Italia (Carrara) – Última semana en Italia

by | 5 Dec 2021 | 1 comment

25 noviembre – 5 diciembre 2021

 

2.180 días viajando…
2 días de mototrip…
7 días en Carrara…

 

El 25 de noviembre de 2021, al atardecer, dejo la isla de Syros (Grecia) donde he hecho un housesitting de un mes con muchos gatos y emprendo un mini-mototrip de vuelta a Italia.

El mini-mototrip

25 noviembre

El mini-mototrip de vuelta a Carrara (Italia) empieza con el ferry que va de Ermoupoli, la capital de Syros, a Atenas, la capital de Grecia.

El ferry sale a las 16h y llega al Pireo (el puerto de Atenas) sobre las 20h, demasiado tarde para ponerme a viajar con la moto, así que he conseguido un Couchsurfing con la encantadora madrileña Paloma, que vive y trabaja en Atenas. Compartimos ensalada y mucha charla viajera.

26 noviembre

Al día siguiente me levanto pronto para ponerme en marcha. Debo llegar a Patrás para pillar el ferry de las 17:30. Me sobra el tiempo, pero prefiero ir con margen por si pasa algo.

Y, al final, pasa. Cuando voy ya por la península del Peloponeso y me quedan apenas un par de horas para llegar a Patrás, me cae el diluvio universal. En lo que tardo en encontrar dónde refugiarme (y poner la moto a cubierto), ya estoy completamente empapado… y congelado.

Y es que winter is coming. Me entra un temblor que no consigo quitarme, estoy en hipotermia. Paro por fin en una cafetería y me pido un café bien caliente y algo de comer a ver si entro en calor, pero nada. El problema es que tengo las botas y los calcetines (los únicos realmente gruesos) completamente empapados.

Me quedo atascado en la cafetería por más de una hora esperando a que deje de llover, pero la cosa no para y no quiero que se me haga muy tarde. Al final sigo mi ruta cuando aún no ha parado de llover, pero ya da un poco igual. Tomo la autopista (la estaba intentando evitar) y voy lo más rápido que puedo a Patrás, intentando sobrevivir a la hipotermia.

Cuando llego, voy directamente a una lavandería automática para secar lo básico (calcetines, guantes, pantalones…) y poder estar mínimamente seco en el largo viaje de ferry que me espera.

Termino justo a tiempo y para las 16h ya estoy en el ferry que lleva del Puerto de Patrás (Grecia) al Puerto de Ancona (Italia)

Mientras espero a que salgamos, me hago una ensalada con la comida que llevo y me regalo una carísima cerveza griega que venden a bordo.

Justo antes de zarpar, Grecia me despide con otro espectacular atardecer.

Obviamente no he reservado camarote, así que para dormir, saco mi colchoneta y mi saco de dormir y me hago un hueco entre las butacas.

27 noviembre

Duermo más o menos bien, aunque mi espalda opina lo contrario. Nada que no  pueda arreglar un café por la mañana.

Sobre las 16h entramos en el puerto de Ancona. La vista de la ciudad es espectacular.

O yo lo miré mal, o el ferry ha ido con retraso, porque se suponía que llegaba sobre las 14h. Esto es un problema, porque mi plan era hacerme del tirón los 400 kms que me separan de Carrara antes de que se hiciera de noche, pero ahora ya es muy tarde. En fin, voy tirando y a ver qué tal.

Se me hace de noche muy pronto (winter is coming), pero parece que el tiempo me da un respiro…

…hasta la mitad del camino. Cuando paso Perugia, se me acaba la buena fortuna y empieza de nuevo la lluvia. Mal asunto. Intento refugiarme pero ya me he mojado. Al final termino en una gasolinera a la entrada de Siena, esperando que pase la lluvia. Es noche cerrada, estoy mojado, con frío, cansado y me quedan 200 kms para llegar a Carrara. Con suerte serían más de 3 horas. Lo veo imposible.

Así que me pongo en plan realista y empiezo a buscar alojamiento en Siena. Pienso, con cierta lógica, que al ser una de ciudad especialmente turística de Italia, estará llena de hostels. Lógico, ¿no?…

…¡Pues ni uno!

Ni un solo hostel en la ciudad. Ni un solo alojamiento a un precio razonable. Intento couchsurfing y ni una respuesta. Intento AirBnB y no encuentro nada barato o directamente ni me contestan. Me tiro literalmente 2 horas muerto de frío en una gasolinera cerrada y desierta intentando averiguar dónde dormiré esta noche.

Al final la necesidad gana a mi filosofía vital y mi economía de guerra juntas. Me rindo y me voy a un hotel, el Hotel Italia Siena, donde me clavan 70€ por una noche más 5€ por aparcar la moto bajo cubierto. Pero bueno, al menos dormiré seco y caliente.

Lo mejor de todo es que el hotel tiene la calefacción a toda potencia, lo que me permite poner a secar mis calcetines, botas y guantes para mañana. Si no, hubiera sido otra pesadilla hacer el resto del camino con todo mojado.

28 noviembre

Al día siguiente, 75€ más pobre, pero seco, caliente y con el estómago lleno (al menos el desayuno estaba incluido y era más que decente), me pongo en camino.

Por cierto, que no se me malinterprete. El Hotel Italia Siena está genial y la atención y el servicio son impecables. Es sólo que, desde que empecé a viajar “sin dinero”, dormir en un hotel está por completo fuera de mi alcance y no me puedo permitir gastar estas cantidades de dinero en una sola noche.

Voy para Carrara más o menos de tirón, con una parada poco antes de Pisa para echar gasofa y hacer un segundo desayuno que me dé algo de calor interno.

Y tras tres días de accidentado moto-trip, el 28 de noviembre de 2021, llego por fin a Carrara, donde soy recibido con mucha alegría y cariño por Giada y Adele…

…y Minú y Zen.

Carrara

Y aquí está mi añorada Carrara, la ciudad del mármol. Aquí me siento como en casa.

Y el resto de la semana es de relax, comer bien, recibir mucho cariño y preparar el salto a México que se aproxima inexorable.

Dentro de esa preparación está lo que me llevo y lo que no me llevo. Y, como ya comenté en mi post anterior, me temo que toca decir adiós a las botas que me han acompañado todo estos años de viaje y, de hecho… media vida. Las botas que me regaló mi hermano Santiago cuando yo debía tener unos 25 años.

Les digo adiós de la manera más poética que encuentro.

Il Bucco de la Luna

Dos días antes de mi partida, Giada y Adele me regalan una excursión a uno de los rincones más mágicos de Carrara que aún no había tenido la fortuna de conocer, Il Bucco della Luna.

En realidad, el nombre oficial es La Cava della Luna, ya que se trata, en realidad, de una cantera (la única que no es de mármol en Carrara) de donde se extraía la roca que se pulverizaba para hacer cemento. Se construyó en época fascista italiana y se cerró definitivamente en los años 60. Desde entonces permanece abandonada, siendo nido de actos culturales, manifestaciones artísticas y encuentros secretos, siempre en el límite de la legalidad y la seguridad.

El nombre de Bucco della Luna viene dado por cómo es iluminada en las noches de luna llena.

Pero vayamos por partes.

El lugar se encuentra al lado del pueblecito de Torano, en la provincia de Carrara, a pocos kilómetros al norte de la ciudad de Carrara.

Para llegar al Bucco, hay que atravesar la antigua fábrica de cemento que es un escenario perfecto para hacer una película de guerra o de terror.

Una vez que atraviesas la fábrica, te encuentras un sendero (que, en realidad viene desde la carretera, pero es más divertido atravesar la fábrica) donde te encuentras estas bonitas indicaciones al Bucco della Luna.

Y así de impresionante y mágica es la llegada al Bucco della Luna.

Despedida

Y llega el momento de las despedidas. Viajar es estar despidiéndose continuamente. Es el mayor trabajo de desapego que se puede hacer… pero también el mayor trabajo de amor.

Como mi vuelo es de madrugada, Giada ha reservado un AirBnB chulísimo al lado del Aeropuerto de Malpensa. Pero yo no podía irme sin hacer antes alguna de mis épicas meteduras de pata. Por algo Giada me llama tordellino. Cuando a las 4 de la madrugada ya lo tengo todo listo y estamos a punto de salir para el aeropuerto (que está a 10 minutos), me voy cuenta que mi aeropuerto no es Malpensa, sino Linate, al otro lado de Milán, a casi una hora en coche. 🤦‍♂️

Por suerte vamos con tiempo suficiente y no hay demasiado problema. Me despido de Giada por tercera vez… y no será la última, desde luego.

Y aquí estoy, a punto de pillar un vuelo a Frankfurt (Alemania) como escala previa a mi “salto del charco” que me llevará a Cancún, donde me estará esperando Sandra para llevarme a su hotel Can Cocal en El Cuyo, al norte de Yucatán (México).

Cuesta alejarse de Europa, cuesta alejarse de España donde están mis raíces y mis amigos, cuesta alejarse de Italia, que en muy poco tiempo se ha convertido en mi segundo hogar… o casi puede decirse que en el primero.

Pero también es verdad que es una época en que es mejor alejarse de la locura colectiva que se ha apoderado de Europa, con sus mascarillas y sus vacunas. Me voy a uno de los pocos rincones perdidos del mundo donde prácticamente no hay restricciones. Me voy a respirar y a sentirme libre…

…porque de eso se trata, ¿no?

1 Comment

  1. Giada

    Tordellino certamente! 😅
    Avevo rimosso questo piccolo particolare 🤣🤣🤣

    Reply

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