“Nos hemos acostumbrado tanto a comer mal,
que a comer bien lo llamamos dieta”

 

El otro día, una da mis (pocas) seguidoras del blog (Linda) me preguntó sobre mi forma de comer, a raíz de las múltiples veces que hablo de ello y muestro mis comidas en este blog y en Instagram. La charla con ella fue tan interesante, que he decidido escribir este post sobre cómo como, es decir, exponiendo mis ideas y aprendizajes sobre nutrición y cómo las llevo a la práctica.

Disclaimer

En primer lugar dejemos claro desde el principio que no soy un profesional de la nutrición, ni he estudiado el tema, ni siquiera me considero un experto. Todo lo que expongo aquí son ideas, opiniones y aprendizajes que he ido adquiriendo durante mi viaje y, por lo tanto, deben ser consideradas como tales y nunca como una enseñanza formada y experta. Hay que tener muy en cuenta de dónde vienen mis conocimientos:

  • Mi amiga Gabi y su proyecto Medicina. Nutrición y Psicología (aunque justo en estas fechas el proyecto pasa a llamarse NeuroNutrición4).
  • Muchas lecturas sobre el tema.
  • Mi propia intuición (una de mis fuentes más fiables).
  • Experimentación propia (ensayo  y error, ya que mi cuerpo me avisa cuando algo no es bueno para mí).

En segundo lugar hay que tener claro que cada persona es un mundo, tanto física, mental, como emocionalmente. Es por ello que la forma de comer debe adaptarse a cada individuo y sus circunstancias. Lo que voy a exponer aquí son unas ideas básicas generales que, en mi opinión, pueden mejorar muchísimo la salud de casi cualquier persona, pero cada uno debe tener el suficiente sentido común y conocimiento de sí mismo, como para decidir si algo es bueno o no para sí mismo. Soy un gran defensor de la autogestión de la salud.

La Pirámide Alimentaria

Empecemos por el principio. Todos hemos oído hablar de la famosa Piramide Alimentaria como un referente en cuanto a la salud nutricional que nos proporcionará una salud de hierro si la seguimos al pie de la letra.

Pero son pocos los que saben el origen de esta pirámide. Uno pensaría que fue desarrollada por expertos en salud y nutrición de una gran organización internacional. Pero veamos lo que dice la Wikipedia:

Aunque las primeras pirámides alimenticias fueron creadas a comienzos de la década de 1970, posiblemente la más conocida es la versión introducida por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos en 1992.

Sí, has leído bien. La versión que tú y yo conocemos, fue desarrollada por el Departamento de Agricultura de los EEUU. Agricultura, no salud.

¿Empiezas a entender ahora por qué la base de la pirámide son los cereales?

 

Un poquito de historia

Hagamos un poco de memoria histórica. La agricultura comenzó hace 12.000 años. Esto puede parecer mucho, pero en términos evolutivos fue prácticamente ayer. Estamos hablando de unas 500 generaciones. Somos biológicamente los mismos que éramos antes de domesticar las plantas. Por lo tanto, biológicamente, estamos mucho más adaptados a la alimentación previa a la agricultura, cuando éramos fundamentalmente cazadores-recolectores, que a la alimentación actual. Recodemos que fuimos cazadores-recolectores desde el principio de la humanidad, hace 300.000 años, hasta hace sólo 12.000.

– Entonces… ¿por qué tuvo tanto éxito la agricultura?

Porque supuso una gran ventaja evolutiva.

– Pero ¿qué quiere decir ventaja evolutiva?

Pues es un cambio en una especie que le permite sobrevivir más y aumentar su población.

– ¿Y ser más feliz?

Absolutamente no. La evolución no se preocupa por la felicidad individual. Se preocupa únicamente por el crecimiento poblacional. Así pues la agricultura nos hizo sedentarios, lo que nos permitió reproducirnos con más facilidad y con mayor cantidad de alimentos. Pero eso no quiere decir que fueran de mejor calidad o que esta situación nos hiciera más felices. Como muy bien explica Yuval Noah Harari en su ensayo Sapiens. De animales a dioses, la cantidad de tiempo que un agricultor necesita trabajar para conseguir una cierta cantidad de calorías, es mucho mayor que la que necesitaba un cazador-recolector. La agricultura nos puso la comida más a mano, pero a cambio de ser de peor calidad y tener que trabajar mucho más por ella.

Así pues, el cultivo de cereales, tubérculos y otras fuentes de hidratos de carbono, permiten alimentar grandes poblaciones con menor coste. Es por ello que casi todas las culturas tienen como base alimenticia una gran fuente de hidratos, como el arroz en oriente o latinoamérica, la patata o el maíz en norte américa, el trigo en Europa, etc.

Pero cuando uno prueba en su propio cuerpo a invertir la pirámide alimenticia y a alimentarse como lo hacían los antiguos cazadores-recolectores. Ay, amigo… ahí aparece la sorpresa.

Es por ello que los seguidores de la Dieta Paleo (basada en cómo comían nuestros antecesores del paleolítico) proponen una nueva pirámide nutricional.

La Gran Mentira: La Grasa

Si vas al médico porque necesitas adelgazar, te dará una dieta “baja en grasas”. Todavía hoy la gran mayoría de la gente piensa que el gran enemigo de la salud cardiovascular y de la silueta es la grasa. Cuando vamos al supermercado, nos lo encontramos lleno de alimentos desgrasados o bajos en grasa. Seguro que muchos de los que me leen tienen cuidado en no poner demasiado aceite en la ensalada o no comer demasiados frutos secos o no más de 3 huevos a la semana porque engorda o tiene demasiado colesterol.

Esta creencia viene de un experimento que cumple ahora 100 años realizado por el médico ruso Nikolay Anichkov, en el cual proporcionó una dieta rica en colesterol y grasas a un grupo de conejos y la gran mayoría de ellos desarrollaron enfermedades cardiovasculares a causa de la acumulación de placas de colesterol en sus arterias.

Quedaba entonces demostrado que el gran enemigo de la salud era la grasa…

…si no fuera por un pequeño detalle. Los conejos son herbívoros estrictos. No toleran la grasa en ninguna forma.

Por si eso fuera poco, en 1955 el entonces presidente de EEUU, Dwight D Eisenhower, sufrió un ataque al corazón. El cardiólogo Ancel Keys declaró muy vehementemente que el culpable eran su dieta rica en grasas y realizó un estudio en 6 países donde demostró que había una correlación entre la dieta rica en grasas y las enfermedades cardiovasculares…

…lo que se le olvidó comentar al Dr. Keys es que el estudio lo hizo con 22 países, no con 6, y que sólo publicó los 6 que coincidían con su teoría, ocultando los otros 16 países en los que no había correlación alguna.

La historia completa de Eisenhower y el Dr. Keys la podéis leer en este interesantísimo hilo de Twitter.

Y por si todo esto fuera poco, en 1965, la industria azucarera americana, para asegurarse que no saliera a la luz la Gran Verdad, pagó a varios investigadores de la Universidad de Harvard para que escribieran dos artículos que exonerara al azúcar y culpara a las grasas de las enfermedades cardiovasculares.

Durante décadas nos han hecho creer que si consumimos más grasas de las que el cuerpo necesita, el resto se acumula en nuestro cuerpo en forma de tejido adiposo y nos hace engordar. Ésa es otra de las grandes mentiras. La grasa (la saludable) tiene la gran ventaja de que, si se consume de más, no se digiere, sino que se expulsa con las heces. Esto lo notaremos al ver que éstas flotan en el agua del inodoro.

– Entonces… ¿de dónde viene la grasa que se acumula en el tejido adiposo y nos hace engordar?

Pues, paradójicamente, viene del azúcar y los hidratos de carbono.

Los carbohidratos tienen como función darnos energía inmediata y, si hay un sobrante porque hemos consumido de más (especialmente si hacemos vida sedentaria), hay que guardar esa energía para no desperdiciarla. ¿Y cómo? Pues en forma de grasa, efectivamente.

La Gran Verdad: El Azúcar

Lo que finalmente salió a la luz fue que la grasa y el colesterol no sólo no son malos, sino que son enormemente necesarios para el correcto funcionamiento del cuerpo. Pero, obviamente, hablamos de las grasas buenas y naturales: La grasa animal no procesada, los huevos, los lácteos fermentados o naturalmente procesados (la mantequilla, nunca la margarina vegetal), los frutos secos, la grasa vegetal natural como el aguacate, etc…

El gran enemigo resultó ser el azúcar en sus muchas formas y el abuso de carbohidratos.

Pero vayamos por partes.

Grupos de Alimentos

Voy a hacer un pequeño repaso de cómo me enfrento a cada grupo de alimentos, intentando explicar el por qué sí o por qué no los como.

1. El azúcar

El primer paso fundamental es eliminar el azúcar. Lo más posible. El azúcar es un hidrato de carbono simple, por lo que su digestión requiere de un pico muy violento de insulina y, a la larga, nos puede volver insulinoresistentes (diabéticos).

Y no me refiero sólo al azúcar que tomamos con el café. Nos sorprenderá saber en la cantidad de productos en los que está presente. Sobre todo en refrescos, salsas, conservas, comidas preparadas, repostería, panes envasados y un largo etcétera. El azúcar permite mejorar el sabor y la conservación de los productos, pero, sobre todo, aumenta su poder adictivo.

Por lo tanto siempre (SIEMPRE) leo la etiqueta de lo que compro. Recordad que el orden de los ingredientes es de mayor a menor cantidad presente en el producto. Si el azúcar es de los primeros… pues eso.

Y si sois como yo que necesitáis algo dulce de vez en cuando, hay otras muchas opciones como dátiles, ciruelas pasas, plátanos muy maduros, etc… con los que se pueden hacer espectaculares batidos de cacao y leche vegetal.

2. Los cereales

Se trata de reducir el consumo de hidratos de carbono y una de las mayores fuentes de ellos son los cereales en sus múltiples formas. Nos han grabado a fuego que hay que desayunar cereales para tener energía durante todo el día. No, no es así. Cuantos menos cereales, mejor. Fuera la pasta, fuera el pan, fuera (especialmente) los cereales hiperprocesados del desayuno. Es cierto que la pasta está muy rica, que es muy barata y que (sobre todo) es muy fácil de cocinar (siempre que voy a un hostel, el 80% de los mochileros cocinan pasta para comer o cenar). Pero si quieres comer mejor, te toca aprender a cocinarte cosas muy ricas sin necesidad de recurrir a la pasta.

Aún así, cuando siento la necesidad de comer cereales, prefiero el arroz (también muy fácil de cocinar) o, mejor aún, la quinoa, ya que tiene el doble de proteínas y la mitad de carbohidratos que el arroz.

3. La fruta

La fruta contiene también azúcares (fructosa, un carbohidrato simple), por lo que debe consumirse con cuidado. Pero, al contrario del azúcar procesada y añadida a los alimentos, el azúcar de la fruta es  intrínseco y está acompañado de fibra, por lo que su digestión requiere algo menos de insulina. Además, biológicamente estamos muy bien adaptados a la digestión de la fruta, que ya comíamos hace miles de años.

Eso sí, es MUY importante no mezclar la digestión de la fruta con otros alimentos. Tomar fruta de postre (eso que hacemos todos) es otro de los grandes errores nutricionales. La fruta debe tomarse siempre con el estómago vacío. Para mí lo ideal es tomar la fruta como el primer alimento de la mañana (antes o en vez del desayuno) y no tomar nada hasta 20-30 minutos después. Nada de juntar la fruta con cereales, leche u otros alimentos.

También tomo a veces algo de fruta entre horas, pero siempre con el estómago vacío.

4. Las grasas

Hay que perder el miedo a las grasas, pero consumiéndolas con sentido común. Yo no me corto a la hora de echar aceite de oliva (virgen-extra) a la ensalada, ni a la hora de comer aguacates o frutos secos. La grasa del pescado azul (esto ya sí es bastante conocido) es especialmente buena.

Eso sí, intento no comer “fritos”, especialmente si están hechos con aceites de mala calidad (o sea, siempre), y si me hago un sofrito para cocinar, utilizo aceite de oliva o de coco (virgen extra). También se puede usar mantequilla (mucho mejor si es clarificada o Ghee, ya que se le ha eliminado la lactosa, que es el carbohidrato). Hay que perderle el miedo a la mantequilla (de calidad, no ultra procesada), pero eliminar POR COMPLETO la margarina que es uno de los peores productos (ni siquiera lo llamo alimento) que hay. Nos lo han vendido como lo mejor para el colesterol y es justo todo lo contrario.

5. Los huevos

Llevamos décadas oyendo lo de no comer más de 3 huevos a la semana “porque tienen colesterol”.

Vuelvo a repetir, el colesterol es un tipo de grasa que no sólo no es mala, sino que es MUY necesaria para el funcionamiento de las células. El colesterol “malo” con el que nos han machacado durante décadas es el Colesterol LDL, que es un residuo que se produce al convertir los hidratos de carbono en grasa para almacenarlos. Por lo tanto, paradójicamente, lo que produce las enfermedades cardiovasculares por acumulación de colesterol en las arterias no es el consumo de colesterol, sino que viene de consumir demasiado azúcar.

El huevo es una de las mejores fuentes de grasa buenas, proteínas, colesterol y vitamina B12, especialmente si son de gallinas que viven en libertad, ya que la B12 se encuentra en las bacterias que hay en la tierra.

No exagero si digo que suelo comer hasta 8 huevos al día  y nunca he tenido problemas de colesterol. Lo más gracioso es que cuando digo esto, casi todo el mundo se asusta o se sorprende muchísimo, pero nadie se escandaliza si alguien dice que toma cereales procesados en el desayuno TODOS los días. Y os aseguro que es infinitamente peor.

6. La carne y el pescado

Como decía, los humanos estamos mucho más adaptados a nuestra dieta de cazadores que a la de agricultores, por lo que, por lo general, estamos muy adaptados a un alto consumo de proteínas animales. Cuando los humanos descubrimos el fuego y empezamos a cocinar los alimentos, eso permitió facilitar su digestión y matar las bacterias presentes en la carne muerta, por lo que fue un gran avance.

Con el pescado, no hay demasiado problema, más allá de la cantidad de micropásticos, mercurio o radioactividad que pueda contener.

La carne es otra historia. La carne saludable es la de un animal sano que ha comido pastos naturales y ha tenido una vida tranquila. Lo que normalmente comemos es un animal que ha vivido con miedo y sufrimiento desde su nacimiento, atiborrado de anitibióticos para evitar infecciones y hormonas para acelerar su crecimiento y engorde, y alimentado además con piensos artificiales.

Lo más paradójico de todo es que el gran argumento contra el vegetarianismo es la vitamina B12. Siempre se dice que la B12 está sólo presente en la carne. Pero la verdad es que, como dije antes, la B12 está en unas bacterias que viven en el suelo y los animales herbívoros lo adquieren al comer las plantas de la tierra. Pero resulta que la mayor parte de la carne que comemos viene de la industria cárnica donde a los animales se les alimenta con piensos y no comen nunca directamente de la tierra, por lo que los no vegetarianos también tienen déficit de B12.

La única opción (además de suplementarse) es comer carne o huevos orgánicos de animales en libertad.

7. Las legumbres

Las legumbres son una buena fuente de proteínas aunque también contienen bastantes hidratos de carbono, por lo que deben consumirse con precaución. Son muy populares, especialmente entre los vegetarianos, precisamente por ser fuente de proteínas y por lo que sacian (por los hidratos).

Las plantas nos animan a que comamos sus frutos para que así dispersemos sus semillas (por eso crean frutas tan dulces y ricas), pero las plantas no quieren que nos comamos sus semillas que son los precursores de su descendencia. Es por eso que unas veces les da sabores amargos y otras veces les añade unos antinutrientes que dificultan su digestión y así enseñar a los animales a que no se las coman. Es el caso de las legumbres y los frutos secos.

Es por ello que es muy importante dejar en remojo las legumbres entre 12-18 horas, descartar el agua del remojo y lavarlas bien antes de cocinarlas. De esta manera eliminamos gran parte de los antinutrientes y activamos unas enzimas que facilitan su digestión. Aún así, cada persona debe ver qué legumbres digiere mejor y en qué cantidad.

De las legumbres más típicas (lentejas, garbanzos, judías (frijoles o soja), guisantes y cacahuetes), las lentejas son para mí las más digeribles.

Yo las comía casi a diario, aunque en la Dieta Paleo no se recomiendan, pero estoy reduciendo su consumo, porque últimamente noto digestiones pesadas y muchos gases.

8. Los procesados

Hay una regla que me encanta que dice:

“Si tiene etiqueta, no lo comas”

Es un poco exagerado y casi irrealizable, pero cuanto más nos acerquemos a esta regla, más sano comeremos. En el fondo, lo que viene a decir es que si tiene etiqueta es que el producto ha sido procesado. Las lechugas, las cebollas, la fruta, la carne o el pescado no tienen etiqueta.

Pero al final es inevitable que compremos alguna cosa con etiqueta, como una leche vegetal, unos garbanzos en conserva, un bote de cacao en polvo, etc.

En ese caso, la regla de oro es:

“Leer SIEMPRE los ingredientes”

Sí, ya sé que los ponen muy escondidos y con un tamaño de letra que requiere de un microscopio electrónico, pero, incluso si nos hemos dejado las gafas de ver en casa, podemos usar el móvil para sacar una foto y luego aumentarla.

Cuando leas los ingredientes, ten en cuenta que, por ley, éstos deben venir ordenados de mayor a menor en porcentaje de peso presente en el producto. Por ejemplo, si leemos la etiqueta del Cola-Cao:

¡Sorpresa! El primer ingrediente no es el cacao, sino el azúcar. De hecho son tan pillos que te dicen el porcentaje de cacao (22%), pero no el de azúcar que es… ¡¡70%!!

Sí, así es, el Cola Cao es azúcar con algo de cacao y algunas otras cosas. ¿Ves por qué es bueno leer las etiquetas?

Otro tema sobre el procesado de alimentos es que muchas veces les hacen perder gran parte de sus nutrientes más interesantes:

El cacao puro 100% suele venir desgrasado (qué manía con desgrasar), cuando la grasa del cacao es especialmente sana.

Muchos de los alimentos fermentados como el Chucrut, el Kéfir, la Kombucha o incluso el Yugurt, suelen venir pasteurizados. Es decir, les han matado todas sus bacterias, cuando precisamente el gran beneficio de los alimentos fermentados es la repoblación bacteriana de nuestro intestino.

Los cereales del desayuno tienen mucho más de producto procesado que de cereal.

Productos que pensamos que son supersanos como el jamón de york o el jamón de pavo, tienen bastante menos cerdo y pavo y bastante más procesado industrial y productos añadidos de lo que creemos.

Y podría seguir infinitamente. Así que una regla general: Cuanto menos proceso industrial (idealmente ninguno) haya pasado el producto, muchísimo mejor.

9. La leche

La leche es otro tema muy discutido. Para mí está claro. Es absolutamente antinatural beber leche en edad adulta y mucho menos si es de otra especie. La leche es una bomba nutricional de grasas e hidratos de carbono que está preparada para el desarrollo de una cría. Beberlo en edades posteriores a la lactancia puede ocasionar problemas hormonales y de desarrollo.

– ¿Y el calcio?

Aquí tenemos otra de las grandes mentiras de la nutrición que se nos han vendido con una buena propaganda. El calcio está presente en muchísimas verduras y semillas de forma mucho más eficaz. La leche tiene calcio, sí, pero su consumo produce osteoporosis, por lo que causa el efecto contrario.

Si eres como yo y te gusta un chorrito de leche en el café o para un batido, es fàcil cogerle el gusto a las leches vegetales. Y son muy fáciles de hacer.

Otra cosa son los derivados de la leche, como la mantequilla, el yogurt (natural, ni azucarado ni desgrasado) y el queso muy curado, ya que en esos procesos, las bacterias han hecho un trabajo de fermentación que ha hecho mucho más digerible la leche, reduciéndola fundamentalmente a su grasa, que es la parte más sana.

¿Y si soy vegetariano?

Pues resulta que ése es mi caso. Lo confieso, soy vegetariano. E intentar hacer Alimentación Paleo (no me gusta llamarlo dieta) siendo vegetariano es todo un reto, ya que gran parte de las proteínas que consumían los cazadores-recolectores venían de la caza y de la pesca.

– Entonces, si comer carne o pescado es saludable… ¿por qué no lo haces?

Para mí hay innumerables motivos:

  1. Cuando dejé de comer carne y pescado, noté una enorme mejora en mis digestiones y en mi estado físico en general. Está claro que a mí en particular no me sienta bien. “Casualmente” mi grupo sanguíneo es A+, que según la dieta del Dr D’Adamo, es el grupo que no tolera bien la carne ni el pescado.
  2. Por una cuestión de conciencia, prefiero que no haya que matar animales para que yo me alimente si hay otra forma de hacerlo, aunque sea un poquito menos saludable para mí.
  3. Es muy difícil consumir carne sin colaborar con la industria cárnica, una de las más crueles que hay. No quiero comer sufrimiento, antibióticos y hormonas.
  4. Creo que es mucho más sostenible para el planeta una alimentación basada en los vegetales que basada en macrogranjas de animales.
  5. Para mi forma de vida basada en viajar con el mínimo dinero posible, es mucho más barato alimentarme con vegetales que con carne o pescado.

¿Y vegano?

Intento ser vegano como filosofía (evitar la explotación animal en todas sus formas), pero no en la alimentación, ya que, viajando se hace mucho más complicado y, además, creo que es bastante difícil llevar una dieta saludable siendo 100% vegano. Creo que a la larga, si eres vegano, siempre aparecen problemas de salud, porque el cuerpo necesita ciertas proteínas animales.

Entonces… ¿cómo como?

Lo que voy a exponer aquí son unas pocas líneas muy básicas con las que casi cualquier persona puede sentir un enorme cambio en su salud, su peso y su estado físico, mental y emocional. Pero repito, cada persona es un mundo y debe encontrar su propio camino.

Así que, en mi caso, me alimento a base de:

  • Frutas. Lo primero en la mañana (no todos los días) y 20 minutos antes de desayunar.
  • Verduras. Es la base de mi alimentación, ya sean crudas en ensalada, cocidas sin más con aceite de oliva o en distintos guisos.
  • Legumbres. Especialmente lentejas y garbanzos. Hay que ponerlos siempre en remojo el día antes para activarlos.
  • Arroz o quinoa. Cuando siento la necesidad de comer algún tipo de cereal. Nunca por la noche.
  • Huevos. Muchos, sin miedo. Especialmente ecológicos o camperos (códigos 0 o 1).
  • Semillas y frutos secos: Siempre crudos y casi siempre activados.
  • Queso. Ocasionalmente, intentando que sea ecológico.
  • Leche de almendras. Para el café o batidos. Cuando tengo ocasión, me la hago yo mismo. Es muy fácil y muy sana.
  • Cacao. 100% puro, a ser posible no desgrasado. Soy adicto. Ideal para hacer batidos con leche de almendras, dátiles, ciruelas secas, plátanos…

Y más cosas, pero digamos que ésos son mis “básicos”.

Suplementos

El tema de los suplementos da para un post entero, pero voy a ser muy genérico e ir directamente a lo que yo hago, por si le sirve a alguien.

  • Colágeno. Llevo meses suplementándome con colágeno, porque es una carencia muy importante en los vegetarianos que suele provocar problemas intestinales y en articulaciones.
  • Magnesio. Es un suplemento que debería tomar cualquier persona en un país desarrollado por la pobreza de este elemento en el suelo sobrexplotado.
  • Vitamina B12. Gracias a mi gran consumo de huevos camperos o ecológicos, mi nivel de B12 siempre ha sido óptimo y nunca he necesitado de suplementación a pesar de no comer carne.
  • Vitamina D. Gran tema. La vitamina D la sintetiza el cuerpo cuando se consume suficiente colesterol (sí, si… has leído bien) y cuando recibes suficiente sol. Actualmente la mayoría de la gente tiene una peligrosísimo déficit de vitamina D por las dietas bajas en grasas y, sobre todo, por el miedo al sol que nos han metido desde la industria farmacéutica. La jugada les ha salido redonda. Nos venden los protectores solares que te pones en cuanto te va a dar el más mínimo rayito de sol (no vaya a ser que te dé un cáncer de piel), y luego te venden los suplementos de vitamina D que no puedes sintetizar por culpa de esos protectores. Yo JAMÁS me pongo protector solar, y dejo que me dé el sol de una forma natural (como durante miles de años). Es decir, de lo que se trata es de no quemarse, pero necesitamos que nos dé el sol, y los protectores sólo nos llenan el cuerpo de productos químicos e impiden la síntesis de esta vitamina. Todo el rollo del ozono y que el sol no es lo que era, ha sido la mejor campaña de marketing de las cremas solares de la historia. En mi caso, si voy a estar más tiempo del normal bajo el sol (porque tengo que trabajar al aire libre o lo que sea), simplemente me cubro. No hacen falta cremas.
  • Zinc. Hubo una época en que notaba que siempre que me hacía una herida, se me infectaba con facilidad. Leí que eso podía deberse a una falta de zinc. Me hice un sencillísimo test en una farmacia y dio que, efectivamente, estaba en carencia. Me estuve suplementando un par de meses y se me quitó el problema.

Hay muchísimos más suplementos y temas alrededor de ellos, pero estos son los que básicamente más me afectan a mí.

Concluyendo, que es gerundio

Pensaba en escribir un post cortito y se me ha ido de las manos, pero habían tantas cosas que quería expresar, que ha salido así.

Probablemente te hayas dicho más de una vez…

– Es que, sobre la nutrición, hay tanta información que ya no sé que pensar.

Efectivamente, de eso se trata. Es mucho más fácil generar confusión o ridiculizar una verdad, que intentar desmentirla. La enorme industria alimentaria y farmacéutica ya no puede negar lo evidente (como lleva décadas haciendo), pero sí puede contaminar la información  lo suficiente para que termines diciendo aquello de “es que no sé que pensar” y al final no cambies nada. Entonces ellos han ganado.

– Entonces… ¿a quién hacer caso?

Para mí hay una regla de oro. Sólo me fío de lo que me aporta alguien que está física, mental y emocionalmente mejor que yo. Son tantísimas las veces que alguien que está peor que yo ha venido a darme lecciones y consejos que ya ni siquiera me molesto en contestar.

– ¿Y sólo se trata de comer bien?

Claro que no. En mi caso, para sentirme bien y llevar la vida que quiero, necesito:

  1. Una sesión diaria de yoga y meditación de aproximadamente una hora. Eso me mantiene en un estupendo estado físico, mental y espiritual.
  2. Evitar el estrés, ya que es uno de los mayores venenos de nuestro cuerpo y mente. He escogido una forma de vida que me permite mantener un nivel de estrés extremadamente bajo y no puedo estar más agradecido a las decisiones y a las personas que me han llevado hasta aquí.
  3. Evitar las drogas, incluidas las “recreativas”. Si las consumes por un motivo “espiritual” de búsqueda, en mi opinión estás tomando un atajo de un camino que debes recorrer en plena consciencia y no en un estado alterado de la misma. Además, estoy convencido de que gran parte de los episodios de ansiedad, depresión y otros trastornos mentales que vemos en la actualidad, tienen su origen en cómo hemos frivolizado con sustancias que, con un uso continuado, dañan nuestro cerebro de forma muy evidente… y permanente.
  4. Agradecer. Siempre termino mi sesión de yoga pensando en aquello que debo agradecer en mi vida.
  5. No quejarme. Siempre que me preguntan “¿cómo estás?” respondo “No me quejo“. Y es que ya se ha convertido en una filosofía de vida. Si tienes motivos para quejarte, tienes motivos para cambiar.
  6. Sentirme libre es para mí una parte fundamental de mi vida. Creo que, de alguna manera, todos somos libres, pero elegimos no serlo. Es más fácil seguir a un grupo, un líder o un gurú que nos diga lo que tenemos que hacer, que enfrentar el miedo de ser los únicos responsables de nuestras propias decisiones. Desde que me desprendí de todas las posesiones materiales y de todas las ataduras mentales, me siento libre de hacer lo que quiera e ir donde quiera y cuando quiera. El sistema nos esclaviza.
  7. Vencer el miedo y la pereza, las dos únicas cosas que no nos permiten ser lo que queremos ser.
  8. Amar, porque al final lo único que nos hace felices (olvídate de lo material, del dinero, de la fama, del éxito, del placer… todo es temporal y siempre te sentirás vacío y querrás más), lo único que nos hace felices es llenarnos de amor y repartirlo por este pequeño universo que tanto lo necesita. Y digo llenarnos de amor, porque hay que empezar por uno mismo. Eres la persona más importante de tu vida y debes ir siempre primero en el reparto del amor. Una forma muy fácil de saber si te amas es preguntarte… ¿te cuidas?

Y es que al final, de lo que único que se trata es de ser felices. Y si sientes que no estás ahí, que no eres feliz, que hay algo que falla…

…entonces toca cambiar algo, ¿no?

2 Comments

  1. Natalia

    Muy interesante toda la información. Gracias!

    Reply

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