Canada (Richmond) – 6 días de workaway en un barco/teatro

by | 10 Jul 2019 | 0 comments

5 – 10 julio 2019

1.301 días viajando…
6 días en Richmond (Canadá)…

El día 5 de julio de 2019 dejé mi Workaway en la Hobby Farm de Vancouver Island un poco antes de lo previsto para pasar mis últimos días en Canadá en un Workaway con muy buena pinta: Un barco/teatro que está actualmente en reparación en unos astilleros.

El viaje…

Para ir de Fanny Bay (en Vancouver Island) a Richmond (cerca de Vancouver) opto, como es habitual, por hacer autostop.

De Fanny Bay a Nanaimo me resulta relativamente fácil. No tengo que esperar mucho hasta que me recoge Jeff, que va a Victoria, pero que, muy amablemente, se desvía un poco para dejarme en la mismísima terminal del ferry. Se lo agradezco con efusividad.

Y ya sólo me queda a esperar el ferry que deja en Tsawwassen, un poco al sur de Richmond.

Una vez allí hay pocas opciones de hacer autostop, la verdad. Pero la opción del bus tampoco me entusiasma, ya que tengo que coger uno hasta el centro de Richmond y luego otro hasta los astilleros que están bastante al este, dando un rodeo de más de hora y media. Pero como no veo más opciones, cojo el primer bus.

Pero cuando el bus se detiene en una parada a la altura de la Steveston Hwy, en un impulso no demasiado pensado, me bajo. Éste es el punto más cercano de la ruta del bus a mi destino (aún así a unas 2 horas andando), así que pienso que desde aquí seguro que puedo llegar en autostop.

Estoy un poco en medio de la nada. Igual he sido un poco optimista. Hay tráfico, pero nadie para. Así que empiezo a andar por la Steveston Hwy en dirección a los SilverCity Riverport Cinemas, que tiene pinta de ser un centro comercial e igual pillo a alguien saliendo de allí hacia el norte.

Aunque voy caminando con el dedo puesto, al final llego hasta los cines sin que nadie me haya recogido. Ha sido más de media hora andando con todas mis cosas. Arf, arf…

Me coloco en la No 6 Rd, en dirección norte, un poco más allá de la salida de los cines, y pruebo de nuevo. Pasa un coche de vez en cuando, la cosa tiene mala pinta. Pues sí que he sido demasiado optimista. Pero, como siempre, al final alguien para. En esta ocasión es una camioneta donde viajan Matt, Matt (sí, hay 2 Matt’s) y Ann, jóvenes y majísimos canadienses que milagrosamente van en la misma dirección que yo, hacia el norte y girando al este en la Westminster Hwy, así que me dejan muy cerquita de mi destino. Les agradezco mil veces el paseo diciéndoles que me han salvado la vida.

Desde Westminster Hwy ya puedo ir andando. Y así llego hasta la entrada del Shelter Island Marina, los astilleros donde se supone que está el Amara Zee, el barco donde me alojaré estos días.

El lugar es absolutamente impresionante, lleno de barcos de todos los tamaños en dique seco.

Y sí, aquí es…

Me recibe Paul, el co-fundador de la compañía. Nos quedamos un buen rato charlando y me cuenta un poco la historia de la compañía.

The Caravan Stage Company…

La compañía The Caravan Stage Company fue fundada por Paul Kirby and Adriana “Nans” Kelder en 1970 y consistía en una carreta en la que Paul y Nans recorrían Vancouver Island haciendo un espectáculo de marionetas. Más tarde la compañía creció hasta ser 25 personas (actores, artistas, músicos y técnicos) que viajaban en 6 grandes carruajes tirados por caballos y actuaban en una gran carpa, con la idea de llevar las artes escénicas allá donde la gente no tenía la oportunidad de conocerlas.

Durante 23 años recorrieron de esta manera gran parte de Canadá y Estados Unidos, hasta que en 1993 decidieron cambiar las carretas por un barco y mandaron construir el Amara Zee para que, al igual que con las carretas, sirviera tanto de transporte como de escenario. La construcción supuso 4 años de trabajo y 2 millones de dólares. 

Desde 1997 a 2005, el Amara Zee recorrió las costas de Canada y USA, y de 2005 a 2013 realizó su tour europeo, volviendo posteriormente a América.

Y en 2019, tras 22 años en el mar, se decidió poner el barco en dique seco y dedicar este año a realizar una muy necesaria reforma.

Lo que más me sorprendió en mi primer día fue conocer a Paul y Nans y ver que, con 50 años de trabajo en común y más de 70 años de edad cada uno, aún seguían juntos, felices y con suficiente energía como para seguir con este proyecto al que han dedicado toda su vida. Y es que ellos empezaron con este proyecto cuando yo nací… y aquí siguen. Impresiona.

Otra cosa interesante es que todo el proyecto es non-profit, es decir, sin ánimo de lucro. En la mayoría de los espectáculos no se cobra entrada. Así que todos, absolutamente todos los gastos, incluidos los 2 millones de dólares que costó construir el barco, vienen de sponsors públicos y privados. Paul y Nans se han convertido en auténticos profesionales del fundraising, y una gran parte de su tiempo y esfuerzo se concentra en conseguir fondos para el proyecto.

Por ejemplo, para la reparación del barco, la mayoría de los que trabajan aquí son profesionales pagados por el gobierno de British Columbia.

El Barco…

Como ya contaba, el Amara Zee es un enorme barco de metal de 30 metros de eslora fabricado expresamente para la compañía entre 1993-1997. 

Tras mi llegada, después de charlar con Paul, aparece Nans por la caseta que hace de oficina y me acompaña hasta el interior del barco para enseñarme mi camarote. La vista de la proa impresiona por su tamaño.

Recorremos todo el lado de babor, donde se puede apreciar la corrosión producida en el casco por el mar.

Y por aquí es por dónde se sube al interior.

La popa, con el enorme timón del tamaño de una persona…

La cubierta es también espectacular. 

Cruzamos el puente de mando…

…y cuando entramos en el interior, me quedo impactado.

Bernard es el cocinero. Empezó como voluntario y al final lleva con ellos muchos años cocinando… y actuando!

Y éste es mi camarote.

Los Astilleros…

El Shelter Island Marina es un lugar increíble lleno de barcos de todos los tamaños en reparación.

Aunque muchos de ellos simplemente son viviendas. Es más barato tener un barco aquí que en un amarre.

Pero al ser unos astilleros, el nivel de ruido, polvo y suciedad es enorme. No me parece el lugar más sano para vivir. Y me parece especialmente duro para Paul, que ya lleva un infarto y varios bypass.

Lo más impresionante son las máquinas que usan para mover los barcos. Se manejan con mando a distancia y parecen robots de película.

Al fondo del Shelter hay docenas de enormes contenedores que se alquilan para que la gente guarde sus equipos. Paul y Nans tienen alquilado uno y les ayudo a transportar cosas.

Por supuesto, no podemos usar el baño del barco mientras está aquí, así que tenemos que ir a unos baños que hay fuera de los astilleros. Son casi 5 minutos andando… como para una urgencia!

También hay lavadoras y secadoras que Nans nos deja usar con su tarjeta. Todo un detalle.

El trabajo….

Como voy a estar muy pocos días, no quieren darme trabajos demasiado tochos que requieren entrenamiento. El primer día me toca pasar la aspiradora a toda la cubierta. Llevan semanas lijando el óxido del metal y todo ese polvo está por todas partes.

Pero ya han empezado a pintar por la proa y se ve algo de avance. El trabajo aquí es titánico.

Lo más interesante que me encargan es cortar unos tornillos que hay por toda la cubierta. Así al menos puedo practicar con power tools.

Aunque nada comparado con los trabajadores de verdad de aquí, como una chica que se dedica sólo a soldar metal.

También dedico algunos días a echarles una mano a modificar algunas cosas en la página web.

Durante estos 6 días nos llegamos a juntar bastantes workawayers. Creo que Nans no sabe decir que no y al final acepta a todo el mundo que lo solicita sin pensar si realmente lo necesita.

Cuando llegué, ya estaba Joanna, de UK, con un acento tan británico que me cuesta un mundo entenderla. Y Pedro, un chico mexicano majísimo y que toca la guitarra impresionantemente bien con el que puedo hablar español. Lleva meses aquí. Después llegarán dos chicas alemanas y Caroline de Italia. A las chicas no las ponen a trabajar en las tareas tochas del barco, por lo que al final Nans no sabe muy bien qué encargarles. 

También llega un chico exageradamente tímido y joven de Hong Kong. Tiene experiencia en este tipo de trabajos y lo ponen a pulir metal. Comparto camarote con él, pero no consigo (ni yo ni nadie) sacarle más de dos frases en una conversación.

Bernard…

Pero con quien hago especial amistad es con Bernard, un enorme americano de New Orleans que vivió en primera persona el Katrina, donde lo perdió todo. Se unió al proyecto hace bastantes años como voluntario y desde entonces pasa largas temporadas con ellos haciendo las labores de cocinero y actor. Es él quien nos prepara las comidas los dos primeros días, teniendo siempre en cuenta que Joanna y yo somos vegetarianos.

Pero desde el primer día Bernard se queja de que no se siente bien y, al tercer día, viendo que cada vez se siente peor, con una opresión extraña en el pecho, coge un taxi para irse a un hospital cercano.

Poco después nos enteramos de que lo han ingresado y que, al parecer, tiene un trombo que le afecta a uno de los pulmones, pero que tampoco lo pueden comprobar seguro porque para mirarlo tendrían que ponerle un contraste y sus riñones están muy mal y podrían no resistirlo.

No dejo de pensar que Bernard está solo en el hospital, porque toda su familia (tiene hijos) está en New Orleans y todo el mundo en el barco está muy liado, y me parece terrible estar en una situación así completamente solo.

Así que al día siguiente, con permiso de Nans, me cojo una de las bicicletas que tienen aquí, con intención de irme hasta el hospital. Pero al final me lleva la soldadora con su camioneta. Cargo igualmente la bici detrás para poder volver.

Cuando llego, Bernard se alegra mucho de verme. Ha salido de urgencias y lo tienen en una silla de ruedas en el pasillo esperando a que le preparen una habitación. Le he llevado un trozo del pan que ha hecho Joanna y que ha quedado de impresión. Se lo come con absoluta fruición.

Lo está pasando mal, cada vez que coge aire le duele mucho el pecho, por lo que le cuesta respirar y eso le tiene agotado. Le están inyectando heparina intravenosa desde ayer para hacer su sangre menos espesa y ver si consiguen diluir el trombo.

Finalmente le asignan una habitación y, aunque la comparte, su cama está al lado de la ventana y las vistas son impresionantes. 

Le dejo descansando e inicio el camino de regreso en bicicleta. Voy siguiendo la ruta que me marca Google Maps para bici, a traves de barrios residenciales de todo tipo, desde muy exclusivos hasta otros más… obreros.

Paso al lado de una iglesia que ofrece comida gratis dos veces a la semana…

…por la puerta lateral.

Cuando cruzo el Río Fraser, flipo con lo de la industria maderera.

¿De verdad que esto es sostenible?

Lo último que sé de Bernard es que se está recuperando y que se va a ir a casa de un amigo en Hawaii.

María…

El mismo día de mi llegada, Nans me comentó que unas dos semanas antes, el 21 de junio, esperaban la llegada de una española llamada María, pero que nunca se llegó a presentar. Cuando me lo contó, me sonó raro, pero cuando me enseñó la conversación por Whatsapp, me pareció alarmante. María comentaba en sus últimos mensajes que estaba en Seattle y que iba a cruzar la frontera hacia Vancouver con unas personas que acababa de conocer y que viajaban luego de Vancouver a Colombia. En el último mensaje decía que llegaría en un par de horas… y no sólo no se presentó, sino que no se volvió a conectar a su Whatsapp desde entonces.

Lo primero que hago es buscar noticias de chicas desaparecidas entre USA y Canadá sobre el 21 de junio, pero no encuentro nada. 

Aún así, como me pareció bastante preocupante, dediqué parte de mi tiempo a hacer algunas averiguaciones. La cosa era complicada, porque no tenía ningún dato. María no contactó con Nans por Workaway (en cuyo caso tendría al menos su perfil), sino directamente por Whatsapp, cuyo contacto tenía a través de Alfredo, un chico mexicano que María conoció en Seattle y que, éste sí, conocía a Nans a través de Workaway.

Así que mi primer paso fue buscar a Alfredo en Workaway, pero me llevo una sorpresa al ver que le ha caducado la suscripción y su perfil no es accesible. Eso me deja sin ninguna posibilidad de contacto con María, ya que Alfredo era el único vínculo conocido. Pruebo a hacer búsquedas en google con el número de teléfono de María, pero no encuentro nada. Al final opto por contactar con Workaway y explicarles la situación. Ellos, muy amablemente, acceden a reactivar la cuenta de Alfredo para que pueda contactar con él.

Cuando por fin consigo hablar con él, me comenta que no sabe nada de María desde que se fue de Seattle y que ve que no ha publicado nada en su perfil de Instagram desde entonces, a pesar de que suele ser muy activa.

Gracias al perfil de Instagram, consigo averiguar sus apellidos y encontrar su perfil de Facebook, pero lo tiene bastante privado, no puedo ver su lista de amigos, pero miro quienes han dado like a su última foto de perfil y me pongo en contacto con algunos de ellos.

Poco después me contesta, Juan Carlos, un actor con el que tengo algunos amigos en común y eso facilita la confianza. Le pregunto por María y me dice que no sabe nada de ella desde que estaba en Seattle tres semanas atrás y que empieza a preocuparse, porque suele comunicarse con frecuencia. También me dice que no se habla apenas con su familia, lo que explicaría que nadie haya denunciado aún su desaparición. No dejo de pensar que si yo dejara de contactar con ciertas personas cercanas más de una semana, saltarían todas las alarmas.

A estas alturas yo estoy convencido de que le ha pasado algo y mando algunos mensajes a la sección de personas desaparecidas de la Policía Nacional. Mensajes que nunca me llegan a contestar, por cierto.

Juan Carlos me dice que va a hacer algunas averiguaciones entre sus más cercanos, pero no quiere hablar aún con su familia para no alarmar innecesariamente.

Y por fin, el 11 de julio, 3 semanas después de su último mensaje, Juan Carlos me dice que ha hablado con su ex y que éste ha recibido unos días antes un SMS del consulado de España en San Francisco (USA) avisándole de que la van a deportar a España.

Una semana después María se pone en contacto conmigo medio mosqueada por la que he liado entre sus conocidos, aunque me agradece mi preocupación. Al parecer la detuvieron en la frontera con Canadá y la tuvieron retenida e incomunicada un mes. Bonito país Estados Unidos. 

Es muy delgada la línea que hay entre intentar ser discreto y preocuparte por alguien que no conoces.

La despedida…

Han sido muy poquitos días, pero al menos he podido conocer el proyecto. El 10 de julio de 2019 toca decir adiós a Paul, Nans, todos los voluntarios… y al Amara Zee.

Y me pillo el bus para el aeropuerto. Hoy toca cambio de país. En el aeropuerto de Vancouver me doy un capricho. Me han hablado tanto del Beyond Meat, las hamburguesas hechas sin carne pero que realmente parecen carne, que han despertado mi curiosidad. No soy nada dado a comer comida procesada, ni a los “sustitutos” de la carne, pero el precio era razonable y se ha desperado mi espíritu investigador. Veamos qué es esto del Beyond Meat.

Y la verdad es que es aterradoramente parecido a una hamburguesa real. Tanto que hasta me daba cosa. No echo de menos para nada la carne, y la sensación de estarla comiendo, aunque no sea real, me da grimilla, pero reconozco que está muy buena.

Sólo me falta ver el efecto que causa en mi organismo. Soy muy sensible a la comida y detecto rápidamente cuando un alimento no es bueno para mí. Pero, curiosamente, la digiero rápido y bien. Toda una sorpresa.

Por la noche ya estoy en el avión dispuesto a salir. Caribe… allá voy!

Conclusiones…

Aunque sabía que iba a estar pocos días, me apetecía mucho la oportunidad de conocer a Paul y Nans, autenticas leyendas vivas del teatro canadiense. Cuando Nans aceptó mi solicitud de Workaway, me dijo que era una pena que fueran pocos días “…but we love to talk about theatre and future productions that are brewing, to be realized in 2020.”

La idea de hablar con ellos de las futuras producciones me atraía sobre manera y, quién sabe, hasta me planteaba volver el año que viene si había alguna opción de colaborar.

Pero lamentablemente no hubo demasiada ocasión de hablar. Tanto Paul como Nans trabajan sin descanso de la mañana a la noche organizándolo absolutamente todo, y cuando acaban están tan exhaustos que no hay opción de sacar el tema.

Pero sí tuve ocasión de reflexionar mucho acerca de ese estilo de vida y me sentí, en una escala muchísimo más pequeña, algo identificado.

Desde la creación en 2000 de Tela-Katola como Compañía de Teatro Musical, hasta 2015 cuando abandoné toda actividad teatral para empezar este viaje loco, fueron 15 años de intentar sacar proyectos adelante. Y durante esos 15 años únicamente una de mis producciones fue rentable. Sólo una. En todas las demás perdí dinero de mi bolsillo. Y aunque adoro actuar y dirigir, me horroriza producir. Es la parte más ingrata de todo el proceso, pero es la única manera sacar mis proyectos adelante, ser yo mismo el productor. 

Producir es una tarea enormemente extenuante e ingrata que te desgasta por completo y que únicamente compensa si la obra llega a ser un gran éxito de público y taquilla. Pero cuando no, acabas preguntándote… ¿para qué hago esto? 

Para mí se fue haciendo más y más duro en cada producción, llegando a su máximo en “No Son Maneras de Tratar a una Dama“, donde conseguí la que, en mi opinion, fue una de las mejores producciones de Tela-Katola, pero que, sin embargo, apenas tuvo repercusión en el público y me supuso un dineral en pérdidas.

Y entonces pienso… si mi pasión por el teatro me hizo aguantar 15 años de tropiezos hasta tirar la toalla… ¿qué clase de pasión o energía tienen Paul y Nans como para llevar 50 años en esto y ser capaces aún de meterse en algo de la magnitud que tiene esta reparación? La previsión es que el barco no estará listo hasta dentro de varios meses y la próxima producción no empezará hasta dentro de un año. ¿Que clase de energía tienes para, a los 70 y pico años, aún hacer proyectos de proporciones faraónicas y a un año vista? 

Es cierto que hay una diferencia importante. Yo siempre intenté optar por lo privado. Jamás tuve ninguna subvención ni patrocinio de ningún tipo. Mi filosofía (absolutamente naif, lo reconozco) era que si el producto era bueno, el público lo pagaría.

La filosofía de Caravan Stage Company es exactamente la contraria. Todo se basa en el patrocinio y la esponsorización, con lo que, por un lado hay un enorme esfuerzo de búsqueda de fondos, pero por otro lado no arriesgas nunca tu propio dinero y se convierte en tu modo de vida.

Está claro a quién le ha ido mejor. 😉

Planes…

Como ya comenté en mi post anterior, aunque mi idea inicial era quedarme más tiempo en Canadá, Toñi, la española que conocí cuando estuve en la Riviera Maya de México, me ofreció cuidar de sus dos gatos en la isla caribeña de Saint Martin, así que… para allá voy. Vuelo por la noche hasta Toronto y, desde allí, salgo por la mañana hacia Saint Martin. Me apetece un montón, la verdad.

Y es que una de las cosas que más me atraían cuando empecé este viaje, era la idea de fluir. El ser libre para poder ir a cualquier sitio en cualquier momento, sin que nada me lo impidiera. Que por muchos planes que hiciera (e intento no hacer demasiados), pudiera cambiarlos de un día para otro si surgía algo más interesante.

Y debo decir que es una de las mejores cosas que está teniendo este viaje…

…libertad absoluta.

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