Italia (Laveno-Mombello) – Housesitting en el Lago Maggiore

by | 11 Aug 2021 | 0 comments

24 julio – 11 agosto 2021

 

2.064 días viajando…
3 días en Carrara…
13 días en Laveno-Mombello…
1 día en Ellera…
1 día en Génova…

Tras el maravilloso roadtrip que hice con Giada durante el mes de julio, el 24 de julio de 2021 llegamos a Carrara para parar un poco.

Pero sólo un poco, porque el 27 empiezo un housesitting en la zona del Lago Maggiore. Pero vayamos por partes.

Carrara…

En Carrara paso 3 días disfrutando de los reyes de la casa, Zen y Minú…

…disfrutando de los paseos por la ciudad y sus constantes exposiciones de esculturas en mármol…
…disfrutando también de las quedadas familiares en casa de Claudia, la madre de Giada, en Luni, y de los paseos por el Canale Lunense, donde incluso nos encontramos con una nutria…

…pero, sobre todo, disfrutando de la buena compañía de Giada y Adele y de la celebración de cumpleaños que me han organizado.

Y es que, efectivamente, el 26 de julio es mi 52º cumpleaños y me han organizado una cena muy especial en casa de una cocinera de Carrara que se dedica a cocinar para pequeños grupos, únicamente por reserva y recomendación. Creo que ha sido la vez que más (y mejor) he comido nunca.

Para empezar, el lugar y la compañía son inmejorables.

Y después ya es un no parar de llegar comida, a cada cual más rica.
Cuando estoy completamente lleno, nos anuncian que hemos terminado con los entrantes y que ahora vienen los platos principales… 😳

Y así seguimos, mientras va cayendo la noche.

Después de esto, necesitamos un descanso para poder llegar a los postres.
Y aquí llegan los postres.
Ha sido una enorme y maravillosa sorpresa (no sabía nada hasta que hemos llegado) esta fiesta de cumpleaños.

Es curioso, cuando pienso dónde he pasado mis 6 últimos cumpleaños:

  • 2016: Whangateau (Nueva Zelanda)
  • 2017: Kep (Camboya)
  • 2018: Madrid (España)
  • 2019: Sint Maarten (Caribe)
  • 2020: Vilassar de Mar (Catalunya)
  • 2021: Carrara (Italia)

Me encanta la idea de tener cumpleaños internacionales.

El viaje a Lago Maggiore…

Y así llegamos al 27 de julio de 2021, el día en que me dirijo con mi moto hacia el norte, hacia mi nuevo housesitting. Serán 2 semanas, la primera yo solo y para la segunda semana se vendrá Giada.

Foto de Giada

El viaje, como siempre, lo hago por carreteras secundarias, evitando autopistas, despacio y disfrutando del recorrido.
La primera parada es cerca de la frontera entre Toscana y la Emilia-Romagna, en una fuente para descansa un poco.
Una breve parada para hacer una foto al bonito pueblo de Berceto.
Pero la tercera parada, la que hago cuando ya necesito un café, es la más interesante y curiosa de todas. Me paro en el primer sitio con buena pinta que me encuentro. Se trata de Dal Vecio, un agradable café en el pequeño pueblo de Cassio.
Pero hay un detalle del que no me doy cuenta hasta que voy al baño.
Reconozco enseguida al personaje que está sentado en el WC. Es Rat-Man, el superhéroe del cómic de Leo Ortolani con el que yo aprendí italiano hace años. Me lo descubrió mi amigo Carlo, a quien conocí en la Universidad cuando él estaba de Erasmus, y como vio que me gustaba, me lo estuvo enviando desde Italia mensualmente durante mucho tiempo cuando regresó a su tierra. Desde entonces Rat-Man es para mí uno de los mejores comics de superhéroes (junto con Superlópez) que existe.

Pero no acaba ahí mi sorpresa. Cuando vuelvo a mi mesa, me fijo mejor en el cartel.

Y veo que el logo del café está hecho también por Leo Ortolani. Su estilo es inconfundible.

Así que le pregunto al dueño que cómo es que la imagen del local está hecha por el autor de Rat-Man. El tipo flipa bastante al ver a un español que conoce Rat-Man, ya que no es demasiado conocido fuera de Italia. Me explica que Leo Ortolani es muy amigo del cocinero y socio del local y que por eso les hizo el logo donde aparecen los 3 socios.

Cuando ya estoy subiendo a la moto para irme, viene detrás mío y me regala una tarjeta del local firmada por el mismísimo Leo Ortonali. Qué fuerte.

Y así, entre unas cosas y otras, por la tarde llego a mi destino, el pueblo de Laveno-Mombello a orillas del impresionante Lago Maggiore.

Laveno-Mombello…

Laveno-Mombello es un municipio de la región de Lombardía a orillas del Lago Maggiore, el segundo lago más grande de Italia.

Nada más llegar me recuerda mucho al Lago de Como, un lago muy cercano y donde pasé una temporada hace muy poco. En general ambos son enormes y preciosos lagos rodeados de montañas (muy cerca de los Alpes) y rodeados también de casas que no son precisamente modestas.

Cuando llego, me reciben Silvia y Adam, mis hosts, y David, su hijo, con el que me echo unas fabulosas partidas de futbolín.

Silvia me lleva a dar una vuelta por el pueblo para ayudarme a irlo conociendo. La pena es que el tiempo no acompaña. Pero al menos no llueve. Silvia me comenta que han tenido unos días de tormentas terribles.

Y después toda la familia me invita a cenar pizza, como despedida y agradecimiento, en la Pizzeria Croce Bianca de Cerro, un núcleo urbano perteneciente a Laveno, pero un poco más hacia el sur.
Al día siguiente me despido de la familia, que comienza sus vacaciones, y me doy una vuelta. Hoy hace mejor día, menos mal.
Pero puedo comprobar las consecuencias de las tormentas recientes. El Torrente Boesio es el canal por el que se vierte en el Lago el agua de lluvia… y así es como viene estos días.
Pero en general toda la primera semana es de bastante mal tiempo. Aquí se puede ver lo que me encuentro por el centro de Laveno-Mombello en uno de mis paseos.

Pero lo más curioso que me encuentro es este cartel. Se diría que tienen propensión a prohibir.

Yo veo ahí:

  • Prohibido recoger las basuras que dejan otros.
  • Prohibidos los mochos de fregona.
  • Prohibido regalar flores a tu chica.
  • Prohibido no escuchar.
  • Prohibidas las ardillas.

Pero igual me equivoco con las diferencias culturales, ¿eh?

Pin… y el resto

Mi housesitting consiste fundamentalmente en cuidar de esta cosita mordedora de pocos meses.

Y cuando digo que Pin es una criatura mordedora, no lo digo porque sí.
Pero es también sin duda el mejor compañero posible.
Que te acompaña donde haga falta.
“Píntame como a una de tus chicas francesas, Jack”
Pero no sólo tengo que cuidar de Pin. También de estos…
…y de éstas.
Lo de las gallinas parece fácil, pero éstas siguen el dicho de “cuando el gato no está, los ratones hacen fiesta”. Se supone que las gallinas entran voluntariamente en el gallinero todas las tardes cuando se pone el sol, y hay un sistema automático que cierra la puerta del gallinero al oscurecer para evitar que entren depredadores.

Pues bien, ha sido irse los dueños, y no hay noche que no me encuentre esta fiesta.

Y las gallinas también implican otro tipo de trabajo.
Menos mal que recibo una recompensa diaria por ello.
Pero no todo son animalitos. También tengo que cuidar del jardín/huerta, donde todo se mezcla y que es un auténtico paraíso del vegetariano. Silvia me ha dicho “help yourself!” y me ha hecho feliz.

Hay de todo. Albahaca…

Calabacines…
Berenjenas…
Uvas, aunque, lamentablemente, aún no están listas…
Calabazas XXL…
Y hasta zanahorias de formas… curiosas.

Mi rutina…

Mi rutina diaria, además de cuidar de Pin e intentar que no se escape, porque le encanta el jardín, pero es muy joven aún para salir sin supervisión, y además de mantener vivos los peces y de conseguir que las gallinas no se vayan de farra por las noches, consiste en…

Sesión de yoga por las mañanas, porsupu…

Cocinar y comer bien…

Y por las noches estoy enganchado a la serie “Soulmates“. Pero la gran sorpresa me la llevo cuando en uno de los episodios una pareja llega a un hospital…

…y pienso… “¡Esa es mi facultad! ¡La Escuela de Teleco!“. Y es que, efectivamente, casi toda la serie ha sido rodada en Madrid.

Pero, sobre todo, gran parte de mi tiempo lo ocupo en…

Excursiones…

Efectivamente, la gracia del housesitting es pasar una temporada en una zona y explorarla. Así que empecemos las exploraciones.

29 Jul – Subida al Sasso del Ferro

Nada más llegar a Laveno-Mombello, lo primero que me llamó la atención es la enorme montaña casi vertical que empieza justo donde acaba el pueblo.

Así que, a los dos días de llegar, aprovechando que por fin hace bueno, me dispongo a subir a su pico, conocido como el Sasso del Ferro.
11:06 – “Mi casa” no está en el centro de Laveno-Mombello, sino en las afueras, tirando hacia Cerro. Desde aquí hay más paseo, pero de eso se trata.
Al poco de salir, me encuentro con estos baños de una casa en obras, y no puedo evitar reírme por la referencia (muy) sutil a Julio César.
11:41 – Llego al comienzo de la Via Vararo, que es el camino que deja la ciudad y se mete de lleno en el monte rodeándolo por el noroeste. Es la vía más normal de subida al pico.
11:58 – Según voy subiendo por la Via Vararo, las vistas de Laveno-Mombello y el Lago Maggiore van mejorando.
12:00 – Justo a mediodía paso por delante de la casa donde nació el famoso cirujano Giovanni Battista Monteggia.
Poco después abandono la Via Vararo  para desviarme por el Camino del Sasso del Fungo y, a las 12:12, llego al “famoso” Sasso del Fungo, cuyo nombre se comprende rápidamente, al ver que es una piedra con forma de seta.
12:38 – Después del rodeo, y de liarme un poco con los senderos, consigo reconectar de nuevo con la Via Vararo, pero justo en el punto donde acaba la vía y se convierte en pista forestal, me encuentro una barrera cerrada y un cartel prohibiendo el paso por ser zona de obras. Pregunto a la familia que está comiendo en el jardín de la última casa antes de la pista y me dicen que sí, que hay obras por los destrozos de la tormenta y que no se puede pasar. Vaya, parece que mi excursión acaba aquí.

Me siento a comer algo de fruta y pensar qué hago y en ese momento llega una pareja de alemanes resoplando calle arriba. Hablo con ellos y les comento la situación. Ellos me comentan que ya estuvieron aquí ayer y que directamente se saltaron la valla y que no pasa nada, que se puede pasar por ahí sin problemas.

No necesito mucho más para ser convencido, así que salto la barrera y los dejo atrás, porque van bastante despacio y sin aliento.

12:51 – Muy poco después, paso por La Capelletta.
13:07 – Pronto me va quedando claro el motivo de las obras. Las pasadas tormentas tiraron algunos árboles (al principio me pienso que es sólo eso), pero por lo que veo, algunos de esos árboles cayeron sobre los cables que iban sobre los postes al lado del camino, así que lo que están haciendo es meter nuevos cables, pero esta vez por tubos enterrados por medio del camino.
13:14 – Por fin salgo de la zona de obras (en la que, por suerte, no había nadie trabajando) a la altura del Restaurante La Gigliola, donde hay una señal con las distintas opciones de senderos.
13:27 – Sigo la indicación del sendero 204 en dirección al Sasso del Ferro. Llego a otro cruce donde abandono el 204 y cojo otro camino que parece que va más directo.
Nuevamente otro desvío donde cojo otro camino (estoy intentando ir por el camino más directo posible) hasta que a las 13:57 llego al mirador del Poggio Vararo, el paso previo para llegar a la cima.
Aquí va un pequeño vídeo-resumen de la subida desde Laveno-Mombello hasta el Poggio Vararo que hice para los stories de Instagram, contando todas las anécdotas de la subida. Merece la pena verlo.
Y éstas son las vistas desde el Poggio Vararo.
14:03 – Y finalmente consigo llegar a la cima del pico del Sasso del Ferro (1.062m).

Foto de un espontáneo

Y así son las vistas. Desde la cima sólo se ve el lado sur del Lago Maggiore y no se ve Laveno-Mombello, porque está más al oeste.
14:17 – Emprendo el descenso hacia el oeste para visitar el Poggio Sant’Elsa, donde está el Funivia que sube desde Laveno-Mombello. Pero apenas he avanzado unos metros cuando me encuentro lo que dudo si será el famoso “Sasso del Ferro”.
Y es que, por lo que veo, en este sendero debió existir un antiguo funicular hasta el mismo Sasso del Ferro, del que sólo quedan algunos restos y pilares.
14:32 – Poco después llego al Poggio Sant’Elsa (1.000m) por el lado este, donde está la rampa de salto de los parapentes y alas-delta.
Ya que estoy aquí, me espero para ver uno de los despegues. La verdad es que impresiona.
14:41 – Voy hacia el lado oeste, donde está el mirador, y ahora sí, hay unas vistas impresionantes de Laveno-Mombello y el Lago Maggiore.
15:05 – Mi plan para bajar era por un sendero que me ha parecido ver en mi plano de OpenStreetMap que va justo por debajo del Funivía y que lleva a Laveno-Mombello prácticamente en línea recta. Pero no consigo encontrar el comienzo del sendero y estoy tan cansado, que es impensable hacer todo el camino de vuelta por donde he venido, que es un inmenso rodeo. Así que, saltándome mi filosofía de intentar no pagar por nada turístico, acepto pagar los 7€ del funivia para bajar descansadamente y disfrutar de la experiencia de estas cabinas abiertas de uso individual.
Mientras bajo, veo que efectivamente hay un camino por debajo de mí, que se ve mucho más claro a partir del cruce con la Via Verde Varesina.
Y el resto de la bajada…
16:20 – Quiero cerrar la excursión con un baño en la playa, así que me voy hasta la Spiaggia del Fortino, una de las pocas playas públicas del lago, pero las últimas tormentas y lo que ha traído el viento la hacen prácticamente inaccesible.
Y es que la gran diferencia entre los lagos y el mar, es que en el mar normalmente está prohibido construir completamente pegado al agua y hacerte una playa privada sólo para ti. Pero en los lagos parace que esa prohibición no existe y es por eso que los ricachones prefieren los lagos. Y es por eso que es tan difícil encontrar accesos a la orilla que no estén ocupados por las muchísimas mansiones que hay.
16:38 – Me voy hasta el siguiente acceso al agua, que es una minúscula playa que ni siquiera tiene nombre, pero que está en muchas mejores condiciones. Eso sí, está ocupada por la chavalería del lugar, que parece que la usan de lugar de reunión juvenil o de escondite de los pudientes padres. Me siento un poco intruso. Pero necesito quitarme el sudor.
Y, desde ahí, vuelvo a “mi casa” pasando por Cerro. Estoy destrozado. En total han sido casi 17kms de excursión en 6 horas y media. He subido la ruta a mi perfil de Wikiloc, por si alguien quiere seguirla o consultarla.

31 Jul – Cascata de la Froda

Dos días después me animo a hacer otra escapada. Miro en Google Maps cosas interesantes por los alrededores y veo que hay una cascada hacia el noreste. Vamos para allá.

12:06 – Como se ve, me tomo las mañanas con calma. Dejo la moto en un aparcamiento de Sarigo, junto al Torrente Roné.

12:10 – Me llama la atención la cantidad de árboles caídos que veo en mi camino. Debe ser cosa de las pasadas tormentas.

Voy siguiendo el camino que va hacia el sur. A las 12:14 salgo del camino a la carretera SP7, pero poco después vuelvo a entrar en otro camino hacia el sur. Todo viene muy bien indicado, incluso para indicar que este segundo sendero es un poco… accidentado.

12:33 – Y tras apenas media hora de paseo, llego a la famosa Cascata della Froda.

13:06 – Tras las fotos de rigor, no me apetece volver por el mismo camino, así que exploro un poco este otro sendero. En él me encuentro estas inquietantes construcciones. Me siento un poco como en El Proyecto de la Bruja de Blair.

13:30 – Mientras sigo por el sendero hacia el norte, empiezo a mosquearme mucho con el tema de los árboles caídos. Porque no son 3 o 4, son muchísimos. Y no es que los hayan cortado o que se hayan roto, están desarraigados. ¡Qué clase de tormenta puede desarraigar docenas de árboles?

Y del resto del camino de vuelto, sólo me queda por destacar esta originalísima puerta hecha con esquíes en una casa  del minúsculo pueblecito de Pira di Sopra.

1 Ago – Angera e Ispra

Al día siguiente me voy a uno de los lugares que me ha recomendado Silvia: la Rocca di Angera.

Voy con la moto hacia el sur, siguiendo la costa del lago hasta el pueblecito de Angera y aparco directamente en el parking de la Rocca di Angera, que es el Castillo que, desde lo alto de la colina, domina toda la ciudad.

Entro hasta el patio, desde donde hay unas vistas maravillosas del pueblo de Angera.

Pero como veo que para entrar dentro hay que pagar entrada, vuelvo a la moto y me bajo a visitar el pueblo, desde donde se puede apreciar lo imponente de La Rocca.

Me encantan estas mini-bibliotecas donde la gente deja un libro y se lleva otro.

En el viaje de vuelta, hago una parada en el pueblecito de Ispra, otro de los pueblos costeros del Lago Maggiore, para hacerme la “Passeggiata dell’Amore“, un sendero de piedra que han construido completamente pegado al lago. La verdad es que es una gozada.

Cuando vuelvo al centro de Ispra, hago una parada en el Cafè San Martino, que está junto a la Parrocchia San Martino

Me piedo una cervecilla y me pregunta la camarera…

– Con aperitivo?
– Perchè no?

Y con la cerveza empieza a traer comida… y esto es la fiesta. 

Y todo por 5€. Lo del aperitivo italiano no tiene nada que envidiar a las tapas españolas.

2 Ago – Parco Campo di Fiori, Cascata del Pessegh y Cerro

Al día siguiente ya estoy listo para la siguiente excursión. Hoy quiero explorar el Parco Regionale Campo dei Fiori, un enorme bosque que está al este de Laveno-Mombello. Para explorarlo, decido aparcar por Brinzio, un pueblo que está por la zona norte del parque. 

Dejo la moto en un parking que hay a las afueras, por el lado sur, desde el que veo que salen varios senderos.

Escojo uno de los senderos que van hacia el sur con la idea de subir a alguno de los picos que hay en el parque. El sendero no es demasiado fácil de seguir, no se ve apenas y da la impresión de que gran parte del camino es simplemente un arroyuelo. A eso se suma que aquí también hay una enorme cantidad de árboles caídos. Y algunos también rotos.

Con dificultad llego hasta el Passo Varró, una encrucijada de numerosos senderos.

Hoy me siento un poco cansado y el camino no es especialmente fácil, así que no me animo a hacer ninguno de los picos. En lugar de eso, cojo el sendero 305 en dirección a Rasa di Varese.

Y, a la media hora de estar caminando por el 305, de repente me encuentro esta misteriosa casa en medio de la nada.

Poco después llego a Rasa di Varese, subo hacia el norte por la carretera SP62, atravieso el Parco Avventura Sandro Cagnola, ahora cerrado, y dejo la carretera para seguir un sendero que va paralelo hasta Brinzio, donde me espera Gaby.

Aunque no ha sido muy espectacular, he subido también esta excursión a mi perfil de Wikiloc.

Como me ha sabido a poco la excursión y viendo que estoy al lado, me acerco hasta la Cascata del Pesegh.

Para acceder, hay que tomar un sendero que sale desde la carretera, a la altura de esta señal. Ojo, porque no hay donde aparcar, es mejor dejar el vehículo en Brinzio y venir hasta aquí andando.

El sendero lleva hasta un mirador en el que ya puedes ver lo espectacular que es la cascada. También puede verse una casa en lo alto de la cascada en la que debe vivir una familia de sordos… o de gente que no tiene problemas para dormir con ruido.

El sendero sigue bajando y pasa al lado de una especie de casa abandonada.

El último tramo para llegar a la cascada no es demasiado fácil. Es un caminito muy estrecho al lado de agua y al final hay que trepar un poco unas rocas. Pero se puede hacer y el espectáculo merece la pena.

Termino el día dándome un paseo por el lungolago de Cerro y por su centro.

3 Ago – Llega Giada

Tras una larga espera, por fin llega Giada a Laveno-Mombello para alegrar mi última semana de housesitting.

5 Ago – Monte Sere y Cascata de Pessegh

Y dos días después de la llegada de Giada, nos vamos a hacer una ruta de nuevo por el Parco Regionale Campo dei Fiori. En esta ocasión queremos subir al Monte Sere (668m).

Dejamos la moto en la Via Trieste de Brinzio, que es donde empieza el sendero Via Sasselli.

El camino no resulta excesivamente interesante (excepto por la compañía) y en apenas media hora ya estamos en la cima del Monte Sere (668m) donde nos encontramos una torre deshabitada. Resulta casi inquietante.

Como nos ha sabido a poco, me llevo a Giada a conocer la Cascata del Pessegh y esta vez sí me animo a meterme en el agua.

6 Ago – Poggio Sant’Elsa

Y al día siguiente hacemos nuestra última excursión y la que sin duda es la más épica y complicada de las que hemos hecho. Y eso que somos expertos en complicar las excursiones.

La idea es volver a subir (mi segunda vez, la primera de Giada) al Poggio Sant’Elsa, pero esta vez por donde no fui capaz de bajar la otra vez, es decir, siguiendo el sendero que vi bajo los cables del Funivia.

11:30 – En esta ocasión dejamos la moto en el parking del Porto di Laveno y callejeamos un poco hasta la estación del funivia. Desde ahí, y siguiendo el mapa de OpenStreetMaps, logro encontrar el comienzo del sendero que va siguiendo los pilones del funivia.

11:45-12:00 – Como era de esperar, si el sendero sube los 800m de desnivel en línea recta, la pendiente tiene que ser brutal. Tanto que en muchos tramos han tenido que poner escaleras metálicas para poder superar el desnivel. Se ve que este sendero es el que se utiliza para el mantenimiento de los pilones del funivia.

12:18 – La subida no da tregua. En los senderos normales, a veces se sube, a veces va llano, a veces se baja. Aquí es subida a lo bestia y sin parar.

12:30 – Llevamos una hora subiendo sin parar y aún estamos lejísimos del Poggio Sant’Elsa. Soy afortunado de que Giadda aún no me haya asesinado por mis elecciones de rutas. La gente que sube en el funivia flipa con nosotros, claro.

12:34 – Poco después llegamos al final de la primera etapa, el cruce con el sendero 204, que por un lado lleva a Cittiglio y por el otro lleva al Poggio Sant’Elsa, pero dando un gran rodeo por el norte.

Hacemos un descanso y analizamos la situación. Desde aquí el sendero que estábamos siguiendo, prácticamente desaparece bajo los helechos y es mucho más empinado de lo que ha sido hasta ahora (y hasta ahora lo ha sido mucho). Quizá es un poco locura subir por allí, así que decidimos coger el 204 y dar el rodeo, que será más largo pero mucho más suave y disfrutable.

13:27 – Llegamos al cruce en el que dejamos el sendero 204 y cogemos el camino que lleva a nuesro destino.

14:28 – Y tres horas después de salir, conseguimos llegar al Poggio Sant’Elsa y disfrutar de sus vistas. Y no sólo de sus vistas. Giada me invita a comer y nos tomamos sendas birrillas.

Pero la verdadera odisea ocurre durante la vuelta. La odisea es tal, que casi no tengo fotos y vídeos de la aventura, porque estaba más preocupado por sacarnos de ahí. Os cuento.

Mi plan inicial para volver a Laveno-Mombello es hacer el recorrido por el que vine la otra vez, pero en dirección contraria, ya que es el más corto y estamos cansados, volviendo al sendero 204, y seguiéndolo hacia el norte hasta conectar con la Via Vararo que desemboca directamente en Laveno. Fácil y corto.

Cuando llegamos a la altura el Restaurante la Gigliola, que es donde empieza la Via Vararo, vemos que está cerrado por obras, como me sucedió el otro día. Pero al igual que el otro día, nos saltamos la valla que impide el paso y nos colamos. Ya conozco el camino y sé que las obras no suponen un peligro. Pero cuando hemos avanzado unos metros, aparece uno de los operarios a nuestra espalda y nos empieza a gritar diciendo que está prohibidísimo entrar, que es zona de obras que demos media vuelta. Le intentamos explicar que yo ya he pasado por aquí el otro día y  que conozco el camino y que asumimos el riesgo. Pero lo que no he tenido en cuenta es que no es lo mismo pasar por una zona de obras cuando no hay nadie, que pasar cuando hay operarios y máquinas trabajando (recordemos la excavadora ocupando todo el camino). Está claro que no hay nada que hacer, no nos van a dejar pasar por mucho que insistamos y nos puede caer una multa tocha.

Así que, estando a dos pasos de llegar a Laveno, muertos de cansancio, nos toca dar media vuelta y volver a subir tooooooodo el sendero 204 hasta el cruce con el funivia.

En el cruce, mientras recuperamos resuello, pensamos si es mejor bajar por donde hemos subido (pendiente brutal en línea recta) o seguir por el 204 y dar un rodeo hasta Cittiglio. Nuestras rodillas nos recomiendan que es mejor la segunda opción, bastante menos dura que bajar los cientos de escalones de la primera.

Así que seguimos por el cómodo aunque largo sendero 204, hasta que se me ocurre la brillante idea de sugerir coger un atajo. Y es que he visto en el mapa que hay otro camino que sale del 204 y que baja hacia Cittiglio, donde ni siquiera hace falta llegar, porque hay otro sendero que haciendo zig-zag con el anterior, nos deja en la carretera de acceso a Laveno.

Cuando llegamos al cruce con el atajo, la verdad es que el camino tiene una pinta regular. Apenas se ve, está lleno de maleza y es súper-empinado hacia abajo. No lo veo del todo claro, frente al cómodo sendero 204, pero tiene la ventaja de que acorta bastante. Y Giada, que confía demasiado en mi criterio y en mis locuras, se lanza por el camino sin pensarlo.

Cuando apenas llevamos 100-200m empieza a ser evidente que no ha sido una buena idea, pero hemos descendido tanto que la idea de subir lo que hemos bajado, con el cansancio que llevamos, es bastante impensable. A partir de ahí la cosa sólo va a peor. No es sólo que cuesta un mundo seguir el camino sin perderse, debido a que está cubierto por la maleza (por aquí no ha pasado nadie desde tiempo de los romanos), es que, además, aquí también son incontables los árboles caídos, muchos de ellos en medio del camino, por lo que constantemente tenemos que estar buscando opciones para sortear estos obstáculos, a veces por encima, a veces por debajo, y a veces teniendo que rodearlos, haciendo el avance lentísimo. Y por si todo esto fuera poco, el monte está lleno de zarzas que han cubierto el camino en muchos trozos haciendo casi imposible encontrar una salida. Tengo auténticos momentos de agobio cuando nos encontramos un montón de árboles caídos que son imposible de saltar y cuando los intentamos rodear, todo está lleno de zarzas. Mis brazos y piernas están llenos de arañazos.

El cansancio no ayuda a pensar con claridad, ni la sensación de culpa de haber elegido una opción tan mala. Pero Giada tiene una paciencia infinita y, a pesar de que está más agotada que yo y de que va con sandalias y yo con botas, se dedica a consolarme y decirme que no me preocupe, que seguro que encontramos la salida.

18:25 – Para que os hagáis una idea, la primera vez que vuelvo a grabar es 4 horas después de la última foto que hice en el Poggio Sant’Elsa, cuando el camino empieza a ser medio transitable y ya se ve luz al final del túnel. Y eso que, como podéis ver, el camino sigue lleno de árboles caídos.

Efectivamente, el sendero desemboca en Cittiglio a la altura de la Azienda Agricola Sciareda. Y es que, cuando llegamos al cruce con el otro atajo, decidimos que ya habíamos tenido suficientes atajos para toda una vida, y que era mejor salir directamente a Cittiglio.

Eso supone llegar hasta la Via Laveno y coger luego la carretera hasta Laveno-Mombello. Pero se siente maravillosamente bien la sensación de pisar asfalto después de nuestra aventura en la montaña.

18:51 – Hacemos entrada triunfal.

19:32 – Tras 9 horas de excursión, llegamos (absolutamente destrozados) al punto de partida. Y nos lo premiamos con unos de los grandes descubrimientos que me ha hecho Giada en Italia: Helado dentro de un brioche, en la mejor heladería de Laveno, L’Imbarcadero.

He subido la excursión completa para exhibición de nuestro sufrimiento (véase en especial ese camino que tuvimos que desandar) en mi perfil de wikiloc.

Al dia siguiente saco esta foto desde Laveno-Mombello para que se vea la locura de subida que queríamos hacer.

Ellera…

El 9 de agosto de 2021 finaliza el housesitting. Giada y yo dejamos todo limpio y recogido y esperamos a la llegada de la familia para despedirnos.

A mediodía nos ponemos en camino. Giada vino en tren con la idea de volver los dos con la moto disfrutando del viaje de vuelta. La primera etapa es hasta la casa que su amigo Luca tiene cerca de Ellera, entre Savona y Génova. La casa tiene unas vistas increíbles hacia el valle de Ellera.

Génova…

Luca, que es un amor de persona, nos ha ofrecido su apartamento en el centro histórico de Génova para pasar una noche y así Giada pueda enseñarme la ciudad que no conozco.

Así que al día siguiente, el 10 de agosto de 2021, partimos con la moto desde Ellera hasta Génova, que está a apenas 50 kms. El apartamento es pequeño pero muy acogedor y maravillosamente situado en pleno Centro Histórico de Génova.

Visitamos la Piazza Raffaele de Ferrari

Disfrutamos de la música en la Piazza Banchi

Al atardecer llegamos a la zona del Porto Antico

Y al anochecer visitamos el famoso barrio de Campopisano.

Campopisano recibe su nombre (de una forma un tanto macabra) a partir de la Batalla de Meloria en 1.284 en la que la flota de la República de Génova aplastó a la de la República de Pisa, acabando con la hegemonía marítima de Pisa para el resto de la Edad Media. Se dice que los Pisanos muertos durante la batalla o posteriormente durante el cautiverio fueron enterrados bajo lo que actualmente se conoce como Piazza Sarzano, y de ahí el nombre que se le da al barrio.

En el camino de vuelta jugamos a un juego. Se trata de llegar hasta el apartamento sin mirar el Google Maps, intentando recordar dónde estaba basándonos solo en la memoria de lo que hemos visto. Parece fácil, pero hemos estado en el apartamento sólo una vez y después hemos andado dando vueltas por la ciudad.

Cada vez que pasamos por un sitio familiar, tratamos de acordarnos en qué momento de desde dónde pasamos por ahí. Nada fácil. En cierto momento pasamos por la Piazza Giacomo Matteotti, donde nos vuelven a regalar nuestros oídos con la música callejera.

Debemos llevar más de una hora dando vueltas cuando por fin nos rendimos y miramos el mapa. Habíamos estado casi al lado, pero no hemos conseguido llegar hasta la puerta. Nada fácil.

Hay dos cosas que me han llamado la atención en Génova. La primera es la prostitución. He vivido o visitado el centro de varias grandes ciudades europeas, pero nunca había visto tantísima prostitución en la calle, casi todo de mujeres extranjeras, latinas, asiáticas… Resulta terrible y desalentador, porque es evidente que es fruto del tráfico de personas y que no hay un interés real en acabar con esto.

Lo segundo es algo que ya había visto en toda Italia, y es que los pisos en los edificios no se numeran como en España (piso y puerta), sino que simplemente se indica el nombre del inquilino, tanto en el buzón como en el telefonillo.

Esto es una enorme diferencia cultural con España, donde estamos tan obsesionados con el tema de la privacidad y la seguridad, que nos parece impensable la idea de que cualquiera pueda ver desde la calle quien vive en el edificio.

Al día siguiente, 11 de agosto de 2021, recogemos y dejamos muy limpia la casa de Luca y nos vamos con la moto a Carrara dando por terminada esta etapa del viaje. 

Conclusiones y Planes…

A pesar de que Giada me deja quedarme con ella y con Adele todo el tiempo que quiera (¿he dicho ya que Giada es la persona más generosa del mundo?), ha sido una buena idea coger este housesittting para poder conocer otra zona de Italia y cambiar de aires.

Ahora pasaré una temporada de relax, deliciosas comidas y locas excursiones en Carrara con Giada y su hija Adele. 

Por otra parte, ha surgido la posibilidad de hacer un housesitting de gatos en una isla de Grecia en octubre y es la ocasión perfecta para conocer ese país. De hecho estoy pensando en la posibilidad de hacer un mototrip por todos los Balcanes hasta llegar allí. Pero eso ya se verá. Por lo pronto…

…disfrutemos el presente.

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