13-14 septiembre 2021

 

2.098 días viajando…
2 días en Italia…
2 días de mototrip…

Como ya conté en mi último post, el 13 de septiembre de 2021 finalizo mi último mes en Carrara (Italia) y da comienzo un mototrip sin demasiados planes y sin más objetivo que cruzar los Balcanes y llegar hasta Grecia, con todo el tiempo del mundo y disfrutando del camino.

Voy a narrar este mototrip en 7 capítulos, uno por cada país que atravieso, así será más ligero de leer y quedará más ordenado.

El primer capítulo será breve, pues fue una única noche la que pasé en Italia. Lo único que planifiqué antes de salir fue una noche de Couchsurfing en Padova (Italia), ya que está más o menos a medio camino de la frontera con Eslovenia. Además, he encontrado una colchoneta de segunda mano perfecta para la acampada y el vendedor está en esa ciudad, así que la jugada es perfecta.

La salida

Por la mañana temprano, Giada me ayuda a colocar las alforjas que el día antes he comprado para la moto. Le van perfectas. Allí llevaré todo el tema alimenticio: hornillo, provisiones, kit para cocinar, kit para fregar, etc. Esto y la tienda de campaña que me ha regalado Giada me hacen completamente autónomo. Aunque lo de la acampada libre me da respeto, pero vamos viendo.

Cuando por fin tengo todo colocado, me despido agradecidísimo de Giada, quien me regala esta última foto.

Foto de Giada

El mototrip

Dia 1: Albignasego – Padova (Italia): 284 kms.

Empiezo el viaje sin contratiempos. Me tengo que acostumbrar un poco al peso de la moto. El peso va un poco alto y mi pobre Gaby no es demasiado estable, así que tengo que ir con cuidado en las curvas.

La primera parada es en el Passo del Cerreto, el puerto de montaña desde donde hace apenas 3 días salí con Giada camino a nuestro fin de semana de acampada. Aprovecho para descansar y tomarme un café.

Segunda parada para gasofa en la estación de servicio Indipendente.
Llego a Módena a la hora de comer. Consigo colarme con la moto hasta la mismísima Plaza del Duomo. Allí mismo, sentado en un rincón, me preparo una ensalada que es mi típica comida de ruta. Sencilla y sana. Comiendo aquí, delante de la Catedral de Módena, comenzando mi mototrip por los Balcanes, es difícil sentirse más feliz.
Mi siguiente parada es ya muy cerca de Padova, en Battaglia Terme, donde hago una paradita para hacer una foto.
A las 16:40 llego al Albignasego, una localidad de las afueras de Padova que es donde vive Lorena, la que será mi couchsurfing por esta noche. La espero en el Bersan Bar Caffé, cerca de su casa, y nos tomamos aquí unas cañas mientras nos contamos la vida y viajes.
Lorena es una viajera como he visto pocas. Ha estado en casi todas partes del mundo. Es difícil encontrar rincones del planeta que no haya visitado.

Vamos a su casa y nos seguimos contando nuestros viajes con una botella de espumoso hasta que llega su compañero de piso y se nos une. Tiene 2 gatos espectaculares que le ha traído una criadora de gatos de Lituania.

Me ofrece para cenar unas lentejas y una ensalada caprese. Para dormir, tiene montada una habitación en el sótano para  todos los couchsurfers que acoge.

Antes de dormir, se me disparan un poco (mucho) los miedos de si será realmente realizable lo de la acampada libre en los países que voy a visitar. Siempre se me disparan algunos miedos cuando empiezo una aventura, pero lo tengo asumido y lo manejo como algo normal. Sé que iré resolviendo los obstáculos según los vaya encontrando.

Me levanto a las 7. Demasiado tarde para hacer yoga (y eso que me hace mucha falta). Me tomo un café con Lorena y para las 8 nos despedimos y me pongo en camino.

Ayer le comenté a Lorena mi idea de hacer la segunda noche en Trieste para cruzar luego la frontera por la costa, pero lo que me contó me hizo pensar que quizá no tiene tanto sentido. Trieste es una ciudad muy grande y no voy a encontrar dónde aparcar la moto si quiero quedarme por el centro. Y quizá puede ser más interesante cruzar la frontera mucho más al norte y así visitar Bled, que me lo ha recomendado especialmente.

Por lo pronto hago una parada en Vigonza, a las afueras de Padova, donde he quedado con el vendedor de la colchoneta inflable que he comprado en Subito por 15€. Ha sido todo un acierto. No ocupa ni pesa casi nada y se infla de 6 soplidos. Me va a venir de miedo en las acampadas.

Me pongo en camino. El recorrido por Veneto es terriblemente aburrido. Es una región completamente plana y la ruta que estoy haciendo, evitando las autopistas, me está llevando constantemente por zonas industriales. Estoy deseando llegar a las montañas.

Hago una mini-parada en Pravisdomini, para hacer una foto a la Chiesa di Sant’Antonio Abate.

Me desvío por ir a una gasolinera barata, que resulta no ser barata. Mi app no está tan actualizada como pensaba.

Va siendo hora de comer. Consulto park4night y encuentro una mesa de picnic en un molino en Borgo Ampiano, así que hago allí mi siguiente parada.

Tengo que aprender a parar más y a ir con más calma. No hace falta hacer 300 kms al día, me sobra el tiempo. Cada parada permite a la mente replantearse las cosas y tomar decisiones. Por lo pronto, me hago un homenaje de pan, tomate y queso emmental.

Aprovecho para ver los requisitos de entrada en Eslovenia y veo que no hace falta nada de nada para entrar por tierra. ¡¡Bien!!

Sigo en dirección a Bled (Eslovenia). Hago otra mini-parada cuando llego al Torrente Palar.

Cuando cruzo el Río Tagliamento a la altura de Pineta, no puedo evitar la tentación de hacer una parada para darme un baño.
El precio de la gasolina va subiendo según me acerco a la frontera. Debería haber echado antes.

Eso sí, cuando me acerco a la frontera, el paisaje cambia por completo. La carretera sigue paralelo al Fiume Fella en su transcurso entre las montañas y el paisaje es  simplemente espectacular.

Y a las 16:45, llego por fin a la frontera con Eslovenia, el país número 22 de este viaje.
Cómo me esperaba, la frontera es, en realidad, paso abierto y sin control, ni de Covid ni de nada. De hecho, las instalaciones fronterizas están en ruinas y con pinta de ser de la Guerra Fría.

Continuará…

Y, hasta aquí, la primera etapa del mototrip por los Balcanes, etapa obligada para salir de Italia y empezar la parte más interesante que me llevará a países donde no he estado nunca y de los que no sé demasiado.

Hasta aquí ha sido fácil por idioma, moneda, costumbres… estaba en zona de confort. Ahora es cuando comienza la aventura. Para empezar, tengo que decidir dónde voy a dormir esta noche…

…pero eso ya será en el próximo capítulo.

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