Mototrip por los Balcanes (Cap.2): Eslovenia

by | 16 Sep 2021 | 0 comments

14-16 septiembre 2021

 

2.100 días viajando…
3 días en Eslovenia…
4 días de mototrip…

El primer capítulo de mi mototrip por los Balcanes terminaba el 14 de septiembre de 2021 con mi triunfal entrada por la (inexistente) frontera entre Italia y Eslovenia. Ventajas de estar en la UE.

Hoy voy a contaros las dos noches que pasé en Eslovenia y por qué fueron sólo 2 noches.

El mototrip

14 de septiembre de 2021. Pues ya estoy en Eslovenia. Lo primero es ir pensando dónde voy a dormir. Mi primera idea es hacer acampada libre, pero según voy avanzando por la carretera, no acabo de encontrar nada. En park4night no viene apenas ningún lugar y los pocos que hay tienen comentarios de que al final apareció la policía y les multó.

Visto lo visto, decido pasar por un camping que he visto en Google Maps, el Camp Špik. Ya antes de preguntar, veo en la puerta que desde el 6 de septiembre es obligatorio el PCT (vaccinated-recovered-tested) para alojarse en el camping. Para complicarlo más, el empleado me explica que es así ahora en todos los alojamientos del país por el avance de la pandemia, pero que no sólo eso. Desde mañana hay restricciones a lo bestia. Mascarilla en todas partes y no se puede entrar a ninguna tienda o comercio sin el PCT… ¡ni siquiera echar gasolina! La única opción que me da para poder quedarme esta noche es hacerme un test de antígenos por 20€ en Kranjska Gora, el pueblo que he pasado hace un rato.

Se me viene el mundo encima. Si no puedo hacer la compra ni echar gasofa, tengo un problema tocho. Pienso en opciones. ¿Volver a Italia? Espero que no. No estoy por la labor de retroceder. Por lo pronto debo resolver lo de esta noche, aunque todavía me resisto a tener que pagar por un test.

Veo en park4night que hay indicado un sitio pegado al río que quizá sea discreto. Para llegar tengo que tomar un desvío a la derecha po un puente que cruza el Río Sava. Hay una señal de prohibido el paso, pero me cuelo con la moto para seguir por el camino de tierra que va paralelo al río. Cuando llego al sitio indicado, no está mal, pero lo sigo viendo demasiado expuesto.

Sigo avanzando a ver si encuentro dónde esconderme. Paso al lado de una granja donde una familia se está tomando un descanso de su trabajo. Me miran raro, claro. Me paro a preguntar por la posibilidad de acampar por aquí y la hija, la única que habla inglés de la familia, me dice que me olvide, que no sólo es que esté prohibida la acampada libre en todo el país (cosa que ya sabía), sino que estamos en el Parque Nacional del Triglav donde está muy especialmente prohibido acampar y donde hay patrullas de forestales buscando acampados constantemente. Me dice que mis única opciones son seguir hacia el este hasta salir del parque (ya es un poco tarde) o hacerme el test.

Así que me rindo, y regreso de vuelta a Kranjska Gora a la caída de la tarde para hacerme el dichoso test y al menos poder sobrevivir 2 días aquí.

Al menos, las chicas que me atienden son divertidas y encantadoras y nos echamos unas risas.

Y, por supuesto, el test es negativo, claro.

Con el documento de la supervivencia en mis manos, vuelvo al Camp Špik. El precio son 14€ por una noche. A este paso me va a durar poco el dinero.

Monto mi tienda antes de que anochezca.

Cuando me voy a hacer la cena, me doy cuenta de que la botellita de gas que me compré por Amazon no es del mismo tipo que el hornillo. Bravo, Pablo. Así que me toca cena fría. A veces parece que el Universo me pone a prueba, pero no hay problema, las dificultades están para superarlas.

Al menos la colchoneta funciona perfectamente, y duermo razonablemente bien.

15 de septiembre de 2021. Me consigo levantar antes del amanecer, a las 6:20, y hago mi sesión de yoga en la terraza de la cafetería del camping, que no abre hasta las 10.

Después del yoga, ducha y recojo. No hay posibilidad de café porque no tengo hornillo y no voy a esperar hasta las 10 a que abran la cafetería. Aquí parece que no se madruga mucho. En la tienda del camping solo tienen el modelo de gas de campingaz, que es el que ya tengo, así que dejo el desayuno para más adelante. Check-out y a la carretera. El camping al final me ha salido por 12€ gracias al descuento por motero. Bastante razonable.

El amanecer muestra el paisaje que me rodea que es increíble.

Voy directamente hacia Bled. Al llegar, me recuerda mucho a Como (Italia) pero en pequeño. Típica ciudad muy turística alrededor de un lago. Pero la verdad es que es una preciosidad.

Me tomo un café (ya me hacía falta) en el Art Cafe Bar y busco (y encuentro) una tienda de deportes donde por fin puedo comprar una botella de gas adecuada para mi hornillo. Ya puedo cocinar.

Le doy la vuelta al lago…

…hasta una pequeña playa donde la gente se baña. Buen sitio para hacerme un mini desayuno de pan, aceite, tomate y queso

Mientras desayuno, recibo respuesta de un couchsurfing que solicité anoche en la capital, Ljubljana. Tajda, una chica eslovena, me acepta por dos noches para que pueda visitar la ciudad, pero hemos quedado por la tarde.

Le pregunto a mi sobrino Álvaro (que ha estado por aquí hace poco) por algún lugar que visitar. Me recomienda la Iglesia de St. Primož and Felicijan, así que me voy para allá. Poco antes de llegar, hago una parada en Kropa, porque el pueblecito es precioso.

Aparco en una curva, ya que a la iglesia se llega andando por un agradable sendero con muy bonitas vistas. Eslovenia es realmente un país precioso de montañas y naturaleza.

Como aún tengo tiempo y me apetece darme un baño, busco lagos donde esté permitido el baño y veo que recomiendan mucho el Lago Bohinj. Voy para allá.

Cuando estoy cruzando el Río Sava a la altura de Radovljica, me doy cuenta de dos cosas:

1) Que el río ahí mismo tiene una pinta muy buena para bañarse.

2) Que para llegar al Lago Bohinj debo volver hasta Bled e ir más allá. Confieso que no lo había mirado muy bien en el mapa.

Me da mucha pereza desandar hacia el norte todo lo andado hacia el sur, para después volver de nuevo hacia el sur para ir a Ljubljana. Así que busco un rincón en el río y me doy un baño. El baño son 30 segundos, porque el agua está helada y se ha nublado bastante.

Después, para entrar en calor, estreno el hornillo y el equipo de camping y me hago unas lentejas con arroz que me saben a gloria bendita. El kit de cocina funciona de maravilla.

Despues de comer, voy tirando para Ljubjana. Por el camino no dejo de ver estas estructuras de madera con paja que no tengo muy claro para qué son.

Hago una parada en Medvode para un café en Tržnica Kafé y aprovecho para ponerme de acuerdo con Tajda.

Me dice de vernos en el centro para tomar algo. Quedamos en la Cervecería Lajbah, donde me tomo la mejor cerveza IPA que he probado. Justo delante de la cervecería tenemos delante nuestro este espectáculo.

Tajda es una chica eslovena muy joven a la que le encanta llevar viajeros a casa de sus padres, muchas veces sin avisarles. De hecho, después de la cerveza, me dice que ha quedado con una amiga, así que me manda para su casa (al menos la convenzo de que avise a sus padres antes, para no tener que ser yo el que les explique quién soy).

Sus padres me reciben con resignación y amabilidad. No soy el único couchsurfer de la noche. Compartiré el salón con otra viajera.

En cualquier caso, la conversación con su padre, Alex, es de lo más interesante. Me cuenta muchas cosas sobre la historia de la ex-Yuguslavia y sobre el crecimiento de la conciencia. Sobrevivo con un poco de chocolate y frutos secos (no me han ofrecido nada y no quiero molestar usando la cocina para cocinar mis cosas).

No estoy muy convencido de quedarme dos noches, porque siento que estoy un poco invadiendo la paz familiar, pero mañana dan lluvias, así que no sé muy bien lo que haré.

Por lo pronto… ¡a dormir!

16 de septiembre de 2021. Me despierto a las 7 y como veo poco movimiento en la casa, me saco la esterilla al jardín y hago mi sesión de yoga.

Anoche miré con detalle la previsión… y pinta mal. Según parece, empezará a llover a mediodía y no parará hasta la semana que viene. Eso quiere decir que, o me voy hoy o no me voy. Y no me apetece quedarme en esta casa una semana, la verdad, así que tomo una decisión: Visitaré Ljubjana por la mañana y me pondré en marcha antes del mediodía hacia Zagreb, donde parece que no lloverá… hoy al menos.

Me doy una ducha rápida y cojo la moto para visitar el centro. Voy con un poco de prisas por eso de que tengo que irme antes de que llueva. No se disfruta lo mismo así, es cierto, pero es que soy un poco agonías, lo sé.

En cualquier caso disfruto el paseo y hago bastantes fotos. El centro es una preciosidad.

 

Me siento a tomar un café junto al Puente de los Dragones para escribir unas postales (retomando buenas costumbres).  puedo comprobar en primera persona la nueva ley.

A pesar de las agonías, lo he calculado bien y para las 11 y poco ya me estoy despidiendo de la familia y me pongo en camino. Digo adiós a la casa que tan extraña y amablemente me ha acogido esta noche.

Cuando paro para echar gasofa, me llevo una alegre sorpresa. Está muchísimo más barata que en Italia: 1,291 €/litro.

Hago una parada en el pueblecito de Radeče para hacer un almuerzo temprano, porque no he desayunado. Gracias a park4night encuentro una mesa de picnic en un rincón perfecto junto al río.

Me hago una estupenda ensalada y luego me tomo un café en la cafetería que hay aquí al lado mientras planifico.

Decido que, visto el mal tiempo, me voy directamente a Zagreb (Croacia), a un hostel hasta que pasen las lluvias. He encontrado uno donde me dicen que tienen aparcamiento para mi moto y que está muy céntrico, así que es perfecto. Además me encanta el nombre: Appa Himalayan Hostel.

Cuando llego a la frontera me encuentro que aquí sí hay control. Croacia, aunque es UE, no es Espacio Schengen, por lo que hay control de DNI. Y, sorpresa, me piden el Pasaporte Covid. Por suerte aún me vale la prueba que me hice anteayer, por muy pocas horas. Así que todo ha sido perfect timing.

Continuará…

Y, como siempre, la llegada a la frontera marca el final del capítulo. Eslovenia es una pequeña maravilla de naturaleza, pero paga el precio de ser un país demasiado desarrollado, por lo que han exagerado las normas, lo que me ha impedido poder quedarme más tiempo. Una pena. A ver si puedo volver cuando pase todo este apocalipsis Covid.

Ahora me espera Croacia, un nuevo país, el número 23 de este viaje…

…pero eso será en el próximo capítulo.

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