13 – 29 marzo 2020

1.564 días viajando…
15 días en Maó (Menorca, España)…

Como contaba en mi anterior post, aunque tenía previsto pasar algo más de tiempo en Cal Cases y venir a Menorca sobre el 18 de marzo, el avance de la situación por la pandemia de coronavirus en España y la muy probable declaración del Estado de Alarma para este fin de semana, me hicieron tomar la decisión de adelantar (precipitar) mi viaje a Menorca.

El Ferry…

Así que, como contaba, el mismo viernes 13 de marzo de 2020 (un día antes de la declaración del Estado de Alarma) cambié mi billete para el que, con toda seguridad, será el último ferry de uso público y normal en el que se pueda viajar a Menorca. Voy en ferry en vez de en avión, porque llevo conmigo a Deep Black, mi moto recién comprada.

El Ferry sale a las 22:30 de la noche y llega a las 7:30 de la mañana siguiente. Y la verdad es que va casi vacío. Mucho mejor, claro.

Salimos con hora y media de retraso, justo a medianoche. Y es que el puerto de Barcelona parece un aeropuerto, donde hay que hacer cola para salir… y parece que todos salen antes que nosotros.

Pero por fin… adéu Barcelona!!

Me acurruco en uno de los sillones e intento dormir. Es incomodísimo, pero algo duermo.

Sobre las 7h de la mañana nos despiertna por megafonia para que nos vayamos preparando. Acabamos de entrar en la Bahía de Sa Partió y, a nuestra izquierda está Es Castell (también conocido como Villacarlos), el pueblecito costero que hay justo antes de Maó.

Pasamos justo al lado de La Isla del Rey.

Y llegamos al Puerto de Maó justo al amanecer.

Son muy pocos coches los que tienen que salir.

Y es que, como se puede ver, el ferry va efectivamente casi vacío.

La Casa…

La casa que voy a cuidar (y a hacer algunos arreglos) está en Maó, cerca del puerto. Es una preciosa casa de 3 plantas más terraza.

Casi todo el tiempo lo paso en la primera planta donde está el salón y la cocina.

Y en la segunda planta tengo el dormitorio.

Y una planta más arriba… la terraza! Esto me va a dar la vida durante el confinamiento.

 Las vistas de los tejados de Maó son espectaculares.

Nada más llegar, me doy un paseo por el puerto… el que con toda probabilidad será mi último paseo en una buena temporada. De hecho ya se nota el comienzo del confinamiento y no se ve a prácticamente nadie por la calle.

Maó…

Maó (o Mahón en castellano) es la capital de Menorca, ya que alberga el Consejo Insular de Menorca. Está en parte situada sobre una ladera con vistas a la bahía y el puerto.

Es una pena que, debido al confinamiento, no tengo ocasión de conocerlo muy a fondo, más allá de este paseo o de ir al súper. A ver si más adelante tengo ocasión.

Rutina…

Mi rutina empieza por las mañanas, como siempre, con la sesión de yoga. Y qué mejor sitio que la terraza para aprovechar y sintetizar un poco de vitamina D.

Después… ducha y desayuno. He retomado mi costumbre de empezar con un batido de zumo de naranja, papaya y jengibre al que, a veces, le añado también mango.

Rato después vienen el café y unas tortitas de arroz con aguacate. Estoy intentando quitarme el gluten todo lo que puedo y las tortitas de arroz son un buen sustitutivo de las tostadas.

El desayuno me lo tomo disfrutando de la tranquilidad de la calle. Es impresionante el silencio que ha traído el confinamiento.

Las mañanas las dedico a hacer algunos arreglos en la casa, como ajustar los armarios de la cocina…

Arreglar algunos desperfectos de los zócalos…

Arreglar algunas grietas…

Algunas mañanas aprovecho para ir a hacer la compra. Tengo un supermercado BiniPreu muy cerca, pero como es muy pequeño, sólo dejan entrar a 10 personas a la vez, por lo que se forma algo de cola. Me cuesta acostumbrarme a estas colas de gente manteniendo la distancia.

El día que llegué me fui al Mercadona, pero me resultó agobiante. Como estaba a punto de empezar el confinamiento, la peña estaba muy nerviosa, llenando los carros como locos, como si se fuera a acabar el mundo. Se respiraba un ambiente bastante agobiante y tenso. Veías a los reponedores teniendo que volver a rellenar las estanterías a todo correr. En general no vi desabastecimiento… excepto en las leches, curiosamente.

Y lo que más hago es cocinar mis comidas, que es algo que me divierte, me relaja y me permite comer sano. Incluso me atrevo a hacer un directo de Instagram para contar cómo preparo el arroz de verduras al curry.

El resto del día se me va en leer…

…sí, vale, es Dan Brown, pero necesitaba algo ligerito. ?

Trabajar algo…

Y cuando me aburro… me pongo a hacer experimentos con la cámara.

Planes…

La persona que me dejó esta casa, tiene otra al lado del mar, en una zona mucho más remota y aislada, y me dejó elegir dónde quería alojarme (sí, es una persona maravillosa). En un principio pensé que sería mejor estar en Maó por estar en una ciudad, por tener algo de vida social y ver algo de movimiento. La otra casa me parecía demasiado aislada.

Pero después de dos semanas de confinamiento, me doy cuenta de lo absurdo de ese razonamiento. No existe ya la vida social, no hay bares ni cafés abiertos, no hay vida en la calle. Así que si me tengo que quedar en casa, es mucho mejor la otra casa que tiene jardín con vistazas al mar y puedo hacer vida fuera.

Así que tras dos semanas de estancia y pequeños arreglos en esta casa, el 29 de marzo de 2020, justo el día antes en que se decrete el confinamiento total de la población (paralización de toda actividad no esencial. Voy pillando las restricciones por los pelos), dejo la casa bien limpia y recogida, cargo mis cosas en la moto y marcho en dirección sur.

Por el camino me encuentro un control de la policía, pero cuando les explico que estoy de mudanza, no hay ningún problema.

Mi plan es quedarme en la casa de la costa, haciéndole arreglos en la medida que me sea posible sin poder comprar materiales ni nada, hasta que termine el confinamiento. La verdad es que no puedo estar más agradecido, me parece el lugar perfecto donde pasar estos días tan extraños.

Pero mis días en esta casa los contaré en el próximo capítulo.

Conclusiones…

Qué época tan extraña la que nos ha tocado vivir. Todos somos bastante conscientes de que estamos viviendo un momento histórico sin precedentes. Probablemente lo más grave, grande y global que ha sufrido la humanidad desde la 2ª Guerra Mundial.

No es, desde luego, la primera pandemia mundial que hemos tenido en la historia, pero sí la primera de nuestra generación tecnológica y global.

Está siendo todo un experimento social en muchos aspectos. Es muy evidente el beneficio que las Redes Sociales han aportado al transmitir el mensaje de #QuedateEn(TuPuta)Casa de forma mucho más eficiente de lo que podría haber conseguido ningún gobierno por la fuerza. También es muy interesante la enorme creatividad que se está despertando en muchísima gente con todo el tiempo libre que genera el confinamiento. No paro de ver iniciativas increíbles y divertidísimas.

Y es que es muy interesante ver cómo ha sido un abrupto e inesperado “¡STOP!” para todas esas personas que han vivido siempre hacia afuera, volcadas en su trabajo, en sus relaciones sociales, en todo tipo de entretenimientos… y que se han visto inesperadamente obligados a parar y mirar para dentro. Darse cuenta de que toda esa actividad, todo ese ruido, toda esa vida para fuera… era una excusa para no mirar para dentro, porque sabían que no les gustaría lo que iban a ver.

Y no me incluyo porque para mí nada ha cambiado demasiado, más bien al contrario. Casi siento como si estos últimos 4 años hubieran sido un entrenamiento para ésto. Si yo hubiera tenido una vida “normal” pagando un alquiler y unos gastos fijos, con un trabajo y unos ingresos que ahora probablemente habrían desaparecido, teniendo que quedarme en mi apartamento yo solo, abandonando toda la vida social que solía tener… estaría asustadísimo y agobiado. Pero en cambio, ahora mismo me alegro mucho de haber elegido este estilo de vida donde no tengo ningún gasto fijo más allá de tener que comprar comida de vez en cuando, donde no tengo que pagar un alquiler, donde no tengo casi nunca ingresos, donde vivo del trueque y de ofrecer mi brazo para lo que haga falta. Me siento preparado para afrontar lo que venga, sea lo que sea, con la tranquilidad que me da no tener a nadie a mi cargo, claro. Sé que juego con ventaja.

Y es que creo (espero) que todo esto traiga grandes cambios en la sociedad (me cuesta ser optimista, pero lo intento). Que nos demos cuenta de que una sociedad basada salvajemente en la producción y consumo masivos y en el crecimiento sin fin no es sostenible. Que una sociedad basada en la ley del más fuerte, por mucho que te vendan lo de que “si te lo curras lo suficiente tú también puedes estar entre los fuertes“, es una sociedad donde se vive permanentemente con miedo de quedarte por el camino y ser devorado. Que sólo una sociedad donde todos nos apoyamos entre nosotros, donde todos nos sostenemos, donde los más fuertes ayudan a los más débiles, donde todos nos protegemos unos a otros, es una sociedad donde vivir sin miedo. Los humanos empezamos a agruparnos en sociedades precisamente porque la ley de la selva era demasiado dura. No somos los más fuertes de la selva y éramos devorados con facilidad (hambre, enfermedades, depredadores…), pero al juntarnos en grupo y ayudarnos unos a otros (manada), vivíamos mucho más tiempo, más seguros y, sobre todo, con mucho menos miedo.

Y es que de eso se trata… ¿queremos una sociedad donde podamos ser reyes aunque vivamos con miedo o una sociedad donde podamos ser colegas y vivir sin miedo?

Por eso es interesante este tiempo de parada e introspección. Para analizar cómo ha sido nuestra vida hasta ahora y ver si es lo que realmente quiero vivir. ¿Éste es el trabajo que me hace feliz? ¿Éste es el lugar en el que quiero estar? ¿Ésta es la persona con la que quiero vivir? ¿Ésta es la vida que quiero llevar?

Nunca es tarde…

…y siempre hay más opciones.

6 Comments

  1. Natalia

    Muy interesante tu posteo Leo y, respecto a esto último que planteas, muchas personas, y me incluyo, cuando se hacen este tipo de preguntas vienen otras cómo…¿y qué es lo que me gusta? ¿dónde quiero estar? ¿qué me gustaría hacer?
    Y ahí nos viene un vacío que da miedo… cuando es poco lo que conocés, como es mi caso, es difícil definir lo que querés.
    Sigo leyendo sobre tus viajes y de paso doy una vueltita yo también.
    Saludos desde Bariloche, Argentina.

    Reply
    • Leo Callejero

      Muchas gracias por leerme desde Argentina, Natalia. Qué ganas de conocer ese país. “Cuando es poco lo que conoces, es difícil definir lo que quieres”, es cierto… pero también son enormes las posibilidades. Pruébalo todo… ya tendrás tiempo para ir difiniendo. 😉

      Reply
      • Tatus

        Bariloche es maravilloso, Pamcho, cuando se pueda, tienes que ir a Sudamérica sin falta.. ;)… por cierto, cuando vayas a Bariloche, rebequita, que como me dijo un abuelo allí, Bariloche tiene dos estaciones, Invierno y la del tren :). Un abrazo!

        Reply
        • Leo Callejero

          Hey, Tatus! ¿Conoces a Natalia? Justo me ha hecho un comentario de un post desde Bariloche. Pues tomo nota del invierno de ahí! 🙂

          Reply
          • Natalia

            Leo, es verdad lo que dice Tatus sobre las estaciones. Igualmente a mí la época que más me gusta de acá es la del verano, diciembre a marzo. Me encanta nadar en los lagos, con neoprene obvio. Mi casa es diminuta para recibir gente, pero si alguna vez andás por acá avisame, que siempre sirven los buenos consejos. La Patagonia es un lugar hermoso para conocer!

          • Leo Callejero

            Pues muchas gracias, Natalia. Tomo nota, porque espero ir por ahí pronto!

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