25 julio 2016

221 días viajando…
29 días en Whangateau…

Siguiendo una idea de mi amiga Mims, estoy probando un nuevo formato en mis títulos, para que sean un poco más claros y vistosos. Se me nota mi mente ingenieril de querer estructurarlo todo muy bien, pero es verdad que dejaba muy poco claro el título del post.

Así que ahora el título va a ser país y tema, y el resto de la información la meto en el post.

Los chicos empiezan hoy el cole, después de sus tres semanas de vacaciones de “invierno”. Es curioso que aquí el curso escolar coincide con el año natural, porque el verano coincide con las navidades y el final del año. Y así es mucho más claro ya que este curso es el curso del 2016, no el del 2015-16.

Nat tiene que ir a Auckland, así que aprovecho para ir yo también y tomarme un café con Johanna en Kokako, un local muy agradable en Grey Line.

Johanna está aún con el Jet Lag y casi puedo ver la línea de su encefalograma, que tiene la forma de “zzzzzz”… :-p

Así que la dejo pronto, que tiene que escribir su tesis, y me voy para Fonefix, la empresa que me arregló mi móvil antes de irme a las Cook. Y es que el mini puerto USB vuelve a fallar.

Después de equivocarme con el bus un par de veces, consisigo llegar a Green Lane (de Grey Linn a Green Lane… jajaja).

Me encanta el slogan de re-conecting people para una empresa de reparación de móviles.

La atención es impecable y amabilísima. El chico que me atiende me dice de dejarlo un día o dos para chequearlo y le digo que lo necesito para volver a mi casa (pura verdad), así que al final se lo lleva al técnico y me dice que me lo reparan en una hora y sin coste, porque la reparación está todavía en garantía y que, además, me dejan un móvil de sustitución durante esa hora. Mejor atención, imposible.

Al final me cambian de nuevo el puerto USB y me dicen que lo trate con mimo, que son delicados y que no conviene mover mucho el cable de carga. Bueno es saberlo.

Lo malo es que han terminado sobre las 17h, va a anochecer en una hora, estoy lejísimos de Whangateau y mi única opción es el autostop (Auckland no destaca por su transporte público).

Por suerte la autopista 1 pasa muy cerca de Fonefix, convertida en avenida, y no me es difícil allí conseguir quien me lleve. Me recogen dos chicos: Simon y Daniel, trabajadores de la construcción, que están camino de su trabajo (vaya horas), en Northcote, al norte de Auckland, después del puente.

Me dejan en la salida de la autopista a Northcote y allí lo vuelvo a intentar. Pero empiezo a verlo chungo. Está oscureciendo y estoy en una entrada a la autopista donde los coches ya cogen cierta velocidad y es muy difícil que puedan parar ahí.

De repente se me enciende una lucecita y me acuerdo de que los padres de Nat viven por Northcote, justo después del puente. Le mando un mensaje de SOS a Nat diciéndole mi situación desesperada y me dice que sin problema, que sus padres estarán encantados de acogerme esa noche y me da su dirección. Y, efectivamente, mi memoria es buena, su casa está al otro lado del parque, a 20 minutos andando.

Menos mal que se me ocurrió esta mañana mirar tarifas de datos para la SIM kiwi del teléfono que me encontré en Wharariki. La SIM es de Skinny y hay un plan de 1GB de datos por $16 (poco más de 10€) que me viene al pelo, así que me lo pillé y así no ando tan desconectado. En momentos como estos en los que Google Maps me salva la vida, es muy de agradecer.

Carol, la madre de Nat, me recibe con amor, alegría y un enorme abrazo. Bessy, su perrita, parece que se acuerda de mí y se pone como loca al verme.

Lo primero que hace es enseñarme el reportaje que le han dedicado a su hija en Junction Magazine, una revista local, hablando de su trabajo como diseñadora de vestuario, especialmente de sombreros.

La verdad es que es un pedazo de reportaje.

Le ayudo a preparar la cena. Crema de parsnip (pastinaca o chirivía. Muy popular aquí) con cúrcuma y jengibre.

Poco después llega Harry, el padre de Nat, que también se alegra un montón de verme. Abre una botella de un impresionante vino tinto neozelandés (hay que reconocer que aquí saben hacer vinos) y no deja de llenarme la copa. Al final nos acabamos la botella, pero yo bastante más que él. Voy con una alegría enorme.

Me instalan en la habitación de invitados, que es toda la planta de abajo, con cama doble, baño y cocina. Le digo a Carol que me quedo a vivir ahí!

Sólo unos padres maravillosos como Carol y Harry pueden criar a una hija maravillosa como Nat, que, a su vez, está criando a unos hijos maravillosos como Gala y Kupe. Es una familia llena de amor y generosidad, que comparten lo que tienen sin dudarlo. 

Personas así son las que hacen de este mundo un sitio maravilloso.

PS. Ya he conseguido subir el vídeo de The Boggiemen Band, con Anania Browne tocando Europa, de Carlos Santana, a petición mía. El sonido es una kk y el vídeo se corta justo antes del final, pero aún así se aprecia cómo toca este chico Cookislander de 22 añitos. Es de lo mejorcito que he visto. ¡Disfrutadlo!

PS2. Qué raro se me hace usar las WiFi’s sin ningún cuidado después de 2 meses de tener que pagar por cada MB. 😉

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