Camboya (Kep) – Un año y medio viajando

by | 17 Jun 2017 | 1 comment

5 – 17 junio 2017

548 días viajando…
19 días en Kep…

Hoy hace justo 18 meses, un año y medio, de aquel 17 de diciembre de 2015 en que me fui de Madrid. Un año y medio viajando… 

Y aquí sigo, en Kep, una provincia de Camboya en la costa, muy pegado a la frontera con Vietnam.

Kep es una zona extremadamente tranquila y agradable. Perfecta para estar de relax. Y muy especialmente ahora, que estamos en temporada baja, al ser época de lluvias. Apenas se ven occidentales por aquí. De hecho se me hace raro cada vez que me encuentro con uno. Hay algo de turismo, pero es sobre todo local, gente del interior que vienen a pasar unos días a la playa.

Como ya he comentado, estoy de

housesitter en la casa de Sara (un española que ha vuelto un par de meses a su tierra) cuidando de su casa, sus perros y su gato. Aquí estaré dos meses, aunque las dos primeras semanas las paso acompañado de mi amiga holandesa Sophia, que ha venido a visitarme desde Bali.

Los Perretes…

Mi mayor responsabilidad como housesitter es la de cuidar de Pancho y Moli, los dos perros de la casa. La gata Miu necesita bastante menos cuidado, anda desaparecida casi todo el día y sólo aparece para pedir escandalosamente comida.

A Pancho y Moli las sacamos a pasear dos veces al día (mañana y tarde) y es una buena excusa para explorar los alrededores. Como el famoso monumento al cangrejo de Kep…

…donde pudimos ver cómo se nos echaba encima una tormenta…

…que nos pilló de lleno. El tiempo justo para refugiarnos en la cafetería L’Epi d’Or, donde ya nos conocen, nos dejan entrar con los perros a tomar café y donde tienen unos cruasanes espectaculares.

Los perretes se portan más que bien, incluso cuando nos sentamos en alguna terraza a tomar algo.

Y me encantan las poses de Moli. Siempre que se sienta, cruza las patas.

Y está claro que Pancho entiende el español.

Se portan bien… siempre y cuando no vean a la camada de gatitos que ha nacido al lado de la cafetería.

O Moli se ponga en modo cazador. Y es que no puede evitarlo. Lo peor es que es tan buenaza, que me trae las presas a casa para ofrecérmelas!

Una de mis rutas preferidas para llevarlos de paseo es al Crab Market de Kep.

Foto de Sophia

En una de estas rutas me sorprendo mucho al ver a un grupo de trabajadores de la limpieza limpiando las calles. Los veo por todas partes y a todas horas. No es algo muy habitual en Asia, la verdad. Y eso hace que Kep sea de los sitios más limpios de Asia.

Y mi otra responsabilidad con los perros es darles de comer dos veces al día. Pero, aunque tienen cierta ansia con la comida, están muy bien educados.

Eso sí, el trabajo de housesitter no está exento de sustos. Mi mayor preocupación es el bienestar de los animales y que no les pase nada, claro. Por eso casi me da algo cuando hace unos pocos días, desapareció Moli. Los perros duermen dentro de la casa, pero suelen ponerse a ladrar entre las 6 y 6:30 de la mañana, así que les abro y les dejo salir al jardín. Ese día me levanté algo tarde, sobre las 8… y sólo estaba Pancho. Yo ya sabía que Moli cabía por los ventanucos del muro y que tenía la mala costumbre de eescaparse cada vez que los dejábamos sólos, pero siempre se quedaba esperando en la puerta. Pero nunca se había escapado estando nosotros en casa.

El tema es que pasan las horas y no aparece, y me empiezo a temer lo peor. Sara ya me había comentado que Moli era un tipo de perro muy apreciado en Camboya… gastronómicamente. Y que ya conocía el caso de alguien a quien le habían robado un perro en su casa.

Y de repente, sobre las 13h, después de 6 horas desaparecida en las que lo pasé sinceramente muy mal, aparece tan campante en la puerta. Ni idea de dónde había estado.

Y lo gracioso es que, como sabíamos el problema, ya habíamos pedido una solución para el tema de los ventanucos y venían a hacerlo sólo dos días más tarde.

Así que dos días más tarde vienen los chicos de Don Bosco.

Don Bosco es una escuela que forma parte de una ONG que lucha contra la pobreza en Camboya. En este proyecto, dan formación a chavales muy jóvenes en temas prácticos de construcción, fontanería, electricidad, chapuzas… y puedes llamarles para cualquier cosa. Mi contacto es Ramap, uno de los formadoes, que cada vez que necesito algo viene con sus chavales, te hace un trabajo impecable y cobra muy barato el servicio.

En este caso, los chavales me ponen postes de bambú muy bien encajados en los ventanucos por 15 USD todo incluido. A ver si resisten a los intentos escapistas de Moli.

La Plantation…

Claire, la inquilina de uno de los bungalows de atrás, tiene una reunión en La Plantation y nos ofrece compartir tuk-tuk y así podemos hacer una visita allá.

La Plantation es (como su nombre indica) una gran plantación de pimienta orgánica que está por la zona de Kampot. Fue fundada hace 4 años por la pareja Nathalie (francesa) y Guy (belga), como un proyecto también social.

Así que cogemos el tuk-tuk y nos ponemos en marcha.

Es como una hora de camino, pero es tan interesante que se hace corto.

Cuando llegamos, Claire se va a su reunión y Sophia y yo nos apuntamos a un tour explicativo impartido por un simpatiquísimo chico local que nos cuenta que vive allí mismo y trabaja los 7 días de la semana porque, aunque tiene derecho a un día libre, dice que si se lo coge, gasta dinero y que así en vez de gastarlo, lo gana.

Nos explica todo el proceso de cultivo de la pimienta y los distintos tipos (negra, blanca y roja). La planta de la pimienta tarda 3 años en dar su primera cosecha, pero desde ahí, da una al año. El año pasado tuvieron su primera cosecha y este año esperan multiplicar la producción.

También nos cuentan el proyecto social que están haciendo, en el que no sólo dan trabajo y formación a mucha gente (algo que podemos ver ahí mismo), sino que también colaboran con una escuela cercana dando todo tipo de soporte.

Después de la explicación, nos dan un paseo por la zona.

A lo lejos vemos una construcción grande, lujosa y de estilo occidental y modernista. Nos explican que es la casa de los dueños. Parece que no les ha ido mal. Bien por ellos.

Desde la plantación, destaca y mucho el edificio de la cafetería.

Donde, para acceder (como en casi toda Asia) debes descalzarte. Es algo tan arraigado que a mí ya me sale descalzarme en cualquier lugar, incluso cuando estuve en España el mes pasado.

Y, como también es típico en Asia, el W.C. está aparte.

En el restaurante, y como parte final del tour (que ha sido gratuito), nos hacen una degustación de los distintos tipos de pimienta. La verdad es que hay que ser resistente al picante para ete tipo de degustaciones… madre mía.

Uno de los trabajadores de allí que nos dice que se llama BL, al ver que soy de España, se sienta con nosotros porque quiere practicar su español. Es un chico local sorprendente, porque a pesar de lo joven que es, ya habla perfectamente inglés y francés, y ahora está estudiando muy en serio el español. Tanto que no para de preguntarme conjugaciones de verbos y los va apuntando en su móvil.

Me ha pedido clases de español, así que hemos intercambiado contactos. 

Cuando Claire termina sus reuniones y después de tomarnos un vinito, volvemos en el mismo tuk-tuk.

Kampot…

Otro de los días lo dedicamos a visitar Kampot, la ciudad más o menos grande que está más cerca de Kep. Cogemos la moto y nos vamos para allá.

Foto de Sophia

Por supuesto en Camboya, como en gran parte de Asia, no hay demasiadas normas…y eso incluye lo de llevar casco.

El trayecto es de una media hora por una carretera a medio hacer (están en ello). Se nota que quieren mejorar la comunicación entre Kep y Kampot. La mayor parte son 2 o 3 carriles, excepto un trozo que es el que está en obras.

Lo primero que visitamos es el Mercado Central que, como siempre, huele sobre todo a durians.

Los mercados en Camboya son muy curiosos porque el puesto en sí es como un pequeño escenario donde el vendedor está subido. A veces de pie, a veces sentado, a veces durmiendo…

El mercado de Kampot es enorme y está dividido en secciones. Ésta es la sección de orfebrería donde podemos ver a la gente trabajar en las joyas.

Y es muy frecuente ver a madres con sus niños ahí atendiendo los puestos.

Aquí se puede ver un resumen de parte del mercado.

Una vez que tenemos la mochila repleta de verduras (intentamos no usar bolsas de plástico. Siempre tenemos que estar diciendo “no bag, no bag”), volvemos a coger la moto para dar una vuelta por la ciudad.

Foto de Sophia

Pero primero hay que echar gasolina. El indicador de gasolina de mi moto no funciona, pero da igual, si me quedo sin gasolina, hay “gasolineras” por todas partes.

Foto de Sophia

Como no podía ser de otra manera, la plaza central de Kampot está presidida por el monumento al durian.

Foto de Sophia

A la vuelta, no podemos resistir la tentación de parar en plena carretera de Kampot a Kep, aprovechando el poco tráfico y lo chulo del encuadre, para hacer alguna foto rara. La gente local nos mira como si estuviésemos como cabras.

Masada Resort…

Claire nos ha recomendado un sitio de lo más recomendable. El Masada Resort, que está a unos 20-25 minutos andando. Por 3 USD (2,68 €) puedes usar la piscina tanto tiempo como quieras y las bebidas andan entre 1 USD la cerveza local, 1’5 USD el coco fresco y los 3,5 USD los cócteles.

Además, como en casi todo Kep, no sólo no ponen pegas a que vayamos con los perros, sino que se muestran encantados con ellos.

Para llegar hay que seguir la carretera principal a Kampot y luego torcer a la derecha por un camino no asfaltado. En ese camino hay de todo, hasta vacas sueltas. Que parecen de lo más tranquilas, hasta que se encuentran con los perretes.

Vaya genio gastan y vaya susto se llevan los pobres, que casi me atan las piernas con las correas.

Pero una vez allí, te olvidas de todo.

El sitio lo lleva una mujer francesa encantadora con la que parece ser su hija. Después de ir 3 veces ya me conoce y me trata especialmente bien y le trae agua a los perros.

The Rat Problem.

Casi desde el primer día que llegué, Claire, la inquilina inglesa de uno de los bungalows se quejó del ruido de algún animal que corría por su falso techo. Ella pensó que era una ardilla, pero con el paso de los días parecía evidente que debía ser una rata. Para confirmarlo, me asomo al hueco del falso techo.

Y, efectivamente, en la esquina hay restos de papel o cartón como formando un nido.

También me encuentro una jaula/trampa para ratas allí arriba. Parece que el problema viene de antiguo. Incluso de muy antiguo, porque Sara no sabía nada de esa trampa. Pero ya aprovecho y la pongo preparada con un trozo de pan con sirope.

Y no tengo que esperar mucho, a las pocas horas me llama Claire diciendo que por los golpes que se oyen, parece que hemos atrapado a la rata. Y, efectivamente…

Eso sí… soy incapaz de matar cualquier bicho. En eso comparto muy profundamente la filosofía budista, así que…

La suelto bastante lejos de la casa, al otro lado de la carretera para asegurarme que no vuelve.

Al día siguiente Claire dice que sigue oyendo ruidos en el techo, así que la vuelvo a poner y, al poco… ya tenemos otra.

Y de nuevo…

Al día siguiente Claire dice que ahora oye muchas más… parece que lo de cogerlas una a una no va a ser solución. Así que hablo con Ramap, de Don Bosco para que me ofrezca una solución. Viene a mirarlo y dice que todo el reborde del falso techo es hueco y por ahi corren y viven las ratas, además de tener acceso desde el exterior. Así que lo que hace es traerse a 5 de sus chicos y entre todos en una tarde levantan todo ese hueco y lo rellenan de cemento.

Toda la tarde de trabajo de todos ellos más el material por 55 USD. Es bastante razonable. Además, los chavales son majísimos, siempre sonriendo e intentando hablar conmigo en inglés. Además de supereducados para pedirme un vaso de agua o permiso para ir al baño.

Al día siguiente Claire dice que no ha oído nada. Esperemos que la solución sea definitiva.

The Kep National Park…

Otro de los días decidimos pasear a los perros siguiendo la ruta que rodea el Kep National Park. Son unos 5 kms de la entrada a la salida, y unos 8 kms si se quiere hacer la vuelta completa.

Para llegar a la entrada, sólo hay que subir un poco la carretera que lleva a Kampot y girar a la derecha enseguida. Son apenas 10 minutos hasta allá.

En teoría hay que pagar (1 o 1,5 USD, no recuerdo), pero cuando llegamos al checkpoint el guarda está durmiendo la siesta ahí mismo y no es cuestión de despertarle. :-p

Así que pasamos (en todos los sentidos) y empezamos la ruta.

El camino va subiendo muy suavemente y mostrando, de tanto en tanto, unas preciosas vistas de Kep.

En esos puntos con vistas han puesto unos bancos para disfrutarlas. Y parece que son bancos patrocinados.

Foto de Sophia

Estamos en plena selva, y te encuentras de todo.

Pero lo que más impresiona son los monos. Hay toda una parte del recorrido lleno de ellos, y les podemos ver saltar y gritar por encima de nuestras cabezas. Moli se vuelve loca.

A los 40-45 minutos de haber salido, llegamos a la “cima” del recorrido, que está a 150 metros de altura.

Aquí podemos ver un “detallado” plano de la zona.

A partir de aquí el camino sigue con una suave bajada. De vez en cuando hay alguna indicación de un lugar de interés, marcado por postes hechos por el Squirrel Group.

Y alg muy sorprendente… una papelera en medio de la montaña. Eso sí que no se suele ver en Asia.

Al acercarnos a la salida, pasamos al lado de algún tipo de sitio oficial.

Y ahí está, una hora y media después de salir, llegamos a la salida del Parque Nacional, el Checkpoint 2.

Desde ahí se avanza un poco más hasta una carretera secundaria, paralela a la principal, y como a medio hacer.

Foto de Sophia
Foto de Sophia

Desde ahí tenemos dos posibilidades, la de la izquierda que nos lleva hasta la carretera principal y a la playa, o la de la derecha que nos lleva por la carretera secundaria, más directa a la casa. Optamos por la segunda.

Nunca había pasado por aquí y nos encontramos cosas curiosas como un templo budista.

O las vistas de los resorts desde el otro lado.

Al final hacemos el recorrido completo en unas 2 horas. Intentamos ir a la piscina del Spring Valley Resort, que es más barato que el Masada (no cobran entrada y tienen Happy Hour 2×1 de 17 a 19h), pero justo están rodando algo y no se puede usar. Mala suerte. 

The Sailing Club…

Otro de los sitios que nos recomienda Claire es The Sailing Club, el lugar más típico para salir si eres turista o expat. Es como el Fishing Club de Aitutaki (Cook Islands).

Es el sitio ideal para tomarse una copa viendo la puesta de sol. Además también tiene Happy Hour con los cocktails a mitad de precio de 17 a 19h.

Rabbit Island…

El día antes de la marcha de Sophia de vuelta a Bali, nos hacemos una excursión de despedida a Koh Tonsay (Rabbit Island). 

El embarcadero está justo al lado del Kep Coffee. Hay un barco de ida a las 9h y otro a las 13h, y un único de vuelta a las 16h. El precio del billete, ida y vuelta, son 7 USD (6,25€).

Nosotros cogemos el de las 13h y, mientras esperamos a que salga, nos tomamos un café en el Kep Coffee.

Dentro del café nos encontramos que la gata ha tenido una camada que parecen todos clones de Harry, el gato de Sophia.

El barco no tiene desperdicio. Una barcaza de madera con un montón de chalecos salvavidas (que no nos dicen de ponernos) y un motor completamente al aire que lo maneja con un cordel atado al acelerador mientras lleva el timón, que está más bien lejos del motor.

El mar está bastante revuelto, así que la travesía, de una media hora, se hace muy divertida.

El embarcadero al que llegamos es poco más que un chiringuito de playa. 

Desde ahí seguimos un sendero que, en ocasiones, se divide en dos, por lo que nos guiamos por nuestra intuición.

Hasta que llegamos a una de las zonas de playa. Como llegamos desde detrás vemos la parte fea, donde viven los del lugar y donde se acumula toda la basura.

Pero el lado que da a la playa está muy cuidado, con un kiosco para comer y varios bungalows para pasar noche.

La playa no es de las más bonitas o limpias que he visto, pero no está mal para ser Asia.

Hacemos parada para comer. Tortilla con patatas y arroz frito con verduras.

Después de comer nos damos un paseo por la playa. Efectivamente el tema de los plásticos en el mar es un ENORME problema en Asia. Incluso en sitios tan remotos y aislados como éste, no pueden evitar que orilla se llene de mierda.

Aquí un detallado plano de la isla…

Y llegamos hasta un embarcadero, lugar perfecto para una sesión de fotos y un baño.

Foto de Sophia

Lo que se ve al fondo es Kep.

Aquí se pueden ver los precios, que son más o menos los mismos en toda la isla. Bastante razonables.

Como suele ser habitual por aquí, estas islas son únicamente para turismo y lo único que tienen son bungalows y chiringuitos de playa. Pero son bastante agradables ahora que estamos en temporada baja.

Foto de Sophia

Poco antes de las 16h volvemos al embarcadero para coger el barco de regreso.

Esta vez me fijo que el embarcadero también tiene su propio vertedero.

Y a las 16h partimos…

Foto de Sophia

Y llegamos a Kep, donde hemos dejado la moto.

Foto de Sophia

Solito…

Y finalmente el miércoles pasado se marchó Sophia de vuelta a Bali. Ha sido maravilloso tenerla  aquí dos semanas. Me ha ayudado mucho a adaptarme a este nuevo lugar y su alegría y energía hace que todo sea fácil. 

Ahora me quedo solo al frente del fuerte. Pero la rutina viene a ser la misma.

Pasear a los perretes, que hasta ellos se escandalizan de la suciedad del océano…

Encontrarnos con monos, con los que Moli se vuelve loca…

Hacerme comidas sanas…

Y luchar contra los mosquitos. Ya no sé cómo hacer para que me dejen de picar. Lo he probado todo!

Conclusiones…

Según voy descubriendo más y más Asia, voy entendiendo más cosas. Asia no es un lugar fácil para vivir. No tiene las comodidades y la vida cultural que hay en occidente. Para mi es casi más un lugar de retiro y aprendizaje. Me está resultando fascinante la cultura y la forma de vida local.

Pero también me parece fascinante conocer a expats, personas que han decidido dejar su país de origen para venir a vivir a un lugar tan… no-cómodo como son los países del sureste asiático.

Según voy conociendo gente, lo voy entendiendo. Y es que hay varios grupos de personas.

1) Turistas extranjeros que lamentablemente vienen aquí a ponerse hasta el culo de todo. El alcohol y las drogas son tremendamente baratos aquí. Y cada vez me doy más cuenta de que hay un porcentaje muy alto de turistas jóvenes que sólo vienen a salir de juerga todas las noches. Resulta cool porque es un destino exótico y además es barato. No veo, en general, mucho interés por la cultura local. La gran mayoría no conocen mucho más allá de los hostels, resorts o lugares indicados en la Lonely Planet como de obligada visita. Obviamente no todo el turismo es así, pero me he sorprendido de que es mucho más de lo que me esperaba.

2) Jubilados que con su pensión malvivirían en sus países de origen, pero que aquí van muy holgados. Les da para vivir cómodamente y además se sienten como los reyes del mambo.

3) Personas con poco futuro laboral en sus países de origen y que ven la posibilidad de emprender algún negocio por aquí, ya que la inversión es muy baja, no hay demasiada competencia y el nivel de vida es bajo como para sobrevivir mientras la cosa tira. Muchos de ellos se dan de bruces con una realidad que no lo pone tan fácil, ya que la administración de estos países suele ser muy corrupta y al final hay que funcionar a base de sobornos para conseguir los permisos necesarios.

4) Personas que estaban de viaje o de vacaciones y se enamoraron de alguien local y acabaron formando una familia. En estos casos he visto mucha amargura al verse atrapados en un lugar que es un paraíso en vacaciones, pero que es bastante más duro cuando tienes que “vivir” en él.

Y la verdad es que me admiro y me sorprendo de la gente que lleva 7, 10 o incluso 20 años viviendo por esta zona del mundo, porque no me parece fácil en absoluto.

Por mi parte, mi planteamiento es otro. No me veo viviendo por aquí, pero disfruto muchísimo pasando estas temporadas, conociendo la cultura, comprando en los mercados, interactuando (que no hablando, porque no hablan una palabra de inglés y yo aún no he pasado del Akún, “gracias”) y dedicándome tiempo para mí, a cuidarme, a cocinarme, a reflexionar, a disfrutar. 

Sigo haciendo mi yoga por las mañanas y mis meditaciones por la mañana (cortita después del yoga) y por la noche. Paseo, escribo, leo, salgo…

Y Kep es un sitio especialmente maravilloso para hacer esto. Es tranquilo, la gente es muy amable, estoy en una casa maravillosa y la compañía y el cariño que me dan Pancho, Moli y Miu es impagable.

Así que tras un año y medio viajando, sigo contento con este estilo de vida. Cuando me canso de una zona del mundo… pues me voy a otra… y así. Es cierto que los cambios siempre dan vértigo, que siempre se disparan los miedos del… “y si el próximo destino es peor que éste”… 

…pero no hay emoción sin riesgo.

¿Me veo así para siempre?… No, desde luego que no. Soy inconstante hasta en la inconstancia.

¿Y después?… pues la verdad es que no me preocupa demasiado. No hace falta perseguirlo. 

Estoy convencido de que el universo lo pondrá delante de mí.

1 Comment

  1. Unknown

    Mucha suerte en tu aventura Pablo. Admiro mucho el estar tan abierto a la vida. Me ha sorprendido mucho tu blog. Un abrazo desde Madrid.

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