España (Mototrip) – Mototrip por el Norte de España

by | 24 Jul 2018 | 0 comments

27 junio – 24 julio 2018

 

950 días viajando…
28 días de mototrip…

Como ya adelanté en mi anterior post, a los dos meses de llegar a Madrid me agobié lo suficiente como para coger la moto y hacerme un mototrip por el norte de España. Mi plan inicial era tirar hacia el oeste hasta Portugal, de ahí hacia el norte hasta Galícia y desde ahí hacia el este, siguiendo toda la costa norte, hasta los Pirineos, llegar a Catalunya, visitar a algunos amigos que tengo por ahí… y volver a Madrid por algún lado.

El resultado final se parece bastante al plan inicial. En total fueron 4.474 Kms en 4 semanas exactas.

Pero vayamos por partes.

Día 1 (27 Junio 2018)

De Vicálvaro a Ciudad Rodrigo (330 kms).

Por fin llega el día de mi partida. Me levanto a las 8, hago mi sesión de yoga y termino de empaquetar. Creo que tengo todo lo que necesito. Estoy muy nervioso porque no sé si sabré poner todo en la moto. No he hecho ninguna prueba previa. Siempre que voy a hacer algo nuevo, me asaltan todo tipo de miedos de no saber hacer bien las cosas o tomar malas decisiones. Pero es algo de lo que soy consciente y he aprendido a gestionarlo. Los miedos son normales y no hay que negarlos… pero sí afrontarlos. Intento que nunca ganen ellos.

Después de un rato, al final consigo organizarlo todo bastante bien y queda lo suficientemente estable.

Llevo la mochila y la tienda de campaña sujetas con pulpos. La mini nevera con la comida fresca va colgando a un lado y en el baúl llevo la mochila pequeña con el portátil y la comida imperecedera.

Me pongo en camino. Al principio voy con mucho cuidado hasta que voy cogiendo confianza. Me lío un poco con el camino por los nervios, pero al final consigo coger la M-45 y salir de Madrid por la M-505. A partir de aquí se acabaron las autopistas.

Llevo la chaqueta motera que me prestó mi amigo José y no me sobra en absoluto. Hace bastante fresquete. Pero incluso con calor, protege muy bien del viento. Lo mismo con los guantes. Ha sido una buena decisión.

El primer problema tocho que detecto es mi casco. Es bastante viejo y hace tiempo que se le rompió la visera. Pensé que no tendría importancia porque hace calor, pero no caí en que a cierta velocidad, el aire hace un ruido terrible. Aguanto la mitad del camino así, hasta que se me ocurre la idea de ponerme los cascos del móvil como tapones (y así escucho las indicaciones de Google Maps) y es mano de santo. Todo un descanso para los oídos. Tengo que conseguir un casco con visera.

Hago una primera parada para desayuno en el Restaurante La Esperanza. Está claro que tengo que parar cada 50 kms más o menos, ya que ir en moto es bastante cansado.

Muy rico, pero me cobran 2,90€. Me parece un poco excesivo por un café y una tostada, pero bueno.

Poco después paro en un mirador para tirar algunas fotos. Es lo bueno de viajar así. Te paras donde y cuando quieres, yendo con calma y sin planes.

La siguiente parada es ya en Avila, donde pregunto en un par de concesionarios de motos, por un casco nuevo, pero tienen poca cosa y muy caro. Me tomo un café en La Gloria Bendita, para descansar un poco y tirar esta foto

No puedo evitar parar cada vez que veo algo curioso como el nombre de un pueblo…

…o límites de velocidad en el campo.

Hago una parada en Salamanca para comer algo. Me siento en la terraza de Las Tres GGG y me pido un pincho (el único vegetariano) y un café.

Aprovecho para buscar algún casco en Wallapop… pero nada. También aprovecho para ir mirando opciones para dormir hoy. Veo que hay un camping bastante chulo en Ciudad Rodrigo y que la ciudad es también muy chula, así que ya está decidido.

Vuelvo a la carretera. Hago otra parada para café en otro de estos pueblos con nombre bastante… religioso.

Y llego finalmente a Ciudad Rodrigo. Me inscribo en el Camping La Pesquera, que está más que bien, casi vacío. Me dan una parcela con toma de corriente y todo. No se puede pedir más.

Planto la tienda por primera vez y no se me da mal. No tardo demasiado.

Una vez instalado me voy a dar una vuelta por la ciudad amurallada

Desde la muralla hay unas vistas increíbles del río, las afueras y el camping.

Paso por una ferretería y me compro un alargador para tener corriente dentro de la tienda. ¡Es todo un lujo!

Vuelvo rápidamente al camping, antes de que se haga de noche, para darme un estupendo baño en el río. Es de lo mejor de este lugar.

(Foto de un espontáneo)

Cada vez lo tengo más claro. Disfruto mucho más en un río que en una playa.

De vuelta al camping me pido una cervecita en el bar…

…y me preparo una ensalada con lo que he traído. Es impresionante lo poco que se puede llegar a gastar en comer (y comer bien y sano) juntando unos pocos ingredientes.

Me he venido bien preparado: Un tupper para hacer de plato, un cuchillo para preparar la comida, un cubierto plegable del Decathlon para comer, sal y aceite de oliva. Teniendo esto, sólo necesito ir comprando cosas para hacer ensaladas, como ésta de garbanzos, tomates, frutos secos y zanahoria.

Aún me estoy adaptando a lo que acabo de emprender, pero ya me siento bastante más cómodo. No voy tan nervioso como al principio. Me gusta y no está siendo difícil. No me enfrento a grandes problemas y la cosa va fluyendo muy bien. Y como siempre que me siento bien con lo que hago, las cosas salen especialmente bien.

¡Estoy a dos pasos de Portugal!

Poco a poco me voy organizando mejor.

Día 2 (28 junio 2018)

De Ciudad Rodrigo a Costa Nova (220 kms).

He dormido regular. He pasado algo de frío y la colchoneta que compré por wallapop es dura de cojones. Pero he dormido. A las 7 me despiertan los pájaros y a las 8 consigo levantarme hecho un cuatro. Nada que no pueda arreglar mi sesión diaria de yoga. Me doy una ducha y a recoger. Madre mía, no sé cómo lo hice, pero lo saqué todo ayer. Tardo una hora en recogerlo todo. Me tomo un café en el bar del camping y hago checkout. 3,40€ por moto, 3,40€ por persona y 3,40€ por tienda. En total 10,20€, algo más caro de lo que esperaba.

Me pongo en marcha. Está nublado y hace fresco, que en la moto se convierte en frío. Menos mal que voy bien preparado. A las 11 ya estoy en la frontera.

Desayuno ahí mismo, en La Pedresina, charlando sobre motos con un hombre local muy gracioso. Me recomienda que llene el depósito aquí, que en Portugal la gasolina está mucho más cara. ¡Y vaya si lo está!

Por fin cruzo la frontera. Bueno, lo de frontera es conceptual, ya que no hay ningún control. Bendito acuerdo de Schengen. Me río yo del Brexit.

Al evitar autopista, doy un gran rodeo, pero pronto queda claro que merece muchísimo la pena. Voy por carreteras rurales, entre bosques de pinos, pasando por pueblecitos increíbles, habitados sólo por viejecitos. Una maravilla. Esta foto simboliza muy bien la diferencia entre ir por autopista e ir por carreteras secundarias.

Hago una mini-parada en La Presa de Aguieira para disfrutar de las vistas.

Y más tarde hago una parada en un supermercado para comprar 2 tomates y 1 remolacha por 0,37€ y con ellas completo lo que me sobró de la cena de anoche y queda mucho más apetecible. Me lo como ahí mismo, en el parking del super.

Vuelvo a la carretera. El truco de los auriculares funciona muy bien para el ruido, pero no paran de colarse bichos en el casco. Está claro que necesito uno con visera.

Hago una parada en el Café Parafuso donde la dueña no habla ni palabra de español, pero nos entendemos en seguida. Me pido un café solo, porque ya doy por hecho que fuera de las grandes ciudades nadie tiene leche de soja, así que me he comprado la mía propia.

Estoy en un pueblecito con mucho encanto. Me tomo el café con estas vistas.

Llego hasta Aveiro, una de las principales ciudades de esta zona. Tiene buena pinta, pero ya la visitaré más tarde. Paro lo justo para hacer esta foto…

…y sigo hasta el Camping de Costa Nova, mi lugar de destino para la etapa de hoy.

El camping no está mal, pero rápidamente me queda clara una cosa, y es que así como en Nueva Zelanda y Australia todos los camping tenían cocina de uso compartido, aquí todos tienen bar y, por lo tanto, nada de cocina. En vez de ofrecer el servicio de cocina, lo que se intenta es vender la comida ya hecha. Así que de la comida que me he traído, poco puedo hacer con el arroz. Pero bueno, me iré apañando.

Por otra parte este camping no tiene toma de corriente. Empezaba a pensar que aquí era habitual, pero parece que no, lo de ayer fue una excepción. Y no hay realmente una zona común agradable donde estar.

En fin, monto la tienda en un plis. Ya soy un experto.

Eso si, cometo el error de principiante de intentar aparcar la moto en la zona de césped, que es especialmente blanda. Al apoyar el caballete, éste se hunde y la moto se va al suelo. Y no hay forma de levantar esta moto sin ayuda, pesa una barbaridad. Al final me ayuda un chico francés de la parcela de al lado. Menos mal.

Una vez montada, me voy hasta la playa. Hay un acceso privado desde el camping a la Playa Costinha.

Y la playa es especialmente espectacular. ¡No hay nadie!

Pero no me baño. No me apetece bañarme cuando estoy solo. Prefiero irme a dar una vuelta por Costa Nova, un pequeño pueblo costero bastante turístico, pero con cierto encanto, que es famoso porque todas las casas están pintadas con rayas verticales de colores.

Pero no todo son casitas. También hay una pequeña iglesia.

Vuelta al camping, ducha y me voy a Aveiro a dar una vuelta. Es también turístico, pero tiene rincones realmente chulos!

Me meto en el bar Birras Burger para escribir las notas que escribo cada día y que luego utilizaré para hacer este post. Hay muy buen ambiente. Parece casi de fiesta. Me pido una cerveza y me voy a un rincón a escribir. Cuando me la acabo, se me acerca el que parece ser el dueño y me dice…

– A ver, que estás aquí muy solo… ¿qué estás tomando?

– Una IPA…

– ¡Marchando!

Y me pone otra. No sé muy bien si es invitación o luego me la cobrarán, pero agradezco el gesto.

Poco después pasa una camarera ofreciendo pastelillos a la clientela, empezando por mí, porque estoy justo a la salida de la cocina. Qué buen rollo.

Y veo que no paran de sacar mini-hamburguesas de la cocina y se las van dando a todo el mundo. El dueño, que parece que me ha cogido cariño como el rarete del bar, viene con una para mí…

– Hemmmmmm…. muchísimas gracias, pero es que soy vegetariano…
– ¡No hay problema!

…y se va.

Al cabo de un rato, aparece una de las camareras con una hamburguesota (nada de “mini”) vegetariana que está de muerte.

Madre mía, estoy flipando con el trato, aunque temiendo lo que me vayan a cobrar por todo esto.

Cuando ya me la he comido, viene la camarera a preguntarme qué tal estaba. Me explica que esa hamburguesa no está en el menú, pero que una de las cocineras es vegetariana y ha querido aprovechar la ocasión para probar a hacer una. Y se va a por la cocinera para que me lo explique ella misma. Y resulta ser una chica muy joven que está trabajando en la cocina. Me explica con detalle que la ha hecho con judías negras, cebolla, pimiento, etc… Está contenta porque gracias a mí le han dejado probar a hacerla y está encantada de que me haya encantado (y tanto!), y a ver si la meten al final en el menú. Me cuenta un poco su vida. Es veterinaria, pero hay poco trabajo de lo suyo en Aveiro. Es por eso que está trabajando ahí. Y sí, es raro trabajar en una hamburguesería siendo vegetariana, pero dice que fue peor cuando trabajó como veterinaria en una granja de cría de pollos para consumo. Dice que, a pesar de ser una de las granjas más “humanas” en el trato a los pollos, aún así era terrible. Cuando un pollo enfermaba o se rompía algo, lo mataban de cualquier manera y dejaban ahí mismo los cadáveres, mezclados con los pollos vivos. Al final los sacaba ella por lástima, a pesar de que no era su trabajo. No duró mucho tiempo allí, claro.

Ese sufrimiento es el que comemos, cuando comemos carne. Yo tengo claro que no lo quiero en mi cuerpo.

Algo más tarde me viene a buscar Paula para enseñarme Aveiro. Antes de llegar a Costa Nova intenté buscar Couchsurfing en Aveiro, pero no hubo suerte… con la excepción de Paula, que no podía darme alojamiento, pero se ofreció a enseñarme la ciudad. Nos damos una vuelta por el centro…

…y me lleva al Mercado Negro, un edificio entero con muchos bares, salones y actividades, donde la especialidad es el moscatel. Qué rico está, por favor.

Finalmente nos despedimos y vuelta al camping.

Día 3 (29 junio 2018)

De Costa Nova a Vila Cha (125 kms).

Sesión de yoga, ducha y a recogerlo todo. Para desayunar me voy al Galeota, como me ha recomendado Paula, un sitio de lo más agradable que hay en un pueblo cercano.

Quiero pedirme una tostada, pero aquí no hay de eso. Lo más vegetariano y no dulce es un bocadillo de queso, así que vamos a por ello.

Como se está especialmente bien y aquí puedo usar la WiFi, me pido otro café y una magdalena. Todo muy rico.

Desde aquí me dirijo a Oporto por carreteras secundarias. Avanzo lento, porque voy entre pueblos. No es tan bonito como ayer, pero está bien. Hace un día muy cubierto, casi otoñal, bastante frío.

Poco antes de Oporto hago una parada en una frutería para comprarme 2 melocotones y 2 ciruelas (que me como ahí mismo), y 2 tomates y 1 remolacha para la comida.

Mientras me como la fruta, me asomo por la pate de atrás de la frutería, donde hay una especie de anticuario, un poco extraño…

La llegada a Oporto es espectacular cruzando el Río Duero por un puente elevadísimo.

Voy hasta el centro, pero no hay donde aparcar… ni siquiera una moto. Así que me voy hasta la Playa de los Matosinhos y ahí me hago una ensalada.

Después busco un sitio para tomar un café y planificar. He lanzando varias solicitudes de couchsurfing aquí en Oporto… pero nada. Así que busco un camping baratito y encuentro el de Vila Cha, a media hora al norte de Oporto. Y pallá que voy.

Llego al Camping de Vila Cha antes de las 18h.

Vale lo mismo que todos los anteriores más o menos. Está lleno de caravanas y mega-tiendas fijas. Se nota que es un camping para largas estadías, todo el mundo se conoce. Tengo la sensación de ser el único “de paso” por aquí y, en realidad, tiene pinta de que soy el único con tienda de campaña. Me asignan un rinconcito cerca de los baños que está bastante bien. Como siempre, no hay toma de corriente ni cocina.

Otra cosa en la que me he fijado en el camping de ayer y en éste es que la taza de los WC’s no tienen tabla. Entiendo que es para no tener que limpiarla, perooooo… complica un poco las necesidades mayores. Y tampoco tienen papel. Está claro que por ahora gana el primer camping, el de Ciudad Rodrigo.

Monto la tienda en un periquete.

Ya monto la tienda con toda soltura, como se puede ver.

Y me doy un paseo a la playa. Pero sólo me mojo los pies. Está más que fría y no hace calor. Pero el lugar es muy chulo para posados. :-p

Vuelvo al camping y me instalo en su “sala de juegos” para escribir un rato y cargar móviles y baterías externas (llevo 2). Al menos este camping tiene una zonas comunes bastante agradables.

Estoy un poco harto de comer ensaladas, así que decido darme un lujo y comer en el bar del camping, pero cuando miro la carta… sorpresa, no hay nada vegetariano. Pero nada de nada. Sólo una lasaña vegetal y… sorpresa, no queda. Al final el chico del bar me apaña una… ¡ensalada! (¡aaaaaargh!) y más bien escasa que completo con mis frutos secos.

Mientras ceno… empieza a llover. Me voy para la tienda a ver qué tal aguanta la lluvia, y otro campista veterano, al verme en el apuro, me ofrece una lona enorme que pongo sobre la tienda. ¡Salvado! Qué maja es la gente de por aquí, leches.

Para mañana mi plan es volver a España cruzando por Galicia.

Día 4 (30 junio 2018)

De Vila Cha a Chantada (217 kms).

Me despierto a las 8h. Ha estado lloviendo toda la noche. Menos mal que tenía la lona, si no estaría todo empapado.

Imposible hacer yoga con el suelo empapado, así que hoy toca descanso forzado.

Recojo, devuelvo la lona a mi “vecino” con un…

– You saved my life!

…y me pongo en camino.

Mi destino de hoy es Chantada, un pequeño pueblo un poco más allá de Ourense donde vive mi amiga Ariane. No estaba en mis planes pasar por este pueblecito, pero Ariane me dijo ayer que justo esta noche un amigo suyo argentino organiza una sesión de Temazcal y me ha invitado a participar. Y mi lema es no decir nunca que no.

Está nublado, pero el camino es una auténtica maravilla entre pueblecitos portugueses.

Está clarísimo que la decisión de evitar autopistas es un absoluto acierto. Usar autopistas sirve para llegar rápido de un sitio a otro, para “transportarse”. Pero si lo que quieres es “viajar”, entonces se trata de disfrutar del camino, no de llegar al destino. Y lo curioso es que muchas veces el camino que cojo es más corto que la autopista, pero se supone que es mucho más lento por los límites de velocidad, mientras que en autopista vas mucho más rápido. Pero en mi caso, la moto no da para mucho más en autopista, por lo que no hay una enorme diferencia.

Hago una parada en Adega Regional O Silva para un café y un bocadillito de queso y así descanso un poco.

Cuando cruzo el Río Cávado, el paisaje no puede ser más bonito, a pesar de lo nublado.

A partir de ahí entro en el Parque Nacional Peneda-Gerés, en el que no puedo evitar pararme una y otra vez a hacer fotos.

Llego a la frontera con España que está en el alto de una pequeña montaña, en lo que llaman La Portela do Homem. Tiene una cafetería, así que aprovecho para tomar un café para calentarme.

Cuando entro en Galizia, tengo la sensación de estar entrando en Mordor.

Ya en Galizia el paisaje y los pueblecitos sigues siendo una maravilla.

No veía perritos tumbados tan ricamente en la carretera desde que estuve en Asia.

Chispea todo el rato y llevo los pies muy mojados. El agua que salpica la rueda delantera me da directamente en las botas y va calando. Tengo frío y no he comido, así que hago una parada para comer algo en el Restaurante Orellas y, providencialmente, justo en ese momento, empieza a diluviar. Tengo el tiempo justo para poner la moto bajo una terraza y así al menos proteger el equipaje.

Y, ya que estamos, me quedo a comer hasta que pare.

Cuando por fin para, sigo mi camino. Cruzo Ourense sin pararme…

…y finalmente llego al pequeño pueblo de Chantada, donde me recibe Ariane.

Tras comer algo, Ariane me lleva hasta la casa de Daniel y Belén, la pareja argentino-española que conducirá el Temazcal.

El Temazcal es una especie de sauna ritual originaria de México donde se busca tanto sus beneficios medicinales y de desintoxicación, como la consecución de un objetivo algo menos… terrenal. Yo hice uno durante mi viaje a Ecuador hace justo 10 años y fue toda una experiencia.

Llegamos cuando ya han encendido el fuego. Nos explican un poco en qué consiste la ceremonia y las “reglas” a seguir. Tendremos que “cruzar” 4 “puertas” (sesiones), nombradas con los punto cardinales: Este, Sur, Oeste y Norte. Nos piden que entremos con una “intención”, algo que queramos resolver o mejorar en nuestra vida. Y que intentemos no salir hasta finalizar la sesión, que aguantemos hasta el final.

Vamos entrando al recinto, una especie de cabaña semiesférica de paja y barro con una única entrada. Hay que entrar a gatas, pero dentro hay más espacio, porque el suelo está excavado. Entramos en orden chico/chica y nos vamos sentando en círculo. Como hay más chicos que chicas, al final yo estoy entre chico y chica. Cuando estamos todos dentro, entran las “abuelitas”, que es como llaman a las piedras que han estado en el fuego. Impresiona ver esas piedras incandescentes en la oscuridad total del recinto.

Daniel echa agua con algunas hierbas sobre las piedras. Se empieza a sentir el calor. Empieza la primera puerta, la del este.

En ese momento recuerdo que estoy desarrollando últimamente cierta claustrofobia. Y estoy en un lugar cerrado, lleno de gente, a oscuras y empieza a hacer muchísimo calor. Mi mente se rebela.

Hay cantos, y eso me ayuda a estar distraído y no agobiarme demasiado.

Después de cada canto, Daniel echa agua a las piedras, aumentando el calor terriblemente. Cuando llevamos una media hora y ya ha echado 4 veces agua, doy por hecho que esas han sido las 4 puertas. Pero en ese momento Daniel anuncia el final de la primera puerta.

Entro en pánico.

Cuando yo pensaba que habíamos acabado y estaba bastante en el límite de mi aguante, resulta que faltan 3 sesiones como ésta. Para colmo, en Ecuador, entre sesión y sesión, salíamos fuera y nos bañábamos en el río helado. Pero aquí no se sale. Nos quedamos dentro mientras vuelven a meter más abuelitas para iniciar la Puerta del Sur.

Mi mente dice que no voy a aguantarlo y me empiezo a agobiar. Mucho. Estoy a punto de salirme, pero pruebo a tumbarme en el suelo, como nos han indicado, ya que el aire está menos caliente y el suelo húmedo da algo de frescor. Ahí noto que resisto algo mejor el calor. De este modo aguanto la segunda puerta.

Al finalizar la Puerta del Sur, la chica que tengo al lado pide permiso para salir. Primera baja. Me quedo entre dos chicos. El universo es inteligente y elimina la energía femenina de mi alrededor para que no me distraiga.

Empezamos la tercera puerta, la Puerta del oeste. Yo, una vez que he pasado el ecuador de la sesión, creo que puedo aguantarlo, pero solo a base de estar tumbado casi todo el tiempo. Empecé a sudar cuando metieron la primera piedra y no he parado. Desde luego esto purifica.

Mi “intención” al entrar ha sido trabajar “el enfado”. Siento que llevo un tiempo enfadado, con todo y con todos, y no entiendo muy bien por qué. Mi mente no para de darle vueltas a la idea del enfado como actitud opuesta al amor. Me cuesta tanto conseguir ese estado de amor universal en el que consigues entender y, por lo tanto, amar a todo el mundo, volverte tolerante y aceptar a todos como son. Y es que la rabia y la intolerancia nos hacen despreciar (en el sentido de no apreciar) a los demás, clasificando a la gente según nos conviene, en vez de simplemente amar a todo el mundo.

Pero mi mente también le da vueltas al tema del sufrimiento. ¿Es necesario el sufrimiento para aprender o mejorar o es solo fanatismo? Siento que cada vez llevo peor lo de “pasarlo mal” y me hace pensar que es muy judeocristiana esa idea de buscar el sufrimiento para lograr la purificación. Pero, por otra parte, no es tan diferente del ejercicio físico. Si queremos superar nuestros límites físicos, ya sea con el deporte, el yoga, etc… siempre hay un componente de sufrimiento en el entrenamiento. Tengo que sufrir un poco para poder mejorar, pero no sólo acepto ese sufrimiento, sino que puedo llegar incluso a disfrutarlo. Entiendo que con la mente es algo parecido. Si queremos ir más allá, ganar consciencia, avanzar en nuestro autoconocimiento, quizá haga falta pasar por cierto grado de sufrimiento para ello. Es como en la película V de Vendetta, cuando el protagonista torturaba literalmente a Natalie Portman para que cobrara consciencia.

Pierdo la noción del tiempo, pero igual han pasado unas 2 horas cuando terminamos la Puerta del Norte. Salimos uno a uno y nos tiramos al césped. El frío de la noche y la humedad del suelo son una auténtica bendición.

Después nos echamos cubos de agua por encima para terminar de enfriar el cuerpo y quitarnos todo el sudor acumulado. Es la mejor sensación del mundo. Más tarde compartimos la fruta que cada uno ha traído. Nada apetece más en este momento que un buen pedazo de sandía.

Algo más tarde nos sentamos alrededor del fuego y ponemos las vivencias en común. Yo aún sigo lleno de dudas sobre el sufrimiento y sobre el hecho de que las ceremonias espirituales que se hacen para ayudar a la gente, se cobren (25€ la sesión). Aunque Ariane me ha invitado, y aunque entiendo que todo esto conlleva unos gastos, el hecho de que se cobre por ayudar a los demás a nivel espiritual, siempre me genera cierta desconfianza.

Al final terminamos muy de madrugada.

Día 5 (1 julio 2018)

Me tomo un día libre sin viajar para poder recuperarme del Temazcal de ayer. Ariane me lleva a visitar la Cascada de Auga Caída.

Para llegar, hay que recorrer un largo camino por el bosque que es de lo más agradable.

Y, finalmente…

Día 6 (2 julio 2018)

De Chantada a Cee (203 kms).

Me despido de Ariane agradeciéndole su hospitalidad y me pongo de nuevo en camino. He decidido que me voy hasta Finisterre, pero pasando por Santiago de Compostela.

En nada llego a Santiago. Está difícil encontrar donde aparcar la moto. Todo el centro está restringido al tráfico, y las zonas de aparcar de los alrededores están llenas. Al final la dejo en una plazoleta cerca del centro con todas mis cosas.

No me molesto en coger la mochila. Confío en la gente.

Me doy un paseo…

…y llego hasta la Catedral. Está acordonada por la policía, no sé muy bien por qué. Parece que están esperando a alguien.

Me voy a la Cafetería Belke a tomarme un mega-desayuno y descansar un poco.

Y luego… vuelta a la carretera. Mi objetivo ahora es el Camping Ruta de Finisterre, que tiene buena pinta. Pero, cuando llego, veo que es algo más caro que en Portugal (17€ y pico), que es bastante desolador (está prácticamente vacío), no hay zonas comunes (sólo el restaurante) y, lo que es peor, amenaza lluvia por la noche.

Cuando ya me he registrado y estoy a punto de montar la tienda, miro en Booking y veo que hay albergues de peregrinos mucho más baratos. En especial veo uno en Cee (curioso nombre que recuerda a la antigua Unión Europea) con muy buenas referencias, muy buen precio… y con cocina!

Hablo con la encargada del camping y le pido cancelar mi reserva con la excusa de la lluvia. No hay problema.

Marcho para Cee. Por el camino empieza a llover y llego bastante mojado, pero llego. El Albergue Tequeron es muy agradable y la dueña, Pilar, un encanto de persona.

Me ofrece una litera en una especie de “reservado” con una cortinilla al lado de la entrada. No hay mucha intimidad, pero al menos no hay nadie en la otra cama, por lo que tengo todo el espacio para mí. Además tiene una taquilla muy grande con llave para guardar las cosas de valor. Y hay cocina…. ¿qué más puede pedirse?

Lo primero que hago, después de cambiarme la ropa mojada, es cocinarme un arroz con lentejas y algas.

Qué gusto volver a comer caliente.

Luego le pido a Pilar que me haga una colada (las hace ella misma), porque mis únicos pantalones están mojados.

Después de comer, y mientras espero que termine la secadora, charlo con Pilar que me cuenta lo dura que está siendo esta temporada en el Albergue. El mal tiempo que han tenido todo el año ha hecho que haya muchos menos peregrinos de lo habitual. Y eso que su albergue es prácticamente el último antes del final, en Finisterre.

Algo más tarde llegan Nicholas (de Dinamarca) y Clara (de Castellón), con los que entablo conversación. Quedamos para ir a tomar unas cervezas después de que ellos coman y yo visite la Cascada. Y es que Pilar me ha recomendado que visite la Cascada de Ézaro.

Así que, cuando se seca por fin la ropa, cojo la moto y me voy para allá. Y aquí está mi llegada.

(Foto de un espontáneo)

La cascada está bien, pero lo mejor es el Mirador de Ézaro, Cuando llego parece que no se va a ver nada por la niebla.

Pero me cambio de sitio y, de repente, la niebla se abre y las vistas son… increíbles.

Vale, se ven mejor si me quito de en medio.

Cuando vuelvo, nos vamos Clara, Nicholas, una amiga de Clara y Juanma, un viejo amigo de Clara que se ha encontrado por aquí, a tomar unas cervezas y pasamos una velada genial. Juanma es actor, monologuista, locutor de radio, productor de eventos, etc… y de muy fácil conversación.

Clara, por su parte me cuenta su historia. Es una máquina de andar. Está yendo a un ritmo de 40 Kms/día y termina mañana en Finisterre, aunque está pensando irse después a Muxia.

Al final de la noche sólo quedamos Juanma, Clara y yo, y Juanma nos lleva a un local que ya no recuerdo muy bien a tomar unos licores de café. Y después de eso Clara y yo nos volvemos al Albergue antes de que no seamos capaces ni de encontrarlo.

Día 7 (3 julio 2018)

De Cee a La Coruña (200 kms).

Me levanto pronto, pero no hay ningún sitio para hacer yoga, así que ducha, recojo y me pongo en camino. Mi objetivo hoy es La Coruña con la tranquilidad de que seguramente habrá albergues ahí.

Sigo el consejo de Pilar de hacerme la Ruta de los Faros siguiendo la costa desde Finisterre.

El primer destino es, claro, Finisterre, final del Camino de Santiago.

Aquí está el Km.0…

…y aquí el faro.

Hay una niebla espesa. Cuando paso al otro lado del faro, llego al final del Camino, propiamente dicho. Y está ya lleno de peregrinos haciendo sus ofrendas. El ambiente está cargado de emoción.

Me doy cuenta de que hay docenas de zapatillas dejadas aquí. Algunas incluso quemadas en una pequeña hoguera. Debe ser una costumbre que desconocía.

Paso por Lires, un pequeño pueblecito perdido de la Costa de la Morte

…y hago una parada para desayunar en el restaurante As Eiras Lires, donde me ponen unas maravillosas (y abundantes) tostadas con aceite y tomate.

Desde ahí me voy a Muxia

…que se disputa con Finisterre ser el final de El Camino de Santiago. De hecho, tienen su propio Km.0!

Me subo a la colina que hay al lado, desde la que hay unas vistas estupendas de Muxia.

Y llego hasta el Faro de Muxia.

Desde el faro hay también unas vistas muy chulas del Santuario da Virxe da Barca.

Luego visito el Faro Vilán. Pero hago una parada previa en uno de los Generadores Eólicos del Cabo de Vilán, desde donde hay una vista muy chula del faro.

Cuando llego hasta el faro, las vistas son impresionantes.

Desde ese generador hice el vídeo.

Me vuelvo a poner en marcha. Paso por Camelle, y llego hasta Laxe

…donde visito también el Faro de Laxe, bastante más modesto.

Luego me voy hasta la playa de Laxe donde me tomo un café y charlo con un hombre local que se sienta en mi mesa. Entre otras cosas me dice cómo llegar hasta La Coruña por el mejor camino, pasando por Carballo. Son geniales estos encuentros casuales que te van guiando por el camino.

Aprovecho para mirar albergues en La Coruña y descubro con preocupación que no hay, porque no está en El Camino. Miro los campings y hay pocos y muy caros.

Pruebo con Gamping, una app francesa que he descubierto en la que gente particular ofrece sus terrenos o los jardines de sus casas para acampar. Está muy chula, pero aún muy poco extendida en España. Casi toda la oferta es en Francia. Aún así, encuentro una posibilidad interesante y lanzo una solicitud, pero no me contesta.

También lanzo varias solicitudes de Couchsurfing en La Coruña, a ver si hay suerte.

Cuando estoy casi llegando a La Coruña me paro en un café a tomarme algo mientras espero respuesta a alguna de las múltiples solicitudes que he lanzado. Se empieza a hacer tarde y me empiezo a agobiar. Después de más de una hora esperando en el café, cuando estoy a punto de rendirme e irme a un camping con bastante mala pinta, de repente recibo una respuesta de Sara, de couchsurfing, aceptándome en su casa en pleno centro de LaCoruña, así que voy rápidamente para allá.

En apenas 20 minutos, estoy en la puerta de su casa.

Me deja usar la habitación de su sobrina, que no está estos días. Es amplia y con unas vistas estupendas. Me lleva a tomar algo por ahí. Primero al Tira do Playa que, como su nombre indica, está en la playa…

…Justo al atardecer….

… y después a la calle de los vinos, más en el centro. Buena charla, comida y bebida. Debo destacar que La Coruña es algo más barato que Madrid. Empiezo a pensar que cualquier sitio de España lo es… menos Barcelona, quizá.

Por otra parte… ¡por fin he encontrado un casco! He contactado con Alexis por Wallapop y me lo trae mañana a las 7:30 a casa de Sara. ¡Así da gusto!

Día 8 (4 julio 2018)

De La Coruña a Nois (240 kms).

Me levanto a las 7:30. Alexis viene puntual y me trae el casco. Me queda perfecto y está como nuevo. Y me lo deja en 30€. Un regalo. Por fin tengo un casco decente.

Recojo mis cosas y me pongo en camino. No me despido de Sara porque sigue durmiendo. Ya me avisó que se levantaba tarde y nos despedimos anoche. Antes de salir de La Coruña paso de nuevo por la playa…

…y por la Torre de Hércules

…y cojo la carretera. Poco después hago parada para desayunar en Os Condes, donde me pido tostada y café, pero me cobran 3,50€! Tengo que dejar de comer fuera, es muy caro.

Paso Ferrol y sigo por la costa, por Valdoviño. Paro para hacer una foto a la Parroquia de Santiago de Pantín, que es muy fotogénica.

Poco después paso por un lugar con unas vistas al mar especialmente bonitas, pero me paso de largo, así que freno y doy media vuelta… con tan mala pata que se me va un poco el pie al hacer los 180º y se me vuelca la moto. Gran putada, porque no hay nadie alrededor. Intento levantarla, pero no hay forma. Es el problema de las motos medio grandes, que más vale que no se te vuelquen, porque no hay quien las levante luego. Por suerte pasa alguien en coche que para inmediatamente pensando que he tenido un accidente. Le explico que no, que es śólo torpeza, y muy amablemente me ayuda a levantarla. Menos mal.

Así que, al final, hago la dichosa foto.

Vale, quizá no es espectacular… pero a mí me gusta. 😉

Paso por Cedeira, donde paro para un café.

Las carreteras secundarias de Galicia son una auténtica maravilla. No paro de hacer fotos.

Llego al Mirador Chao do Monte

…con unas vistas increíbles de San Andrés de Teixido.

Es el sitio perfecto para comer, así que me cojo una mesa de picnic en el pinar y me hago una ensalada con lo que me compré.

Mientras como, lanzo una solicitud de Gamping en un lugar cerca de Ribadeo, a ver si hay suerte… y la hay. Me contestan enseguida y me confirman. Ya tengo sitio para acampar en Foz, por 13€ y con cocina. Perfecto.

Sigo avanzando hacia el norte, hacia el Cabo Ortegal.

Rodeo el Cabo y hago una parada en el Meson Aponte para un café…

…y luego me dirijo a la famosa Estaca de Bares para ver el faro y… la estaca.

Ahí está el faro…

…y ahí la estaca, digoooo… el cabo! No sé muy bien qué es ese extraño edificio. Estaba como abandonado.

Desde la punta de la Estaca de Bares, hay unas vistas increíbles hacia el este…

…y hacia el oeste.

Y en cuanto al norte…

El lugar es espectacular y estoy prácticamente solo.

El momento es mágico, pero toca volver a ponerse en marcha, que aún me queda un trecho hasta Foz. Voy de tirón, con una única parada para café en el Bar Alba, porque Jose y su mujer, los dueños del terreno donde voy acampar esta noche, me están esperando.

Cuando paso por Viveiro, veo que el pueblo tiene muy buena pinta, pero ya voy tarde y no puedo parar. Una pena.

Llego hasta donde tengo reservado el Gamping. Resulta ser una pequeñísima parcela que tienen Jose y su mujer para pasar los findes cultivando vegetales.

En el terreno tienen una pequeña casita donde puedo usar la cocina y el baño y, para dormir, la idea es montar la tienda en el jardín. Ellos se van, porque entre semana viven en Burela, así que estaré solo.. ¡esto es un lujo!

Eso sí, no hay electricidad, pero me enseñan a arrancar el pequeño generador de corriente a gasolina para que al menos tenga luz por la noche.

Así que me despido de ellos con mucho agradecimiento y monto la tienda bajo la carpa del jardín por si llueve.

Me doy un paseo por los alrededores para ver la puesta de sol. No hay gran cosa, pero el cielo está espectacular.

Después me voy hasta Foz, que está al lado, para hacer algo de compra para la cena. Incluso me permito el lujo de pillarme una botellita de vino para celebrar lo bien que me está saliendo todo.

Y me hago la cena, una especie de sopa de arroz, lentejas, zanahorias, algas y huevo.

Qué gusto volver a comer caliente. ¡Que me aproveche!

Día 9 (5 julio 2018)

De Nois a La Espina (132 kms).

He pasado una noche muy tranquila. No se oía un alma. Tanto, que me despierto a las 9h. Me tomo la mañana con calma. Hago mi sesión yoga, ducha (con agua fría, no hay calentador) y me preparo un mega-desayuno de tomates, huevos y frutos secos.

Estoy desayunando a las 11h. Desde luego me he tomado la mañana con calma.

Llega José justo cuando estoy cargando las cosas en la moto. Me habla de la Playa de las Catedrales. Me recomienda pasar por ahí, pero me dice que no se puede bajar a la playa sin reservar previamente por lo turístico que se ha vuelto. Dice que antes era una playa como cualquier otra, pero que se puso de moda… y ahora está imposible. También me recomienda que para cruzar la Ría de Ribadeo, coja la autovía, que es la que cruza por un puente, porque si evito la autovía, tendré que darle toda la vuelta a la ría.

Me despido de José agradeciendo la información y me pongo en camino. Hago mi primera parada precisamente en la Playa de las Catedrales y… madre mía, sí que es un lugar turístico. Cientos de personas y varios negocios montados a su alrededor. Y tampoco es que sea para tanto.

Me recuerda a los Doce Apóstoles de Australia, que también era hiper-turístico y de no demasiado interés.

Sigo mi camino. Llego a Ribadeo y me doy una vuelta por la ciudad, que es bien bonita.

Y hago un segundo desayuno en la Pastelería Obradoiro Ribadeo, donde no puedo evitar la tentación…

Decido no hacer caso a José y dar toda la vuelta a la Ría. Me parece mucho más agradable que retroceder para coger la autovía. Al final no dejo de descubrir que el camino más corto es el menos interesante y el más largo es siempre mucho más bonito.

Una vez que estoy al otro lado de la Ria, dejo Galicia y… ¡ya estoy en Asturias!

Hago una parada Puerto de la Vega para comprar un tomate, un bote de garbanzos y otro de judías verdes. Cuando estoy saliendo del pueblo, le hago foto a la Iglesia de Santa Marina

…y me paro en el Parking de la Playa de Barayo para comer. La playa no está cerca, pero las vistas son increíbles desde aquí.

Y no estoy solo.

Me hago mi habitual mega-ensalada… y a disfrutar.

La verdad es que sí que sale baratísimo comer cuando te sólo te compras los ingredientes. Lo recomiendo. Y además es muchísimo más sano.

Vuelvo a la carretera. Estoy dudando si tirar para Gijón (por la costa) o para Oviedo (por el interior). Aún no tengo alojamiento, así que hago una parada en el Bar de la Estación de Luarca, poco antes del desvío entre ambos destinos, para tomar un café y una decisión.

Hay un Gamping chulo en Gijón, pero no me contestan. Los campings allá no tienen demasiada buena pinta. Pero me doy cuenta de que como vuelvo a estar en el Camino de Santiago, hay muchos albergues. Miro en Google Maps y encuentro el Albergue El Texu, en La Espina, camino a Oviedo, con unas referencias buenísimas. Además, estoy un poco cansado de costa y me apetece montaña, así que no hay duda y tiro para allá.

Llego al albergue poco después. Hoy he hecho sólo 132 kms, pero es que he empezado muy tarde, así que ya está bien por hoy.

El Albergue es pequeño y encantador.

Lo lleva Kasia, una polaca tímida y amabilísima. Me permiten meter la moto en el garaje.

En el dormitorio somos sólo 2 personas, una peregrina (Mónica) y yo. Además me dejan usar la cocina. Todo es perfecto. Veo que Mónica cojea y le pregunto. Al parecer se ha hecho una lesión en el menisco y no ve claro que vaya a poder terminar El Camino.

Me doy una vuelta por el pueblo de La Espina…

De vuelta, compro una botella de vino y, mientras me cocino una sopa de las mías, invito a los que están en la cocina. Están Mónica (la peregrina lesionada), Kasia (la encargada del lugar), Nicholas (un amigo de Kasia que tiene un albergue en Salas) y otra chica polaca cuyo nombre no recuerdo y que está de voluntaria echando una mano en el albergue. Comparto el vino con Mónica (los demás están con otras bebidas) y mi sopa con Nicholas (que se muestra entusiasmado con ella) y pasamos un rato de estos inesperados e inolvidables, charlando y contando nuestras historias. Estos son sin duda los mejores momentos del viaje, mucho más que “visitar” sitios.

Día 10 (6 julio 2018)

De La Espina a Ribadesella (191 kms).

He dormido muy bien, pero no consigo, como quería, levantarme a las 6 para hacer yoga. Me levanto a las 7:30 y el desayuno (incluido) es de 7 a 8. Así que hoy no hay yoga. Ducha rápida, desayuno algo y recojo.

A las 8:30 ya estoy preparado para ponerme de nuevo en camino. Está bastante nublado y hace frío.

La primera parada para café es en Casa Dylsia, para entrar en calor.

Para las 10:30 ya estoy en el centro de Oviedo. Visito a mis amigos Mafalda…

…Woody Allen…

…y al perrete abandonado.

También visito la Basílica de San Juan El Real.

Y después de este turisteo… decido tirar para Gijón y así volver a la costa. Tardo apenas 20 minutos en llegar hasta allí. Gijón y Oviedo están realmente cerca.

Me tomo un café con mi amiga Xandra, que vive aquí, y hago un poco de turismo por la zona.

La Parroquia de San Pedro Apóstol

El Elogio del Horizonte en el Cerro se Santa Catalina

…y me voy para La Sartén, un sitio que me ha recomendado Xandra, donde me tomo un café con una tapa (sí, aquí hasta al café le ponen tapa) de lo único vegetariano que tienen: pimientos de padrón, que me sientan como un tiro, claro. Y es que creo que estoy abusando del café, y mezclarlo con algo frito no es del todo buena idea. Tengo que reducir el nivel de cafeína.

Poco después me vuelvo a poner en camino hasta Villaviciosa, donde paso por el Teatro Riera

…y el Ayuntamiento de Villaviciosa.

Paro en el Mercadona del pueblo para comprar algo para la comida y tiro hacia el este.

Llego hasta La Isla, un pueblecito costero, y me voy a su playa para hacerme mi ya típica ensalada.

Aprovecho la comida para mirar opciones de alojamiento para hoy. Google Maps me recomienda el Albergue La Llosa Cosme, un poco más allá de Rivadesella, con buenísimas referencias.

Pero aún queda bastante para llegar hasta allí, así que sigo disfrutando de la carretera.

Por el camino paso por otro de los lugares que me recomendó Xandra, La Cuevona del Cuevas de Agua, una cueva de 300m por donde pasa la carretera y que es el único camino para llegar al pueblo de Cuevas.

Por aquí se entra…

…y por aquí se sale.

Desde allí, y en poco menos de media hora, llego a Ribadesella.

Me doy un paseo por el pueblo y continúo hasta el Albergue La Llosa Cosme, que se me hace tarde. Me recibe la dueña, Rosa, absolutamente encantadora. Sorprendida y encantada de ver a alguien haciendo El Camino en moto. Pero también desolada, porque tiene el albergue lleno. Tiene muy pocas camas. Pero me dice que no me preocupe, que me suba arriba de la colina, junto a la Iglesia de San Pedro, que allí hay otro albergue y que ella avisa a Manuel, el encargado.

Así que tiro colina arriba hasta llegar a la Iglesia de San Pedro.

Tardo en darme cuenta que el albergue es la pequeña casa que hay justo detrás.

Allí me recibe Manuel, un voluntario de 65 años con muchas historias y mucha vida en El Camino.

Cuando le explico que no soy un peregrino, sino un viajero en moto que, de hecho, va en dirección contraria, me dice que me acoge porque me ha mandado Rosa, porque por lo general no cogen a “No-Peregrinos” para evitar que se convierta esto en un hostal de turistas. Lo entiendo perfectamente, claro. Me cobra solo 7€ y hay derecho a cocina. Además, al ver que voy en un rollo diferente al resto de la gente que hay aquí (mucho más joven que yo) me da una habitación individual. No me puedo quejar.

Las vistas desde el albergue son increíbles.

El lugar está lleno de peregrinos de bastantes lugares del mundo, pero conecto poco con ellos. Se ponen a ver un partido del mundial en la tele mientras me preparo mi cena.

Poco después llegan 3 chicas españolas, 2 de Madrid y 1 de Oviedo y ceno con ellas y con Manuel en las mesas de fuera y pasamos una de las mejores veladas de mi viaje.

Manuel, que lleva ya algunos años viniendo aquí como hostalero voluntario, se pasa la noche contándonos anécdotas de los peregrinos. Dice que la gran mayoría de ellos son ahora extranjeros, y no muy considerados, que esperan del albergue los mismos servicios que en un hotel. Para ellos El Camino de Santiago es un trekking turístico, como los del Himalaya, sin demasiado trasfondo espiritual, y eso se ha hecho notar en el tipo de gente y su actitud. De hecho a este tipo de peregrinos se les conoce por aquí como Turigrinos.

Lo sorprendente es que, siendo una palabra que se usa por lo general de forma crítica o despectiva, hay una web real, www.turigrino.com, ofreciendo “El Camino VIP”. Madre mía…

Las chicas son también divertidísimas y nos pasamos la noche de charla los 5. Con la desconfianza que me recibió Manuel, al final he acabado cayéndole especialmente bien.

Qué buen rollo.

Día 11 (7 julio 2018)

De Ribadesella a La Gándara (220 kms).

Me consigo levantar a las 6:30. Ya hay muchos peregrinos levantados y preparándose para El Camino. Yo me voy al pórtico de la Iglesia de San Pedro, que es el sitio más plano y resguardado que encuentro, para hacer mi sesión de yoga.

Me sienta genial. Me siento fuerte y centrado.

Ducha y, para cuando voy a la cocina a prepararme el desayuno, ya se han ido casi todos. Desayuno charlando con Manuel. Me dice que las 3 chicas españolas, que anoche se habían propuesto levantarse a las 4 y que, por lo tanto, las di por “marchadas”, aún siguen durmiendo. 😀

Cuando termino de desayunar, por fin bajan con cara de zombies y desayunan algo mientras termino de empaquetar. Nos despedimos los 5 con mucho cariño…

…y nos ponemos en marcha dejando a Manuel preparando un nuevo día en el Albergue. Son impresionantes estas conexiones de un solo día. De nuevo son estas experiencias las que hacen de este tipo de viaje algo especial.

Salgo a la carretera siguiendo El Camino, tal y como me ha recomendado Manuel, para poder ver este lugar.

Retrocedo un poco en mi ruta y me voy hacia el oeste, de vuelta a Ribadesella, porque se me pasó visitar otro de los lugares que me recomendó Xandra, La Escalera de Colores.

Salgo del pueblo siguiendo la orilla del Sella

…y me voy a visitar los Bufones de Pría. Son agujeros en el suelo que conectan con el mar y que, cuando hay temporal, escupen agua como un geyser. Pero como hoy la mar está en calma…

…ni gota. Aún así el sitio es chulísimo.

Siego para el este y hago una pequeña parada en La Playa de San Antolín para hacer foto.

Sigo hasta Llanes y visito los famosos Cubos de la Memoria.

A la salida de Llanes paro en el Café de la Palma para un segundo desayuno. Y es que soy mucho de re-desayunar. 😉

Vuelvo a la carretera. Cuando cruzo el Río Deva, dejo Asturias y entro en Cantabria. Ha sido una visita corta a una de mis comunidades favoritas. Sigo de tirón hasta San Vicente de la Barquera. Y ahí está, al otro lado del puente.

Al cruzar el puente, me fijo en las familias pescando en el río.

Visito la Playa de Oyambre, Comillas… Todo me resulta demasiado turístico y, además, ya estuve hace pocos años, así que no me paro demasiado y me voy directamente a Santander. Como ya es hora de comer, me voy al Parque de Mataleñas a hacerme la comida.

Me encanta esto de comer en los parques.

Me doy una vuelta por la Península de la Magdalena con vistas al Faro Cabo Mayor.

Son ya más de las 15h y empiezo a pensar dónde dormir. Me voy a una cafeteria a tomarme un café mientras miro opciones.

Busco albergues por la costa, pero me doy cuenta de que la costa no me está emocionando nada. Por un lado ya la conozco, pero es que por otro lado la costa es siempre lo más turístico y, además, yo no soy nada playero. Me aburre. Así que empiezo a mirar en Google Maps albergues por la zona del interior y encuentro, con maravillosas referencias, el Albergue de Soba. Me voy para allá.

A mitad de camino, a las 17:45, llego a un punto en el que la carretera está cortada hasta las 18 porque están haciendo un Rally.

Bueno… se supone que son sólo 15 min de espera. Aprovecho para contactar con Cris, la dueña del Albergue, que me confirma que hay plazas.

Al final los 15 min se convierten en 1 hora y no abren hasta las 18:45, cuando por fin han salido todos los coches del Rally.

Y, aún así, como si no, porque la carretera está llena de camiones de la organización aparcados en medio de la calzada que no dejan pasar y no hay nadie regulando el tráfico.  Hay un tremendo caos. Al final, poco a poco (ventajas de la moto) consigo colarme entre el embotellamiento de coches y camiones y me escapo.

La ruta es maravillosa, pasando por el Puerto de Asón, con vistas espectaculares. Esto sí que sí. Está claro que soy más de montaña.

Llego al albergue casi a las 20h. El lugar no puede ser más maravilloso. Una preciosa casa rural en medio de las montañas.

Me está esperando Dudu (Eduardo), el dueño y pareja de Cris, que muuuuuuy amablemente me enseña el lugar…

…y me coloca en uno de los dormitorios de 6 camas. Me cuenta que estoy casi solo ya que ellos (Cris y él) viven en otra casa, y en el albergue, ahora mismo, sólo se aloja un matrimonio con una niña pequeña en otra de las habitaciones y que estarán fuera hasta tarde celebrando el cumple del padre. Para colmo ellos usan el baño de chicas, por lo que el de chicos es enteramente para mí. Un lujo.

Me instalo y dedico el resto de la tarde a escribir las notas para mi blog en muy buena compañía.

Más tarde me cocino una de mis sopas y ceno en el porche, acompañado por otro de los gatos del lugar.

Me voy pronto a la cama. Para cuando me duermo, los otros inquilinos aún no han vuelto.

Día 12 (8 julio 2018)

De La Gándara a Marquina Jeméin (204 kms).

Dudu me comentó ayer que el desayuno está incluido y que es a partir de las 9, así que me tomo la mañana con un poco más de calma. Me levanto a las 8 y me salgo al porche para hacer mi sesión de yoga. Ducha y, cuando salgo, ya el desayuno preparado. Café, tostadas y galletas caseras hechas por una vecina.

Se me pasa el desayuno charlando con Dudu. Su historia es muy interesante. Él y su mujer, Cris, vivían y trabajaban en Madrid, pero cansados del ajetreo de la gran ciudad, compraron la casa en la que viven ahora y ésta de al lado, que estaba en ruinas, para convertirla en el albergue. Aprovecharon una herencia, muchas ganas y 4 años de duro trabajo para re-construir la casa. La verdad es que les ha quedado de lujo. No es un albergue de peregrinos (no está en El Camino), es más una casa rural que también se puede alquilar entera. Es una pequeña maravilla.

Eduardo me da algunas recomendaciones para que visite el Mirador del Río Gándara y para que pueda ir a Bilbao siguiendo otro valle muy chulo.

Así que finalmente salgo tardísimo, sobre las 11. Me despido de los bichos…

…y me voy al Mirador del Gándara

…que es un mirador metálico construido sobre el abismo.

Me encantan esas pequeñas aldeas en medio de la nada que se ven entre las montañas.

Cojo la moto de nuevo y, siguiendo las indicaciones de Dudu, tiro para Bilbao pasando por Ramales de la Victoria. Poco después entro por fin en Euskadi…

…y me dirijo al Valle de Villaverde (éste es el valle que me recomendó Dudu), que tiene la particularidad de ser una pequeña zona que pertenece a Cantabria dentro de Euskadi, así que… vuelvo cruzar la frontera de Cantabria…

…paso por Villaverde de Trucios, el pueblo que da nombre al valle…

…y vuelvo a entrar en Euskadi.

Finalmente llego a Bilbao. Antes de entrar, paso por un Centro Comercial de las afueras para comprar algo para la comida, pero está todo cerrado. No sé en qué día vivo. Resulta que es domingo y aquí el domingo no abre nada. Bueno, casi nada. Al final encuentro una mini-tienda de alimentación abierta y puedo comprar algo de fruta para comer en el momento (qué bien sienta a media mañana) y algo para la comida.

Visito un poco el centro de Bilbao…

…y me voy hacia San Juan de Gaztelugatxe. Foto en el Mirador de Bakio

…y llego al Mirador de San Juan de Gaztelugatxe, desde donde se puede ver la famosa Hermita.

El sitio es una pasada y me encantaría ir hasta allí, pero sólo se puede ir andando desde aquí y es como hora y media o dos horas, ida y vuelta. No me atrevo a dejar todas mis cosas en la moto tanto tiempo. Es la única pega de los viajes en moto, frente a hacerlo en coche o en furgo, que tus cosas están expuestas.

Eso sí, aprovecho el maravilloso entorno para comer aquí mismo.

Como cada día, aprovecho la comida para empezar a mirar dónde dormir. No hay nada demasiado decente por la zona. Necesito un café, así que me voy hasta Mundaka, paso por la Basílica de Santa Catalina

… y me lo tomo en el Mundaka Sports Café. Vuelvo a tirar de Google Maps y encuentro un albergue con muy buenas referencias en un pueblo del interior, Marquina-Jeméin, a una hora en moto. Hablo por guasap con la dueña, Belén, y me dice que, aunque no soy peregrino, que no hay problema. Son 18€ con desayuno y colada. Algo carillo, pero así están los precios por aquí.

El paseo en moto es de lo más chulo y, en cuanto me meto al interior, una pasada.

El Marquina-Jeméin es un pequeño pueblecito vasco del interior con no demasiado encanto.

Llego al Albergue de Peregrinos Augusto & Daughter (como suena), que es una pequeña casa en una esquina de la zona peatonal del centro del pueblo.

Belén vive con su marido en la entreplanta y dedica la primera planta para albergue. Todo está lleno de fotos de su padre, Augusto, que fundó el lugar y que falleció en 2014. Por eso todo el albergue, incluido el nombre, es un homenaje a él. Es pequeño y algo destartalado, pero tiene mucho encanto familiar. Todas las reviews hacen referencia a lo maravillosa que es Belén. Y es verdad que es un encanto de persona.

Solo hay dos huéspedes (un colombiano y un rumano), ambos de larga duración, y yo. Así que tengo habitación para mí solo. Desde la ventana se ve la macabra fachada de enfrente. Espero que sea sólo una obra de arte… :-p

Me ducho y me voy a dar una vuelta por el pueblo y tomarme una birrilla.

Es un pueblo interesante, muy vasco, pero con mucha inmigración, aunque no parece muy integrada.

Por suerte la colada está incluida en el precio, porque ya la necesitaba.

De vuelta al albergue aprovecho para escribir un rato y luego hacerme la cena. Mientras me la hago, charlo con el huésped rumano que me cuenta su vida. Pero la verdad es que no recuerdo su nombre.

Día 13 (9 julio 2018)

De Markina-Jemein a Hendaya (145 kms).

Me despierto temprano. Belén ya ha dejado preparado el desayuno. Tostadas de bimbo, magdalenas, croisancitos de chocolate y mucho café… Ah, y leche de soja!

Recojo y me pongo en marcha. Mas tarde (demasiado tarde) me daré cuenta de me he dejado en su nevera parte de lo que compré ayer: queso, cebolla, ajos y zanahorias. Que fatal.

A la salida de Marquina-Jeméin, me fijo en una montaña cercana.

Probablemente es una cantera de roca o similar, pero me parece terrible que se permita destrozar una montaña que es parte del entorno.

Vuelvo a la costa a la altura de Ondárroa

…pero mi principal destino de hoy es Deva.

Yo nací en Granada, pero toda mi familia se trasladó a este pueblecito guipuzcoano cuando yo apenas tenía 1 año de edad y viví aquí hasta los 3 años. De este lugar tengo mis primeros recuerdos, especialmente de su playa.

Me doy un paseo por el espigón, que resulta estar lleno de gatos, algunos criando.

Re-desayuno en la misma playa, en Itxas-Gain, y luego subo hasta el Colegio Luzaro, antiguo Colegio Ostolaza, donde estudiaban mis hermanos. Uno de mis primerísimos recuerdos (quizá el primero de mi vida) es ver a mi madre fregando la terraza de mi casa desde ese colegio. Esa terraza:

Emociona volver a estar aquí después de tantísimo tiempo.

Dejo finalmente Deva y voy hasta el Mirador del Flysh. Para llegar, tengo que dejar la moto en Elorriaga Auzoa (esta vez me fío de dejar mis cosas aquí, sólo hay peregrinos) y me doy una larga caminata hasta el mirador.

No es demasiado interesante, pero al menos comparto Camino con algunos peregrinos.

Sigo por la costa. La carretera hacia San Sebastián es una auténtica pasada, completamente pegada al mar.

Entro a San Sebastián atravesando el Monte Igueldo, que es mucho más interesante que haber entrado por una autovía, dónde va a parar. Por ahí se ve ya el faro.

Intento llegar al Faro del Monte Igueldo, pero cobran peaje por entrar. Paso.

Bajo a San Sebastián y paro en un Erosky a comprar cosas para la comida. Desde ahí, voy directamente a la archifamosa Playa de la Concha, que, como hace un día estupendo, está petadísima. De hecho me cuesta un huevo encontrar dónde aparcar la moto.

Así que huyo de esta masificación y mejor me voy al Mirador del Monte Urgul, mucho más tranquilo y agradable, y sin problema para aparcar.

No me apetecen mucho las ciudades grandes, así que continúo y me voy a Hondarribia. Mi plan era llegar a tiempo para tomar algo en el restaurante vegetariano de unos amigos de mi amiga Eli, El Curry Verde, pero para mi sorpresa y decepción, hoy está cerrado.

Así que paro en un parque y me hago mi ya habitual ensalada.

Después de comer, tiro para Hendaya. Cruzo el Puente de Santiago… y ya estoy en Francia! Ha sido una sorpresa, no sabía que estaba tan cerca la frontera.

Paro un momento para hacer una foto de este histórico lugar.

La Estación de Hendaya, el lugar donde se reunieron Franco y Hitler en en 1940. Y lo mejor que salió de esa reunión fue el corto de mi buen amigo Pepe Macías y Carla Guimarães “Hendaya, cuando Adolfo encontró a Paco”:

Y, algo más tarde, el musical del mismo nombre.

Sigo hasta San Juan de Luz, donde me doy una vuelta.

Empiezo a buscar opciones de alojamiento. No hay ningún albergue decente por la zona, nadie me contesta mis solicitudes de Couchsurfing y los campings tienen una pinta regulera, pero al final me voy al Camping de Euskalduna. Mala elección. Es un camping hiper-familiar, llenísimo de familias con niños, con animaciones y todo. Bastante terrible para un viajero solitario. Y para colmo me cobran 16€. Pero bueno, no había otra cosa. Planto la tienda y me voy a la Playa de los Dos Gemelos de Hendaya a ver el atardecer.

Me doy un baño de 30 segundos, porque muero de frío. Cada vez tengo más claro que soy de montaña y no de playa. La costa es siempre turística en cambio los pueblecitos de montaña son auténticos y con poca gente. Y si tengo calor, prefiero mil veces bañarme en un río o un lago que en el mar.

Cuando vuelvo al camping ya es de noche. No hay cocina, claro, así que improviso una cena fría con garbanzos, champiñones de lata y frutos secos.

Día 14 (10 julio 2018)

De Hendaya a Arreau (253 kms).

Me levanto a las 7 un poco de mal humor, a pesar de que he dormido bien. Pero es que llevo mal hacer malas elecciones, aunque está claro que es la única manera de aprender: equivocarse. Decido no hacer yoga, aunque luego me arrepiento. Debería haberlo hecho, me hubiera sentado bien.

En fin, ducha y recojo. Lo malo de dormir en un camping es que tardo un siglo en recogerlo todo.

Me pongo en marcha. Mi plan es ir por el sur de Francia y cruzar los Pirineos por Viella. Veamos hasta donde llego hoy.

Mi primera parada es en Biarritz, muy bonito pero da la sensación de ser bastante pijinchis.

Desayuno en Les Colonnes, un sitio muy agradable, la verdad.

Luego hago otra parada en Bayona, también muy francés.

A partir de ahí me meto hacia el interior de Francia. Pensaba que, al estar tan cerca de los Pirineos, viajaría más entre montaña, pero no. Esto es la campiña francesa. Eso sí, los primeros pueblos que me encuentro son una preciosidad, como Briscous.

Con su típica Iglesia, en este caso es la Église Saint Vincent, con su cementerio detrás.

O como Bidache, donde está el Château de Gramont.

Pero después de Bidache la cosa cambia y el camino se vuelve bastante feo. Los pueblos son más industriales y residenciales, muy poco cuidados.

Hago una parada para café en el bonito Auberge Blondain.

Cuando salgo y voy a coger la moto, de pura casualidad veo que llevo un polizón.

Menos mal que lo vi a tiempo y pude ponerlo a salvo.

Hago otra parada en el supermercado Leader Price, en Mourenx, para comprar comida. Aprovecho siempre estas compras para comer algo de fruta.

Voy buscando un sitio para comer, pero no acabo de encontrar ningún lugar chulo, así que acabo parando en el McDonalds de Tarbes para hacerme la comida en el parking y luego tomar un café y aprovechar la WiFi para ir buscando dónde dormir. Pocas opciones veo. Nada me convence demasiado, pero decido ir tirando hacia el Camping Municipal de Hourgade. Tengo que darme prisa, porque al ser municipal es probable que cierre a las 19h y voy justito.

A partir de Bordes, la cosa mejora y mucho. Se nota que nos acercamos a los pirineos. Carretera de montaña pasando por pueblecitos con mucho encanto.

Y, de repente, llego a Arreau… y tengo que parar. Uno de los pueblos más bonitos que he visto nunca.

En ese momento decido que no me voy al Camping de Hourgade, para el que sólo me faltan 16 kms. No sé cómo, pero quiero pasar noche aquí.

Miro posibilidades, pero todo es bastante caro, la verdad. Me siento en una terraza de la plaza a tomar una birra y hablo con la camarera. Le digo que estoy viajando en moto y que me he quedado prendado del lugar y que quiero pasar noche aquí, pero por poco dinero. Me dice que qué pena, porque si ella llega a estar esta noche en el pueblo, me alquila una habitación, pero que no estará. Me dice que va a mirar otras opciones, pero vuelve al rato diciendo que la única opción que encuentra es que vaya al Camping de Arreau.

Voy para allá y llego poco antes de las 8, cuando están a punto de cerrar. Es todo un acierto. El camping muy chulo y tranquilo, pegado al río, y pago sólo 10€ e incluye toma de corriente. ¡¡Un lujo!! Se nota que es municipal.

Monto la tienda antes de que anochezca…

…y me voy al pueblo a dar una vuelta y sacar fotos.

Me siento en la misma terraza del bar para tomarme algo, aprovechar la WiFi (en el camping es de pago. No todo va a ser guay) y escribir mis notas del día, mientras todo el mundo está viendo el partido de semifinal del Mundial Francia-Bèlgica.

Cuando termino de escribir y termina el partido, decido socializar un poco. Me voy dentro del bar. Ha ganado Francia y hay euforia etílica a raudales. Me pido una cerve y charlo con la camarera para agradecerle la recomendación. No habla español y yo no hablo francés, por lo que nos comunicamos en inglés, aunque le cuesta bastante expresarse en ese idioma, pero lo suple con sus ganas de hablar, que son muchas, así que nos tiramos un buen rato de charla. Me dice que no es camarera, que sólo ayuda puntualmente al dueño del bar que es su amigo. Ella trabaja en la temporada de esquí en el equipo de rescate recibiendo las llamadas de auxilio y organizando los rescates. Muy interesante.

Paso un muy buen rato y al final me invita a la cerveza. Está claro que cuando estás bien, todo fluye y pasan cosas estupendas.

Vuelta al camping y a dormir.

Día 15 (11 julio 2018)

De Arreau a Esparraguera (321 kms).

Lo tengo cronometrado. Cuando duermo en un camping, necesito 2 horas para ponerme en marcha. Una hora para yoga y ducha y otra hora para recogerlo todo. Y eso sin contar desayuno, que normalmente lo dejo para después.

Total, me he levantado a las 7 y hasta las 9 no me pongo en marcha.

El día está nublado, húmedo y frío. Mi propósito de hoy es cruzar la frontera con España por el paso de Viella.

La primera parada la hago en el Col de Peyresourde, un puerto de montaña lleno de ciclistas. Parece un punto de encuentro habitual del ciclismo aficionado y paso obligado del Tour de Francia.

Alguien ha sido listo y ha montado una creperie allí mismo, Crêpes & Miel. Estoy congelado de frío, así que un café y unos crepes son obligatorios.

Todos los pueblos que paso, son una auténtica maravilla, con sus tejados de pizarra, entre montañas.

Pequeña parada en Bagnères-de-Luchon.

Poco después llego hasta la frontera con España, a la entrada de la Vall d’Aran.

Todo el recorrido es espectacular. No hay lugar más bonito que los Pirineos. Y eso se ve, especialmente, cuando llego al Mirador de Bòssost, con unas vistas espectaculares del pueblo de Bòssost.

Voy bajando y, poco después, llego a Viella.

Ya toca hacer una parada, así que paro en la Cafetería Oskar, donde por fin puedo pedirme algo que no sea un bocadillo de queso.

Aprovecho la parada para planificar el siguiente paso. Mi amiga Silvia, a quien no veo desde hace unos cuantos siglos, me ofrece alojamiento en Esparraguera y me apetece mucho verla. Eso sí, Esparraguera está lejos, así que no sé si llegaré en el día. Pero cuando me pongo en marcha y me alejo de los Pirineos, el entorno pierde completamente el interés. Paisajes agrícolas y muy secos.

Así que tiro directamente hasta Esparraguera con sólo 1 parada en Torà, un pequeño pueblo muy catalán. Paro en La Toranesa, donde aprovecho para practicar mi catalán al pedir el café. No lo tengo tan oxidado después de todo.

Según me voy acercando, ahí está… ¡el Montserrat!

Llego a Esparraguera a media tarde. Es bueno no tener que montar tienda de campaña por una vez y es una alegría volver a ver a Silvia. Se nos va el resto de la tarde poniéndonos al día de novedades y cenando ricamente.

Día 16 (12 julio 2018)

De Esparraguera a Llinars del Vallés (123 kms).

Por la mañana temprano vuelvo a cargar la moto y me pongo en camino. Paso justo pegado al Montserrat, una montaña que tiene gran significado para mí, ya que la he subido unas cuantas veces.

Mi siguiente destino es Sabadell, la ciudad de mi adolescencia, donde viví de los 11 a los 18 años. Visito la que fue mi casa…

Mi colegio…

Mi instituto…

Nada ha cambiado demasiado en Sabadell en estos… 30 años. Incluso sigue estando el Bar Snoopy!!

Me tomo un café por mi barrio, en un sitio nuevo (también hay sitios nuevos) llamado Pa i Cafè My Day.

Y después almuerzo con Núria, la que fue mi compañera de clase en el colegio cuando ambos teníamos… 12 años! y que ahora trabaja en el Banco de Sabadell. Lo estupendo de Facebook es que me ha permitido retomar contacto con algunas personas maravillosas que conocí estando aquí.

A mediodía tiro para Llinars del Vallés. Mi destino para los próximos días es el Campus Can Bordoi, una finca propiedad de la familia Roca, dedicada a la difusión del proyecto Uniterra (La Universitat de la Terra) que, según dice en la web, es “una universidad comprometida con un cambio de conciencia que genere una cultura en paz con la Tierra”.

Y me vengo aquí porque el espacio está gestionado por mi maravillosa amiga Eli, a quien ya visité en mi visita a España del año pasado y con quien quiero pasar una semana echando una mano en el lugar, aprendiendo de permacultura y pasando tiempo con ella, su perra Suria y su gatita Herba.

Mi llegada es un momento muy emocionante, porque Suria, que es muy protectora, y a quien conozco desde hace 3 años pero a quien no veo desde el año pasado, al verme llegar en moto, se poner a ladrarme como loca como diciendo “ni te acerques”. Pero cuando paro la moto y me quito el casco, se acerca, me huele… y se pone como loca de contenta. Me ha reconocido. Siempre hemos tenido una conexión muy especial.

Can Bordoi es un espacio auténticamente maravilloso.

Eli me instala en la habitación de invitados que es simplemente genial.

Muy espaciosa y luminosa. Después de instalarme, nos vamos a Granollers, que es la ciudad grande más cercana, para enseñarme el lugar y tomar algo. No conocía yo esta ciudad y la verdad es que tiene mucho encanto. El centro recuerda un poco al Barrio Gótico de Barcelona, con mucha vida cultural pero sin el agobio turístico.

Días 17-20 (13-16 julio 2018)

Paso 4 días de mucho relax en Can Bordoi. Como ya comenté, el sitio es una maravilla. La finca consta de varias casas construidas en medio de un inmenso pinar.

Eli ocupa y gestiona la casa principal, y las otras casas son alquiladas por otras familias.

Paso mi tiempo en largas conversaciones con Eli, cocinando, echando una mano en el espectacular huerto que ha montado…

…paseando a Suria… bueno, en realidad es ella la que me lleva a mi.

Pero también con su gatita Herba, aunque está poco social y apenas se deja ver.

Y con la nueva adquisición, Haba, una tortuga enorme que se encontraron en un aparcamiento de por aquí cerca.

Uno de los días Eli y yo cogemos la moto y nos vamos al mercadillo de Cardedeu a comprar y dar una vuelta.

Otro de los días vinieron dos parejas de amigos suyos con sus niños y pasamos un día estupendo, primero en la piscina…

…y luego de picnic.

Pero la que mejor se lo pasó fue Suria, recibiendo todas las atenciones de los niños.

Y, por supuesto, sigo con mis Saludos al Sol todas las mañanas, y siempre busco el mejor sitio para hacerlo.

Día 21-22 (17-18 julio 2018)

De Llinars del Vallés a San Juan de Oló (85 kms)

Otra de las visitas que quería hacer en este viaje es a mi amiga Núria que vive en una comunidad de familias cerca de San Juan de Oló. No sólo me apetece mucho ver a Núria, sino que también siento mucho interés y curiosidad por conocer desde dentro el funcionamiento de una comunidad, un tema al que le he dado muchas vueltas en mi cabeza, así que aprovecho la amabilísima invitación que me han hecho y voy para allá.

Para llegar hasta ahí, debo pasar por Vic y llegar hasta San Juan de Oló. Una vez allí, desaparece la carretera y hay que subir por una pista forestal bastante complicada en moto hasta la comunidad de Cal Cases.

Núria me enseña la pequeña habitación para invitados…

…y me hace un tour por la comunidad mientras me explica el funcionamiento.

La cocina y zonas comunes…

Los “apartamentos” donde viven las familias. También hay otras casas por otras zonas del terreno…

El taller…

El huerto, etc…

La comunidad empezó con un grupo de gente que formaban parte de un ateneo de Barcelona en el cual estuvieron teorizando sobre la idea de formar una comunidad durante 4 años. 4 años en los que definieron el funcionamiento, las reglas, la estructura, etc. mientras buscaban el lugar ideal.

Al cabo de esos 4 años apareció Cal Cases, que no se aproximaba demasiado al ideal que habían definido, pero no quisieron esperar más y lo compraron.

Desde entonces llevan 11 años de funcionamiento en el que ha habido unas pocas bajas y algunas incorporaciones nuevas, pero el núcleo principal sigue siendo el mismo. Si alguien quiere formar parte de la comunidad, tiene que vivir un año “de prueba” y, al cabo de ese año, la persona o familia sabrán si es el sitio donde quieren estar y la comunidad decidirá si encajan o no. Pero por lo general es algo evidente y si alguien vive un año sin marcharse es porque ha encajado.

Todos los miembros de la comunidad aportan una cantidad de dinero y una cantidad de horas de trabajo a cambio del alojamiento, la comida (se compra para todos) y los demás servicios. Normalmente las comidas se hacen en común y se rotan para coc,inar. Hay una tablilla y el que quiere, se apunta y cuenta como horas de trabajo. Cuando Núria me está enseñando la cocina, vemos que no hay nadie apuntado para cocinar la cena, así que nos apuntamos y nos ponemos a ello.

La cocina es enorme y maravillosa, y tiene toda una habitación haciendo las veces de nevera y la despensa me hace llorar de emoción. Casi todo es orgánico y justo el tipo de cosas que yo compraría.

Normalmente se cocina en función de lo que más hay. Como hay muchos calabacines, Núria prepara una crema de calabacín y yo preparo un curry de verduras que acompañaremos con trigo sarraceno en vez de arroz.

(Foto de Núria)

Y me queda bastante aparente.

Durante la cena voy conociendo al resto de familias de la comunidad. Hay un buen rollo increíble. Casi todo el mundo habla catalán, incluidos una pareja de vascos de cierta edad que llevan 6 meses a prueba o un madrileño que se fue allí por amor a una catalana y que habla un catalán perfectamente fluido. Yo lo entiendo sin problemas, pero mi catalán está demasiado oxidado como para una conversación fluida, la verdad, así que voy saltando de un idioma a otro.

Apenas llevo unas horas ahí, pero me siento perfectamente aceptado. No es una comunidad cerrada, sino todo lo contrario, están encantados de recibir gente nueva e integrarlos en el grupo.

Quizá la idea que a uno le viene a la cabeza cuando le hablan de “comunidad” es una comuna hippie, pero nada más lejos de la realidad. Aquí hay familias con trabajos “normales” que simplemente han querido compartir parte de sus vidas en común. Es como un grupo de amigos que comparten piso, pero mucho más grande y con un ánimo de compartir algo más que el espacio. Otra de las maravillas es ver a los niños de todas las familias jugando y creciendo juntos. Eso es impagable.

Al final paso con ellos dos días y dos noches inolvidables. Lástima no poder quedarme más. Pero me voy habiendo aprendido muchísimo y con muchas ideas nuevas en mi cabeza y sentimientos en mi corazón. Tengo que volver algún día.

Día 23 (19 julio 2018)

De San Juan de Oló a Sant Llorenç de Munt (62 kms).

En abril de 2015 viajé a Laos con mi amiga Miriam y allí conocimos a Sytske, una holandesa que vivía en Tarrasa, pero que estaba haciendo un viaje de un año antes de asentarse definitivamente con su pareja.

He mantenido contacto con Sytske todo este tiempo y aprovecho mi paso por la zona para volvernos a ver. Sytske me propone hacer la subida a La Mola y yo acepto encantado, ya que es la montaña que veía desde la ventana de mi habitación durante toda mi adolescencia y que me trae unos recuerdos increíbles.

Así que voy directamente desde Cal Cases al Parking del Camí dels Monjos, que es donde hemos quedado, y allí nos encontramos.

¡Y empezamos a subir!

Según vamos subiendo, las vistas son más y más impresionantes.

Como llevamos buen ritmo, en apenas media hora ya se ve el Monasterio de Sant Llorenç de Munt, que está en la cima de la montaña.

Pero aún queda un trecho hasta llegar.

Nos vamos acercando, con paradas para hacer fotos, claro.

(Foto de Sytske)

Y en menos de una hora desde que salimos, estamos en la cima. Es casi un paseo.

El monasterio es famoso por los burros que viven ahí.

(Foto de Sytske)

Nos tomamos un café en la cafetería del monasterio, con unas vistas chulísimas…

…y emprendemos la bajada.

(Foto de Sytske)

De vuelta al Parking nos despedimos con la noticia de que su familia crecerá muy pronto. 🙂

De Sant Llorenç de Munt a Sabadell (28 kms)

Como aún es temprano, aprovecho para volver a pasar por Sabadell…

…y quedar con mi amiga Isabel para tomarnos unas cañitas.

De Sabadell a Llinars del Vallés (40 kms).

Y desde Sabadell regreso a Can Bordoi para pasar un par de noches más antes de seguir mi camino.

Día 24 (20 julio 2018)

Día de relax en Can Bordoi. Ha venido Juanma, un amigo de Eli, a pasar unos días aquí. Vamos los tres a pasear a Suria y luego echamos una mano en el huerto.

Por la noche nos vamos a cenar al Pla de la Calma, en Cardedeu, mientras disfrutamos de un concierto de pop vintage de la mano del grupo extremeño Spanglish.

Y algo más tarde nos vamos al Parc de la Serreta a escuchar un concierto de Jazz. No me imagino mejor despedida de este maravilloso lugar.

Día 25 (21 julio 2018)

De Llinars del Vallés a Lloret de Mar (56 kms)

Y llega el momento de volver a decir adiós. Me despido de Eli colgando con ella las banderas de plegarias que le traje de Nepal…

…y agradeciéndole infinitamente su hospitalidad estos días. Eli ha sido siempre una enorme inspiración para mis viajes. Ella se ha pasado viajando desde los 18 años hasta hace poco, y sus consejos han sido siempre muy valiosos para mí.

No tengo ningún plan concreto para hoy, así que decido seguir la Costa Brava hacia el norte.

Llego hasta Lloret de Mar…

…y justo empieza a llover. Me refugio en el Chiringuito Feelbert Beach donde me tomo un segundo desayuno mientras espero a que pare y decido qué hago.

Como veo que el tiempo no va a mejorar hacia el norte, decido dar media vuelta y tirar para Barcelona.

De Lloret de Mar a Barcelona (89 kms).

Llego por la tarde sin tener muy claro dónde voy a dormir. He lanzado varias solicitudes de Couchsurfinng sin mucho éxito, así que me voy directamente a un albergue de precio razonable, el Meeting Point, por el barrio de Sants, pero me llevo la sorpresa de que está completo. Busco otro con disponibilidad y encuentro uno con buena pinta, el Inout Hostel, que está por Vallvidrera, uno de los barrios periféricos de Barcelona. Así que me voy para allá.

Para llegar, tengo que subir hacia la Sierra de Collserola y, cuando llego al Mirador de Sarrià, no tengo más remedio que pararme. Las vistas de Barcelona al atardecer desde aquí son impresionantes.

Y justo en ese momento, mientras disfruto de las vistas, me llega una respuesta de Couchsurfing. Marina, una italiana que vive por el barrio del Turó de la Peira, bastante al norte, ha aceptado mi solicitud de ultimísima hora, así que cancelo mi reserva en el Inout y me voy para allá.

Llego cuando ya está anocheciendo. Marina vive en un semisótano, pero que tiene un jardín trasero que es una pequeña maravilla, con árboles frutales y todo. Me invita a tomar algo y nos contamos nuestras historias.

Día 26 (22 julio 2018)

De Barcelona a Vilassar del Mar (27 kms).

Hoy quiero hacer un poco de turismo por Montjuic con la moto. Marina, que no tiene planes para hoy, se ofrece a acompañarme, así que vamos para allá.

Visitamos la zona del Castillo de Montjuic, donde hay unas vistas chulísimas del puerto.

Y Marina me enseña un lugar que no conocía, La Caseta del Migdia, un chiringuito con mucho encanto con unas vistas también espectaculares.

De vuelta a su casa, como buena italiana, prepara para comer un plato de pasta impresionante, y comemos en su jardín.

Después de comer, nos despedimos. Le agradezco muchísimo su hospitalidad y compañía y me pongo de nuevo en camino. He decidido que voy a volver a Madrid antes de mi cumpleaños, pero antes quiero hacer una última visita a mi maravillosa amiga Marta en Vilassar del Mar, así que tiro para allá.

Marta es una de las personas más conectadas que conozco y hablar con ella es siempre apasionante. Me invita a cenar y me ofrece alojamiento hasta mañana, que es cuando empezaré mi regreso a casa. El cierre perfecto para este viaje.

Día 27 (23 julio 2018)

De Vilassar del Mar a Valderrobres (271 kms).

Y llega el momento de volver a Madrid. Aún no sé cuánto tardaré en llegar, pero voy a intentar hacerlo en dos días, aunque son unos 700 Kms.

Me pongo en marcha por la mañana, no demasiado temprano. Cuando llego a Arbós, un pueblecito con mucho encanto en la provincia de Tarragona, ya aprieta el hambre, así que paro en la plaza del pueblo para hacerme mi habitual ensalada.

La siguiente parada es un café en Casa Félix, en el pueblo de Valls. Cuando estoy llegando tengo la sensación de que la moto me hace cosas raras, como pequeños tirones, y me empieza a entrar la paranoia de que se pueda estar quedando sin aceite. Lo malo es que no consigo abrir el depósito para chequearlo, porque está terriblemente duro. Necesito unos alicates, así que después del café, me voy al primer taller que encuentro en Google Maps, Tallers Urbel, donde muy amablemente me los dejan y compruebo que ando un poquillo justo. El chico el taller me lo mira y le añade un poco para prevenir y es tan extremadamente majo que no me cobra nada por ello. Hay gente estupenda por el mundo.

Sigo. Paso por Reus y llego hasta el Ebro, a la altura de Mora del Ebro.

Allí me tomo un café en Lo Xiringuito del Passeig para descasar un poco… y vuelvo a ponerme en camino.

Llego a Caseres, un pueblo especialmente bonito. Es ya un poco tarde y sigo sin encontrar dónde quedarme. Hecho un vistazo a Google Maps y encuentro un albergue con muy buenas referencias en Valderrobres, un pueblo cercano, aunque se desvía de mi ruta, pero finalmente me decido y voy para allá…

…y nada más llegar me doy cuenta de que no podría haber elegido mejor. Uno de los pueblo medievales más bonitos que he visto.

Voy directamente al Hostal Albergue Valderrobres, que está en una de las zonas más bonitas del pueblo…

…concretamente aquí:

El Albergue está prácticamente vacío. Me asignan una habitación de muchísimas literas…

…pero donde sólo una está ocupada por un hombre que prácticamente vive aquí.

Después de instalarme, me doy una vuelta por el pueblo. Es un pueblecito medieval muy bien cuidado.

¡Y lleno de gatos!

Después del paseo hago una para de avituallamiento.

Ya al anochecer vuelvo al albergue donde me hago una de mis ensaladas (no hay cocina) y a dormir.

Día 28 (24 julio 2018)

De Valderrobres a Madrid (412 kms).

Me levanto temprano y hago mi sesión de yoga en la terraza. Da gusto cuando encuentro sitios tan chulos como éste para hacer yoga.

Recojo mis cosas y me pongo en camino. Mi intención es llegar hoy a Madrid, aunque sé que me queda mucho tirón.

Me hago un buen trecho hasta Molina de Aragón, donde hago una parada para café y para fotografiar el famoso Castillo de Molina de Aragón.

Para comer hago una parada en el Area 103, donde compro algunas cosas y me hago una ensalada en el aparcamiento, con vistas a los trigales.

A partir de aquí tomo la decisión de coger por primera vez la autopista (la A2), ya que la carretera secundaria que lleva a Madrid da mucho rodeo y prefiero llegar cuanto antes.

A las 17:20 consigo llegar a Madrid sin mayores problemas, dando por terminado de mototrip de 28 días y 4.474 Kms.

Cuentas…

Y, aunque sólo sea por pura curiosidad, vamos a ver lo que cuesta un mototrip de un mes por España.

GASTOS:
  • COMIDA:
    • Comer fuera:         151,90€ 
    • Comprar comida:      118,20€ 
    • Cafés:                35,10€ 
    • Bebidas:              59,25€ 
    • SUBTOTAL:            364,45€ 
  • TRANSPORTE:
    • Accesorios moto:      14,50€ 
    • Gasolina:            213,24€ 
    • SUBTOTAL:            227,74€ 
  • ALOJAMIENTO:
    • Accesorios Camping:   15,47€
    • Camping:              72,75€
    • Hostels:              76,00€ 
    • SUBTOTAL:            164,22€ 
  • OTROS:
    • Calcetines:            5,00€
    • Coladas:               9,00€ 
    • Accesorios Móvil:     10,70€ 
    • SUBTOTAL:             24,70€ 
  • TOTAL:                   781,11€ 

Es decir, sale a unos 28 €/día. No ha sido mi mototrip más barato, pero tampoco ha sido terriblemente caro.

Como durante este viaje terminó el mes de junio, toca ver las cuentas de ese mes.

GASTOS:
  • COMIDA:
    • Comer fuera:             188,09€
    • Comprar comida:          132,53€
    • Cafés:                    89,00€
    • Bebidas:                 105,75€
    • SUBTOTAL:                515,37€
  • TRANSPORTE:
    • Accesorios Moto:          14,50€
    • Taller Moto:              69,49€
    • Taxi:                     17,11€
    • Gasolina:                149,98€
    • SUBTOTAL:                251,08€
  • ALOJAMIENTO:
    • Accesorios Camping:       15,47€
    • Camping:                  33,75€
    • SUBTOTAL:                 49,22€
  • OTROS:
    • Peluquería:                3,00€
    • Higiene:                   4,75€
    • Accesorios:               30,70€  
    • Conexión Internet:        12,00€
    • SUBTOTAL:                 50,45€ 
  • TOTAL:                       866,12€
INGRESOS:
  • Propinas:                      5,80€
  • UberEats:                  1.181,47€ 
  • TOTAL:                     1.187,27€ 
SALDO:
  • TOTAL:                      -321,15€ 

Gracias a currar duro en UberEats, de nuevo consigo un balance de gastos negativos, es decir, de beneficios. Y es el segundo mejor mes de mi viaje, económicamente hablando. Esto mejora la media, claro:

  • DIC’15:              345€    (Media: 345€)
  • ENE’16: 393-19 =     374€    (Media: 360€)
  • FEB’16:              387€    (Media: 369€)
  • MAR’16: 468-290 =    178€    (Media: 321€)
  • ABR’16: 301-39 =     262€    (Media: 309€)
  • MAY’16:              880€    (Media: 404€)
  • JUN’16: 925-12 =     913€    (Media: 477€)
  • JUL’16: 765-30 =     735€    (Media: 509€)
  • AGO’16: 602-507 =     95€    (Media: 463€)
  • SEP’16: 864-641 =    223€    (Media: 439€)
  • OCT’16:            1.090€    (Media: 498€)
  • NOV’16: 706-753 =    -47€    (Media: 453€)
  • DIC’16: 1178-1057=   121€    (Media: 427€)
  • ENE’17: 760-1529 =  -769€    (Media: 342€)
  • FEB’17: 768-276 =    492€    (Media: 352€)
  • MAR’17: 1052-106 =   946€    (Media: 389€)
  • ABR’17: 818-67 =     751€    (Media: 410€)
  • MAY’17:            1.326€    (Media: 461€)
  • JUN’17:              328€    (Media: 454€)
  • JUL’17:              468€    (Media: 455€)
  • AGO’17:              986€    (Media: 480€)
  • SEP’17: 658-677 =    -19€    (Media: 458€)
  • OCT’17: 780-408 =    372€    (Media: 454€)
  • NOV’17:            1.373€    (Media: 492€)
  • DIC’17: 1402-618 =   784€    (Media: 504€)
  • ENE’18: 597-790 =   -193€    (Media: 477€)
  • FEB’18: 751-806 =    -55€    (Media: 457€)
  • MAR’18: 533-63 =     470€    (Media: 458€)
  • ABR’18: 2121-20 =  2.101€    (Media: 514€)
  • MAY’18: 1018-988 =    30€    (Media: 498€)
  • JUN’18: 866-1187 =  –321€    (Media: 472€)
  • TOTAL:            14.626€ 
  • MEDIA MENSUAL:       473€ 

Vuelvo a alejarme un poco de la los 500€ de media de gastos mensual.

Conclusiones…

Éste ha sido el mototrip más largo que he hecho y también el primero que hago solo. Eso hacía que supusiera un doble reto, pero curiosamente ha sido más fácil de lo que esperaba. De hecho, si por mí fuera, lo hubiera alargado una o dos semanas más, pero tenía un par de compromisos en Madrid que no me quería perder. Y uno de ellos era mi cumpleaños. Por una vez que me pilla en España, no era cuestión de pasarlo solo.

La sensación de libertad ha sido brutal. Ir decidiendo la ruta en cada momento, sin hacer casi planes, yendo a donde me apetecía, según lo sentía… es algo que no tiene precio. Es cierto que eso supone tomar a veces malas decisiones, equivocarse, perderse cosas… pero, sinceramente, lo prefiero así.

Ha habido momentos de soledad, por supuesto. Los momentos mágicos son doblemente mágicos si los compartes. Pero por fortuna no he estado siempre solo y han sido muchas personas maravillosas las que se han cruzado en este camino.

También tengo la sensación de que avancé demasiado rápido. Hubiera sido mejor haber ido más despacio, parando en más sitios. Pero como no sabía cuánto tiempo iba a quedarme en Catalunya, puesto que quería hacer varias visitas, preferí aligerar un poco el principio.

Otra de mis conclusiones, que ya he comentado, es que cada vez me interesa menos la playa y más la montaña. La playa está bien para ir acompañado o en grupo, pero solo… es un aburrimiento. En cambio cada vez me gusta más el patear montañas. Por eso, si vuelvo a hacer un mototrip por España, no será por la costa. Será buscando las zonas más montañosas. Fue una pena saltarme los Picos de Europa o la Sierra de Gredos. Mi próximo mototrip será alternar entre moto y montañismo, lo tengo claro.

Y, en general, ha sido un enorme aprendizaje sobre mí mismo, sobre como reacciono ante las situaciones, como como aprendo a desenvolverme y organizarme, sobre cómo quiero relacionarme con el mundo, y con sus habitantes.

Voy dejando atrás el enfado y la ira que a veces se hacían un pequeño hueco dentro de mí y voy aprendiendo a dejar espacio al amor incondicional. Ése tan chungo de practicar. Y a la vez voy sintiéndome más ligero en mi pesadez, más despejado entre mis nubes, más sabio en mi ignorancia.

Planes…

Ahora toca cerrar algunos temas en Madrid y volver a emprender el vuelo. Por delante tengo un housesitting en Bahamas durante septiembre y otro en Costa Rica en Octubre. No he querido hacer planes más allá, para dejar margen a las sorpresas.

Y es que cuanto menos planeamos, más oportunidades dejamos al Universo para que nos sorprenda, ¿no?

 

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