13 – 17 julio 2022

 

2.404 días viajando…
5 días de Roadtrip por Italia…

 

Y concluyo este relato de mi Roadtrip por Centroeuropa con el 4º y último capítulo. Los tres anteriores, si no lo has hecho ya, los puedes leer aquí:

El tercer capítulo finalizó justo cuando cruzaba la frontera de Austria a Italia. Aquí va el relato de los 5 días hasta la vuelta a casa.

Día 8 (13 jul): Kochelsee (Alemania) – Lasa (Italia): 185 kms.

Pues aquí estamos, en el Passo Ressia, que es una de las entradas a Italia desde Austria.

He estado dándole vueltas a la idea de bajar a Italia cruzando un trocito de suiza, pero se me hace raro incluir un país en este viaje, pasando por él sólo unos pocos kms. Tendría más sentido si pasara ahí la noche, como en Alemania, pero no veo ningún lugar para hacerlo. Así que prefiero dejar el 31º país de este viaje a cuando vaya con Giada este verano. Ademas, he encontrado en Park4Night un buen sitio para pasar la noche en un bosque con mesitas de picnic, entre Cengles y Lasa.

Cuando estoy de camino, hago una parada para hacer unas fotos al Lago de Resia.

Poco después se empiezan a ver los alpes italianos en todo su esplendor.

Para llegar al lugar donde quiero pasar la noche, en Google Maps no viene indicado (parece que es un camino de cabras), pero sí viene indicado en OpenStreetMap. Es un cruce de senderos con dos mesas, pero, cuando llego, veo que están al sol. Así que me hago la comida en plan picnic en el suelo, a la sombra. Ensalada y tortilla. Y café.

Después de comer me animo a hacer una excursión siguiendo el sendero que sube para arriba, a ver a dónde lleva.

15:15 – Comienzo la subida del sendero.

16:00 – Llego al primer cruce, donde giro a la derecha y sigo subiendo.

16:07 – Aquí las vistas empiezan a ser impresionantes.

16:10 – Llego a un nuevo cruce donde debo decidir hacia dónde ir. Quiero llegar al Rifugio di Cengles di Sotto, así que tomo el sendero hacia el sur.

16:25 – Sigo subiendo…

16:28 – …y, de repente, veo a lo lejos una cascada impresionante que no viene en el OpenStreetMap. A ver si puedo llegar.

16:40 – Llego a lo que yo creía primero que era una aldea, luego que era una propiedad privada y que, finalmente, resulta ser el Rifugio di Cengles di Sotto.

16:48 – Y ahí están las cascadas, pero no puedo acercarme más, no veo un sendero para llegar. Esto es lo más cerca que soy capaz de llegar.

Me doy un buen baño (hay que aprovechar cuando encuentro dónde hacerlo), aunque el agua está helada como pocas veces he visto. Casi muero de hipotermia.

17:10 – Después del baño, decido volver por el sendero que baja junto el río.

17:20 – Es impresionante la cantidad de enormes árboles caídos. No sé qué lo causa.

17:31 – El sendero continúa junto al río hasta llegar al cruce donde se une al sendero que no cogí anteriormente.

17:49 – Un nuevo cruce que me deja en el primer sendero que tomé.

De nuevo tenemos unas muy buenas vistas desde aquí.

18:54 – Y de nuevo en el coche. Ha sido una excursión larga pero muy interesante.

Me hago una cena de sopa de lentejas rojas y arroz que me como viendo el atardecer. 

Llega una pareja de alemanes en furgo. Charlamos un poquito y a dormir. Van mañana a la zona de Stelvio, como yo.

Me despierto después de las 7h. He tenido muchos sueños y muy densos. Hago algo de yoga, pero entre lo irregular del terreno y que el cuerpo no responde, hago una sesión corta.

Me hago el desayuno y me pongo en marcha. Primera parada en el pueblo de Oris para ir al baño y luego otra para coger agua de la fuente y para comprar gas para el camping gas.

Tiro hacia el Passo dello Stelvio. En realidad no sabía que iba a pasar por aquí, ni siquiera conocía esta zona. Lo miro en el mapa cuando me encuentro esta impresionante vista delante de mí.

La subida es un zigzag infinito y muy empinado que hay que hacer casi todo el tiempo en segunda. Está lleno de ciclistas y moteros, claro. Cuando llego arriba veo que el Passo del Stelvio está a 2.760 m. nada menos. Es un punto de parada habitual y, por lo tanto, lleno de puestos y comercios.

Foto de un motero

Veo que un poco más arriba está el Refugio Garibaldi, marcando la frontera con Austria. Voy para allá para moverme un poco y tomarme un café. 

Por aquí Italia…

…y por aquí Austria

Y aquí el café.

Charlo con la dueña del refugio que me cuenta que su hija, que es la que me ha servido el café, está trabajando ahí en prácticas para hacerse cargo en el futuro, y que el padre de su hija es el que construyó el refugio hace tiempo. Sólo abren en verano, porque en invierno todo eso está cerrado por la nieve.

Ya que estoy por aquí y la subida me ha sabido a poco, miro para hacerme alguna excursión. Desde aquí veo el Passo del Stelvio, con el aparcamiento y todos edificios, y, justo detrás, veo un sendero que lleva a una pequeña montaña.

Veo en OpenStreetMap que se trata del Monte Scorluzzo (3.094m). No parece muy difícil, así que me voy para allá.

12:24 – Salgo desde el parking del funicular.

12:43 – Voy subiendo por el sendero Tricerone, que es un camino ancho y recto. Desde aquí veo muy bien el Rifugio Garibaldi.

12:50 – Llego al Passo delle Platigliole, el cruce de caminos que marca el comienzo de la subida fuerte al Monte Scorluzzo.

13:00 – Me encuentro nieve… ¡y estamos en julio!

13:12 – Haciendo cima en el Monte Scorluzzo (3.094 m).

13:53 – Para volver, me desvío por el sendero 506 en dirección a un pequeño pico con una cruz para ver qué es.

13:57 – Resulta ser un monumento en memoria de los caídos en la 1ª Guerra Mundial.

14:14 – Y de vuelta en el aparcamiento. Han sido casi 2 horas de excursión bastante intensa y divertida. Lo mejor es que he estado completamente solo y eso impresiona.

Vuelvo al coche y me pongo de nuevo en marcha en dirección sur. Llego hasta Sant’Antonio, un pequeño pueblecito a los pies de las montañas, donde he visto en Park4Night que hay un sitio agradable con mesas para pasar la noche.

Me bajo al río para darme un buen baño, que lo necesito, y luego busco un lugar donde comer y tener algo de internet para trabajar. Encuentro la estupenda y escondida Trattoria Bar Compagnoni, donde me pido una birra y un panino de tomate y queso.

Luego me doy un paseo por Sant’Antonio. Es una pequeña maravilla. Los que tienen casa junto al río, tienen pequeños huertos en su jardín. Aquí la gente habla italiano, menos mal. Se nota que estoy fuera de Bolzano.

En Sant’Antonio el Torrente Zebrú desemboca en el Torrente Frodolfo y, por lo que se ve, el primero viene bastante más sucio que el segundo. Menos mal que yo me he dado el baño río arriba.

Cuando ya no hay tanta gente por esta zona del parque, aparco el coche discretamente tras unas tuberías y me voy a las mesas a prepararme la cena.

Me hago una ensalada y una tortilla de cebolla y calabacín. Estoy acabando con lo último que me queda de cosas frescas, porque se nota que le ha dado soletón al coche esta mañana y está todo medio cocido. Me dan miedo los huevos, que compré rebajados al 50% por estar cerca de la fecha de caducidad y encima los dejo al sol. Pero, en fin, de algo hay que morir.

El cielo me regala este atardecer sobre el río.

Me despierto a las 7h y me hago mi sesión de yoga. Aún estoy algo cansado pero la hago completa. Ayuda bastante que el lugar y las vistas al lado del río son una maravilla. Justo cuando termino, veo que llega un camión enorme lleno de balas de paja y bloquea completamente el paso. Se ponen a descargar la paja, por lo que no puedo mover mi coche.

Pero tampoco tengo prisa. Me lavo en la fuente y cojo las cosas del coche para hacer el desayuno en las mesas de picnic. Mientras desayuno, terminan y se van. Poco después van llegando camionetas o vehículos pequeños para llevarse 1 o 2 balas de paja. Parece que es un servicio municipal de reparto de heno entre los que tienen ganado o algo así.

Recojo y me pongo en marcha. Veo que el camino me lleva por otro puerto de montaña, el Passo di Gavia a 2.621 m. Mucho más tranquilo de gente que el Passo dello Stelvio. Aparco y veo que hay varias posibles excursiones a hacer. Opto por subir al Monte Gaviola (3.024 m). Tengo que dejar el coche al sol, pero, como hace frío, dejo la comida debajo del coche para que esté fresquita.

10:00 – Me pongo en marcha desde el parking. Un poco más arriba me encuentro con la estatua de la Madonna delle Vette.

10:25 – Avanzo por el sendero hasta el primer cruce.

10:35 – Segundo cruce.

Ése es el Monte Gaviola.

10:51 – Llevo ya una altura considerable.

11:00 – Vistas del Monte Gavia (3.220 m), del Corno dei Tre Signori (3.360 m) y del Lago Nero.

11:25 – Y, finalmente, hago cima en el Monte Gaviola (3.025 m), donde hay un grupete de italianos de cierta edad que han llegado antes que yo. Charlo con Francesco que se ofrece a hacerme algunas fotos.

Foto de Francesco

Foto de Francesco

11:50 – Cuando el grupete se va, me puedo hacer fotos un poco más… creativas.

12:10 – Poco después alcanzo al grupete en la bajada.

Vuelta al coche y tiro para Pilzone, dónde he quedado con Vero, a quien conocí por Couchsurfing junto con Alessandro en febrero de 2015 en mi viaje a Italia. Hemos mantenido contacto desde entonces y al saber ella que yo iba a pasar cerca del Lago d’Iseo, que es donde ella vive, se ha ofrecido a alojarme.

Según voy bajando del Passo di Gavia entro en shock con el calor. Ahí arriba estaba a 14⁰ y cuando llego al Lago veo que estamos a 37⁰. ¡Oh, Dios mío!

He quedado con Vero a las 17h y he llegado a las 15h. En Pilzone no hay ni un solo sitio donde pueda aparcar a la sombra, y si dejo el coche al sol, la comida que llevo se va a cocinar. Por fin encuentro un aparcamiento aparentemente gratuito con un lugar a la sombra y un acceso no demasiado “ortodoxo” al Lago Iseo. Me doy un baño y así me lavo y me refresco.

Vuelvo al coche y me hago una ensalada que me como ahí mismo, en el parking, y después de nuevo al lago a darme otro baño. El calor es horrible.

A las 16:30 Vero me dice que ya ha llegado a su casa, así que voy para allá. Consigo aparcar cerca de su casa, pero al sol, por lo que me llevo la comida y el gas del hornillo conmigo, porsiaca.

Vero me ofrece ir a un festival en Monte Isola con 2 amigos suyos, Marzia y Paolo. Monte Isola es una isla que está en el Lago d’Iseo. El festival es el Raduno Gypsy Jazz di Monte Isola, también conocido como Montisola Manouche. Genial, porque me encanta el Gypsy Jazz. Vamos allá en ferry (5,70€).

Mientras esperamos a que empiece, nos vamos al Bar Chiosco Le Ere a tomar el aperitivo, con la sorpresa de que, en la misma terraza, están los músicos del festival improvisando un poco de Gypsy Jazz. Según avanza la tarde se van uniendo más y más músicos al grupo y tenemos una tarde de lo más musical y espontánea. Al final, curiosamente, esto resulta mucho más interesante y entretenido que lo que hacen luego en el festival. Yo me pido una piadina vegetal y 2 birras (algo más de 18€). Carillo, pero un regalo si incluimos el concierto. Aquí un resumen de la velada.

Al concierto nos quedamos sólo un ratito, porque ya digo que ha estado mucho mejor lo que ya hemos visto.

A la vuelta, duermo en un colchón en el salón con todo abierto para resistir el calor.

Día 11 (16 jul): Pilzone – Bergamo (Italia): 60 kms.

Me levanto a las 7h y… ¡café! Como tengo mucho tiempo (el vuelo de Giada y Adele no llega hasta la madrugada), hemos quedado Vero y yo con Marzia para ir a la playa del lago. Pasamos allí una mañana de lo más agradable. Vero ha preparado pasta al pesto para el almuerzo, riquísima, como sólo los italianos saben hacerla.

Por la tarde, después de comer, recojo mis cosas, me despido de Vero y me pongo en camino. Consigo encontrar un metano a precio razonable (1.7€) y llego a Agroturismo Comeback. Y es que, para esta última noche del viaje, la noche que recojo en el aeropuerto a Giada y Adele, he querido reservar un sitio agradable donde dormir. Y esta casa rural es una pequeña maravilla.

Cuando llego, Sara, la dueña con la que he estado hablando, no está pero me ha dejado la llave e instrucciones. Me doy una ducha en condiciones, la primera desde que empecé el roadtrip.

Después saludo a los habitantes de la casa.

Deshago y guardo la cama inflable del coche. Luego voy al Aldi a hacer algo de compra para el desayuno de mañana, luego llevo a lavar el coche y vuelta al Comeback para hacerme una cena de arroz con lentejas y comérmelo con la puesta del sol.

El avión que trae a Giada & Adele de Copenhague viene con mucho retraso. Al final llegan a las 2:10 de la madrugada. Alegre reencuentro, vuelta al hotel y a dormir.

Día 12 (17 jul): Bergamo – Luni (Italia): 251 kms.

Nos levantamos pronto y preparo un desayuno opíparo mientras Adele va conociendo a los habitantes de la casa.

Desayunamos en el jardín, recojemos y nos ponemos en marcha de vuelta a casa. Nos lo tomamos con calma, evitando peajes. Hacemos una única parada para un café en La Finestra sul Po, una café a orillas del Río Po, donde, por cierto, hay unos pescadores que representan a la perfección el típico anarquismo tan italiano.

No vamos a Carrara (nuestra casa está ocupada por un HomeExchange), así que nos vamos a Luni (Italia) a cenar a casa de Claudia, la madre de Giada, que ya nos echaba de menos.

Banquete de bienvenida, mucho amor y fin del viaje.

Planes y Conclusiones

Y así termina mi roadtrip de 12 días en solitario por Centroeuropa. Ha sido mucho más intenso e interesante de lo que esperaba, ya que no llevaba realmente nada planificado y ha ido todo muy bien. Aunque me encanta viajar con Giada, me sigue gustando hacer viajes en solitario, ya que te permiten conectar mejor contigo mismo, como una forma de reencontrarte contigo para luego reencontrarte con tu pareja.

En general mis roadtrips suelen ser en moto, con excepción de algunos que hice en Australia (en motorhome o furgo) o Nueva Zelanda (en coche), o el maravilloso roadtrip que hice con Giada el verano pasado por toda Italia, que también lo hicimos durmiendo en su coche. Y he de decir que, aunque la moto te da esa inigualable sensación de agilidad y libertad, la comodidad y flexibilidad que te da el contar con un vehículo en el que poder dormir casi en cualquier sitio es impagable. Incluso si no es del todo cómodo como lo del colchón inflable en el asiento de atrás. Pero es mucho más fácil (y económico) buscar un sitio donde aparcar para pasar la noche, que buscar un alojamiento barato o un lugar en el que acampar. Nuestro deseo (de Giada y mío) de tener algún día una furgoneta para viajar, crece con cada roadtrip que hacemos. A ver si conseguimos tenerla pronto.

Por lo pronto, tenemos por delante un par de días en Fosdinovo, en casa de Ruggero, el padre de Giada, y después empieza nuestra aventura de verano, un viaje que nos llevará a Suiza, Francia y España…

…pero eso será en los próximos capítulos.

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