Canada (Vancouver) – Housesitting en el West End.

by | 16 Jun 2019 | 0 comments

31 mayo – 16 junio 2019

1.277 días viajando…
16 días en Vancouver…

Tras mi breve paso por el workaway en Powell River, vuelvo a Vancouver donde me espera la principal razón de mi estancia en Canadá: Un Housesitting de 16 días en una casa en pleno West End con 3 perretes adorables.

La llegada

El 31 de mayo de 2019 Jaqueline (la que fuera la host de mi anterior workaway) me deja en el terminal del ferry de Saltery Bay, donde me despido de ella y donde cojo el primero de los dos ferrys que hay que tomar para llegar a Vancouver.

Entre ambos ferrys vuelvo a probar con el autostop, con buena fortuna, como siempre. 

Daniel, Christine y el perrito Window me llevan desde el terminal de Earls Cove al de Langdale, donde cojo el segundo ferry.

Una vez en Horseshoe Bay, voy hasta el West End de Vancouver en autobús.

Throsten, el papá de los perretes y mi nuevo host, me enseña mi habitación, de la que no tengo queja alguna… 😉

Y lo primero, como siempre, es buscar el lugar donde hacer mi sesión de yoga matinal. Aquí, con tanto perro, va a ser la fiesta.

Los perretes

Y estos son mis tres nuevos compañeros de piso:

Jack, 3 años, es un precioso pastor alemán. La última incorporación a la familia, ya que fue adoptado de un refugio de Kathmandú (Nepal) hace pocos meses. 

Es un perrazo adorable que enseguida me coge un cariño enorme (mutuo), pero se notan las “diferencias culturales” (por eso de que es nepalí) y se pone como loco cada vez que ve a otro perro medianamente grande.

Lo de la oreja torcida es un signo de identidad. 😉

Kenzo, 6 años, es el más fácil de todos. Cariñoso, leal, atentísimo a lo que le digo y me hace caso en todo. Tan obediente que a los pocos días lo puedo pasear sin correa.

Guess, 11 años, es la vieja dama del grupo, una gruñona de mucho cuidado, con más parecido a un koala que a un perro, y que pone unas caras que parecen de película de animación. Pero me acepta incondicionalmente y no se separa de mí.

Los Paseos

Aunque la casa tiene jardín, no es muy grande (estamos en el centro de Vancouver, rodeados por edificios de apartamentos. Ya es sorprendente que haya una casa aquí), por lo que los perros necesitan 4 paseos al día bastante largos. 

Mis lugares habituales son:

Lost Lagoon

Algunos días nos damos un paseo alrededor de la laguna que hay en el extremo sur de Stanley Park, el enorme parque de Vancouver.

Donde te encuentras el fino humor canadiense.

Y donde hay que tener un cuidado extremo con la vida silvestre, especialmente si llevas perros.

Barclay Heritage Square

Barclay Heritage Square es un pequeño parque que hay cerca de la casa y donde los llevo para los paseos cortos.

Es un buen sitio para que jueguen con otros perros.

La primera semana los dejo sueltos, aunque se supone que no es un parque de perros, pero todo el mundo lo hace. Pero un día pasó un tipo con pinta de neonazi llevando un pit bull con correa, y al ver a Jack sin correa acercándose a saludar al otro perro (Jack sin correa es solo muy juguetón, pero nunca agresivo ni protector, al contrario que cuando está con correa), se puso tan histérico que su perro reaccionó y tuve que parar a Jack. El tipo me montó un pollo tremendo del que no entendí ni una palabra, pero poco podía alegar porque, efectivamente, se supone que los perros no podían ir sueltos por ahí.

Así que la segunda semana tengo a Jack siempre atado en este lugar para evitar líos.

Sunset Beach Dog Park

Un día decido llevarme a Jack y Kenzo (Guess está muy mayor para paseos tan largos) por un nuevo camino. Vamos hasta Sunset Beach, y desde ahí andamos hacia el sur por todo el paseo que va junto a la playa, en dirección al Burrard Street Bridge.

Y, de repente, me encuentro con una pequeña playa que es un Parque de Perros, el Sunset Beach Dog Park.

Es el sitio perfecto para que Jack y Kenzo puedan jugar y darse un baño. A Jack le encanta el agua.

Nelson Dog Park

Pero donde los llevo todos los días sin falta es al parque de perros de la Nelson St. Es el sitio perfecto para que socialicen con otros perros, especialmente Jack, que tiene aún mucho que aprender en ese sentido. Aunque cuando no está con correa, pierde ese punto extremadamente protector y es bastante más social. Pero no siempre me hace mucho caso, aunque poco a poco va mejorando en eso.

Pero es impresionante ver como en estas dos semanas va evolucionando y mejorando su comportamiento con otros perros. En general suele ser un poco pesado y obsesivo. Cuando se fija en un perro, sólo quiere jugar con ése y no existe nada más. Si el perro lo lleva bien, no hay problema, pero si el perro se cansa de Jack, igual le marca y me toca separarlos, así que tengo que estar siempre muy atento.

Normalmente el único que juega es Jack. Kenzo suele observar un poco, pero sin participar demasiado, y lo que hace es seguirme a todas partes. Y Guess quiere sentirse segura, así que busca a alguien en el parque con quien sentarse para sentirse protegida. Ya sea yo… o cualquiera.

O se dejan querer.

Pero, si no tiene a nadie mejor, se queda conmigo.

Cardero Bottega

Pero el mejor momento del día es después del paseo largo que les doy a primera hora a Jack y Kenzo. Cuando vuelvo, me llevo a Kenzo (tiene doble paseo) y Guess a tomar un café a la terraza de la preciosa cafetería Cardero Bottega. A Jack no me lo llevo, porque es demasiado nervioso como para pasar tanto rato en una terraza.

Siempre que vamos, Kenzo se queda sentado a mis pies, y Guess me pide subirse encima mío para sentirse protegida. Esto da ocasión para disfrutar de todas sus caras, que son un poema.

Thorsten me dijo que, de vez en cuando, le podía consentir el capricho de un trocito de croissant. Le vuelven loca.

Las Otras Tareas

Además de pasear a los perretes, me toca prepararles la comida, que tiene su proceso, porque cada uno come una cosa diferente.

Cepillar el pelo de Jack, que, como se puede ver, le encanta.

Y hasta dormir con ellos. Bueno, con los pequeños. Por suerte Jack es más independiente (y protector) y prefiere dormir en la puerta de la casa. Yo creo que lo hace para protegernos. Es un perro increíble.

Y eso que Guess se pega unas siestas de campeonato.

Conociendo Vancouver

Vancouver es una ciudad que ocupa toda una gran península en la esquina suroeste de Canadá. Pero, dentro de esa península, hay otra minipenínsula que es el centro de Vancouver y que se divide en el Downtown, el West End, el puerto Coal Harbour y Stanley Park

West End

Mis paseos por el vecindario me permiten conocer el West End, donde se mezclan sin demasiado orden o criterio, casas elegantes…

…con espantosos edificios de apartamentos…

…o de oficinas.

West End es una zona en pleno auge, con un tremendo boom inmobiliario.

Pero es también una zona muy cool y hipster (“deja, ya pinto yo la furgo”)…

Llena de restaurantes vegetarianos…

Y hasta de manifestaciones pro-veganas!

Incluso pillo el “Car Free Day Festival” el 15 de junio, en el que cierran Denman St al tráfico, poniendo dos enormes camiones en cada extremo (por eso de evitar atentados)…

…y se llena de puestos (carísimos) y muy buen ambiente. ¡Hay de todo!

Una de las zonas más agradables de Vancouver son las playas y parques del lado oeste, donde te encuentras el monumento Inukshuk.

Desde ahí, y hacia el lado norte, está la famosa playa de English Bay Beach

…que por las tardes se llena de gente para ver la puesta de sol y hay ambientazo.

Hacia el lado sur está Sunset Beach y, al fondo, el Burrard Street Bridge.

También dentro del West End, me doy una vuelta por Davie Village, la zona gay de Vancouver.

Downtown

Como suele pasar en todas las ciudades anglosajonas, el downtown no es tanto el “centro histórico” (porque apenas tienen unos pocos cientos de años de historia) como el centro financiero y, por lo tanto, suele estar lleno de edificios de oficinas y centros financieros, bastante menos interesantes.

El 15 de junio me entero de que hay un espectáculo de Danza Aérea en la Guiness Tower del downtown.

Paso un vértigo ajeno terrible mientras lo disfruto.

Coal Harbour

El puerto de Coal Harbour está en el lado noreste de la minipenínsula que forma el centro de Vancouver, y da al interior de la bahía.

Allí te encuentras con el puerto de los hidroaviones

Algunos de los edificios más espectaculares del centro…

Y el Canada Place donde atracan los cruceros.

Y te encuentras hasta casas flotantes en el puerto deportivo. Supongo que es más barato que un apartamento por aquí… y con mucho más encanto.

Stanley Park

Uno de los días, me alquilo una bici en EzeeRiders Bike Rentals que cobran sólo 5 $/h (y te cobran por fracción, no por hora completa), y me doy la vuelta al Stanley Park que es una ruta muy popular aquí. Es obligatorio hacerlo por el carril bici y en el sentido opuesto a las agujas del reloj. Dirección única.

La primera parada para fotos es en el Brockton Point Lighthouse.

Un poco más adelante, The Girl in a Wetsuit, que es un poco como la sirenita de Copenhagen.

Y un poco más allá hay una playita…

…donde flipo al ver que tienen un secador de niños!!

Me voy acercando al Lions Gate Bridge que une Vancouver con North Vancouver. Aquí se puede apreciar el nivel organizativo de los canadienses, con un carril para bicis y patinadores (sólo en un sentido) y otro para peatones.

Y aquí está el puente.

Lo divertido de hacerse un selfie de los míos de Hands Up! es que no siempre salen a la primera.

Pero, tras muchos intentos…

Y llego hasta la Siwash Rock.

Aquí va un resumen del paseo.

Vanier Park

Otro día que tengo tiempo, decido darme un largo paseo y salir por una vez de la península del Vancouver. Para ello voy hasta el Burrand St. Bridge, que es una de las pocas salidas que están a mi alcance andando. Desde el puente, las vistas de ambos lados son espectaculares.

Se puede apreciar perfectamente el Sunset Beach and Park.

También se puede apreciar lo que decía del espanto de edificios apartamentos hechos de hormigón pelado que hay por toda la ciudad, restándole bastante encanto. Pero es lo que tiene la presión inmobiliaria.

Cuando llego a Vanier Park, paso por delante del Museum of Vancouver, el MOV.

Cuando llego al otro lado, me encuentro un grupo de patos que van a su bola.

Vuelvo otra vez al puente…

Desde donde tengo estupendas vistas del Burrard Civic Marina con Vancouver al fondo.

Y en estas dos fotos se puede apreciar el Sunset Beach Dog Park, donde he llevado a los perros unas cuantas veces.

De vuelta a Vancouver, me encuentro con otro ejemplo de lo variada que es la arquitectura.

Lynn Canyon Suspension Bridge

Y la otra escapada que hago es al Lynn Canyon Suspension Bridge. Es menos famoso que el Capilano Suspension Bridge, pero al menos éste es gratis, mientras que en el Capilano te cobran unos 50$.

Llego hasta ahí cogiendo un par de buses.

Una vez allí, veo que han cerrado el acceso que lleva más directamente, así que hay que dar un rodeo.

En el rodeo me encuentro cosas muy raras.

Pero, finalmente, allí está el puente.

 

Los canadienses tienen un fino sentido del humor en sus advertencias. Esto es mucho más divertido que prohibir.

Despedida

Y así llegamos hasta el 16 de junio de 2019, día de la llegada de Thorsten de su viaje a España. Aquí estamos Kenzo y yo esperándole en el porche y despidiéndonos.

Una vez que Thorsten está ya en casa, me despido de él y me cojo el autobús al terminal del ferry de Horseshoe Bay.

Donde me cojo el ferry hasta mi próximo destino… ¡Vancouver Island!

…pero eso es ya otra historia.

Conclusiones y planes

Cuidar de Jack, Kenzo y Guess ha sido un privilegio y un placer. Y, por si fuera poco, me llevo una de las mejores reviews que me han hecho.

Vancouver es una ciudad algo más residencial y menos “bonita” de lo que esperaba. Si hablamos de arquitectura, San Francisco es espectacular, pero Vancouver… no. Tiene demasiados horribles edificios de apartamentos que la convierten en una ciudad un poco… europea.

Pero sí tiene algunos rincones espectaculares, como Stanley Park (más grande incluso que Central Park en NY), o las playas y parques del lado oeste.

Por otra parte, y generalizando mucho (como siempre) no he sentido demasiada buena vibración con la gente de aquí. Los habitantes de las grandes ciudades de Canadá son muy parecidos a los de USA. Van muy a lo suyo y no son especialmente amables, abiertos o simpáticos.

También es verdad que un housesitting de 16 días da poco margen para conocer gente y empaparte de la cultura local, pero lo he disfrutado especialmente gracias a la compañía de los perretes.

Precisamente porque un housesitting no me da tanta opción de conocer gente, he decidido que el siguiente paso de mi viaje sea un workaway. Y para esta ocasión, he elegido una “Hobby Farm” (una granja donde se crían animales sin ánimo de hacer negocio con ellos) donde están criando dos alpacas y dos llamas, en Vancouver Island. Todo el mundo me ha hablado maravillas de esta isla, así que habrá que visitarla.

USA y Canadá están siendo algo menos interesantes de lo que esperaba, pero quería conocer ambos países. Quizá es que son demasiado cercanos a la cultura occidental y suponen menos reto. Así que creo que en breve daré un salto a otro lugar.

Pero me encuentro especialmente centrado y feliz con el viaje. Como en todas las etapas de la vida, hay épocas más felices que otras, pero puedo decir que estoy en una época especialmente buena, disfrutando a tope del viaje, sin grandes preocupaciones, con cero estrés y con muchas ganas de seguir.

Cada vez tengo más claro que en este viaje se trata menos de ver cosas y mucho más de tener experiencias y, sobre todo… de aprender.

Y si pienso en todo lo que llevo aprendido (de mí mismo y del mundo) en estos últimos 3,5 años… no tengo más que agradecimiento en mi corazón. Por todo lo que me empujó a dar este salto y por todo(s) lo(s) que lo ha(n) hecho posible.

Y me da por pensar…

El “sistema” o la “sociedad occidental” está diseñada para que produzcamos y consumamos enormemente y sin parar. Consumimos tanto, que necesitamos producir una barbaridad para mantener ese nivel de consumo. Y el producir nos tiene tan ocupados que evitamos “pensar”. Hasta que un día nos damos cuenta de que… se nos pasó la vida.

O quizá un día nos damos cuenta de que si dejamos de consumir (la enorme mayor parte de lo que consumimos realmente no lo necesitamos. Ése es el otro gran descubrimiento), ya no necesitamos producir tanto y tenemos muuuucho más tiempo. Tiempo para pensar, para sentir, para vivir. Y es cierto, que eso es un reto muy grande. No es fácil enfrentarse con uno mismo teniendo tiempo para ello. Pero si no…

…¿para qué estamos en este mundo?

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