10 – 13 marzo 2017

452 días viajando…
3 días en Darwin…

Viernes 10 de marzo…

En el capítulo anterior lo dejamos justo cuando me despedía de Maddie y Yoal y me disponía a coger el bus a Darwin. 

El bus es de la compañía Greyhound. Vamos 4 gatos (literalmente), lo que te permite ocupar tantos asientos como quieras. Pero no es especialmente cómodo. Lo anuncian con cargadores USB (inexistentes en éste) y con WiFi (que sólo funciona cuando pasamos por poblaciones medio grandes, es decir, 4 durante todo el recorrido). El recorrido, por cierto es de 22 horas, nada menos.

A las 19:15, con puntualidad australiana, nos ponemos en camino.

Dado que deja de haber internet nada más salir de Alice Springs, recurro a un pasatiempo off-line y empiezo a leer “En Las Antípodas” (Down Under) de Bill Bryson, el relato que hace el autor, un escritor inglés, de su viaje por Australia en un tono más que divertido. Pero pronto me entra el sueño y busco una postura no demasiado terrible para dormir algo. Al final, con el cuerpo en los dos asientos y las piernas en los asientos del otro lado del pasillo, consigo quedarme dormido.

Y en ese momento el autobusero enciende todas las luces y hace un aviso en el que medio entiendo que vamos a parar hora y pico. Son casi las 2 de la mañana, por el amor de Dios. ¿Qué sentido tiene hacer una parada a estas horas? Supongo que es para que el conductor descanse. Vaaaaale…

Estamos en Tennant Creek, a 500 kms de Alice Springs. Me bajo a hacer un pis siguiendo la clara indicación de dónde están los baños.

Cuando salgo… el bus no está. Entro en pánico. Como apenas entiendo al conductor entre la mierda de megafonía del autobús (que daría igual que no dijese nada, no se entiende una palabra) y su extraño acento, igual la parada era de 5 minutos y no me he enterado. No quiero ni pensar en la idea de quedarme en medio de la nada de madrugada.

Pregunto a la gente que hay por ahí, y me hacen señas de que el bus está “más allá”. Camino unos cientos de metros en medio de la noche cerrada, con muy poca gente por la calle y sin saber exactamente dónde voy.

Y así llego a las oficinas de Greyhound. Resulta que el autobús ha ido allí a recoger no se qué y después vuelve a la gasolinera. 

El conductor me mira raro, claro, porque no se explica por qué he venido andando hasta ahí (demasiado complicado para explicarlo), pero me deja subir. Volvemos a la gasolinera y, al cabo de una hora, nos volvemos a poner en camino.

Me fijo, por cierto, que vamos haciendo paradas en medio de la carretera en las que el conductor se baja y deja un sobre en un buzón. Impresionante. Aprovechan tan bien el viaje, que hasta el conductor hace de cartero para los sitios perdidos por el camino.

Al final, sobre las 4, consigo medio dormir algo.

Sábado 11 de marzo…

A las 7 y pico de la mañana hacemos una parada para desayunar. Estamos en Dunmarra. Llevamos 12 horas y 863 kms. Hemos pasado el ecuador del viaje.

Aquí se produce el relevo del conductor. Cuando nos ponemos de nuevo en marcha, me doy cuenta que también ha cambiado el paisaje. Hemos dejado atrás el desierto y empezamos a entrar en zona tropical y húmeda. Mucho más verde.

Vuelvo a mi lectura de “En las antípodas”. Me tiene completamente enganchado.

A las 10:15 nueva parada. Esta vez en Mataranka (al parecer famosa por sus pies, y no me refiero a las extremidades).

Llevamos hechos 1.075 kms. La verdad es que no se me está haciendo pesado. El hecho de disponer de espacio y estar enganchado a la lectura, lo aligera mucho.

A las 11:30 hacemos la parada para almorzar en Katherine, a 1.180 kms de Alice Springs. Nada más bajar del bus, la bofetada de calor húmedo es impresionante. No hay duda, hemos pasado el trópico de capricornio.

Nos dan hora y pico de libertad (se lo pregunto varias veces al conductor, que debe pensar que soy sordo o estúpido, pero no quiero otro susto como el de anoche) que aprovecho para dar un paseo y sacar algunas fotos.

No puedo evitar que me haga ilusión ver las primeras palmeras. 

Los carteles, de todo tipo, no tienen desperdicio.

Busco algún sitio a la sombra para prepararme la ensalada que me traje como almuerzo: Una bolsa de lechuga, una lata de garbanzos, un tomate, frutos secos, aceite y sal. Con nada te apañas una comida de lo más barata y sana.

Eso sí, si llego a saber que íbamos a parar al lado de un Woolworths, no me lo habría traído desde Alice Springs y lo hubiera comprado directamente aquí. :-p

Sobre las 13h volvemos a la carretera y yo a mi lectura.

A las 15:10 una nueva parada. Esta vez en Adelaide River. Llevamos 1.385 kms. Ya nos queda poco.

Me bajo a estirar las piernas… y no hay duda, estamos en Northern Territory, tierra de Cocodrilo Dundee.

Y no hay duda, la vegetación es cada vez más tropical y el calor más asfixiante.

Otra señal… las lluvias tropicales.

Poco antes de las 17h, por fin, se empieza a ver Darwin.

Y a las 17h en punto, 20 minutos antes de lo previsto, piso su suelo.

Si pensaba que no podía hacer más calor… me equivocaba. La bofetada de calor pegajoso al bajar del autobús es brutal.

Para alojarme, lancé varias solicitudes de Couchsurfing y un mensaje en el grupo de Facebook de “Latinos en Darwin”, y la verdad es que tuve más éxito que en Alice Springs. 3 respuestas positivas en Couchsurfing y 1 en Facebook.

Carmen, una española en Darwin, me ofrece alojamiento a cambio de ayudarle con la mudanza, ya que se está cambiando de casa. Lo malo es que vive en Casuarina, que está un poco lejos, y no tiene coche. Y lo de hacer mudanza no es lo que más le conviene a mi hombro maltrecho.

Por otro lado recibo ofertas de:

1) Una pareja que están también en HelpX y piden cierta ayuda a cambio del alojamiento.

2) Una mujer que vive con cientos de gatos (tiene un refugio en las afueras), y que avisa que la habitación tengo que compartirla con unos cuantos de ellos. Y oye, yo encantado, pero estamos en las mismas, vive lejos.

3) Una pareja jovencísima y marchosa que tienen un apartamento en el mismísimo centro, que tienen unas referencias increíbles y que están encantados de recibirme sin pedir nada a cambio.

Pues está claro, ¿no?

Dirijo mis pasos hacia el edificio de Jayce (australiano) y Lisa (alemana), que así se llama la pareja que, para colmo, están a 5 minutos andando de la parada del bus.

Darwin no tiene el encanto de Melbourne o Brisbane, pero no es tan horteramente playero como Cairns. Desde luego las pintadas no pueden compararse con las de Fitzroy.

Y éste es el edificio de Jayce y Lisa. Uno de los más modernos y vistosos del centro.

Llamo al timbre… pero nadie contesta. Parece que no están en casa. Es cierto que he llegado casi una hora antes de lo que les dije. Ls mando un mensaje y espero. Me fijo que estoy en pleno “barrio rojo”. La calle está llena de stripteases y “masajes”.

Jayce me contesta y me dice que no estarán hasta más tarde y me recomiendan que me vaya al Waterfront para esperar allí, que es un sitio agradable.

Miro en Google Maps, y veo que está muy cerca, así que me voy para allá. El Waterfront es parecido a la Lagoon de Cairns o al Southbank de Melbourne o Brisbane. Es un espacio público especialmente cuidado donde te puedes dar un baño gratis. 

En Darwin no hay casi playas aptas para el baño por el peligro de cocodrilos, pero en el Waterfront han creado una pequeña playa protegida con red preparada para bañarse.

De camino saco alguna foto…

…y cuando llego al Waterfront, me llevo la sorpresa de que llego “desde arriba”. Hay que coger un ascensor para bajar.

Una vez allí, me tumbo tan ricamente en el césped. Estoy completamente empapado de sudor. Si normalmente aquí se suda a mares sin hacer nada, la caminata con las dos mochilas ha sido como rizar el rizo.

Veo la playita, veo a la gente bañarse… y ni me lo pienso. Me cambio allí mismo, tapándome como puedo con la toalla y me meto en el agua, que está… caliente. Muy caliente. Madre mía, ahora entiendo por qué estamos aquí en temporada baja. Aquí la gente viene en invierno huyendo del frío, pero venir aquí en verano es como ser el rey de los masocas.

Pero el baño me sienta de maravilla. Ya no huelo a perro sudoroso.

Y, de repente, y sólo por unos pocos minutos, se forma uno de los atardeceres más espectaculares que he visto, con tormenta al fondo y un conato de arcoiris. juro que no he puesto ningún filtro a esta foto.

Me llega el mensaje de Jayce. Ya están en casa, así que voy para allá. Me reciben con alegría y cariño. Efectivamente son encantadores, jovencísimos y guapísimos los dos. Jayce tiene 23 años, está supermazado y trabaja para el ejército, y Lisa tiene 21 añitos, estuvo viajando todo el año pasado, conoció a Jayce, pasó las navidades en su casa en Alemania y volvió hace un mes para vivir con él y estudiar psicología aquí. Se les ve como la pareja perfecta.

Ellos ya han cenado (vienen de una BBQ), así que me hago una ensajada con los restos que me quedó del almuerzo (lechuga, lentejas y frutos secos) y me la como en la terraza de vistas espectaculares mientras charlamos de nuestras vidas. 

Domingo 12 de marzo…

Aunque la noche anterior dormí poquísimo, no puedo evitar despertarme antes de las 7.

Lisa me ofrece un café que nos tomamos en la terraza disfrutando de las vistas de su apartamento.

Para pasar el día, Lisa me recomienda visitar el Jardín Botánico y el Museo/Galería de Arte.

Así que empiezo a andar en esa dirección sacando algunas fotos de la ciudad.

Por fin llego hasta la entrada de los George Brown Botanic Gardens.

Nada más entrar está el Eva’s Coffee, donde hago una parada para tomarme un café y repasar el post que publiqué anoche, ya que tenía tanto sueño que lo publiqué sin repasar… y se nota, le tengo que hacer bastantes retoques.

El café es una preciosidad y el trato amabilísimo, como siempre por aquí.

Después sigo mi paseo por el jardín, que es una pequeña maravilla.

Aquí también hay BBQ de uso público y gratuito… y especialmente cuidadas.

Salgo del jardín por el otro lado y me encamino a la Galería de Arte.

Y ahí está, The Museum and Art Gallery of the Northern Territory.

Me detengo un momento sore el mapa “aborigen” de Australia, con los nombres aborígenes y una separación de territorios mucho más lógica.

Una de las exposiciones más importantes es la dedicada al Ciclón Tracy, que arrasó Darwin la Nochebuena de 1974, y de la que habla Bill Bryson en su libro.

En la Galería de Arte fotografío algunos de los cuadros que más me llaman la atención, como éste, que inevitablemente me recuerda al bueno de Cuttlas.

Pero hay otros cuantos espectaculares.

Éste me recuerda muchísimo al atardecer que ví ayer en el Waterfront. 

Otra sección está dedicada a Sweetheart, un cocodrilo enorme que tenía la mala costumbre de atacar a los barcos de pesca que trabajaban en los ríos. Aunque nunca llegó a atacar a ningún humano, decidieron atraparlo para llevarlo a un zoo, pero lo hicieron tan torpemente que al final el cocodrilo, enredado en las cuerdas, se ahogó. Ahora lo exhiben disecado aquí mismo.

Salgo del museo por el lado de la playa de Mindil. La marea está bajísima.

Paso al lado del Darwin High School, donde me vuelve a sorprender lo rigurosos que son los Australianos con sus normas, especialmente cuando se trata de proteger a la infancia y la juventud.

El ciclón debastó la ciudad porque estaba hecha de casas de madera. Desde entonces es obligatorio construir con cemento, lo que le da a la ciudad un aspecto poco vistoso.

Estoy muerto de hambre. Me recomiendan el Noodle House, pero está cerrado. Así que acabo en el Wisdom Bar & Cafe, que parece terriblemente turístico, pero al menos ofrece un plato de comida y una bebida por $12,50.

Me pido una ensalada césar vegetariana y una cerveza y, para mi sorpresa, hay música en vivo.

Y no sólo eso. La manera en que este hombre toca la guitarra me hace envidiarle con todas mis fuerzas. Con sólo la guitarra y un pequeño dispositivo de percusión en su pie, hace que parezca una orquesta. Creo que en el vídeo no se aprecia, porque el volumen era muy alto y se satura.

Me tiene fascinado una de los botones de su pedalera, que hace aparecer una segunda voz por arriba de forma automática. Con la tecología actual ni siquiera necesitas quien te haga los coros!

No puedo evitar pensar que si yo tocara así podría ganarme la vida viajando y tocando en garitos y por la calle. Sería genial.

Después de comer, como vuelvo a estar empapado de sudor (de verdad que creo que nunca he vivido un calor tan tremendamente húmedo), decido irme de nuevo al Waterfront a refrescarme.

Allí me cruzo con el mismísimo Cocodrilo Dundee! (o al menos se parece).

Allí quedo con Carmen, la española que me ofreció alojarme en su casa. Al menos tenemos la ocasión de conocernos y contarnos nuestras historias.

A las 6 he quedado con Lisa y Jayce para acompañarles a Mindil Beach, con unos amigos suyos, para hacer Fire Spinning

Cuando llegamos, la marea está mucho más alta que esta mañana y no deja de subir.

Lo primero es preparar un fuego, claro.

El fondo, con una puesta de sol tropical, no puede ser más perfecto.

Y así va llegando el la puesta de sol mientras la marea se retira de nuevo. Nunca había visto mareas ta rápidas.

Mientras los chicos practican, Lisa y yo tenemos una larga conversación muy interesante sobre formas de viajar y formas de ver el mundo. Me sorprende su madurez con 21 años.

Mientras cae la noche, el grupo sigue practicando…

Lunes 13 de marzo…

Mi último día en Darwin, en Australia y en Oceanía. Creo que aún no me he hecho a la idea de que a partir de mañana todo cambia.

Mis hosts, Jayce y Lisa se han ido temprano a trabajar y me han dejado solo en casa. Su absoluta generosidad y confianza no deja de sorprenderme y emocionarme. Sólo me han pedido una cosa…

…que les haga un dibujo de recuerdo. Se lo piden a todos los guests y tienen una pared llena con todos esos dibujos. Son unos hosts de Couchsurfing muy activos!

Pues me han ido a pedir una de mis habilidades menos desarrolladas. No se me da nada bien pintar. Desde que me lo dijeron el primer día le he estado dando vueltas para ver si me venía alguna idea. Hoy es mi última oportunidad de hacerlo y el estar solo, ayuda. Así que me pongo a la tarea.

Mi primera idea fue dibujar un mapa de Australia como si fuera la copa de un árbol, pero al dibujar Australia me sale otra cosa…

Incluyo todas las ciudades por las que he pasado… y voilá.

Una vez terminado me voy a visitar otro de los lugares que me recomendó Lisa, el Fanny Bay Gaol, una antigua prisión que ahora está abierta como museo…

…bueno, lo de abierta es un decir.

Dichosa temporada baja.

Bueno, me conformo con tomarme un batido de café y chocolate con leche de soja en el Fannie Bay Coolspot.

Y reconozco que el batido está para morirse.

En vista del éxito de la visita cultural y en vista d la cantidad de sudor que llevo acumulado, decido irme de nuevo al Waterfront. Eso sí, esta vez voy en bus.

Lo dicho, están obsesionados por la seguridad… en un país de lo más seguro.

Cuando llego al Waterfront…

…me encuentro que la miniplayita está cerrada por obras hasta mañana. Vaya… no es mi día. O eso creo, porque, como siempre, todo pasa por algo, y esto pasa para que yo descubra lo que hay al lado, la Wave Lagoon de Darwin, una piscina de olas artificiales. Cuesta $7 para adultos, pero ni me lo pienso.

La entrada incluye el uso gratuito de hamacas… y flotadores!

Y la verdad es que me lo paso como un niño pequeño encima de mi flotador, dando saltos encima de las olas más grandes.

Algo más tarde vuelvo a casa de Jayce y Lisa para despedirme y recoger mis cosas. Pero antes paso por el súper y compro un pan de semillas de Baker Delight (mi favorito) y una caja de tomates cherry.

Cuando llego, les ofrezco hacerles unas tostadas de las mías: pan de semillas tostado, con ajo restregado, un chorrito de aceite (del que me quedaba de mis ensaladas) y tomate cherry a rodajas. Les encanta.

Acto seguido recojo mis cosas, me despido de Mohammed…

creo que no había hablado de ella (sí, Mohammed es gata), pero ya es una constante que en todas partes en las que estoy en este viaje hay gatos.

…y me despido de mis ya grandes amigos…

…que no tardan ni tres segundos en dejarme una maravillosa referencia en Couchsurfing.

Pablo is a lovely guy, friendly, easy going and a great artist! Unfortunately we only got a couple of days together but in this short time we exchanged stories and went firespinning together. Pablo has a great attitude towards life and we had some awesome conversations about travelling without money, culture and society! You would be crazy to pass up an opportunity to host him 🙂 

Ojalá fuera todo siempre así de fácil.

En fin, me cojo el bus al aeropuerto (pensaba hacer autostop, pero la ruta es complicada y el bus cuesta sólo $3, así que me voy a lo sencllo) y en nada estoy allí.

Es un aeropuerto bastante pequeñito para ser internacional. He llegado demasiado pronto (me suele pasar), así que me toca esperar. Finalmente paso todos los controles sin ningún problema…

…y con algo de retraso, por fin salimos.

y suena fuerte, pero aquí cierro una etapa de mi viaje. Tras casi 15 meses viajando, cierro mi paso por Oceanía (Australia, Nueva Zelanda e Islas Cook) y empieza mi etapa por Asia, con mi primer destino… ¡Bali!

Y, aunque mi primera idea es que esto sea las puertas de Asia y continuar por ahí mi viaje, realmente sigo viajando sin grandes planes, y dejo que la vida me lleve a donde me quiera llevar. Así que… ya veremos.

Me cuesta despedirme de esta etapa que, a pesar de todo, ha sido bastante “occidental” y cercana a mi cultura. Asia, todos lo sabemos, es otro mundo, para bien y para mal. Es un reto mucho mayor de lo que ha sido Oceanía, donde el entorno era lo suficientemente cercano como para ir “cómodo” (quizá con la excepción de las Islas Cook). En Asia se puede ir “cómodo” si vas como turista a resorts u hoteles (está muy baratitos)… pero no es la idea. Como siempre la idea es vivir experiencias con gente local.

Así que, para empezar, viviré en la Cahaya Mutiara Ubud Foundation, una ONG que facilita la integración de personas con minusvalías físicas en Bali. Allí viviré con ellos y les ayudaré en lo que pueda. Va a ser todo un reto.

Como me suele pasar en estos casos, se despiertan muchos de mis miedos. El vértigo es grande antes del salto. No sé lo que me voy a encontrar, no sé sin encajaré, no sé cuáles serán las condiciones, pero sí sé que necesitaré un tiempo de adaptación.

Y es que esto es lo bueno y lo malo a la vez de esta forma de viajar. Que vives la intensidad de la emoción que conllevan los grandes y frecuentes cambios… pero también vives la ansiedad y el miedo que aparece antes de acometerlos.

Pero ése es el precio…

…y yo lo pago encantado.

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