Mi despertador suena implacable a las 5:20. Ducha rápida y me despido de Serena que me ha oído levantarme. Le doy las gracias nuevamente por su enorme amabilidad y hospitalidad. Y salgo para coger el bus que lleva a la estación de Domo-San Giovanni.

Con mi previsión habitual al final estoy en la estación a las 6:30 y el tren sale a las 7:13. Me he pasado con el margen para imprevistos. Aprovecho para desayunar algo y leer.

El tren sale con algo de retraso y empieza el periplo. Primero un viaje de 42 minutos hasta Milano Centrale donde llego, con un poco de retraso, sobre las 8. Busco rápidamente el andén del siguiente tren que sale a las 8:10 y va hasta Massa Centro. Este viaje es el más largo, de 3:33 horas. El tren va hasta Génova y de allí pasa por las Cinque Terre, aunque no para en todas y luego me doy cuenta que pasa por mi destino, Carrara Avenza, pero no hace parada, por eso tengo que bajar en la siguiente, Massa Centro y ahí esperar casi 1/2 hora hasta que pasa otro en dirección contraria que, éste sí, para en Carrara Avenza.

Cuando estoy llegando me fijo en las industrias que hay y en que la mayoría tienen enormes bloques de piedra blanca en sus terrenos. Es entonces cuando caigo… ¡El mármol de Carrara! Efectivamente casi toda la industria local se basa en las canteras de mármol que hay en las montañas cercanas.

Llego un poco más tarde de lo previsto, sobre las 12:25. Nada más bajarme del tren lo primero que veo es a una niña de 7 años diciéndome hola con la mano. Es Adele, la preciosa hija de 7 años de Giada. Giada es un encanto. Me ha venido a buscar a la estación. Vamos en su coche hasta su casa. Me dice que, si me parece bien, hemos quedado para comer en casa de su madre. Yo encantado. Ésta es precisamente la parte que más me gusta del couchsurfing, conocer la vida de los lugares desde dentro de las familias.

Vamos a casa de Giada donde dejo las cosas, me ducho y nos vamos para casa de su madre, Claudia. Vive también en Carrara. Nada más entrar en su casa veo unos papeles pegados a los escalones que suben a la segunda planta.

Saludo a Claudia y le digo, señalando los papeles… “I quattro accordi?”.

Efectivamente, son Los Cuatro Acuerdos en los que se basa el libro de Miguel Ruiz. Claudia se queda muy sorprendida de que el couchsurfer que le trae su hija a comer (probablemente para que se quede tranquila de a quien mete en su casa), sepa quién es Miguel Ruiz.

Desde la ventana de su casa (un triplex precioso) se ven las canteras de mármol.

Durante la comida hablamos mucho (en italiano, claro) sobre temas espirituales. Estamos muy en la misma línea.

Me doy cuenta con horror que no he avisado que soy vegetariano. Es algo que tengo que cuidar muchísimo, porque no hay nada peor que ir a comer a casa de alguien con quien no tienes confianza y te saque su mejor asado con toda su ilusión.

Por suerte Claudia, como todas las personas con cierto nivel espiritual, está cercana al vegetarianismo y lo primero que hace es preguntarme si yo lo soy. Uf!

Ha preparado un entrante de melón con jamón (yo sin jamón), ensalada y un guiso de seitán con cebolla riquísimo.

Tras la sobremesa nos despedimos de Claudia, y Giada nos lleva a su hija Adele y a mí a Campocecina, en las montañas de Carrara. Subimos en su coche hasta el refugio…

…y desde ahí seguimos andando hasta el prado de Campocecina.

Desde ahí andamos un poco más hasta el otro lado de la montaña donde me lleva Giada para darme una sorpresa: Las vistas de las canteras de mármol son espectaculares.

Las sensaciones son contradictorias, porque por una parte el espectáculo es impresionante y es historia pura: de aquí sacaba Michelangelo el mármol para sus esculturas. Pero por otro lado es una depredación total de las montañas. Giada me cuenta cómo eran esas montañas años atrás y cómo han ido desapareciendo enteras cada vez con más rapidez.

Más tarde regresamos hasta el refugio donde nos tomamos un café…

…y echamos unas partidas de futbolín con Adele. Me lo paso genial con ella, hemos conectado muy bien.

Cuando cae la tarde regresamos a casa de Giada. Vive en un primero y en el jardín del edificio hay una pequeña gata que adoptaron hace una semana Giada y Adele y que era muy miedosa y poco sociable. Tanto es así, que saltó desde su terraza y desde entonces vive escondida en el jardín sin que nadie logre atraparla. Mientras le ponen comida y agua.

Mientras nos duchamos, Giada prepara la cena: judías verdes con patatas y una especie de pasta que viene en obleas y que se cuece igual que la pasta. La verdad es que está riquísimo. Cenamos en la terraza para aprovechar el fresco de la noche. Hacia el final de la cena, Claudia, la madre de Giada, se pasa a tomar el café y a pasar un rato con nosotros.

Tras mucha conversación y buenos ratos, Claudia se va y nos vamos a dormir. Me han dejado el cuarto de Adele y ella duerme con su madre. Esto es mucho mejor que dormir en un sofá. Mejor no me pueden tratar. El plan para mañana es ir a conocer Cinque Terre en tren. Giada y Adele se animan a acompañarme. Mucho mejor.

Giada no tiene internet (usa sólo su móvil), aunque me consigue la clave de su vecina para que me pueda apañar, pero llega muy poca señal y me caigo de sueño, así que este post va con retraso!

Buenas noches!

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