Costa Rica (Mototrip) – Últimos días en Costa Rica

by | 31 May 2022 | 0 comments

23-31 mayo 2022

 

2.357 días viajando…
8 días de mototrip…

Como comenté en mi último post, mis últimos días en Costa Rica (apenas una semana) los dedicaré a viajar hacia la zona caribeña del país. He estado mucho tiempo parado y echo de menos rodar un poco. Así que el 23 de mayo de 2022 vuelvo a la carretera.

Cascada Verde

La primera etapa de mi mototrip es volver al Hostel Cascada Verde, ya que me dejé mi pasaporte (y algo de cash) en la caja fuerte de recepción. Despistado que es uno. Al menos lo dejé en un lugar seguro.

El plan era pasar por ahí, saludar, recoger mis cosas y tirar hacia Orosí. Pero cuando llego al hostel, empieza a llover con furia visigoda. Está complicado lo de viajar en moto hoy, por lo que Julie, que es bondad infinita, no sólo me invita a quedarme esta noche, sino que me ofrece su mejor habitación. la #9.

También me invita a desayunar hoy y mañana. No puede ser más maravillosa.

Conozco a Elias, un español que acaba de llegar de voluntario. Supermajo. Acaba de terminar ciencias ambientales y se está dando un año sabático para viajar. También conozco a Vanessa, la nueva recepcionista. Me parece perfecta para el puesto. Estaba siendo difícil para Julie encontrar a alguien.

Me paso la mañana trabajando con el portátil, ayudando a Julie con un par de temas del Hostel, y la tarde jugando al ajedrez.

Por la noche me cuesta dormir, porque los de la #7 tienen montada la fiesta. Menos mal que ya no me ocupo yo de imponer el silencio. Me consigo dormir sobre las 23h.

El día siguiente, 24 de mayo de 2022, amanece nublado. Hago mi sesión de yoga en la terraza (no hay mejor sitio) y desayuno con Elias. Recojo mis cosas y me despido de todos. Me hago foto de despedida con Julie y Stephan.

Me han cogido verdadero cariño y yo a ellos. Da gusto encontrar gente maravillosa en tu viaje. Como el tiempo está regular y saben de mi intención de cruzar el Cerro de la Muerte, Stephan me regala una especie de mono, no sé muy bien si de trabajo o de moto, creo que lo primero. Pero la verdad es que me salva la vida.

El día está feo, pero no quiero retrasar más mi partida, así que me pongo en camino.

Orosí

El plan es llegar hoy a Orosí en mi camino hacia la parte caribeña de Costa Rica. Pero Orosí está al otro lado de las montañas, por lo que, para llegar hasta allí, o doy un enorme rodeo, o tomo el camino más corto que es pasar por lo que llaman El Cerro de la Muerte.

Se trata de una carretera que conecta la costa del pacífico con el interior, pero pasando por las montañas centrales a bastante altura. Suena fatal, pero recuerdo que lo hice en mi mototrip de 2018 y no fue para tanto, así que para allá que voy.

Voy por la Costanera Sur y justo en el desvío hacia San Isidro, la moto se para como si se quedara sin gasofa. Es normal, ya le toca, así que cambio a la reserva… y no arranca. Ni a tiros. Al final consigo que arranque malamente y decido volver a la Costanera y dirigirme a una gasolinera que está a 2kms. Va a tirones y a la mitad se me para. Me toca arrastrarla hasta la gasolinera, con el calor que hace. Qué raro, debería haber tenido gasolina en la reserva.

La lleno de gasofa cruzando los dedos para que sólo sea eso… y lo es. Arranca perfectamente. Qué raro que me haya fallado la reserva, no me vuelvo a fiar.

De la Costanera hasta San Isidro de El General hay que cruzar una montaña, el Alto San Juan. Por un momento me hago ilusiones y me creo que ya he cruzado el Cerro de la Muerte y pienso que no ha sido para tanto… Iluso de mí.

Una vez que paso San Isidro, empiezo a subir… y a subir… y a subir. Empieza el frío. Me pongo el mono y me abrigo bien. ¡Gracias, Stephan!

Continúo subiendo. Pongo el altímetro… y flipo, no recordaba que el Cerro subía tanto. Cuando llevo más de 2.000m, la moto empieza a dar tirones. Entro en pánico. Si se me estropea por aquí, tan lejos de todo y con el frío que hace, tengo un serio problema. Intento ir despacio, en segunda muchas veces y parece que va tirando, pero da miedete. Mi obsesión es pasar la cima cuanto antes.

Subo, subo, subo… 2500, 3000!!… ¿De verdad subía tanto?. Debería haberlo mirado antes de hacerlo. Al final el punto más alto lo mido a 3.400… virgen santa, solo un poco menos que el Cerro Chirripó (3.820m), el punto más alto de toda Costa Rica… ¿¿estamos locos??

Poco después hago una parada para recuperarme en Chespiritos #1. Se puede apreciar el frío y el mal tiempo.

Hace un frío que pela, pero me quedo más tranquilo al ver que la moto aguanta, aunque va a tironcillos. Empiezo a bajar, feliz de que he conseguido pasar el punto más alto y que ya todo es bajada… cuando empieza a caer el Diluvio Universal. Llueve a saco-paco. Cae la del pulpo. Tengo las manos congeladas (no llevo guantes), me entra agua por el mono y los pies están completamente empapados. Un cuadro.

Tengo que hacer un par de paradas para protegerme de la lluvia cuando la cosa se pone en plan torrencial.

Ahora que voy cuesta abajo, la moto no da tirones, pero petardea cosa mala, Cada vez que desacelero, suenan explosiones por el tubo de escape. Tengo al sensación de que hay algo mal en el motor. No sé si podré ir al Caribe en estas condiciones.

Llego a Cartago en medio de la lluvia y busco un lugar cubierto para refugiarme. Aprovecho la parada para buscar un taller cercano. Encuentro uno en mi camino a Orosí con buenas reviews, el Taller Rowe Vargas. Voy para allá y el dueño, Jesús, resulta ser un tipo encantador. Le cuento lo que me pasa y le echa un ojo a la bujía y la conexión eléctrica. Dice que está todo bien y que el problema era la altura, el aire a esa altitud es muy fino para estos motores de 125. De hecho es verdad que para arrancar ahí arriba, debía darle al starter incluso en caliente, y tiene todo el sentido, porque le faltaba aire. Y es verdad es que desde que he bajado, ya va bien. Jesús no me cobra nada y le doy infinitas gracias por su ayuda. Me quedo mucho más tranquilo.

Hago el último tirón hasta Orosí, y voy directamente al Hostel Montaña Linda ($10) donde ya estuve en 2018. Estoy casi solo en el hostel, y completamente solo en la habitación. Así da gusto.

Pongo mis cosas a secar, me cambio y me voy a comprar algo para cenar. Paso al lado del campo de fútbol. Todos los pueblos de Costa Rica tienen su campo de fútbol. Eso es sagrado.

De vuelta al Hostel, me hago unas lentejas para entrar en calor.

Puerto Viejo de Talamanca

Al día siguiente, 25 de mayo de 2022, me levanto temprano y me hago un desayuno con lo que compré ayer y el café que siempre ofrecen en el hostel. Mis zapatillas siguen mojadas, pero no tengo otras. Qué se le va a hacer. ¡Me pongo en camino hacia Puerto Viejo!

El camino desde Orosí hacia el este es superchulo, pasando por decenas de pueblecitos del interior que son una verdadera preciosidad y con nombres tan pintorescos como El Congo

Me ha dejado de funcionar el cargador USB de la moto. Paro en un taller que me encuentro de camino, Moto Repuestos Pin, y el tipo también es supermajo. Me lo mira, desmonta el faro y de repente vuelve a funcionar espontáneamente. No me cobra nada. Luego dejará de funcionar y luego volverá a funcionar. Tiene pinta de que le ha entrado agua y ya.

Voy bastante de tirón. La carretera de limón sigue en obras, exactamente igual que hace 4 años. Madre mía. Aquí lo de las obras públicas se lo toman con tanta calma como todo lo demás. Y sigue llenísima de camiones, pero voy adelantando y voy ligero.

Hago la parada en el Bar-Restaurante Athagy, el mismo en el que paré otras dos veces en 2018. Me tomo una cerve y unos patacones con fríjoles.

Sigo sin tener muy claro si ir a Cahuita o a Puerto Viejo. Veo que hay hostels baratillos en ambos. En el desvío a Cahuita miro de nuevo Google Maps y al final decido que me voy al Hostel Madre Selva que está un poco más allá de Puerto Viejo y en el que ya estuve en 2018.

Y es todo un acierto, porque cuando cruzo Puerto Viejo, veo que se ha vuelto muuucho más agobiante de lo que lo recordaba, así que me alegro mucho de quedarme en las afueras. el Hostel Madre Selva sigue siendo un remanso de paz en la selva. Qué pena que no están los dueños, Haggit y Martín, a quienes conocí en 2018 cuando justo abrieron el negocio. Pero estos días están en Argentina.

Me voy a Puerto Viejo a comprar comida y postales y darme una vuelta, pero me agobio enseguida.

Vuelta al hostel a escribir un rato. Cena, ajedrez con algún guest y a dormir. No para de llover en toda la noche. Tengo sueños raros.

Al día siguiente, 26 de mayo de 2022, me despierto a las 6h, pero remoloneo un poco más. Hago yoga en el porche. No hay nadie levantado. El quiet-time aquí es de 22h a 8h, porque dan por hecho que nadie madruga. Me duele un poco el hombro pero me siento más fuerte que de costumbre.

Mi plan es visitar Playa Gandoca, donde descubrí una casa abandonada en 2018. Es el motivo que en gran medida me ha traído a Costa Rica este año. No se por qué, pero algo me empuja a volver a allí. Pero ha llovido estrepitósamente toda la noche y no veo claro si ir hoy, porque estará todo inundado.

Por lo pronto voy a Puerto Viejo a echar las postales. Una vez allí, echo cuentas de los días que me quedan hasta mi vuelo de regreso y me doy cuenta de que no tengo tantos, que me tengo que ir mañana de aquí sí o sí, así que es hoy o nada.

Decido ir, pero dando un rodeo para evitar el camino de cabras que sale del Hostel. La ruta es de lo más agradable. Hace sol y toda la carretera es entre jungla y casitas caribeñas.

Cuando llego al desvío de Playa Gandoca, veo que quedan aún 10kms de camino de grava, pero parece en buenas condiciones y los charcos son pequeños. No paro de acordarme de que hace 4 años no pude llegar en mi primer intento por un enorme charco que cubría todo el camino. Pero esta vez nada de nada, el camino está estupendo.

Llego a la Soda Kàniki y me llevo la sorpresa de que sigue estando Rita, la que misma mujer que llevaba este lugar hace 4 años.

Me re-presento, le comento que ya estuve aquí en 2018 y que nos conocimos, aunque lógicamente no se acuerda. Al igual que aquella vez, le digo que voy a dar una vuelta y que luego vengo a comer.

En pocos pasos llego a la Playa Gandoca, una playa siempre desierta y maravillosa.

Me voy directamente a buscar la casa abandonada. Hace unos meses le enseñé las fotos de esta casa a Caroline, en El Cuyo, y ella me animó fuertemente a que viniera, que el Universo me estaba empujando a volver a este lugar. Desde que estoy en Costa Rica lo he ido posponiendo… y casi no lo hago. Pero al final, justo en mis últimos días, aquí estoy.

Después de la visita, me he dado un paseo corto, porque hace un calor de muerte y luego he ido a la soda a comer. Le he enseñado a Rita el vídeo que le hice hace 4 años y le ha hecho una ilusión loca.

Ha llamado enseguida a su marido Roberto  para que se lo enseñe a él también. Rita nos ha hecho la comida (riquísima) y nos hemos puesto a hablar los tres.

Roberto era consultor de RRHH a nivel internacional, pero se cansó de ello y montó esta casa donde dan alojamiento y comidas. Pero sobre todo le gusta la permacultura. Me entero demasiado tarde de que suelen coger voluntarios para ayudar. Con lo bien que habría estado yo aquí. Poco después llega una de las voluntarias, Valeria, de Luxemburgo, y se une a la comida. Pasamos un rato muy especial, de los que te ocurren viajando cuando menos lo planificas.

Tienen varias plantas de cacao en el jardín y ellos mismos fermentan y preparan las semillas, con las que hacen postres tan espectaculares como éste.

Me despido de ellos con mucho cariño y vuelta al hostel para escribir todo esto.

Se me acaba el tiempo en Costa Rica y de nuevo vuelve a ser complicado el tema de vender la moto. Hablo con Néstor de la posibilidad de dejársela a él para que me la venda y que se quede con la mitad de lo que saque. Néstor, que es una maravillosa persona, dice que claro que me la vende, pero que no se queda con nada. Yo le digo que eso es innegociable, encima de la molestia que le voy a ocasionar. La verdad es que me quedo mucho más tranquilo sabiendo que él puede ocuparse. Lo unico es que el lunes sin falta le tengo que hacer un poder notarial para que pueda venderla en mi nombre. Por suerte tiene una amiga abogada que nos lo puede hacer.

Cena y a dormir.

Orosí

Al día siguiente, 27 de mayo de 2022, me levanto a las 6:15, yoga, ducha y desayuno. Me quería poner en camino prontito, pero llueve de nuevo. Es lo que tienen los países tropicales en verano.

Al final se calma la cosa y salgo sobre las 10h.

Me chispea, pero no llega a llover fuerte. El problema es que toda la carretera está mojada y los camiones salpican barro. Hay momentos en que no veo nada porque se me llenan las gafas de barro.

Hago parada en una soda para descansar y da la casualidad que es la Soda Chalo, donde también paré hace 4 años.

Y me encuentro que está el mismo camarero. Lo reconozco por su enorme amabilidad. Se lo digo y le enseño el blog para demostrárselo y le hace mucha ilusión. Me pido un sandwich de huevos, queso y vegetales, y un café.

Sabía que Néstor estaba conduciendo su camión por la misma carretera en dirección a Limón y mi idea era coincidir con él aquí. Me manda su posición y está sólo a 5 minutos, pero su conexión es tan mala que cuando le digo dónde estoy, ya se ha pasado de largo y no hay forma de dar la vuelta. Qué pena. Pero nos veremos el domingo.

Sigo hacia Orosí con una sola parada para café en un lugar de pollos fritos llamado Day. El camino es chulísimo, entre las montañas, pero se hace largo hacia el final.

Poco antes de llegar a Orosí, paso por Paraíso. Los que pusieron el nombre a este lugar, lo tenían claro.

Llego al hostel y el encargado me reconoce, claro. Ya soy habitual de la casa. Me doy un paseo por el pueblo para comprar algo de comer. Justo coincido con un funeral.

Me pongo a escribir el post de El Cuyo y a dormir.

Al día siguiente, 28 de mayo de 2022, me despierto a las 6:30. Yoga, ducha y desayuno. Me siento fuerte pero un poco de mal humor y de bajona, no sé por qué. Me pasa a veces viajando. Quizá es el precio de la soledad.

Néstor quedó en preguntarle a Linda, la propietaria de la casa donde vive, si podía quedarme  a dormir desde mañana domingo hasta el martes que es cuando me voy, pero aún no me ha contestado, así que, por ahora, me quedo una noche más en Orosí.

Me voy con la moto de excursión.

…Y luego hasta el Mirador de Ujarrás.

Cuando estoy en el mirador, veo en el mapa que estoy muy cerca de un cascada llamada El Salto de la Novia. Las referencias dicen que es de muy difícil acceso. Basta que me digan eso para que me empeñe mucho más en llegar. Primero lo intento desde el mirador, pero veo que la carretera está cortada por desprendimientos. Así que bajo por otro lado hasta las Ruinas de Ujarrás, que parece el sitio más cercano donde dejar la moto. Le pregunto a los guardias y me dicen que hay que cruzar una finca de cultivo de cas (en la vida había oído hablar de esta fruta), pero que si está el portón abierto, no hay problema en pasar. Pero me avisan (de nuevo) que es complicado llegar y que hay que saber el camino. Yo les digo que tranquis, que estoy acostumbrado a encontrar lugares difíciles. No saben con quién están hablando.

El portón está abierto, así que entro y sigo un sendero al lado de las enormes plantaciones de cas.

Llego hasta el Río Páez. Una vez ahí, la única forma de avanzar es de piedra en piedra, con bastante dificultad. A cierto punto me descalzo para meterme directamente en el río, aunque viene un poco fuerte la corriente. Al menos descalzo es más fácil sentir si una roca es o no resbaladiza.

Hay un momento en que encuentro un senderito corto paralelo al río. Cuando veo que la cosa se está complicando un poco de más… allí está, lo encontré. Y es bastante espectacular. Tal y como decían las reseñas, el lugar está muy sucio, lleno de basura. Pero me doy cuenta de que no es que la gente la traiga aquí. Es basura arrastrada por el río.

Me hago fotos y vuelta. A la vuelta veo con más claridad el sendero. Es más fácil cuando lo encuentras y lo sigues.

En el camino de vuelta tengo una vista espectacular de Orosí.

Hago algo de compra y vuelvo para hacerme la comida. Empieza a llover. Perfect timing. Dedico la tarde a ir organizando el viaje de vuelta y a darme un paseo por el pueblo. Está bien estar de relax y tener tiempo. Por la noche cena, serie y a dormir.

Alajuela

Nuevo día, 29 de mayo de 2022. Me levanto tarde, sobre las 7, y eso que me acosté a las 22h. He dormido mucho y densamente.

No hago yoga, hoy me lo tomo de descanso. Directamente desayuno y recojo. Hace un día estupendo para viajar. Hasta Alajuela son poco menos de 2 horas. Está tirado. Voy de tirón.

Cuando llego, gran alegría de volver a ver a Néstor (Linda está en USA por todo el mes y no la veré, qué pena) y gran alegría de su perrita Laika al volver a verme.

Nos vamos a comer una pizza en un lugar donde veo que tienen refill gratis de bebidas, pero todas son superazucaradas. Hay cosas más peligrosas que el tabaco o las drogas y que deberían estar prohibidas. Después de comer, Nestor me lleva a tomar un helado en Centro Comercial Oxigeno. No me lo puedo acabar de lo azucarado que es. Es una locura lo del azúcar aquí en latinoamérica.

Mucha charla, buen rollo y nos ponemos al día. Después Néstor me enseña el camión con el que trabaja (es camionero) y me da una vuelta. ¡Toda una nueva experiencia!

Cuando volvemos a su casa, ponemos a punto mi moto: le arreglo el claxon, le quitamos el viejo soporte del teléfono y el botón raro que no servia para nada. Mañana la llevaremos al taller para dejarla a punto y bien limpia para su venta.

Aprovecho para poner un par de lavadoras. A Néstor, en agradecimiento por todo, le he regalado el mono que me dio Stephan. Es lo menos que puedo hacer para devolver tanta generosidad.

El resto de la tarde la paso con la compu. Preparando cosas para el viaje. He conseguido Couchsourfing con Pilar en Madrid para mis 2 primeras noches allá, antes de ir a Italia.

Me toca dormir en lo que yo pensaba que era el sofá del salón y que resultan ser 4 sillas juntas cubiertas por una tela. Duermo menos mal de lo que esperaba. ¡Estoy curtido!

Al día siguiente, 30 de mayo de 2022, me levanto a las 6 y me hago mi sesión de yoga y ducha. Néstor me hace un buen desayuno del que no dejamos ni las migas.

Después de desayunar, Néstor me lleva al Taller de Chuki, que es amigo suyo. Chuki me abre el motor, ajusta válvulas, limpia el carburador y ajusta el cable de embrague. Queda mucho mejor, pero le sigue costando arrancar, no sé por qué.

Luego vamos a visitar al abogado de Néstor para hacer el poder que le permitirá vender mi moto sin estar yo presente. La broma me cuesta $50, pero es lo que hay. más tarde Néstor se va a una reunión en San José y yo me voy a Alajuela a que me laven la moto (¢3000). Mientras la lavan, me voy a desayunar a la Soda Meche. Me encantan los desayunos ticos. Cuando recojo la moto, Néstor me dice que se queda a comer por San José, así que no puedo volver a su casa (no tengo llaves). Me voy a la Soda Rosario a comer (otra vez) y a hacer tiempo hasta que vuelve Nestor.

Aprovecho para contactar con Silvia Parra, una camionera española que vive y trabaja en Nueva Zelanda. El sueño de Néstor es trabajar como camionero en otro país, y yo le he recomendando muy especialmente Nueva Zelanda, que es probablemente mi país favorito para vivir. Silvia y yo charlamos largamente. A los españoles que vivimos en el extranjero nos encanta la oportunidad de charlar con otros españoles. Le hablo de Néstor y sus sueños y termino comprando su libro “Cómo conseguir trabajo de camionero en Nueva Zelanda” para regalárselo a Néstor.

Cuándo vuelve Néstor, estamos un rato de charla, le doy el libro (online) y nos vamos para su casa, justo a tiempo, antes de que caiga la tormenta del siglo.

Y paso así mi última noche en Costa Rica. De nuevo en el “sofá” de Linda.

Despedida

Y así llegamos al 31 de mayo de 2022, día de las despedidas. Me tomo la mañana con calma. Organizo el viaje, recojo mis cosas, charlo con Néstor y con su amigo camionero Jefrey, que está pensando comprar mi moto… un tipo muy majo.

Me despido especialmente de Laika, que es todo amor.

Como Néstor tiene que llevar una mochila para su camión, que está aparcado lejos, no quepo con todas mis cosas en su moto. Voy andando a Sta. Bárbara y desayunamos ahí.

Nos despedimos allí mismo. No soy capaz de expresar todo el agradecimiento que siento por este hombre. Ha sido pura generosidad y compañerismo desde el mismo momento en que vino a recogerme al aeropuerto, tres meses atrás.

Me voy en bus a Alajuela para hacerme el test del dichoso Covid, relleno el dichoso formulario de salud y me pillo el bus al aeropuerto.

Tengo bastante suerte, el avión va bastante vacío y mi truco de pillarme última fila ha vuelto a funcionar. Voy completamente solo en mi fila.

Y de esta manera digo adiós a mi tercera visita a este maravilloso país.

Conclusiones y Planes

Costa Rica sigue siendo un país fácil y maravilloso para mí. Es lo que tiene haberlo visitado 3 veces, una vez cada 4 años: 2014, 2018 y 2022. Pero sí es verdad que he notado un cambio grande de 2014 a ahora. Todo es exageradamente más caro. Cuando estuve aquí la primera vez, la gente decía que Costa Rica era un país caro, y quizá lo fuera para la media latinoamericana, pero resultaba barato comparado con Europa. En cambio ahora, he tenido la sensación de que todo era incluso más caro que en España.

Y ése es el peligro del turismo masivo. Al final el país se vuelca en hacer todo para los turistas que gastan bastante más que el ciudadano medio, haciendo que los precios se disparen. Y eso es un problema para los habitantes que ven cómo suben los precios sin que suban los sueldos para aquellos que no se dedican al sector turístico.

Pero, como siempre, el truco es evitar al máximo los lugares turísticos e ir donde solo vive y compra la población local. Así es cuando la cosa se normaliza un poco. Pero Costa Rica está tan masificada turísticamente, que cuesta bastante encontrar ya lugares auténticos.

Aún así, el carácter tico sigue siendo maravillosamente amable, generoso y pacífico en general, y es algo que hace muy agradable y fácil para viajar.

¿Y ahora?

Pues ahora vuelvo a Europa para pasar el verano… y ya veremos si algo más. Por lo pronto pasaré una semana en Madrid visitando friends&family, y luego iré a encontrarme con Giada y Adele en Carrara, que ya las echo locamente de menos.

NOTA: Algunas semanas después Néstor consigue vender mi moto, Maca, a un precio razonable y nos repartimos las ganancias, como quedamos. Qué diferencia con la venta de la moto en mi viaje anterior. Qué diferencia entre un tico maravilloso y un español ladrón.

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