Nueva Zelanda (Christchurch) – Empezando a currar

by | 5 Apr 2016 | 1 comment

5 abril 2016

110 días viajando…
3 días en Christchurch…

Me despierto con un montón de mensajes de apoyo y récord de lecturas en el post de ayer… Ay, igual he sido demasiado quejica, pero mola ver cuánta gente se ha preocupado por cómo estaba. <3

Me levanto, descorro las cortinas, ahí está, como me vaticinó mi amiga Mayca (que miró la previsión en Iinternet): El Sol.

Así que le saludo adecuadamente con mis saludos al sol, ducha y me voy para la cocina. Me encuentro a Shangita, la mujer de Sia, que ha preparado desayuno. Al parecer Dan les ha escrito un mail diciendo que me proporcionen desayuno. Pero ha hecho una pasta con muchas especies para desayunar. Se lo agradezco, pero le explico que estoy intentando no comer gluten y que prefiero no comer pasta. Así que me hago mi propio desayuno.

A las 11 me voy para Antidote donde he quedado con Holly para hablar. Le he pedido que me lleve un casco que tienen de sobra. Yo voy con la bici y el casco que me ha prestado Sai.

Holly me dice que entiende que mi situación es muy incómoda, pero que seguro que podemos hacerlo funcionar. Que la idea es que vaya a Antidote a comer, y a la casa de los woofers para cenar, y que me lleve cosas para el desayuno del día siguiente. No es lo ideal, porque el paseo entre una casa y otra son 15 minutos en bici (de noche) y porque está claro que así no me voy a integrar. Holly entiende, como yo, que no se trata ni del trabajo, ni de la comida. Se trata de la experiencia que supone compartir algo con tus hosts y con otros guests. Y, claro, en este caso el host está desaparecido, y no comparto casi nada con los otros guests. Es una situación que me aporta bastante poco, la verdad. Pero la cosa tiene difícil solución. Holly se ofrece a compartir habitación con la otra woofer canadiense, Grace, y dejarme su habitación, pero lo último que quiero es que mi llegada les suponga un trastorno mayor del que ya supone tener que hacerse cargo de mí.

Y en cuanto al curro, Holly me propone que, además de ayudar a Sai, que puedo recoger los melocotones y las peras de los frutales del jardín y ver cómo conservarlos, porque hay sobreproducción y se está echando todo a perder. 

Al parecer, en lo que llaman la Red Zone, la zona más afectada por el seísmo, hay un montón de árboles frutales que no son de nadie, y que están intentando aprovechar, pero que no dan a basto.

Me quedo a comer en Antidote una croqueta de patata y cojo el agua de su fuente de agua con canela. No lo había probado nunca, pero está buena.

Allí me encuentro con Bon, la madre de Dan, que me dice que si puedo irme con ella a su casa a echarle una mano en el jardín, mientras ella da su clase de escultura a los chicos con Síndrome de Down. Por supuesto, para eso estoy. Así que después de comer me voy para allá. La clase la dan justo enfrente de la casa…

…y lo que me pide es despejar y limpiar la zona donde estaban las gallinas hasta esta mañana, que las han cambiado de sitio, porque quieren hacer una pequeña casita en ese sitio.

Antes…

…y después.

También me pide ayuda para que corte y apile todas las ramas muertas de un árbol que está junto a donde dan la clase y que murió en un incendio de esa zona hace unas pocas semanas.

El trabajo es durillo (me vine aquí pensando en trabajar en un bar, huyendo del trabajo de campo), pero es lo que toca. Queda todo tan bien, que Bon no deja de agradecérmelo varias veces y me pide que vuelva el viernes.

Me invita a una infusión que me entusiasma, y eso que no soy de infusiones para nada. Pone en una taza medio limon pelado y bastante aplastado, unos trozos pequeños de jengire y un pelín de miel. Y sobre eso echa agua hirviendo. Lo que queda es sanísimo y está riquísimo.

De vuelta a mi casa, paso por la playa donde están volando cometas. 

Cuando llego a la casa, aprovecho la estupenda luz para tirar algunas fotos del jardín…

…la casa…

…el invernadero…

…y los frutales. El peral (me como tres peras riquísimas directamente del árbol)…

…y el melocotonero (lo melocotones están demasiado maduros).

Hay tantos melocotones que van cayendo al suelo.

Aquí se ve el peral a la derecha y el melocotonero a la izquierda.

Ayer por la noche me debió picar algún bicho en el meñique, porque me levanté rascándome. A estas horas se ha puesto un poco feo. Por el aspecto diría que es de araña.

A las 18h me voy para la casa de los woofers. Tiro alguna foto por el camino.

La casa está en Marine Parade, la calle pegada a la playa, y es curioso observar en una misma calle casas muy poco cuidadas…

…junto a casas de lo más lujosas.

Llego a casa de los chicos. Menudo ventanal tienen con vistas al mar. Qué envidia. Por las vistas… y por la batidora, la cafetera y la cantidad de comida que tienen aquí.

Pero soy más que bien recibido por Reggie.

Estamos sólo Holly, Grace y yo, Grace ha preparado unas verduras con leche de coco (una especie de curry) y hay unas empanadillas de patata que sobraron de otro día. El americano James y su novia japonesa Chika se han ido a pasar sus dos días libres fuera. Durante la cena me entero de que el viaje lo ha preparado James para pedir en matrimonio a Chika. Están Holly y Grace superemocionadas con el tema. Reconozco que me sorprende que a estas alturas haya todavía esta parafernalia alrededor de una pedida de matrimonio. Bueno, de hecho es que lo que me sorprende es que la gente se case… especialmente tan joven.

Finalmente llega la pareja y Holly y Grace preguntan a Chika que qué ha contestado. Ella dice que “sí” y se ponen a gritar de contentas. Creo que nunca conseguiré compartir el entusiasmo por una boda. Pero igualmente brindamos por los novios y lo celebramos con ellos.

Van a poner una peli y me quedo a verla con ellos. Across the Universe, un musical con las canciones de los Beatles. Tiene momentos realmente buenos, las versiones son una pasada, pero tiene momentos muy pesados y largos.

A pesar del rato pasado con ellos, sigo sin sentirme integrado. Y es curioso porque Grace llegó sólo 2 días antes que yo y está superintegrada. No sé si es el problema es no vivir ahí (eso no ayuda, está claro), la diferencia de edad, que no son especialmente abiertos con los “extraños” o mi propia actitud. Son muy majos, pero no me siento parte del grupo, como me he sentido en todos los demás sitios con gente incluso más joven que ellos.

Pero no estoy mal. Ya se me ha pasado el cabreo (de verdad). Tengo techo y comida, bici para moverme y más o menos claro lo que tengo que hacer. No me siento del todo contento y cómodo con el sitio, pero no pasa nada. Puedo cambiar. No todo iba a ser como mi experiencia en Melbourne en una casa que me acogió con los brazos abiertos, y un sitio como el Lentil as Anything a quienes sentí como una familia.

Seguiré aquí unos días más aquí a la espera de ver qué pasa con el Vipassana, mientras voy mirando otros sitios. 

Mi picadura en el dedo va a peor. Ahora la zona está morada, un poco entumecida y duele bastante. He contactado con el seguro para ir al médico mañana para asegurarme de que no sea nada feo.

Mañana más.

1 Comment

  1. Emma Álvarez Manero

    Un abrazo muy grande, Pablo. De Todas las experiencias se aprende algo y, a veces la vida nos enfrenta a situaciones no tan favorables para que podamos valorar las positivas. Mucho ánimo y don't worry, be happy 🙂

    Reply

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