Vivir viajando

 

Eso es literalmente lo que hago: Vivir viajando. No estoy de vacaciones, no soy un turista, no soy un expatriado, ni me he mudado de país. Simplemente, desde que dejé mi apartamento en el centro de Madrid en diciembre de 2015, no he vuelto a tener un hogar…

…bueno, mejor dicho, no he vuelto a tener casa. Porque hogar nunca he dejado de tener.

Es como dice Frances McDormand en la maravillosa película Nomadland, cuando una ex-alumna suya le pregunta:

– My mom says that you’re homeless, is that true?
– I’m not homeless. Just houseless.

Aunque, en mi caso, yo prefiero decir que soy más bien homemore, porque en vez de no tener hogar, tengo muchísimos.

Filosofía del viaje

Pues se podría decir que decidí perderme para encontrarme. Es un viaje exterior buscando algo interior. Llegó un momento en el que tuve la sensación de que la vida, tal y como nos viene diseñada, no tenía mucho sentido. Da la sensación de que el sistema está pensado para producir mucho-mucho-mucho para poder consumir mucho-mucho-mucho (lo que de toda la vida se ha llamado capitalismo). Pero llega un momento en que uno no consigue ser feliz porque todo su tiempo se va en ganar lo suficiente para poder pagar todas esas cosas que se supone que te hacen feliz.

Así que en 2015 decidí salir de la rueda producir-consumir y realizar este pequeño experimento de vivir viajando, libre, en solitario y casi sin dinero.

Amor y Libertad…

Gran parte de la filosofía de este viaje se basa en la búsqueda de la libertad más absoluta posible. Y es que tengo la sensación de que somos libres… pero decidimos no serlo. Es más fácil vivir atados que vivir libres. Atado a una familia, a un trabajo, a unas normas, a una religión, a una ideología… 

Es más fácil tener a alguien que nos diga lo que tenemos que hacer, unos padres, una pareja, un gobierno, un jefe, un dios… Porque, de esta manera, si tomo una mala decisión, la culpa no es del todo mía. Siempre tendré a quién culpar y podré quejarme y quejarme.

Pero si decido ser libre, si decido no seguir a nadie y tomar mis propias decisiones, incluso en contra de la opinión o imposición de la mayoría… ah, amigo, entonces eres el único responsable de tus decisiones, de las buenas… y de las malas. Y ya no te puedes quejar. Pero es que no hay nada de qué quejarse, porque no existen los errores, sólo el aprendizaje. Se aprende 1.000 veces más de un “error” que de un “acierto”.

Así que, después de muchos años de que te hayan dicho lo que tienes que hacer, un día decides que quieres experimentar la sensación de poder ir a cualquier sitio en cualquier momento y hacer lo que quieras, sin pedir permiso ni consensuarlo con nadie, siguiendo más la intuición que la razón.

“Pero no puedes hacer lo que quieras, hay unas normas de convivencia”

Ahí es donde entra el amor. Para mí la libertad absoluta en una sociedad sólo es posible si va de la mano del amor. Es el amor, y no las leyes, las normas o la moral, el que marca los límites. Es el que te lleva por el camino de “quiero ser libre para hacer un mundo mejor” y no el de “quiero ser libre y que se jodan los demás“.

En solitario…

Y decidí emprender mi viaje en solitario porque la segunda de las tres patas de mi viaje es el crecimiento personal y el autoconocimiento. Y para eso no hay nada mejor que pasar largo tiempo contigo mismo. Es algo a lo que estaba poco acostumbrado. Llenamos nuestras horas de trabajo, vida social, entretenimiento, actividades… porque nos da mucho miedo quedarnos a solas con nosotros mismos.

Es un proceso duro, pero maravillosamente enriquecedor, en el que aprendes que eres la persona más importante de tu vida y que, en contra de lo que te han enseñado, te tienes que querer más que a nadie y, como consecuencia, te tienes que cuidar. La señal más clara de amor propio es cuando empiezas a cuidarte. Así que cuido mi alimentación hasta extremos que algunos consideran exagerados, practico yoga todas las mañanas, hago meditación, tanto curativa como de conexión, y dedico mucho tiempo a reflexionar sobre mi vida, sobre las sociedades, sobre la humanidad, sobre el universo…

Sin dinero…

“¿Vives viajando? Te ha tocado la lotería…”

La de veces que he escuchado esto. No, precisamente se trata de salir de la rueda producción-consumo lo más posible, se trata de ser libre. No del todo, claro, porque al final algo de dinero necesito para billetes de avión, comida (algunas veces), alguna cerveza o café. No he llegado al extremo de viajeros como Albert Casals, que era capaz de viajar por medio mundo con 20€ en el bolsillo, y que decía que si lo hacía con más dinero, entonces no era tan divertido. Su historia se cuenta en el documental Mon Petit que se puede ver tanto en Filmin, como en TV3 a la Carta.

Curiosamente es muy parecido a lo que decía ‎Christopher McCandless, cuya aventura se cuenta en Into the Wild (“Hacia rutas salvajes” en español), tanto en la película como en el mucho más recomendable libro de Jon Krakauer (quien, por cierto, es también el autor de Into Thin Air, el libro en que se basó la película Everest. Y es que él fue el periodista que subió con la expedición y sobrevivió a la tragedia).

Pero a lo que iba. Christopher McCandless…

…cambió de nombre, donó a una organización humanitaria los 24.000 dólares que guardaba en su cuenta corriente, abandonó su coche y la mayor parte de sus pertenencias, y quemó todo el dinero que llevaba en los bolsillos. Luego, se inventó una nueva vida, pasó a engrosar las filas de los desheredados y marginados, y anduvo vagando por América del Norte en busca de experiencias nuevas y trascendentes.

Como decía, yo no llego a esos extremos (aún), pero hay una gran verdad en que hay mucha más diversión, aventura y aprendizaje en la necesidad de “buscarse la vida”, que en tenerlo todo ya resuelto tirando de billetera.

Así que gran parte de mi viaje se basa en el intercambio, y el poco dinero que manejo, lo consigo con pequeños trabajillos allá donde voy (buscarse la vida) y algunos trabajos online que tengo gracias a mi pasado informático y a personas maravillosas como Gabi, que me ficha de vez en cuando para que le eche una mano en su proyecto Medicina, Nutrición y Psicología.

Sin dinero = Trueque

Efectivamente, para viajar sin dinero, tienes que basar tu viaje en la buena voluntad de la gente maravillosa que hay por el mundo y, sobre todo, en el intercambio. Ofrezco mis habilidades (muchas de ellas aprendidas durante el viaje) a cambio de alojamiento y/o comida. Para ello hay muchas aplicaciones en Internet que lo hacen realmente fácil. Llega al punto de que no sé cómo lo hacían los viajeros antes de que existiera Internet, la verdad. Eso sí que tenía mérito.

Éstas son algunas de las herramientas que más uso:

Couchsurfing…

Dentro del modelo “buena voluntad de gente maravillosa” destaca la web Couchsurfing. Se trata de una red social de viajeros fundada en 2004 en la que los miembros ofrecen un “sofá de su casa” (de ahí su nombre, aunque puede ser una cama, una habitación, un colchón en el suelo, una tienda de campaña en el jardín…)  a viajeros de paso por su ciudad, sin pedir nada a cambio. De esta manera, los usuarios pueden ser indistintamente hosts, cuando alojan, o guests, cuando son alojados. La filosofía de la web es que, idealmente, se aloje a viajeros antes de pedir alojamiento, dar antes que recibir. Además, como la mayoría de estas webs, se basa en un sistema de referencias para generar la confianza.

Aunque empezó como una entidad sin ánimo de lucro y 100% gratuita, sustentada únicamente por donaciones y trabajo voluntario, posteriormente se ha profesionalizado, recibiendo rondas de financiación y, desde la pandemia de 2020, empezó a cobrar a sus usuarios unos 15€/año.

HelpX…

HelpX es una de las webs de filosofía wooffing, es decir, que ofrecen alojamiento y comida a cambio de trabajo. El primer proyecto en este sentido fue precisamente wwoof.net (por eso se generalizó el término wooffing para hablar de este tipo de intercambio), pero ofrecía trabajo únicamente en granjas orgánicas.

En cambio, HelpX ofrece trabajo en todo tipo de categorías: granjas, casas, barcos, con animales, hostelería… hay de todo. Fue la primera web que utilicé para viajar (Bueno, empecé con un couchsurfing de 5 días en Sydney y luego un HelpX en Tasmania, Australia). Es la que más oferta tenía, aunque un diseño terrible. Últimamennte ha mejorado mucho su diseño y usabilidad. Y es muy barata. Su precio es de 20€/2 años.

El intercambio suele ser 3 comidas al día por 4-5 horas de trabajo al día, aunque todo es negociable.

WorkAway…

WorkAway es algo posterior a HelpX, pero supo dar a su web un diseño muchísimo mejor. Al principio apenas lo usaba porque casi toda la oferta estaba en HelpX, pero fue cuestión de tiempo que la balanza cambiara, y ahora casi toda la oferta está en WorkAway y es la web de filosofía wooffing que más uso, con diferencia.

Además, incluye una especie de red social que te permite contactar con otros workawayers que estén por tu zona o vayan a visitarla, lo cual es siempre interesante.

Es significativamente más caro, pero me merece la pena: 39€/año.

WorkAway es lo que me permite viajar con total tranquilidad, porque tiene tantísima oferta y tengo tan buenas referencias, que sé que siempre puedo conseguir dónde quedarme en cualquier parte del mundo.

TrustedHousesitters…

El otro concepto de intercambio que descubrí gracias a una viajera francesa en la Islas Cook, fue el housesitting. Así como babysitting es cuidar de niños, el housestitting es cuidar de casas cuando los dueños no están. Y, casi siempre, es más bien petsitting, es decir, de lo que cuidas es de las mascotas.

En este caso, normalmente, la comida no está incluida. Pero tienes un alojamiento (a veces espectacular en lugares espectaculares) gratis y sin tener que trabajar más allá de pasear los perretes y alimentarlos. Mucho más fácil aún cuando son gatos.

La web con más oferta es, sin duda, TrustedHousesitters, con miles de ofertas por todo el mundo, aunque, desde el covid, ha bajado bastante, pero sigue habiendo mucho.

Eso sí, barato no es: $129/año. Pero merece mucho la pena si se usa con frecuencia. Yo no he parado. Si te apuntas con mi código, te hacen 25% de descuento.

MindMyHouse…

Y la otra web que uso para hacer housesitting es MindMyHouse, que tiene dos ventajas. Una es que su oferta es un poco más variada geográficamente que TrustedHousesitting (cuya oferta es sobre todo en países anglosajones). Y la otra es que es muchísimo más barata: $20/año.

Aunque el housesitting no incluye comida, es frecuente que los dueños te ofrezcan que cojas lo que quieras de la nevera o la despensa. Además, al no tener que trabajar, tienes mucho más tiempo libre para hacer otro tipo de trabajos por dinero.

¿Y hasta cuando?

Pues el plan ha sido siempre… no tener plan. Siempre ha sido un viaje sin fecha de vuelta, y sigue siéndolo. Así que aquí seguimos… hasta que me canse o, más probablemente, hasta que encuentre un proyecto que me apetezca más.

Ni siquiera el año pandémico ha sido capaz de pararme. Me ha hecho viajar más localmente, eso sí, pero algo que aprendes cuando vives viajando es que, mientras no tienes casa…

…el viaje continúa.