Australia (Melbourne) – Nos vamos para la City!

by | 2 Mar 2016 | 0 comments

2 marzo 2016

76 días viajando…
21 días en Melbourne…

Y llegó el día. Toca hacer la mochila por cuarta vez. La primera fue en Madrid, la segunda en Margate y la tercera en Fern Tree. Sydney y Melbourne no los cuento, porque fue tan corto que no deshice la mochila. 

Me levanto casi a las 8. Qué gusto levantarse sin despertador y con el sol ya a la vista. Me pego una buena ducha fría para despertar y preparo una tortilla de acelgas y kale para el desayuno. 

Es un desayuno tardío, pero compartido con los 4 que no trabajamos hoy: Lorna y yo, que nos vamos, y Gautier y Oodyle, que tienen el día libre. 

Limpio mi caravana, empaqueto todo y empiezo mi ronda de despedidas. Me despido de todos excepto de Murray y Matt que hoy están fuera. Incluso me despido de Camille que hoy ha venido a ayudar. Me despido de Grace…

…y mi última despedida es para Lorna y Ossian. El pequeño de Emilie y Travis ha conseguido robarme el corazón. :,-)

Voy hasta la carretera acompañado de Gautier y Oodyle, que se van andando hasta Yarra Junction, bajo un sol que atraviesa la piel. Nos despedimos en la parada de bus y ahí intento hacer autoestop, pero hoy no para nadie antes de que pase el bus, así que lo cojo. Hoy se me ha resistido. 

En Lilydale cojo el tren hasta Melbourne Central. La visión del CBD cuando estamos llegando es superchula. 

He quedado con Lily en que dejo las cosas en su casa y luego me paso por el Lentil para encontrarnos. 

De camino me fijo en la cantidad de casas que aquí tienen placas solares. Incluso casas muy modestas…

…y pienso en el famoso “impuesto al sol” que hay en España y que, de forma muy interesada, nos han hecho creer que es lo que no es. Porque la mayoría de la gente piensa que es un impuesto por tener placas solares, y que te pueden poner una multa por autoabastecerte, pero eso no es así. Sería una barbaridad. Pero interesa que se piense eso para desincentivar la intención de hacerlo. 

La realidad es que el impuesto es por conectar la placa solar a la red eléctrica. Tradicionalmente los que tenían placas solares estaban también conectados a la red eléctrica de forma que cuando generaban más energía de la que usaban, la entregaban a la red y, por las noches, cogían de la red. Era una forma de no necesitar almacenaje de energía. La compañía eléctrica pagaba por la energía recibida y cobraba por la entregada, de forma que se podía compensar más o menos el uso. El impuesto al sol es, en realidad, un impuesto muy alto que han puesto por estar conectados de esta forma. Pero no te pueden cobrar por almacenar tu propia energía y estar completamente desconectado de la red. Y ahí es donde entran iniciativas como Tesla, ofreciendo baterías de muchísima capacidad, buen rendimiento y bajo coste. Si no estás conectado a la red, no pagas. 

Pero sale a cuenta crear el falso rumor de que en España es imposible el autoabastecimiento. 

Es muy curioso darse cuenta que la gran mayoría de los políticos tenían negocios inmobiliarios cuando la gran burbuja. Pero cuando la burbuja estalló… ¿a dónde se fueron? Efectivamente, a empresas eléctricas, el nuevo gran negocio. Así que hay un interés bárbaro en frenar cualquier iniciativa que haga que la gente deje de consumir energía de estas empresas. 

Por eso me impresiona ver lo normalizado que está aquí el autoabastecimiento. 

Con estos pensamientos llego por fin a casa de Lily. 

Es una especie de comuna donde viven como 8 personas. Además resulta que al final el garaje está ocupado por dos visitantes más, por lo que por ahora me toca el sofá. No hay problema, yo me adapto a lo que sea. Me recibe Genie (creo que se escribe así), que me enseña la casa. 

Dejo mis cosas y me voy para el Lentil. El transporte público aquí es un poco lío, y bastante lento. Necesito una bici ya mismo. 

Llego casi a las 3.

Saludo a Lily y a los compañeros que ya voy conociendo (Jordan, Atom, Alan, Yui…) y conozco a algunos más (Sydney, Bodah…). Alemanes, ingleses, japoneses, franceses, tailandeses… de todo. 

Lily me cuenta que los echan de la casa dentro de dos meses porque la van a derribar para hacer algo de tres plantas. Es una pena, la verdad. Pero parece que el negocio inmobiliario aquí está en pleno auge. 

Hago un poco se sobremesa…

…y me doy una vuelta por el recinto del convento buscando algún lugar con WiFi. Y, como siempre, tengo suerte. Justo detrás del Lentil está la cafetería Sam’s, con WiFi abierta. 

A las 17h acudo a la reunión de voluntarios del turno de noche del Lentil. Hoy es un poco diferente. Normalmente hay buffet, pero hoy es a la carta.

Eso supone acomodar a la gente, coger las comandas en las mesas y servirlas. A mi me asignan coger comandas en el interior (hay interior y terraza) junto con Bodah, una alemana muy graciosa. Nos enseñan la forma correcta de coger las comandas para evitar errores. Aún así cometo un par de ellos. Y es que, al principio, parece fácil y tranquilo, la gente llega poco a poco, porque empezamos a las 17:30. Pero a las 19h la cosa se dispara, el local se llena y ya es un no parar. 

La comanda debe llevar el nombre de uno de los comensales (hay mesas compartidas), el número de comensales, el número de mesa, la hora y mis iniciales. Y hacer una diferente para entrantes, para platos principales, para postres y para bebidas (tés o limonada). 

Es una locura, pero la verdad es que me lo paso muy bien. La mayoría de la gente que viene es encantadora y muy conscientes de que somos voluntarios, por lo que nos lo hacen todo mucho más fácil. No paro hasta las 21h, que se dejan de coger comandas. A esa hora pedimos a la cocina nuestras cenas. 

Después de cenar, terminamos de limpiar y nos tomamos unos vinitos entre los que quedamos. Aquí estoy con Atom, un japonés encantador y muy divertido. La gente aquí es maravillosa. 

Y por fin le consigo sacar una foto a un Possum de cerca. 

A las 23h y pico nos vamos al metro. Cada uno a su casa. Me quedo sólo y consigo llegar hasta la casa de Lily donde me instalo en el sofá tan ricamente. 

Estoy un poco agotado y con algo de bajoncillo, pero es normal y lo tengo bien integrado. Contaba con tener un espacio para mí en la casa de Lily (el garaje), y el verme en el sofá, sin poder deshacer la mochila, me genera una sensación de provisionalidad que no es lo que buscaba, pero no me quejo. Al contrario. Estoy MUY agradecido de poder estar en esta ciudad y tener donde dormir. 

Mañana me dedicaré el día por completo a mí. Además de pequeñas tareas pendientes, como prioridades quiero comprarme una bici y quiero arreglar el portátil. 

Tengo tanto sueño que soy incapaz de escribir esto, así que…

…lo dejo para mañana. 🙂

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