Hoy me despierto a las 9:30. Me desperté por la noche con algo de ansiedad. A veces me pasa. Por la mañana, justo antes de despertar, soñé que mi empleado (de mi empresa) y yo nos habíamos matriculado en una escuela de directores de orquesta y teníamos la primera clase. Él no aparecía y yo llegaba tarde porque me equivocaba de clase. Y cuando llego, el profesor es uno de los directores de cuentas de mi empresa cliente. :-/

Voy al Crotto a por algo de fruta (plátano y nectarina) y un café. Como siempre ya están en plena actividad. Esta noche hay una reserva de 10 personas.

Ale está preparando pasta fresca hecha con una mezcla de harina normal y harina de trigo sarraceno. Vero está haciendo un experimento de galletitas.

La madre del otro helper, Joy, les mandó 3 kgs de mantequilla de cacahuete y 3 de mantequilla de almendras, y está probando a hacer galletas con eso.

Me encargan picar y lavar la “costa” (acelgas) para la comida.

Y después a limpiar el perejil mientras Katia prepara la achicoria.

Pongo en el hilo musical mi lista de spotify “temazos” que delata mi edad (todo son temas de los 80).

Ale ya está terminando de preparar la pasta mientras ponemos la mesa. Está vez dentro, que hace mucho calor.

Y a las 13h nos sentamos a comer.

Lo que más me gusta de estar aquí es ese buen rollo que se respira. Hay una cordialidad y una alegría constante que hace que sea comodísimo estar aquí. Veo que efectivamente se puede convivir durante años sin malos rollos. Diciendo las cosas cuando hay que decirlas, poniéndose serios cuando toca, pero en general QUERIENDO ser felices.

Después de recoger y de la sobremesa, Vero me propone que me dé un paseo hasta Montepiatto y, de paso, que lleve la basura a la entrada del pueblo, donde la recogen.

Me aprovisiono de agua suficiente, y salgo.

Dejo la basura…

…y emprendo el camino a Montepiatto. Son unos 20 minutos de camino llano y completamente solitario. Cuando llego a la entrada del pueblo, veo las indicaciones.

Mientras que Piazzaga es un pueblecito de montaña, Montepiatto es más una urbanización de casas separadas unas de otras, pero muy chulas.

Vero me recomendó visitar la iglesia por sus vistas y la “Pietra Péndula”. Así que allá que voy.

No hay que andar mucho hasta llegar a la iglesia…

…y, efectivamente, las vistas son increíbles.

Desde ahí se coge el sendero hasta la Pietra Pendula.

Se trata de una roca de granito de unas 60 toneladas, colocada sobre unas piedras talladas. La estructura parece tener unos 50-60.000 años de antigüedad.

Es un lugar muy especial y estoy completamente solo, así que aprovecho para hacer una meditación.

Sobre las 18:30 vuelvo a Piazzaga, me doy una ducha y regreso al Crotto. Vero y Ale están preparando unas albóndigas para la cena.

Friego lo fregable, recojo, Vero me pide que lave una lechuga…

Luego hago compañía a Vero mientras cena. Siempre cena antes. Hablamos de su vida, de cómo, durante unas vacaciones con amigos a los 22, conoció a gente que viajaba por meses y decidió separarse de sus amigos y pasar unos meses viajando para sorpresa de su familia. Más tarde, a los 34 volvió a sentir esa llamada, lo dejó todo y viajó por todo el mundo durante 18 meses. En ese viaje conoció a Katia y a Ale y le hablaron de su proyecto de montar un restaurante. Y cuando terminó su viaje se unió a ellos.

Ale cocina sin descanso, en este caso unos “sciatt”, una especie de buñuelos con harina blanca, harina de trigo sarraceno y queso.

Es impresionante ver a Ale cocinar. Lleva años haciéndolo a diario y ves en su mirada tanta pasión al hacerlo. Se nota que lo disfruta tanto. Lo hablo con él y me dice que la cocina es lo único que le permite vaciar por completo su mente. Supongo que es algo muy parecido a la meditación.

Al final son 12 comensales. Un grupo de 10 y otro de 2. Actividad intensa.

Ale me prepara una ración de su Pizzoccheri para mí, que me tengo que comer entre fregado y fregado, porque hay que comerlo muy caliente.

Es la pasta preparada esta mañana, con mucha mantequilla y queso. Una bomba. Voy a volver con 5 kgs. más. Y para colmo estoy siempre muerto de hambre. Ale apuesta a que no me acabo el plato… y pierde la apuesta, claro.

Después de cenar toca fregar los montones de platos, vasos, cubiertos, ollas y cacerolas. Da gusto hacerlo en este buen ambiente.

Finalmente se van los clientes. Tenemos un rato de relax en la terraza. Hace incluso fresco. Se ha levantado viento y Andrea, el vecino, asegura que habrá granizo, pero yo no creo ni que llueva.

A las 23h me quedo solo, como de costumbre.

El paseo de hoy me ha servido para reflexionar. Creo que el truco es parar y preguntarse… ¿Me veo haciendo dentro de unos años lo mismo que hago ahora? ¿Es esa la vida que quiero para entonces?

Yo cada vez tengo más claro que no, que quiero un cambio. Necesito naturaleza, necesito tranquilidad, necesito compartir con la gente, necesito sonreír cada día de mi vida. Y lo mejor es que estoy en ese camino, por eso no me preocupo ni me agobio.

Pero hoy… a dormir.

Buenas noches.

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