Indonesia (Bali) – Primeros días en Bali.

by | 22 Mar 2017 | 0 comments

13 – 22 marzo 2017

461 días viajando…
9 días en Bali…

¡Y por fin estoy en Asia!

Y más concretamente, en Bali. Tras un vuelo tranquilo y rápido, aterrizo en el Aeropuerto de Denpasar

Llegada a Bali. Kupu Kupu Foundation.

Paso el control sin grandes sustos. El oficial de aduanas me mira un poco raro por tener una visa social/cultural y me pregunta cuánto me ha costado (¿eing?). También me pregunta que qué voy a hacer en Bali, y le digo con una gran sonrisa que estudiar la cultura balinesa. Esto le convence por completo, sella y me deja pasar.

Entre retrasos y esperas son casi la 1h de la mañana. Había quedado con Begoña, la fundadora de Kupu Kupu Foundation que alguien de su ONG me recogería para llevarme a Ubud, así que al salir me fijo en en grupo de gente con carteles esperando a alguien. Ha sido una pena no haberlo grabado en vídeo, porque eran cientos de personas con carteles de todos los tamaños y en todos los idiomas posibles, apelotonados a la salida de la sala de recogida de equipajes. Y entre tantísimo mensaje, consigo ver claramente un…

FABLO

Deduzco que debo ser yo, y le hago un gesto al sonriente balinés que lo sostiene. Atravieso los cientos de taxistas que me ofrecen un taxi (es curioso, cuando 20 personas ya te han ofrecido un taxi, qué le hace pensar al número 21 que le voy a decir… “pues mira, contigo sí me voy”) y me reúno con mi acompañante. 

Se trata de Wayan. Y aquí conviene aclarar que en Bali existen sólo unos pocos nombres que se asignan según el sexo y el orden de nacimiento:

  • Primer hijo
    • Hombre: Gede
    • Mujer: Luh
    • Ambos: Putu, Wayan
  • Segundo hijo
    • Ambos: Made, Kadek, Nengah
  • Tercer hijo
    • Ambos: Komang, Nyoman
  • Cuarto hijo
    • Ambos: Ketut

Con el quinto hijo se vuelve a empezar.

Así que mi acompañante podría ser el primogénito, pero no, él me explica que es el 5º hijo.

Wayan es, como la mayoría de los balineses, alegre, amable y simpático. Me pregunta por mi viaje y me explica algunas cosas sobre Bali, como lo de los nombres. Dice que como cada vez hay menos hijos, ya se ven menos Ketut.

A las 1:10 nos ponemos en camino. La ruta hasta Ubud son apenas 46 kms…

…se tarda más de 1 hora en hacerlo, porque, como comprobaré más tarde, es imposible ir a más de 70 kms/h por estas carreteras, y eso por las buenas y si no hay tráfico.

Por el camino, Wayan para en un súper 24h…

…y compra un zumo. Uno para cada uno. Todo un detalle.

El sabor es raro, pero está rico.

a las 2:10, tras una hora de viaje, llegamos a la sede de Kupu Kupu Foundation.

Pero me doy cuenta de que no hemos llegado a nuestro destino. Aquí es donde aparca la furgoneta con la que me ha recogido y coge su scooter, con el que seguiremos hasta los bungalows que tienen un poco más al norte. Esto sí que es una aventura, los dos en una miniscooter con mis dos mochilas.

Atravesamos Ubud y cuando vamos a enfilar una calle muy empinada, me dice de cambiarnos las mochilas (Él llevará la grande delante y yo la pequeña a mi espalda) para evitar volcar hacia atrás.

Pero por si hubiera poca emoción, lo mejor es que para llegar a los bungalows, se mete por un camino sin asfaltar de apenas un metro de ancho con arrozales a los dos lados. Casi prefiero no mirar, porque a poco que perdamos el equilibrio, nos caemos sobre medio metro de agua.

Pero finalmente llegamos sanos y salvos antes de las 2:30. Wayan me enseña uno de los bungalows y me desea buenas noches.

El bungalow es muy sencillo, con una cama con mosquitera y un baño bastante básico, aunque como iré viendo más adelante, es lo más habitual aquí.

A la mañana siguiente no puedo evitar despertarme muy pronto, así que me doy una ducha (fría, no hay otra), y aprovecho la luz para sacar algunas fotos…

El interior del bungalow…

El exterior…

Las vistas desde la puerta…

Otro de los bungalows (éste era más caro)…

La entrada al recinto…

Los arrozales que lo rodean… 

Más tarde aparece Wayan y me trae el desayuno.

Después de desayunar, Wayan me lleva a Ubud. Le he pedido que me ayude con dos cosas: alquilar una moto y pillar una SIM para mi móvil.

Cuando llegamos a Ubud, me fijo que vamos por una calle donde las losetas son personalizadas.

Para alquilar la moto me lleva a un local de la ciudad. Les digo que quiero alquilar la moto por un mes, para que me hagan precio, y me piden 1.200.000 IRP (unos 83€). Mi amiga Marta me dijo que era fácil encontrarlas por 500.000, pero que había que regatear bastante, así que me pongo en modo negociante y les digo que no puedo pagar más de 500.000. No hay nada que hacer.

Wayan me lleva a otro sitio y pasa un poco lo mismo. Empiezo a pensar que Wayan no me está llevando a los mejores sitios, sino a aquellos en los que se lleva comisión por llevarles turistas. 

Le digo que no voy a pagar más de 500.000, y que me lleve a un sitio que me hagan ese precio. Me vuelve a llevar a otro donde me ofrecen una scooter Suzuki roja con bastante buena pinta. Me piden 1.000.000 les digo que 500.000, hablan con Wayan. Por lo que deduzco de las entonaciones, Wayan les debe decir que no me voy a bajar del burro, así que me ofrecen 700.000. Ya nos vamos entendiendo. Le digo que nipatinipamí… que 600.000. Ellos que si 650.000… yo que si 600.000… insisto un poco más, pero al final veo que estoy regateando 50.000 IRP (3,5€) en un mes de alquiler, así que cedo, y me la llevo por 650.000 (45€… 1,5€ al día). El único papeleo es rellenar una ficha y darles el pasaporte para que hagan una copia. Ni siquiera me piden el carnet de conducir, ni una fianza, ni una tarjeta de crédito. Aquí las cosas son fáciles. Me dice que si la rompo, pago yo y que si se estropea, se ocupan ellos. Ése es todo el acuerdo. Me dan el casco (que no es obligatorio), las llaves… y hala, tirando. Ya tengo moto.

Para la SIM Wayan me dice en qué calle tengo que preguntar y se va. Intento buscar la calle que me ha dicho…

…y no la encuentro, claro. La indicación ha sido bastante poco precisa. Así que decido buscar un sitio con WiFi para preguntar a alguno de mis contactos aquí. Acabo en el Freak Coffee, donde me tomo un café riquísimo por menos de 2€ (por fin café a precio razonable) y hablo con mi amiga Bambú de Melbourne, que ha estado mucho por aquí y me dice en qué tienda comprar la SIM y dónde ir a comer algo.

Así que poco después ya tengo mi SIM (7 GB de datos para dos meses, sin llamadas ni SMS, por 70.000 IRP, menos de 5€. Ya estoy conectado!) y me voy al Warung Sopa, el lugar que me ha recomendado Bambú y cuyo duelo es Jaime, un español que ahora mismo no está.

Se supone que Warung es el término que se utiliza para designar comercios locales, por lo general restaurantes. En este caso hace un poco de trampas, porque el dueño es español, pero bueno…

Me pido la crema del día (de calabaza) y un zumo de varias frutas.

Como sigo con hambre, no puedo resistirme a probar…

Y para rematar, hago caso a Bambú y me pido un pedacito de Raw Chcolate Cake.

Espectacular.

En total 105.000 IRP (algo más de 7€). Qué diferencia con Australia donde tenías que entregar un riñón cada vez que te tomabas un café o una cerveza.

Al salir vuelvo a comprobar que en Bali hay muchísimas más motos que coches, lo cual es lógico. Ninguna carretera da para ir a más de 70 kms/h, y los atascos pueden ser espantosos.

Vuelvo a los Bungalows de Kupu Kupu Foundation para recoger mis cosas y pagar a Wayan por ir a recogerme (300.000 IRP = 20€) y el alojamiento (150.000 IRP = 10€). 

Cuando estoy llegando, puedo ver de día dónde nos metimos anoche con la moto. Ahora me toca hacerlo a mí con la mía… y la verdad es que acojona.

Una vez tengo mi cosas, marcho para mi nuevo destino, Cahiara Mutiara Foundation, en Tampaksiring, unos 15 kms al norte. Una ONG que trabaja con discapacitados físicos (igual que Kupu Kupu) donde estaré un mes echando una mano a cambio de alojamiento y comida.

Pero justo se pone a llover en plan tropical cuando empiezo el viaje.

Y eso hace que me equivoque de camino y coja uno bastante más largo.

Y no sólo más largo, sino bastante más complicado, con cuestas abajo que dan miedo, que terminan en un puente sobre un río que se ha desbordado y que al cruzarlo con la moto hace que el agua me llegue por los tobillos. A esto hay que sumarle que voy agobiado por que no se me mojen los portátiles que van en la mochila delantera, que doy por hecho que toda la ropa de la mochila trasera ya debe estar empapada y que cada vez que intento mirar la ruta en el móvil (cosa que necesito cada 2×3) mi móvil queda tan mojado que me sorprende que aún funcione.

Ah, se me olvidaba… también me estoy quedando sin gasolina y está empezando a oscurecer.

Llega un momento en que llueve tan fuerte que tengo que parar.

Paro en lo que después descubriré que es uno de los centros de reunión comunitaria, como los hall en Australia. Aquí se reúnen los vecinos para todo tipo de eventos. Éste en concreto lo están restaurando.

Compruebo que los portátiles no están demasiado mojados y confirmo que voy en la ruta adecuada.

Cuando escampa un poco (sólo un poco), vuelvo a la moto. Total, ya estoy empapado. Un poco más allá veo una tienda donde pregunto si tienen “petrol“. Asienten con la cabeza, así que me quedo esperando. Me miran raro, y les digo… “Do you have petrol??” y la chica que sí, que sí… va para dentro y me trae un chubasquero. 

Vale, no nos estamos entendiendo.

Petrol, fuel…“, señalo la moto, hago gestos de llenar el depósito y por fin pone cara de “Aaaaaah…” y me señala el otro lado de la calle donde se ve un dispensador de gasolina. Vale, estoy ciego.

Una vez resuelto esto, por fin consigo llegar a la Fundación hecho una sopa, pero vivo. 

Cahaya Mutiara Foundation.

Cuando llego, Stefan, el voluntario alemán que ha sido siempre mi contacto, se acaba de ir, así que me presentan a Ketut, que es quien dirige la fundación.

También conozco a Lydie, una voluntaria francesa que ha llegado también hoy y que estará aquí 10 días, aunque como tiene visado de turista, no dormirá aquí, sino con una familia local. Y también a un grupo de holandeses bastante jóvenes que están haciendo aquí sus prácticas como educadores, por lo que vienen 3 veces en semana a enseñarles cosas como inglés, nutrición (muchos tienen problemas de diabetes por culpa del exceso de azúcar), baloncesto con silla de ruedas, fitness…

Me reúno con Ketut y me cuenta la historia de la fundación. 

Todo empezó hace muchos años, cuando Begoña, una española de viaje por Bali, se horrorizó por las condiciones en las que estaban los minusválidos físicos en la isla. Debido a la cultura balinesa, se considera que cualquier minusvalía es consecuencia del Karma (una mala acción en una vida anterior) y, por lo tanto, se les margina. Por lo general se les tiene en casa con escasa atención. Begoña se fijó en especial en una familia de 3 hermanos, todos con Osteogénesis Imperfecta (también conocida como huesos de cristal), Ketut, Wayan y Nyoman. Con ellos funda en 2002Kupu Kupu Foundation(significa “mariposa”), al que se unen numerosos minusválidos de toda la isla.

Por desacuerdos internos, Ketut y sus hermanos abandonan la fundación y en 2006 crean Happy Hearts Foundation, que es dirigida por una de las socias.

De nuevo vuelven a existir discrepancias internas y, de nuevo, Ketut y los suyos abandonan la fundación. Y no será hasta 2014 que crean Cahaya Mutiara Foundation (Perla Brillante en indonesio) y se establecen finalmente aquí, en Tampaksiring, en la casa de un americano que cede sus instalaciones a la ONG.

Una de sus salas está dedicada a galería de arte (los tres hermanos pintan y muy bien) y sala de música.

Zona para las coladas…

Sala de estar/comedor…

Cocina…

Y justo delante tenemos uno de los centros comunitarios.

Es obvio que tienen recursos muy limitados (depende en general de las donaciones), pero han conseguido organizarse bastante bien. Me alojan en una habitación privada (cosa que agradezco enormemente), muy sencilla pero amplia. No tienen mantas, pero me apaño con el saco de dormir (una vez que consigo que se seque).

A partir de aquí, durante la primera semana, me voy adaptando a la rutina del centro. Me levanto a las 6:30 (aunque la actividad empieza a las 6h), hago mi sesión de yoga, me tomo un café balinés (no usan cafetera, simplemente se espera que bajen los posos. Y nada de leche de ningún tipo)… 

…y ayudo en la limpieza (en general sólo barrer un poco) hasta el desayuno.

El desayuno no se diferencia del almuerzo o la cena. Siempre es arroz blanco (es la base de todo) con lo que hayan cocinado: verduras, tortilla, carne o pescado (que no tomo), tempé, a veces noodles, cacahuetes… en general todo muy frito, para mi gusto, pero intento adaptarme. Algunas veces hay un guiso de judías negras que es perfecto para mí, aunque todo suele ser bastante picante.

Y después dedicamos la mañana a trabajar en el huerto, bajo la dirección de Ketut o Stefan, al que por fin conocí al día siguiente de mi llegada y que es el responsable del diseño del jardín, ya que es un apasionado de la permacultura

El huerto es, de hecho, una preciosidad.

Muy dentro de la filosofía de la permacultura, el fertilizante natural lo proporcionan las gallinas…

…y Samy.

También anda por aquí Near, la gata de la fundación (siempre hay un gato allá donde voy). Le gusta dormir en mi habitación cuando consigue colarse.

Y es una hábil cazadora.

El trabajo es muy variado y pasa por plantar semillas y regarlas todas las mañanas (aquí con Dani, de los pocos que hablan inglés y con quien me llevo muy bien)…

…plantar los esquejes en los macetones hechos con neumáticos en desuso (aquí con Ketut regando los esquejes)…

…utilizar los sticks de bambú que nos hace una colaboradora local (luego he aprendido a hacerlos yo) para ponerlos en las tomateras…

Preparar las “camas” de tierra para plantar sandías (aquí con ayuda de Stefan y Lydie)…

…Limpiar de hierbas y plásticos (está todo el jardín lleno de plásticos bajo tierra porque antiguamente fue un mercado) las camas de los boniatos…

…Tapar agujeros para que no se nos cuele el gallo del vecino (y ni por esas, sigue entrando)…

…preparar con Stefan el sistema de desagüe de la cocina, cuya agua, una vez filtrada con arena de playa, irá a parar a uno de estos dos estanques que estamos preparando…

…delimitar otras zonas de plantación (aquí acaban de plantar cacahuetes)…

Como no me convence el resultado, días después lo rehago por iniciativa propia.

…ayudar a talar un árbol que da demasiada sombra al huerto (con ayuda de gente local)…

…recoger papayas…

…y, en general, ese es mi día a día de las mañanas y parte de la tarde. Normalmente la jornada se termina entre 15 y 16h, y entonces aprovecho para jugar al ajedrez con Ketut.

Considero que juego bastante bien, pero he necesitado 8 partidas para conseguir ganarle 1. Menudas palizas me da.

Cumpleaños de Koming.

Cuando apenas llevo dos días en la fundación, nos invitan a los voluntarios a ir al cumpleaños de Koming. El cumpleaños es en Prima Santhi English Course, una escuela de inglés gratuita montada por un indonesio, Putu, para ayudar a los niños a mejorar su nivel de inglés para tener más oportunidades en la vida. La escuela está en Gianyar, bastante más al sur de Ubud, así que vamos en el minibus de la fundación.

Y, finalmente, llegamos al colegio.

Aquí están algunos de los voluntarios holandeses con la mujer de Stefan.

Y aquí es donde por fin conozco a Stefan y podemos hablar un rato. Stefan es álemán, pero estuvo viviendo mucho tiempo en Perth (Australia) desde donde llegó un poco por casualidad a Bali hace 6 años y aquí se quedó. Fue uno de los primeros volutarios de Cahaya Mutiara y se convirtió en colaborador fijo, ayudando especialmente en el diseño de la huerta y en la captación de nuevos voluntarios. Es un gran conocedor de la cultura balinesa vista desde el punto de vista occidental, por lo que hablar con él es siempre interesante.

Tocando el piano con Koming.

Un par de días después del cumpleaños, Koming viene por la fundación y nos hacemos buenos amigos. Es un enamorado de la música, especialmente del blues y del swing (¡es de los míos!). De hecho tiene en youtube un videoclip de un tema que escribió con un amigo suyo para el grupo Nosstress. Él hizo la percusión.

Pasamos ratos muy divertidos cuando le enseño a tocar un poco el piano.

Visitando los alrededores.

El mismo día del cumpleaños, uno de los holandeses se ofrece a enseñarnos a Lydie y a mí a un sitio que ha descubierto muy cerca de la fundación, entre los arrozales.

Visitando templos.

Algunas tardes las dedico a visitar los alrededores, como el

Sebatu

Holly Water Temple, conocido como el Templo del Agua, donde se hacen ceremonias de purificación.

Otro día visito con Lydie el Gunung Kawi Temple, que está a 15 minutos andando desde la Fundación.

Ubud

Pero la mayor parte de las tardes cojo la moto y me voy a Ubud. 

Me sirve para desconectar, tomarme un café de estilo occidental (¡con leche de soja!)…

…comer algo diferente sin arroz (adoro el gado-gado), tomarme una cerveza…

…y dar una vuelta.

Todos los balineses ponen a diario ofrendas a los dioses para pedir protección y prosperidad. Están por todas partes.

Hay mucha gente a la que no le gusta Bali porque les parece sucia o descuidada.

Quizá no pueda decirse que Bali es un lugar “bonito” si se fija uno sólo en las ciudades, pero los templos, la selva y algunas playas son espectaculares. Y es, sobre todo, interesante.

A través del grupo de Facebook “Españoles en Bali… y los que quieran venir a conocerlo” he conocido a Ana, una hija de guineano-catalana, nacida en Camerún, criada en Barcelona y residente en Mallorca. Está pasando un par de meses aquí dedicada 100% al yoga. Me lleva a cenar a Sage, un vegetariano de Ubud de comida maravillosa.

Y otro día me invita a una clase de Yin Yoga en The Yoga Barn, un enorme centro dedicado al yoga en lo que es ya de por sí la capital del Yoga (Ubud), o, como yo digo después de la clase, del postureo yoga. Ubud es al Yoga, lo que Kuta es al surf. Y el tipo de postureo de ambos no se diferencia demasiado.

Lo cual se me hace raro, porque entiendo que el surf es postureo y apariencia, pero se supone que el yoga entra dentro de una filosofía completamente contraria y alejada del exhibicionismo espiritual que he visto por aquí.

Jésica y Fran.

Los domingos son mi día libre, y el primer domingo quedo con una maravillosa pareja que he conocido a través del grupo de Facebook: Jésica y Fran. Viven en Uluwatu y me invitan a pasar el día con ellos y enseñarme la zona sur de la isla. 

Ambos tenían en Barcelona una marca de productos de artesanía y decoración en madera que ellos mismos producían. Buscando ampliar negocio se han venido a Bali a intentar conseguir que aquí les produzcan sus diseños, pero se han encontrado con la dificultad de trabajar con los balineses, sumado a los enormes problemas burocráticos de exportar madera.

Así que bien temprano cojo mi moto y me voy para allá. Es más de hora y media de viaje hasta allí con la moto, pero sin duda merece la pena.

Para empezar, me pierdo al entrar en el peaje que hay en el bypass a la península del sur. No entiendo las indicaciones (todas en indonesio) y no me doy cuenta de que me estoy metiendo por la zona de coches en vez de por el carril de motos. Los vigilantes salen a mi encuentro diciendo “Wrong! Wrong!“… y me indican por dónde meterme.

Al final me paro en la primera cafetería que pillo y le mando un mensaje a Jésica y Fran que vienen a rescatarme y por fin nos conocemos.

La primera visita es al Fish Market de Jimbaran y la playa desde donde salen los pescadores con sus barcos pintados de mil colores.

Después vamos a Balangan Beach, una playa llena de chiriniguitos para comer algo y tomarnos una cerve.

Desde ahí, volvemos a coger las motos y nos vamos a La Joya, un espectacular y caro resort con acceso a una pequeña cala y piscinas de impresión, donde sorprendentemente, según me explican, podemos estar sin pagar ni consumir nada. No hay ningún control. Yo estoy con la sensación de estarme colando en un sitio caro, pero, efectivamente, nadie nos dice nada.

Jésica y Fran viven en Uluwatu, en la casa de Nyoman, un balinés al que conocieron comiendo en su warung varias veces, hasta que hicieron amistad y él les ofreció alquilarles un pequeño apartamento a muy buen precio.

Es precisamente a ese warung al que me llevan para comer, el Warung Danke, donde, siguiendo su recomendación, me pido la hamburguesa vegetariana.

Para el café me llevan a “El Merkat“, un restaurante catalán montado por dos hermanos catalanes en Uluwatu.

Y desde allí vamos a los acantilados de Tegal Wangi Beach en Jimbaran, donde , con marea baja (no es el caso) hay unas estupendas piscinas naturales, y donde van todos los chinos a hacerse la foto de bodas…

…hasta que empieza a llover. 

Y no un poquito….cae el diluvio universal. Por suerte justo antes hemos pasado por un súper y me he comprado el imprescindible chubasquero si se tiene moto en Bali.

De lo siguiente es una pena no tener prueba grafica, porque fue la gran aventura. A la ida pasamos por una calle con un enorme socavón lleno de agua que había que atravesar con la moto con más o menos dificultad. Pero a la vuelta nos encontramos que se había convertido en un gran lago. Cuando Fran y Jésica lo cruzan, se les para la moto a la mitad, y tienen que bajarse con el agua por las rodillas. yo lo consigo cruzar con mucha dificultad con el agua por los tobillos. Es todo un espectáculo.

Jésica y Fran me invitan a su casa a secarme un poco y tomarme una cerveza antes de emprender la vuelta. Un viaje de dos horas (desde las 19 a las 21h) de noche y, el último trozo, de nuevo bajo la lluvia. Toda una experiencia. Y lo más impresionante es como atravieso una rotonda completamente colapsada de coches y motos… pero ya me he hecho al estilo balinés de conducir y consigo atravesarla en tiempo record.

Concluyendo…

Y estos son mis primeros días en Bali. Han sido un poco montaña rusa emocional. Como siempre que empiezo en un lugar nuevo, especialmente si no es un sitio fácil, siempre me asaltan las ganas de salir corriendo y huir. Vivir en la fundación no es fácil. El trabajo es físicamente duro, la comida muy lejos de lo que yo suelo comer (todo es arroz y fritos), las condiciones higiénicas escasean, y las diferencias culturales a veces complican las cosas. 

Antes de venir, le pregunté directamente a Stefan si tendría que pagar algo, dado que en muchos voluntariados, además del trabajo, se suele pedir una contribución por el alojamiento y/o comida (algo que me parece un abuso o un negocio). Stefan me dijo que no, que sólo se pedía 6 horas de trabajo al día, 6 días a la semana (bastante más de las 20-25h habituales en HelpX, pero lo acepto porque es una labor social) y de una manera bastante flexible.

El tema es que cuando llegué, Ketut me dijo que esperaban de mí una contribución de 4 $/día por el alojamiento. Yo le dije que Stefan me especificó que mi contribución era sólo en trabajo, y ahí quedó la cosa, muy al estilo balinés… sin cerrar.

Así que he estado jodido con este tema toda la semana pensando que por poco más de 4 $/día podría vivir aquí sin pegarme la paliza de currar que me estoy dando. Y después sintiéndome culpable por no tener en cuenta la labor que estoy haciendo aquí.

Hasta que al final hoy lo he hablado con Stefan y me ha dicho que es un tema que tiene pendiente con Ketut (él está empeñado en cobrarlo y Stefan piensa, como yo, que eso les hará perder voluntarios), pero que mientras no se especifique en el perfil de HelpX, que no se cobra. Y que, en cualquier caso, que está contentísimo con la labor que Lydie y yo estamos haciendo, trabajando por iniciativa propia y sin supervisión. Que con otros voluntarios anteriores tenía que estar todo el rato encima de ellos para que hicieran algo.

Así que una vez superado el periodo de adaptación, y las pequeñas crisis, estoy bastante contento aquí y con ganas de seguir. Mi plan es estar un mes en la fundación y otro mes por mi cuenta. Hay una posibilidad de hacer un Housesitting en Canggun justo cuando cumpla el mes, cuidando de 4 perros en una casa espectacular. Tiene muy buena pinta y de fechas sería perfecto.

Como siempre, los cambios son el gran reto de este viaje, donde debo trabajar mi flexibilidad, tolerancia y capacidad de adaptación. Y también mi capacidad de amar desinteresadamente, mi gran asignatura pendiente.

Pero son los cambios y las crisis los que traen grandes aprendizajes, ¿no?

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