a los cachorros más pequeños.

El desayuno y el almuerzo se lo apaña cada uno. Yo me hago algo con arroz.

Por la tarde la cosa se tuerce. Mi ánimo ha caído por completo. Empiezo a sentir que este lugar no tiene sentido, que los perros están demasiado estresados y que va a ocurrir una desgracia en algún momento. Cuando llega Natasa por la tarde, empieza a decirme lo que se ha hecho “mal” de mis tareas y que debo “aprender y mejorar”, y que repetiré las tareas hasta que lo haga correctamente. Para mí, esto es la gota que colma mi vaso.

Pero el vaso ya estaba lleno por tantísimas cosas, que era muy fácil que se desbordara. Las repaso mentalmente:

1) Me han colocado en la habitación de abajo, durmiendo con dos perros (Shakira y Joshey), que son un amor, pero no deja de ser dormir con dos perros. Y lo peor, es que en la habitación de al lado, la que debo cruzar para ir al baño, hay unos 6 perros, algunos de ellos, como Carmen o Lola, bastante agresivos, llegando a marcarme en algunos casos. Así que imaginad lo que es cruzar esa habitación a oscuras para ir al baño.

2) Me hacen compartir habitación con Timo, que está todo el día colocado con una bebida a base de hierba, que es lo primero que toma nada más poner los pies en el suelo por las mañanas y lo último justo antes de dormir. No me fío de alguien que ha destrozado su cerebro a base de drogas y no me siento seguro durmiendo con alguien así.

3) La habitación en la que me han puesto es un sótano bastante inhabitable y el olor es terrible.

4) Creo que tener docenas de perros juntos y estarlos metiendo y sacando de las estancias a diario, hace que estén en continua alerta y estrés, y eso puede llegar a ser muy peligroso. Como decía Liz, la adiestradora de perros con la que trabajé el invierno pasado, un perro estresado nunca sabes por dónde puede salir y puede llegar a ser peligroso. Y yo siento a estos perros terriblemente estresados. Eso hace que, a momentos, sienta miedo de ellos, y eso es algo que jamás me pasa con perros “normales”.

5) La mayor parte del trabajo es recoger cacas y limpiar y limpiar.. Esto ya lo sabía, pero pensaba que habría alguna parte gratificante… y francamente, no la hay, más allá del amor que recibes por parte de la mayoría de los perretes. Pero estoy un poco harto de workaways (como el de los caballos) que se aprovechan de esa parte gratificante de trabajar con animales, para exigir mucho más trabajo del habitual en estos intercambios.

6) Natasa, en vez de valorar a los voluntarios y lo mucho que hacen, los trata con rudeza. En general trata a todos como se trata a voluntarios de 18-20 años y no ve que, a mi edad, esas cosas ya no las acepto. Hace mucho que dejé de aceptar que me trataran como un “subordinado” incapaz. Y si alguien no sabe valorar todo lo que puedo aportar, entonce no merece la pena.

7) La cocina es una auténtica mierda y el caos es total por falta de lugares donde guardar cosas y la poca organización. Me deprime cada vez que voy a usarla. Me gusta cocinar, pero no puedo con una cocina sucia y caótica.

8) Lucas es un chico majísimo, pero tiene sólo 18 años. Ted es algo mayor, pero me cuesta comunicarme con él, porque es el típico inglés que no se da cuenta de que la otra persona está haciendo el esfuerzo de hablar en SU idioma, y no vocaliza ni habla claro. Así que la compañía no es muy estimulante.

9) En general voy llevando cada vez peor el concepto refugio de animales para salvarlos… Creo que, muchas veces, los animales no necesitan salvadores.

10) Tengo que aparcar la moto fuera del recinto, porque todo el espacio de dentro es para los perros

11) Todos tienen la manía de fumar dentro de la casa, incluso en la cocina, sin ninguna consideración hacia mí.

Todo ello hace que al final de la jornada, pete por completo. La idea de pasar aquí 10 días, me supera. Me siento muy estresado, con el corazón acelerado y me tiemblan las manos. Hacía muchos años que no me sentía así. Es un aviso del cuerpo para decirme que NO. Así que por la tarde hablo con Natasa y le digo que no puedo y que no sigo. Ella dice que OK con bastante altivez y frialdad, y me dice que ya lo sabía y que por eso no coge gente de mi edad. Lo dice como si el problema fuera de resistencia física, pero ni me molesto en discutirlo. Y lo de que ya lo sabía, tiene gracia, porque ayer mismo me estaba ofreciendo que me quedara un año y pagarme por ello. Ni loco.

Lo siento, pero no me gusta su energía ni la energía de este lugar. También lo hablo con Ted y Lucas, para decirles que me voy mañana. Le pregunto a Ted que cómo es posible que lleve aquí 9 meses con lo caótico que es esto. Me dice que para él es un desafío estar aquí. Yo le digo que yo ya no necesito ese tipo de desafíos en mi vida. Lucas me dice que lloró sin parar los 4 primeros días, pero que luego todo va mejor.  Que si me quedo, veré que luego todo es más fácil. Pero la cuestión es… ¿¿para qué?? ¿Qué necesidad hay de pasar por algo que no me hace feliz? Hace tiempo que no me siento obligado de ninguna manera a hacer cosas que no me apetecen. 

Para mí, en workaway se trata de un equilibrio entre lo que das y lo que recibes. Y con “lo que recibes” no me refiero sólo a cama y comida. Es la experiencia. Es hacer que me guste estar en un lugar. Si no me gusta, francamente, prefiero pagar por la cama y la comida en un sitio que me guste, a estar en un lugar en el que no me siento bien. Es así de fácil.

Así que está decidido, me voy mañana. Y esa decisión me hace sentir infintamente mejor. Es exactamente la misma sensación que tuve cuando decidí dejar el Vipassana en Nueva Zelanda.

Ted hace algo de cenar (pollo para ellos y falafels para mí, todo un detalle) y a la cama. Hoy sólo acompañado por los dos perretes.

Duermo bastante bien. Hasta los perros están bastante más tranquilos esta noche.

8 de octubre de 2021. Sobre las 6h empiezo a despertarme y ya no me duermo. Me levanto, recojo mis cosas, y me despido de Shakira que ha sido un amor conmigo.

Me despido de Ted y Lucas y me voy bien temprano aprovechando que no llueve, aunque el cielo amenaza. Ésta es mi despedida del lugar.

En cuanto estoy en la carretera, el cielo cumple su amenaza y empieza a llover…

…Y me empieza a pasar de todo. Es de esas veces en que parece que todo se pone en tu contra. Casi pierdo el forro antilluvia de una de las alforjas (cuando me doy cuenta está a punto de soltarse), se me cae el espejo retrovisor en medio de la calle con coches teniendo que pararse para que lo pueda recoger, tengo los pies y las piernas empapados, se me está mojando la mochila…

En otra época pensaría que el Universo me lo pone difícil por haber tomado una mala decisión, pero esta vez no. Esta vez sé que he hecho bien en irme de Hopeland y esto no va a hundirme. Si debo superar obstáculos, por algo será.

Cuando llego a Thessaloniki, me pongo a buscar un café donde poder parar hasta que pase la lluvia. Pero necesito poder dejar la moto mínimamente a cubierto para que no se me moje (más) la mochila. No es fácil, pero al final lo encuentro por la zona centro. Pido permiso para aparcar la moto debajo del toldo al lado de la mesa de la terraza donde me voy a sentar. Me dicen que sí, menos mal.  Estoy bastante empapado y bajillo de ánimo, pero puedo con esto.

Lanzo solicitudes de couchsurfing y busco otras opciones de quedarme por aquí, porque lo de viajar hoy está imposible con el tiempo así. Al final encuentro el Hostel Crossroads por 15€. Carillo, pero con muy buenas referencias y, menos mal… ¡tiene parking!

Me espero a que deje mínimamente de llover. Tras dos cafés y mucho tiempo, por fin, sobre las 11h, puedo ir para allá.

La recepcionista del hostel es una griega llamada Mariana que ha estado en Madrid hace nada. Es un amor de persona. Me da acceso al parking, una habitación, todo tipo de facilidades y mucha conversación.

El hostel está en la zona alta de Thessaloniki, con estas vistas.

Aprovechando que la lluvia me da una pausa, me cambio y me voy a comprar algo de comida con la que me preparo un arroz caldoso con judías verdes para entrar en calor.

Después de comer, como vuelve a llover, me monto la oficina en el salón del hostel y me pongo al día con el blog.

En cuanto deja de llover, salgo al aire libre y bajo a Thessaloniki.

Thessaloniki (o Tesalónica o Salónica, como se la conoce actualmente en castellano) es la segunda ciudad más importante de Grecia, después de Atenas. Ha sido cuna de muchas culturas. Fundada en el siglo IV a.C. por el padre de Alejandro Magno, fue parte del Imperio Romano, del Bizantino, del Otomano y finalmente del Reino de Grecia. Tantas culturas han dejado innumerables huellas en la ciudad.

El centro de Salónica es muy… modernete, muy hipster. Todo el centro está lleno de bares, cafés y restaurantes modernetes y llenísimos hasta la bandera.

El paseo por el puerto es muy chulo, pero el tráfico por el centro es algo agobiante. Aquí la Torre Blanca de Tesalónica y sus vistas.

Algo que no había comentado aún es que Grecia es el país de los gatos. Están por todas partes.

Vuelvo al hostel y me cuezo unas verduras con huevos para cenar, y a dormir.

9 de octubre de 2021. Me levanto a las 8h y hago mi sesión de yoga en el balcón. Me sienta de maravilla después de tanto tiempo sin hacer. Ducha y desayuno.

No llueve, pero el día está más gris que Gandalf, así que decido quedarme otra noche en el hostel y tomarme el día de hoy con mucha calma, dedicado sobre todo al blog.

Por la tarde me doy otra vuelta por la ciudad. Me llama la atención la mezcla de lo nuevo con lo antiguo.

Paso por la Plaza Aristotelous.

Me tomo una cervecilla en el Iliotropio Cafe, La verdad es que no ha llovido en todo el día, pero estaba tan nublado que parecía que podía llover en cualquier momento. Igual he dejado escapar una buena oportunidad para moverme, pero no tengo prisa, aunque el hostel no me está saliendo muy barato. Veamos cómo está la cosa mañana.

A la vuelta, paso por la Iglesia de Saint Pavlos,

Vuelta al hostel… y más gatos.

Ha sido un día de relax total. A ver si mañana puedo moverme. He encontrado un hostel muy chulo cerca de Meteora, una zona montañosa con monasterios, así que ésa será mi próxima etapa.

10 de octubre de 2021. Me levanto a las 7:30. Yoga, ducha y desayuno. El cielo tiene hoy peor pinta que ayer. Mucho viento y llueve a ratos. No sé qué hacer. Sigo buscando couchsurfing por aquí por si me tengo que quedar otra noche, así no sigo gastando dinero. Me encuentro en couchsurfing a un griego que habla español al que le pedí alojamiento en Singapur hace 4 años. Pero parece que no puede alojarme, qué pena.

Ayer por la tarde pasé al lado del hostel Little Big House, mucho más pequeño, pero con más encanto y en una parte de la ciudad de calles estrechas y peatonales. Hoy paso a preguntar, porque en la web dice que es un poco más barato que el mío, pero me dicen que ya no alojan, que ahora mismo es sólo cafetería.

Así que, viendo la que cae, me quedo una noche más.

Paso la mañana dedicado al blog. Después de comer, bajo al centro para hacer una colada en Easywash Self Service Laundry, un selfservice de lavadoras y secadoras, pero que está muy bien, por 5€ ropa limpia y seca.

La tarde la paso con el blog y por la noche conozco a Fabián, un alemán majísimo que ha estado en colombia y habla muy bien español. Acabamos jugando dos partidas de ajedrez: la primera tablas y la segunda me gana. Pero ha estado muy igualado.

También hablo con una pareja de chicas (fracesa y colombiana) que han estado trabajando en un campamento de refugiados y me cuentan cómo era aquello. Sin duda es un tipo de voluntariado especialmente duro.

Me quedo despierto hasta tarde viendo El Juego del calamar.

11 de octubre de 2021. Ha llovido desaforadamente toda la noche, pero por la mañana ha dejado de llover. Me levanto a las 7:45 y hago mi sesión yoga. Ducha y desayuno mientras recojo mis cosas. Aunque está gris, sigue sin llover, así que me arriesgo a moverme. Quiero ir a Kalambaka para visitar la zona de Meteora, tal y como me recomendó Giada.

Veo que en Kalambaka hay dos hostels: The Holy Rock Hostel, que tiene las mejores referencias pero cuesta 15€ la noche, y el HostEl Greco, que tiene menos referencias, pero cuesta 12€ la noche. Al final me decido por el segundo. Estoy en economía de guerra.

La primera parada es en Georgiani, en el café O Τσάρτιλος, una cafetería de vejetes con mucho encanto, donde el dueño es pura amabilidad desde que me ve llegar con mi moto de viajero.

Cuando voy a pagar, me dice que no, que invita la casa. ¡Qué maravilla de lugar y qué maravilla de persona!

Como siempre, le pido a Google Maps que evite los peajes, por lo que la aplicación decide llevarme por las montañas hasta 1.350 m de altura, cruzando las nubes, con una niebla y un frío considerables, pero es muy emocionante. Eso sí, tengo que ir con un cuidado extremo porque el suelo está mojado.

Llega un momento en que subo tanto, que estoy incluso por encima de las nubes.

Y poco después, ya bajando, estoy en la frontera con la región de Macedonia Occidental.

La segunda parada en Vatolakkos, en una cafetería donde, justo cuando llego, ya ha cerrado, pero los dueños, que ya estaban saliendo, se apiadan de mí y me ponen un café y un cruasán y me dejan quedarme en la terraza el tiempo que quiera, y se van.

Al rato, empieza a llover, así que meto la moto en la terraza, a cubierto, y espero. Vuelve la dueña, y me dice que no hay problema con la moto, que lo que necesite… Qué maravillosos son los griegos.

Por fin para de llover y sale el sol. Menudos cambios de clima. Un último tirón. Lo de los osos aquí no es broma.

Y ahí empieza a verse Meteora.

Llego a Kalambaka, la ciudad más cercana a Meteora y desde donde salen la mayoría de excursiones.

Y aquí está el HostElGreco (gracioso juego de palabras).

El hostel es pequeñito pero muy acogedor y el dueño es una persona encantadora. Los huéspedes son de lo más variado, gente mayor, gente joven, gente rara… Está casi lleno. Me sorprende ver hostels tan llenos en octubre.

Me instalo y me voy al Lidl a comprar para mis próximas comidas. Aquí compro sólo lo que es de súper. Para la fruta y verdura me voy con la moto al puesto que vi a la entrada.  De hecho es el que se ve en la primera foto de Meteora. Hice esa foto para tener geolocalizado el puesto. Ahí compro los tomates y algo de fruta. El frutero es también una maravillosa persona. Da gusto viajar así.

Dejo la compra en el hostel y me doy una vuelta por el centro hasta que empieza a anochecer. La visión de Meteora desde la ciudad es muy impresionante. El tipo de roca recuerda un poco al Montserrat. A ver si mañana hace bueno y me lo pateo.

La Iglesia de la Asunción de la Virgen (Ναός Κοιμήσεως της Θεοτόκου), en la parte más alta de la ciudad, donde empiezan las excursiones a Meteora.

 

Vuelvo al hostel para hacerme cena. La cocina es exterior y está terriblemente equipada, pero me apaño. Lo malo es que no tiene ni una olla decente y yo quería hacerme unas verduras cocidas. Al final, como sólo tiene sartenes, me hago un salteado y ya está.

Y sí, me he comprado una botella de vino. Así me consiento de vez en cuando.

Un par de episodios de El Juego del Calamar, y a dormir.

12 de octubre de 2021. Noche tranquila, aunque el de la cama de abajo de mi litera utiliza un respirador por la noche 😳, pero bueno, no hace demasiado ruido.

Hoy no hago yoga, porque ha amanecido con suficiente buen tiempo como para irme de excursión. Así que ducha, desayuno de huevos…

…y me pongo en marcha. Hay un poster en el hostel que representa la zona a la perfección.

09:15 – Empiezo la excursión. Cruzo Kalambaka a pie hacia la Iglesia de la Asunción de la Virgen, en la zona alta, que es donde empiezan los senderos.

09:37 – Llego hasta el comienzo del sendero que lleva al Monasterio de la Santísima Trinidad, uno de los innumerables monasterios que hay sobre las rocas, justo cuando el sol sale por detrás de la montaña.

09:45 – El sendero está hecho con piedras y marcado con flechas rojas. No tiene pérdida. Según me voy alejando de Kalambaka y voy subiendo, las vistas mejoran por momentos.

10:00 – Es difícil no ir haciendo fotos todo el camino.

10:10 – Ya se empieza a ver el Monasterio de la Santísima Trinidad.

10:12 – Y, muy poco después el sendero desemboca en el camino que lleva por un lado al monasterio y por el otro a otros monasterios.

10:15 – El camino empieza a subir excavado por la pared de roca. Es impresionante.

10:18 – Y aquí está, el Monasterio de la Santísima Trinidad.

Como suele ocurrir en los lugares turísticos y especialmente en los religiosos, cobran la entrada. Así que me quedo por el jardín, que está lleno de gatetes y tiene unas vistas estupendas.

10:23 – Empiezo a bajar y aprovecho para grabar el camino, porque es impresionante cómo está excavado en la roca.

10:30 – Y así se ve el monasterio cuando voy bajando.

10:45 – Y aquí empieza la parte interesante de la excursión. Rápidamente descubro que visitar los monasterios no tiene mucho sentido. Me van a hacer pagar en todos y están llenos de turistas. Lo interesante va a ser meterse por los senderos entre las montañas.

El sendero de bajada me lleva hasta la carretera que lleva al Monasterio de San Estaban, pero la sigo en dirección contraria hasta encontrarme con un sendero que sale hacia la izquierda y baja por la ladera..

10:50 – Y siguiendo un poco este sendero, encuentro uno de los rincones más bonitos de Meteora, con vistas a Kalambaka entre dos montañas. Desde aquí puedo ver a los turistas apelotonados en los miradores, y aquí no hay absolutamente nadie.

11:07 – Sigo el sendero hasta el mirador Sunrise Rock.

11:19 – Y, siguiendo la carretera, llego hasta el siguiente mirador, que está lleno de gatos.

11:34 – Desde el mirador, bajo por unas escaleras hasta el Monasterio de Roussanou, al que no entro, por supuesto. Prefiero ver los gatos que se agrupan alrededor de la papelera.

11:56 – Desde el monasterio, sigo por la carretera en dirección sur hasta encontrar un nuevo sendero a mi izquierda, en la curva. En uno de los desvíos tomo otro sendero a la izquierda que me lleva a uno de los rincones más sorprendentes (y solitarios) de Meteora. Una enorme roca aislada entre dos montañas. No puedo evitar la tentación de explorar.

12:00 – Me pongo en modo cabra y subo por la derecha de la roca. El tema no es sencillo, porque no hay sendero, la subida es muy empinada y la roca muy resbaladiza.

Me tienta pasar al otro lado, pero no lo veo demasiado claro y sí un poco peligroso yendo solo. Si fuera acompañado me atrevería a más, pero el riesgo de tener un accidente estando solo y sin que nadie sepa dónde estoy, es un poco demasiado.

12:40 – Desde aquí me voy a Monks’ Prison, unas cuevas escondidas que he visto en el mapa.

13:00 – Continúo por el sendero hacia el oeste para rodear la Montaña del Espíritu Santo.

En la ladera de la montaña se ve una cueva con algunas construcciones. Pero no veo la forma de llegar ahí sin escalar.

13:10 – Entro por fin en la “civilización”, por la zona de la aldea de Kastraki, y veo, ahí a lo lejos, una curiosa roca puntiaguda.  Según el mapa, se llama Adrachti o Spindle Rock en inglés.

Estoy cansado, pero la tentación de ver aquello es demasiado grande, así que voy para allá.

Voy por las calles de Kastraki lo más recto que puedo hasta la Ermita de San Nicolás. Desde ahí suben unas escaleras hasta la Celda de Constantino.

13:35 – Y ya sólo hay que seguir el sendero hasta la Roca de Adrachti, que, vista de cerca, es más impresionante aún. Es increíble que se mantenga en pie.

13:39 – Según mi mapa, se puede seguir por un sendero al otro lado de la roca hasta un arroyo, que lleva hasta Kalambaca. Sería el camino más corto para volver. Pero cuando llego al arroyo, veo que éste baja en plan cascada entre las rocas con grandes caídas. Imposible pasar por ahí.

13:42 – Vuelvo por donde he venido y, al pasar por la roca, me subo un primer tramo que es posible (aunque no fácil) subir, hasta un saliente con unas buenísimas vistas de Kalambaka.

13:55 – Para volver, tengo que desandar parte del camino hasta Kastraki, pero, en la calle Mela Kurkuna, tomo un sendero a la izquierda que lleva hasta un mirador con unas vistas maravillosas.

14:07 – Y la última sorpresa del camino es esta especie de mini-monasterio construido en una cueva de la roca y donde no tengo ni idea de cómo se accede.

Llego al hostel sobre las 14:30. Han sido más de 5 horas de excursión casi sin parar.

Según he ido avanzando en la excursión, me he ido dando cuenta de que Meteora ha sido convertido en un lugar muy turístico… pero no tanto por las formaciones rocosas (que son espectaculares, aunque, para mí, es superado por el Montserrat, al que se le parece bastante), como por el hecho de que se construyeron una serie de monasterios cristiano ortodoxos en el S.XIV encima de las rocas para protegerse de los invasores turcos, lo que le da unas vistas impresionantes. Pero han convertido el asunto de los monasterios en un negocio turístico (cobran por entrar en todos) y es un poco agobiante la cantidad de autobuses de turistas que los visitan. Y por si fueran pocos los motivos para no visitarlos, el colmo es cuando veo que a las mujeres no se les permite el acceso con pantalones (aunque sean largos), deben llevar falda… ¿perdona? Eso sí, si no tienen una falda, les dan una tela para que se cubran. Ejem.

Por eso, lo verdaderamente interesante es perderse por los infinitos senderos que hay entre las rocas. Siguiendo el mapa de Open Street Map, me he llegado a encontrar en lugares increíbles y bastante inaccesibles.

La excursión ha sido de 14kms, nada menos, pero pasando bastante de los monasterios. La he subido a mi perfil de wikiloc, por si quieres visitar algunos de los lugares.

Vuelvo al hostel bastante cansado. Me hago un arroz y paso la tarde de tranqui con el blog.

13 de octubre de 2021. Me levanto temprano con la idea de hacer yoga, pero no encuentro dónde hacerlo. El único espacio medio despejado sería la azotea, pero está en obras y no se puede acceder. Así que ducha, desayuno y recojo mis cosas. Consigo ponerme en camino bastante temprano. Parece que hará buen tiempo.

Hoy voy hacia el oeste, hacia Igoumenitsa. Mis amigos Toñi y Sergi me han invitado a pasar unos días con ellos en Corfú. No me esperan hasta dentro de un par de días, así que mi idea es quedarme en Igoumenitsa un par de noches y luego pillar el ferry.

Me pongo en camino. Como siempre, le pido a Google Maps que evite las autopistas y me lleva por una carretera espectacular por las montañas.

Eso sí, tengo que ir despacio y con bastante cuidado, porque con frecuencia me encuentro con esto…

Pero veo que empiezo a subir y a subir y a subir… Pongo el altímetro y veo que ya he pasado los 1.000 m. Sigo y 1.100, 1.200… cuando me quiero dar cuenta estoy en el Paso de Katara… ¡a 1.686 m!

Flipo. Nunca había conducido en moto a tanta altura. Hace un frío del copón, claro. Por suerte hay sol, pero las manos se me están congelando y poco a poco me va entrando el frío en los huesos. Llego a un punto en que ya no puedo más. Pero, como siempre, el Universo me sonríe y me encuentro en medio de la nada una cafetería, el Country Grill Cafe.

Me pido un café y un sandwich de queso para entrar en calor. Me da la vida. Qué poco preparado estoy para el frío, pero qué chulísimas son las vistas por aquí.

Una vez que entro en calor, ya puedo seguir. Esto es otra cosa. Efectivamente las vistas son espectaculares por aquí.

Sigo bajando hasta llegar al Lago Pamvotida, cuyas aguas bañan la ciudad de Ioannina.

Y justo cuando estoy pasando al lado del lago, tengo un inesperado encuentro.

Me compro algo para hacerme una ensalada y busco en el mapa un lugar con una fuente para parar a comer y poder luego lavar el tupper. Veo que hay una fuente en Vrosina, un poco más adelante. Justo cuando llego empieza a chispear, así que aparco la moto bajo un viejo tenderete con una lona. Perfect timing porque en ese momento empieza a llover fuerte. 

Estoy al lado del antiguo Puente de Piedra de Vrosinas, que es justo donde está la fuente.

Me hago la ensalada y me la como allí mismo, de pie, sobre la moto.

Después de comer, me tomo un café en Τσίτος Σταύρος mientras espero a que pase la lluvia. Me toca esperar bastante.

Cuando por fin para la lluvia, sigo todo feliz porque he conseguido no mojarme y la carretera tiene estas vistas…

…pero la felicidad es pasajera. Justo a la altura de Neraida, me pilla de nuevo la lluvia sin encontrar un solo sitio donde refugiarme. Por fin encuentro una gasolinera de BP, pero ya me he mojado los pies, que es justo lo que no quería.

Espero a que pase la lluvia y sigo.

Al final llego a Igoumenitsa poco después de las 16h. Mis intentos de conseguir un couchsurfing han fracasado y no veo alojamientos baratos por la zona, así que hablo con Toñi y le digo de ir hoy mismo a Corfù (se suponía que iba en un par de días) y me dice que sin problema.

Voy directamente al puerto para preguntar si necesito el test Covid para embarcar, y me dicen que sí. Esperaba librarme esta vez. Me indican una farmacia justo enfrente donde pueden hacérmelo. Cuando voy a la farmacia, veo que han cerrado para comer a las 14:30 y que no vuelven a abrir hasta las 18h…¡3,5 horas para comer! Deben comer mucho o echarse siesta…  o ambas cosas.

Veo que hay un ferry a las 18:45. Creo que me da tiempo, aunque se supone que con vehículo hay que estar una hora antes, pero esto es Grecia.

Mientras espero a que abra la farmacia, me tomo un café en Ο Φουρνος Στο Λιμανι, y aprovecho para comprarme el billete online (porque tiene descuento: de casi 20€ a casi 15€). El test me lo hacen un poco antes de las 18h y por primera vez veo cómo lo hacen, porque ponen una mesita fuera (para evitar que entres en la farmacia), te hacen el test y lo dejan ahí delante tuyo. Es mucho más rápido de lo que pensaba.

Lo bueno es que aquí el test es barato, sólo 10€. Con el resultado en el bolsillo, voy de nuevo a la taquilla del ferry. Allí me dicen…

– ¿Ya tienes el resultado del test?
– Sí, sí…
– OK.

¡Y no me lo piden! Ya les vale… (nunca mejor dicho).

El ferry es cómodo aunque va bastante lleno. Desde aquí digo “hasta pronto” a la península.

Es hora y media de viaje que se me pasa volando viendo una serie.

Llego al puerto de Corfú ya de noche. Un corto viaje en moto hasta casa de Toñi y Sergi, quienes que me reciben muy cariñosamente. Por fin estoy en una casa acogedora, después de mis últimas experiencias workaway. Y menos mal que he venido hoy, porque al día siguiente llueve sin parar todo el día.

Con mi llegada a Corfú doy por terminado mi mototrip, ya que pasaré una temporada aquí y luego tengo mi housesitting de un mes en la isla de Syros.

Conclusiones

Y así termina la etapa de Grecia y mi mototrip por los Balcanes. Han sido exactamente 31 días, un mes viajando y 3.177,5 kms recorridos… y una experiencia inolvidable.

Ha sido muy interesante cruzar tantos países en tan poco tiempo. Y, a pesar de lo cerca que están entre ellos, es impresionante las grandes diferencias:

    • ESLOVENIA: Es UE, es zona Schengen y manejan el Euro. Son muy estrictos y organizados, como corresponde a los del norte.
    • CROACIA: Es UE, pero no es Schengen y no es Euro (es Kuna). Más relajado que Eslovenia en tema Covid.
    • BOSNIA: No es UE, no es Schengen y no es Euro (es Bam, que vale 1/2 €). Aquí las mascarillas no se ven por ninguna parte.
    • MONTENEGRO: No es UE, no es Schengen, pero sí es Euro. Es el más parecido a España en cuanto a carácter. Muy relajado, pero me piden la mascarilla en un super.
    • ALBANIA: Ni EU, ni Schengen, ni Euro (usan el Lek), ni medidas anti-Covid, ni nada. Relax total.
    • GRECIA: Vuelve a ser todo: EU, Schengen, Euro, muchas restricciones anti-Covid y todo más caro.

De hecho, una chica griega me definió Grecia como un país pobre con precios de país rico. Y yo no lo hubiera definido mejor. Me hace raro que todo sea bastante más caro que en España cuando ves que el nivel de vida es bastante más bajo.

En cuanto a la gente, me quedo sobre todo con los de Albania y Grecia. Es una gran verdad que cuanto más al sur, más cálida es la gente y Albania es el país más welcoming de todos los que he visitado en los Balcanes. Todo era amabilidad y hospitalidad. Grecia, también, sobre todo en esta primera etapa. Pero ya lo comentaré con más detalle en futuros posts, porque habrá Grecia por una temporada.

En cuanto al mototrip en sí, ahora que llevo unos cuantos a mis espaldas, debo decir que me encanta viajar en moto por la ligereza que supone. Te obliga a ir muy ligero de equipaje y la moto llega a todas partes y aparca en cualquier sitio. Es una enorme sensación de libertad y agilidad.

Pero también es verdad que tiene una parte de pesadez, bueno, dos. Por un lado, conducir moto es muy cansado por la postura, porque hay que ir mucho más concentrado en la carretera, por el ruido del viento en el casco, por no poder ir escuchando música o podcasts tranquilamente… Esto hace que se me haga muy duro hacer etapas de más de 200-300 kms.

Por otro lado es muy pesado montar y desmontar el campamento cada noche. Montar la tienda, la colchoneta, el saco de dormir, preparar todo lo que implica cocinar… y luego recogerlo todo por la mañana… lleva horas.

Es por eso que últimamente me apetece mucho más la idea de viajar en furgoneta. Se pierde agilidad, es verdad, pero te da la libertad de parar en (más o menos) cualquier sitio y simplemente… echarte a dormir, sin tener que preparar nada. Y por la mañana, te levantas y a conducir, sin tener que recoger nada. Para alguien tan vago como yo, es música para mis oídos.

Pero no es sólo eso. Tener una furgo camperizada es tener un hogar, algo que no he tenido en los últimos 6 años. Y la idea me seduce cada vez más y tengo una idea muy bonita de cómo llevarlo a cabo.

Resumiendo, este mes de mototrip ha sido una aventura increíble. Al hacerlo solo, el reto es aún mayor, por enfrentarme también a la soledad y a estar conmigo mismo, a echar de menos a la gente que quiero, pero el aprendizaje también es enorme. Siento que me atrevo ya con casi todo. Que puedo ir a casi cualquier país y manejarme sin problemas. Esa sensación no tiene precio… y es adictiva.

Planes

¿Y ahora? Pues ahora pasaré unos días con días con Toñi y Sergi, a quienes conocí en México, con quienes coincidí varias veces en Sint Maarten, con quienes casi coincidí en Menorca y Lanzarote y con quienes, por fin, vuelvo a encontrarme aquí, en Corfú. Muy amablemente me han invitado a compartir unos días con ellos antes de mi salto a la isla de Syros donde tengo comprometido un housesitting de un mes con muchos gatos. Lo que desde el principio ha sido el motivo (la excusa) de mi mototrip.

Así que, el próximo capitulo será… ¡Corfú!

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