5 agosto 2016

232 días viajando…
3 días en Auckland…

Y llegó el día de las despedidas.

Después del desayuno me despido de Star agradeciéndole infinitamente su hospitalidad esta semana. Ha sido maravilloso haber podido estar aquí y haber podido apoyarla en estos momentos. 

Y me marcho con Grant y Sean para Auckland. Mi plan es pasar el día en la ciudad e irme al aeropuerto por la noche para dormir allí. Mi vuelo no sale hasta las 6:45 de la mañana. 

Para no tener que cargar con mi mochila, contacto con Johanna, la estudiante de danza alemana (alemana ella, no la danza) que me encontré en el aeropuerto cuando vine a Nueva Zelanda, para ver si puedo dejarla en su casa (la mochila). Pero me dice que a las 17h se va a trabajar. Eso me deja muy poco margen. Así que busco más opciones. 

Entonces me acuerdo de una Couchsurfing con la que estuve a punto de quedarme la otra vez que pasé la noche en Auckland. Anna, una kiwi que me pareció muy amable y encantadora. Así que contacto con ella y me dice que sin problema le puedo dejar mi equipaje. 

Así que, una vez en Auckland, me despido Grant y Sean en Ponsonby y cojo un bus a Albert Park, donde he quedado con Anna. 

Me lleva a almorzar a la cafetería Scarecrow de comida orgánica, pegada al parque, donde me pido el hummus con cebolla caramelizada que está de muerte, y desde ahí vamos a su casa para dejar mis cosas.

La verdad es que a veces, cuando menos se planean las cosas, mejor salen, porque al final Anna, no sólo me permite dejar mis cosas allí, sino que me ofrece la habitación de su hermana que ahora no está, para que pueda dormir algo antes de mi vuelo. Efectivamente… Anna es una persona maravillosa. 

Como tiene que trabajar un poco en casa (está con un proyecto de sus estudios de cine), la dejo sola y me voy a dar una vuelta por el Auckland Domain, un parque sorprendente que hay cerca del centro. Me hago The Lovers Walk.

Después de un largo paseo, me voy al centro…

…a la misma cafetería en la que estuve la última vez, The Shaky Isles Coffee, donde paso la tarde escribiendo el blog. 

Hace muchísimo frío hoy, especialmente cuando se nubla. No estoy nada preparado para este frío. Menos mal que me voy ya para zonas más cálidas. 

Recibo un mensaje de Anna diciéndome que ha terminado de trabajar y quedamos por Queen St. Me lleva hasta el Vector Arena, donde hoy hay un espectáculo de Disney On Ice, pero no para verlo, sino para visitar a un amigo suyo, Max, que hoy está trabajando de segurata en el parking. Y es que Anna trabaja también de vez en cuando como segurata. 

Max es un chico libio que lleva 9 años aqui, absolutamente divertidísimo. El tipo de persona que te cae bien en cuanto lo conoces. Con ese acento al hablar que parece una imitación de acento árabe de serie de TV. 

Pasamos un rato con él y luego nos vamos a casa de Anna a preparar algo de cena. Anna me saca unas cuantas verduras y me dice… “hala, a ver qué sabes hacer”. 

Así que mientras ella cuece un poco de arroz integral, yo preparo una especie de curry. 

Para ello frío unos ajos sobre mantequilla gee. Luego añado cebolla, un trozo de raíz de jengibre y un trozo de raíz de cúrcuma, ambas muy picadas. Después añado un calabacín y una berenjena en trocitos. Lo rehogo todo bien, añadiendo sal, pimienta, comino, orégano, romero y cúrcuma en polvo. Después añado un buen puñado de lentejas rojas (mis preferidas, porque se cocinan superrápido), las rehogo ligeramente y añado agua para que se cueza y unos tomatitos cherry. Cuando están casi cocidas (cuestión de 5 min o menos) añado media lata de crema de coco y lo dejo cocinar otros 5 minutos… y listo. 

Se sirve con el arroz y la verdad es que está de impresión. 

Nos quedamos un rato de charla. Anna me cuenta que pasó 10 años en Alemania estudiando cine, pero que, de repente, empezó a desarrollar una especie de hipersensibilidad a los químicos que le afecta especialmente a la vista, por lo que no puede usar un ordenador mucho más que un rato. Eso complica bastante su profesión. Se volvió a Auckland y está intentando solucionarlo. Algo ha mejorado, pero el proceso está siendo lento. Mientras, no puede estar en ambientes con aire acondicionado (por lo tanto no puede volar), ni soporta los perfumes, ni desodorantes de spray, etc…

Me ofrece ir a un concierto de música irlandesa que hay en un pub irlandés no lejos de ahí, en Mt. Eden. Yo no digo que no a nada, así que nos vamos para allá.

El pub se llama The Clare Inn y está lleno de irlandeses, borrachos, claro, como buenos irlandeses, pero de muy buen rollo. Y es que el cantante/músico es buenísimo y sabe hacerse con el público, incluso en esas condiciones.

Yo me pido un Guinness, por supuesto. Hay que integrarse como es debido. 

Aquí unas pequeñas muestras del concierto.

La verdad es que lo pasamos genial. Es curioso cómo un día, en el que no tenía nada planeado, ha resultado ser de lo más completo y divertido. 

Ya en casa de Anna me despido de ella con todo mi agradecimiento, ya que me marcharé de madrugada y no la veré. Voy a dormir apenas 2 horas y media, pero en una cama. Es muchísimo mejor que mi plan de dormir en el aeropuerto. 

De nuevo la vida me pone cosas buenas en mi camino cuando mi actitud es buena para verlas.

Ando un poco nervioso con el cambio. A ver qué tal resulta mi HelpX en Brisbane. Pero la idea de pasar mi tiempo jugando al ajedrez con los chavales de Nicola, suena muy apetecible. 

Por otra parte ando especialmente mal de pasta y eso me tiene preocupado. Me han venido algunos impuestos inesperados (por más que uno intenta salirse del sistema, parece que el sisema te persigue) que me han dejado tieso, por eso esta vez va a ser una prioridad para mí encontrar trabajo en mi nuevo destino. A ver qué tal.

Lo bueno es que he unido al grupo de Facebook “Españoles en Brisbane”. ¡Hay más de 2000! Y está siendo un buen sitio donde preguntar dudas y hacer contactos. Ya me han pasado algunas ideas de curro, especialmente en los markets de fin de semana. Así que ahí iré lo primero. 

Mañana, además, me encuentro en Brisbane con mis amigos de Madrid Dani, Eddie y Marta, que están de viaje por Australia y la casualidad ha hecho que coincidamos unos pocos días en Brisbane. Va a ser genial ver caras familiares después de tanto tiempo. 

Aunque sigo echando mucho de menos a mi otra gente. 

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