Australia (Kangaroo Island) – 1 Semana en Kangaroo Island

by | 14 Feb 2017 | 1 comment

7 – 14 febrero 2017

425 días viajando…
8 días en Kangaroo Island…

Martes 7 de febrero

Me levanto temprano. El plan de hoy es llegar a Kangaroo Island con el mínimo coste. Eso implica usar autostop en lugar de bus y eso requiere tiempo.

Me echo unas risas con el papel que Jan (mi couchsurfing) tiene pegado en una pared de otra de las habitaciones.

Después de desayunar, recojo todas mis cosas y Jan me lleva hasta el Woolworth de al lado de su casa para comprar. El HelpX con Carme en Kangaroo Island no incluye comida y ella me recomendó que mejor comprara en Adelaide, ya que la isla es bastante más cara.

Compro mis básicos: lechuga, tomate, zanahorias, calabacines, lombarda, cebolla, ajo, jengibre, arroz, lentejas, garbanzos, frutos secos, pan y tahini.

En total $38 (27€).

Desde allí Jan me lleva hasta South Rd, la carretera de salida de Adelaide hacia el sur y allí nos despedimos. Le agradezco infinitamente su amabilidad y hospitalidad. 

Nos vino a recoger a Marta y a mí, nos acogió en su casa, nos dio de comer y me ha llevado a donde he necesitado. Es una persona maravillosa.

Desde aquí empieza mi periplo en autostop. Mi objetivo es Cape Jervis, a unos 100 kms al sur, desde donde sale el Ferry a Kangaroo Island.

La espera se hace larga. El sitio donde estoy no es el ideal, porque no hay demasiado espacio para que los coches puedan parar (no lo hay en absoluto), así que, a pesar del peso que llevo, avanzo un poco hasta una especie de salida, donde es más fácil que un coche pueda detenerse. Una vez allí, enseguida me para alguien. 

Se trata de Will, un simpatiquísimo y divertidísimo aussie que, cuando se entera de que le voy a sacar en mi blog, se pone guapo para la foto e insiste en que diga muy claro que es soltero (eh, chicas???), supermajo y que su teléfono es el 0407617209. Y juro que esto es verdad. Me ha pedido que ponga su número en mi blog… así que aquí queda. Venga chicas, mandadle un mensaje, que lo agradecerá mucho y conoce los mejores locales de Adelaide. Y es clavado a Rod Stewart!!

Will me lleva hasta Seaford, donde va a recoger a su madre. Allí nos despedimos. Me insiste en que vaya al Fish & Chips de Kingscote en Kanguroo Island y que salude a su tío Eddie de su parte, que es el dueño.

Allí vuelvo a poner el dedo…

…y al cabo de un buen rato me recoge Thomson, un conductor de camiones que ha terminado pronto su trabajo y está de vuelta a su casa, en Aldinga.

Y me deja en la estación de servicio de Aldinga…

…donde aprovecho para tomarme un café. Aquí vuelvo a ver este aparto que tienen algunos locales de Australia para valorar el grado de satisfacción de los clientes.

Me parece una idea sencilla y genial para saber qué tal tratan tus empleados a los clientes.

Salgo de la estación de servicio y me vuelvo a poner en modo hitchhicker. Pasa como media hora y no para nadie, pero al final un coche que sale de la estación de servicio se me para al lado y se ofrece a llevarme. Cuando le digo que voy a Cape Jervis (que está todavía como a una hora de camino), duda, pero me dice… “mmmm… venga, te llevo”.

Se llama Sasha y me cuenta, mientras enciendo un cigarrillo, que en realidad vive al lado y que ha ido a echar gasolina y comprar una botella de whisky y dos de coca-cola, pero que como aún está de baja porque hace poco la operaron de un tumor en el apéndice que se le extendió al intestino, pues que está aburrida y que por eso me lleva hasta allí.

También me cuenta que estuvo secuestrada (o eso creo entender, que su acento es durillo) de los 6 hasta los 12 años, que es cuando consiguió escapar, que su exmarido y padre de sus hijos los maltrataba hasta el punto de acabar todos en el hospital con fracturas y que su mejor amiga era Natasha Jones, que fue salvajemente asesinada por su novio en 2007. Pero que ahora estaba con un hombre que la trataba maravillosamente y que lo único eran sus problemillas de salud. 

Sí, éste es el tipo de historias que te encuentras cuando haces autostop.

Cuando llegamos a Cape Jervis, le ofrezco invitarla a un café por el enorme favor de traerme hasta aquí, pero me dice que el café en la terminal es carísimo y que si eso que nos bebemos lo que lleva. Así que prepara un cubata mientras se fuma otro cigarrillo y nos hacemos la foto de rigor.

Al final he conseguido llegar a Cape Jervis antes de las 14h, pero el siguiente ferry es a las 15h. Me compro el ticket que me sale a $49 (madre mía, y eso que voy sin coche. Con coche son unos $100 más). Si lo compras por la web sale $2 más barato. Con estos precios, no creo que la gente de la isla vaya mucho a tierra firme, la verdad. Y eso que el recorrido son sólo 45 minutos.

Dejo mi equipaje en una furgoneta que pone “self service” (la de la izquierda de la foto), es decir, que tú lo dejas y tú lo recoges a la llegada. A pesar de lo que cobran, ni siquiera se ocupan del equipaje. Pues qué bien se lo han montado los de la compañía Sealink. No hay nada como no tener competencia. El Ferry entre las dos islas de New Zealand estaba operado por dos compañías distintas y la diferncia era abismal. Mucho más barato (a pesar de ser un recorrido de 3 horas) y muchísimo mejor servicio.

A las 15h en punto zarpamos.

El ferry llega a Penneshaw antes de las 16h y allí me encuentro con Carme, que trabaja en la cafetería de la terminal. Es una mujer muy catalana (tiene acento catalán hasta hablando en inglés) y muy graciosa y simpática. Como tiene que currar hasta las 20h, me recomienda que haga un track que sale de allí mismo, el Ironstone Hill Hike. Acepto encantado, así que le dejo mis cosas y me pongo en camino.

Justo salgo a la vez que el ferry.

Y una vez en la playa, comienza la ruta.

Desde la costa veo llegar el siguiente ferry.

El track es el antiguo camino que construyeron los primeros moradores de la isla, la familia Bates, para llevar los cultivos a los barcos.

Y en esta colina acaba la ruta. En el camino de vuelta me encuentro con algunos wallabies.

De vuelta a la terminal del ferry me encuentro que venden redes para protegerse de las moscas…

…que puede parecer exagerado, pero la verdad es que han sido un coñazo todo el camino, intentando colarse con muy poca delicadeza, por todos mis orificios.

Cuando Carme termina de cerrar la cafetería, me lleva en coche hasta su casa, que está subiendo ligeramente la colina.

Nos hacemos la cena, cada uno la suya, y se nos va el tiempo charlando, contándonos cada uno nuestros viajes. 

Carme vivía en Port de la Selva, pero ha dedicado mucho tiempo a viajar, especialmente por África y Asia, hasta que decidió que quería asentarse en Australia para escribir un libro. Para ello pidió la residencia permanente basándose en que tiene una de las profesiones demandadas por Australia. Le costó un año de trámites pero finalmente lo consiguió y se vino a esta isla. Valora mucho la tranquilidad y la soledad.

Cuando se hace tarde, preparamos mi cuarto. Es una estancia al lado de la cocina, sin puertas, pero con una cortina de separación, donde ponemos un sofá cama y la dejamos bien apañada.

Intento hacer mi meditación, pero caigo frito en pocos minutos.

Miércoles 8 de febrero

Me levanto antes de las 7 para hacer mis saludos al sol. He encontrado el sitio perfecto para hacerlos.

Aún me duele el hombro, pero más o menos puedo hacerlos.

Y hoy toca ponerse a trabajar. Mi tarea será, cómo no… pintar. Le estoy cogiendo cada vez más manía, pero parece que es el trabajo estrella en este país.

Carme alquiló la casa en bastante malas condiciones y llegó al acuerdo con la dueña por el que ella le pagaba los materiales, si Carme lo pintaba. Así que en esas estamos.

Como no está incluida la comida, en general las jornadas de trabajo son cortas, de unas 3 horas nada más. Después de comer, Carme me ofrece irnos al muelle a bañarnos. Dice que hay un sitio muy chulo desde el que se puede saltar al agua.

Después del baño me voy a la Ultima Thule, una cafetería con WiFi (Carme no tiene conexión a Internet en su casa). 

Ahí pruebo por primera vez el sistema que me he montado para poder seguir usando mi portátil, al que no le funciona la pantalla.

Tengo configurado mi portátil como Hotspot WiFi al que se conecta la tablet. De esta forma, y por VNC, puedo ver la pantalla del portátil en la tablet. Y para conectar el portátil a Internet, como tengo la WiFi ocupada, lo conecto al móvil por cable y configuro el móvil como módem USB. Como el móvil está conectado por WiFi, no me gasta datos. Es un lío… pero funciona!

Así puedo ponerme a escribir el blog, que va con retraso.

Al final de la tarde voy hasta la terminal del ferry a buscar a Carme para ir con ella a casa en coche. Así me ahorro subir la colina dónde está situada. 

Nos hacemos la cena (cada uno la suya) y cenamos en el jardín, mientras soy devorado por los mosquitos que, sorprendentemente, a ella no le pican.

Jueves 9 de febrero

El jueves es bastante parecido al miércoles. Sesión de pintura de los marcos de las ventanas, hacerme algo de comer e irme al Ultima Thule a escribir el blog. 

También aprovecho para llamar al Consulado de Indonesia en Melbourne para preguntarles si puedo terminar de gestionar mi visado en Adelaide o Darwin. Para mi sorpresa me dicen que no, que aún sigue pendiente de aprobación por parte de la embajada de Madrid y que, una vez aprobada, debo hacer el trámite en Melbourne. Vaya, eso cambia mis planes. Eso significa que tengo que volver a Melbourne en algún momento en vez de hacerme la ruta Adelaide – Alice Springs – Darwin, como pensaba. Por otra parte, no me importa volver a Melbourne, la verdad. 

Me vuelvo andando a casa para sacar algunas fotos aprovechando la maravillosa luz del atardecer.

Llego a la vez que Carme y volvemos a cenar en el jardín viendo un atardecer increíble…

…Con luna llena incluida. 

Y se nos van las horas charlando. Me habla de su experiencia en el Ashram de Amma (The Hugging Mother) en la India. Una mujer internacionalmente famosa por ser considerada casi una deidad. Dedica las horas a abrazar a la gente para transmitirles su energía. Alrededor de ella se ha creado un Ashram que es casi una ciudad en sí y al que acuden devotos de todo el mundo. Carme, que lo ha vivido en primera persona, al igual que otra mucha gente, lo considera un negocio y una secta. Y es algo que tengo comprobado. Si se mezcla dinero/negocio con espiritualidad, se desvirtúa por completo el mensaje y a mí, personalmente, me hace desconfiar. 

Viernes 10 de febrero

Para el viernes, tras uno de mis habituales desayunos de arroz, lentejas, ajo, jengibre, verduras, frutos secos y huevos de las gallinas del vecino…

…Carme me pide si puedo aplicar masilla a la pared al lado de la entrada, que se ha caído a pedazos.

No soy un experto en estas cosas, pero al final me queda bastante bien. 

En la bañera de nos ha colado una araña de un tamaño tan considerable que no es capaz de salir por sí sola. Como no usamos la bañera, porque la ducha está aparte, ninguno hacemos nada por sacarla… y ahí sigue. 

Por la tarde, como siempre, me voy al Ultima Thule, donde ya me he hecho amiguete del japonés que atiende el local. Como la mayoría de los japoneses, está todo el rato sonriendo y es súper amable. 

Hoy me aburro pronto de escribir y decido irme a dar una vuelta por los alrededores siguiendo un camino que veo en Google Maps.

Aprovecho para ir sacando algunas fotos del camino, como el canguro que tienen en la puerta de un café/art gallery…

…el museo…

…la iglesia…

…la calle que sube la colina hasta la casa de Carme…

…algunas casas un poco más lujosas…

Desde las afueras del pueblo de Penneshaw puede verse la casa de Carme. Es la más pequeñita justo en el centro de la foto. 

Paso al lado del cementerio…

…y siguiendo el camino, llego hasta las últimas casas de la zona.

Lo que se ve ahí al fondo es Penneshaw.

A la vuelta vuelvo a pasar al lado de una especie de instalación eléctrica sin un alma vivinte y en medio de la nada. Me recuerda a las Estaciones Dharma de Lost.

Y llego por fin a la entrada del pueblo. 

Como es viernes, me apetece ver qué marcha hay en el pueblo, así que después de cenar, sobre las 21h, me bajo andando hasta el único pub del pueblo… y me encuentro que están cerrando ya. Vaya.

Le pregunto a la chica que está ya recogiendo que a qué hora cierran y me dice que “cuando no hay gente”. Y efectivamente no hay ya un alma. Madre mía, qué ambiente. Me dice que si quiero, me pone una bebida, pero le digo que no me apetece demasiado beber solo. Tengo la secreta esperanza de que se anime y me acompañe con una cerveza… pero eso solo ocurre en las películas. 

Me quedo un rato por el pueblo haciendo fotos a la luna llena sobre el mar. Y cuando empiezo a congelarme, me vuelvo. 

Cuando me acuesto, me doy cuenta de que me entra directamente la luz de la luna por la ventana a mi cama.

Sábado 11 de febrero

Como el finde no tengo que trabajar en la casa, decido irme a la “capital” de la isla, Kingscote. Carme me ofrece su coche, pero por un lado no quiero la responsabilidad de que me pueda pasarle algo y por otro tampoco quiero pagar la gasolina. Así que opto por el infalible y mucho más divertido método del autostop.

Para empezar, me bajo la carretera que va al pueblo y ahí me coloco en la carretera de salida. La verdad es que pega bastante fuerte el sol, pero supongo que no tendré que esperar mucho.

El primer coche que pasa, se para y me pregunta…

– ¿A dónde vas?
– A Kignscote

Me mira preocupado.

– Yo voy sólo hasta lo alto de la colina… ¿tienes agua?

Y yo, que no he cogido agua conscientemente porque no quería llevar peso, pensando que ya bebería allí, le contesto con sinceridad…

– Puessss… nop.
– ¿Con este calor? Venga, sube, que vamos a por agua.

Yo subo sin saber muy bien qué va a hacer. Para mi sorpresa da media vuelta y me lleva hasta el único supermercado del pueblo, el IGA. Le doy las gracias y voy a bajarme, pero él me para y, con un gesto, me dice que no me mueva. Se baja, entra en la tienda y al rato me trae dos botellas de litro y medio de agua mineral. Después me lleva hasta una zona con sombra y me dice, mejor ponte aquí, que estás a la sombra y seguro que alguien te para.

Me faltó poco para decirle “gracias, papi”. Pero te haces una idea del nivel de amabilidad de la gente de por aquí. Impresionante.

Yo que no quería cargar peso, me veo con 3 litros de agua, pero cualquier dice que no.

Efectivamente el sitio es bueno y al poco me paran dos viejecitos, Joe y Doug, que casualmente van a Kingscote, así que ya tengo el viaje resuelto. Como es casi una hora de viaje, intento sacar un poco de conversación, pero la verdad es que no me siguen mucho. Yo creo que entienden mal mi inglés y por eso les da corte hablar. 

Me dejan en el centro de Kignscote, les doy las gracias, nos hacemos la foto reglamentaria…

…en la que salgo un poco serio porque estoy intentando explicarles cómo hacer la foto, cuando justo la dispara. En fin, cojo mi sudadera, mis sombrero y me bajo.

Cuando me voy a atar mi sudadera a la cintura, veo que ya la llevo… ¡he cogido un suéter de ellos que era del mismo color!. Corro a devolverlo, pero ya se han ido. Me siento como si fuera un ladrón que abusa de la confianza de los conductores para robarles… :-/

Pensaba que Kignscote sería algo más… grande. Pero nada, 4 casas, y una única calle medio comercial. Pero me doy una vuelta tirando algunas fotos. A la iglesia…

…a la zona donde los turistas dan de comer a los pelícanos…

…y me doy una vuelta por el parque histórico Reeves Point Historic Site.

Me hago mi foto estilo Forrest Gump…

…y vuelvo al “pueblo”…

…donde casualmente me encuentro de bruces con Joe y Doug y les puedo devolver el suéter. Ni se habían dado cuenta.

Me tomo un café mientras intento encontrar un couchsurfing que me enseñe los alrededores y me permita pasar noche y así aprovechar mejor el finde. Pero no hay forma. Al final opto por volverme. Para ello me pongo en la carretera de salida y no tengo que esperar mucho hasta que un coche me para. 

Son Fox y Robin, que vienen de comprar y van camino a su casa para montar una BBQ. Van bien provistos, con todo el coche lleno de salchichas, hamburguesas y cerveza. Fox conduce con una cerveza en la mano. Son auténticos australianos. Lo que me hace mucha ilusión es que cada vez los entiendo mejor.

Ellos van hacia Cignet River, por lo que sólo pueden llevarme hasta la “esquina” de la carretera. Cuando llegamos allí me dicen que me llevan a la siguiente esquina, y bromean sobre que muchos extrajeros se sorprenden cuando ven que, como ahora, entre “esquina” y “esquina” hay como 4 kms.

Al final me dejan al comienzo de Hog Bay Rd.

Efectivamente es una esquina.

Allí vuelvo a colocarme.

Me doy cuenta que aquí hacemos autostop con la izquierda, mientras que en el resto del mundo no Commonwealth se hace con la derecha, claro.

Pasan poquísimos coches, así que me entretengo como puedo.

Finalmente me para Steve y su encantadora perrita Tek. Va hacia su casa que está unos kilómetros más allá de la larguísima recta que es Hog Bay Rd. Pero bueno, algo avanzamos.

Allí me toca esperar bastante, porque, al ser una recta tan larga, los coches pasan a toda leche. Pero al final me paran Catherine y Jean Pierre, dos franceses que andan de viaje de vacaciones largas y justo van camino del ferry para volver al continente, así que me pueden llevar a Penneshaw. 

Son encantadores y no paran de preguntarme sobre mi viaje, sobre todo Jean Pierre a pesar de que su inglés es bastante limitado y tiene que estar preguntando todo el rato a Catherine qué he dicho.

Me dejan en Penneshaw donde nos despedimos, dándoles las gracias y diciéndoles que saluden a Carme en la cafetería del ferry de mi parte.

Antes de volver a casa me paso por el Penneshaw Hotel a darme un homenaje, aprovechando su pinta a 6$ (unos 4€).

Aunque parece que aquí las pintas son algo más pequeñas.

Regreso a casa andando, y me toca volver a subir la colina hasta la casa, esa que se ve allí arriba.

Domingo 12 de febrero

El domingo me lo tomo de tranqui y lo dedico sobre todo a hacer planes. Decido que ya he tenido suficiente Kangaroo Island (no es muy divertido esto) y que lo mejor sería irme a Adelaide o Melbourne. Mando unas cuantas solicitudes de HelpX. Hay una especialmente interesante en Northcote (Melbourne) donde una mujer (Lisa) y su hija (Cocoa) buscan una chica para ya mismo, a ser posible que hable francés, para echar una mano en casa. Es interesante porque Lisa es instructora de yoga, vegetariana y Cocoa toca el piano. Le escribo diciendo que podría estar disponible ya mismo, y que si lo de ser hombre (pido disculpas por ello) y no hablar francés no es demasiado impedimento, yo encantado.

Lunes 13 de febrero

Vuelta al trabajo. Rellenar con masilla los agujeros y preparar el baño para ser pintado.

Al final siempre lleva mucho más tiempo la preparación que el mismo hecho de pintar. Esto anula por completo el único cuarto de baño, así que a partir de ahora toca buscarse la vida.

Por la tarde vuelvo a darme una vuelta por Penneshaw. Hoy hay mucho movimiento, porque ha llegado uno de los cruceros que, de vez en cuando, pasan por aquí.

Hay japoneses por todas partes. :-p

Me asomo por Ultima Thule y conozco por fin a la encargada, que ya me había avisado Carme que creía era española. Efectivamente, se trata de Diana, de Madrid, que está de encargada del café hasta el mes que viene. Aceptó el puesto porque eran sólo 4 meses y aún así se le han hecho eternos. No hay mucha vida social aquí.

Recibo contestación de Lisa, la HelpX de Melbourne diciendo literalmente: 

Hello Pablo, You would be most welcome! How could we say no with such glowing references?

Es lo bueno de tener buenas referencias en la web. 🙂

Pues si el universo me lo pone así, no hay duda posible, me vuelvo a Melbourne a esperar el visado a Indonesia. Miro formas de ir y veo que lo más barato y rápido es un vuelo el miércoles (en dos días) por $49. Antes de comprarlo me paso por la cafetería del ferry para consultárselo a Carme. Ella me dice que sin problema, así que me lo compro.

Había dos opciones de vuelos, uno a Tullamarine (muy cerquita de Melbourne) que llega a medianoche y cuesta $10 más, y el otro que es a Avalon, a tomar por culo de Melbourne, pero que llega a mediodía y cuesta $10 menos.

Como mi intención es no coger el Skybus ($18-22) sino hacer autostop, no hay duda de que tengo que llegar de día, aunque sea más lejos. Así que me pillo el vuelo a Avalon.

Para celebrarlo, me vuelvo a ir al Penneshaw Hotel.

Me pido el vino de la casa que, en hora feliz, está a $5. Bueno, bueno… no está, no nos vamos a engañara a estas harturas.

De vuelta a casa, el último pis de la noche, toca hacerlo fuera, claro. Mientras estoy en ello, oigo como pisadas. Apunto la luz del móvil… y ahí está.

Un pequeño wallaby mirándome desde el otro lado de la puerta. Esto es Australia.

Martes 14 de febrero

Como el vuelo de mañana es relativamente temprano (a las 10:25), no me da tiempo a pillarlo ni cogiendo el primer ferry de la mañana, porque tendría que llegar al aeropuerto desde Cape Jervis. Así que quedo con Carme en que me voy hoy por la tarde. He hablado también con Jan, la couchsurfing que me acogió en mi viaje de ida, para que me acoja también a la vuelta. Como es una mujer maravillosa, no sólo me dice que sí, sino que me pide que no coma nada para que me coma con hambre su cena. Buena cosa me ha dicho.

Así que el martes ayudo a Carme a rematar algunas cosas de la casa (aunque aún tiene trabajo para semanas) y termino de empaquetar mis cosas. Como no hay posibilidad de ducharnos, optamos por irnos al muelle a bañarnos en el mar. Es una buena despedida del lugar.

Por la tarde me despido de ella y marcho a la terminal del ferry. Cojo el de las 16:30. Hubiera preferido el de las 14:30, pero iba completo. 

Había pensado aprovechar el trayecto para intentar hablar con alguien que me llevara a Adelaide luego, pero la verdad es que me siento incapaz. Me parece demasiado agresivo. Cuando haces autostop, el conductor puede decidir libremente si te lleva o no, pero si le preguntas a alguien:

– Buenas, ¿viajas con coche?
– Sí
– ¿Vas luego a Adelaide?
– Sí
– ¿Me llevas?

Pues la verdad es que le pones en un compromiso brutal. Así que opto por el sistema tradicional. Cuando llegamos, me alejo un poco y pongo el dedo en la única carretera de salida de Cape Jervis.

Empiezan a salir coches… y ninguno para. Empiezo a agobiarme, porque si se van todos los coches del ferry y no me para ninguno, esto no es una zona de paso, tendría que esperar al siguiente ferry y se me iba a hacer de noche.

Pero no falla, al final siempre para alguien. En este caso es una pareja absolutamente encantadora, Sabrina y Lachie, que han pasado unos días acampando por Kangaroo Island y ahora vuelven a su casa en Aldinga, así que hasta allí pueden llevarme.

Sabrina trabaja en una de las wineries de la zona y, además, es profesora de yoga. Lo tengo comprobado, al final la experiencia del autostop es siempre buena, porque la gente que recoge a un autoestopista es, por definición, muy maja.

Me dejan a la altura de Aldinga y ahí nos despedimos.

El sitio en el que me dejan no es ideal, porque los coches pasan muy rápido. Al menos pueden verme desde lejos y hay sitio para parar. Y, efectivamente, el primer coche que pasa al poner el dedo, se para.

Se trata de Athira, una mujerde la que nada más entrar en el coche me doy cuenta que es… diferente. Para empezar la pillo con la boca llena, creo que de chocolate, y casi no puede hablar en un buen rato. Pero me hace sitio en su abarrotado asiento de copiloto y me hace señas de que suba.

Cuando por fin puede hablar, me entero que es de origen polaco y que es muy fiel seguidora de Amma, The Hugging Mother, justo la misma de la que me habló Carme hace menos de una semana. Son curiosas estas carambolas del universo. Carme me dijo pestes de ella y Athira la adora.

Va hacia Adelaide a visitar a una especie de Fortune Teller en Plymouth, así que me deja ahí. Cuando le pido si le puedo hacer una foto para mi blog, con mucha timidez me dice que no, que no está presentable. Le digo que sin problema, que es algo voluntario, claro. Pero cuando bajo del coche a recoger mi mochila, sale también y me dice con una gran sonrisa… “vale, venga, haz la foto”.

Plymouth es uno de los suburbs de Adelaide. Como se me hace raro hacer autostop desde una parte de la ciudad a otra (la casa de Jan), opto por ir en bus. Pero camino de la parada o puedo evitar la tentación de poner el dedo y, para mi sorpresa, me para un coche.

Y es Lucke, un hombre absolutamente encantador, con la seguridad y apariencia (y el coche) de un broker de Wall Street. En realidad tiene una empresa que se dedica al mantenimiento de locales comerciales y parece que no le va mal. Me dice que tiene que recoger a su perro, que está en casa de sus suegros mientras él trabaja, para que no se sienta solo, y que si no me importa acompañarle, luego me lleva hasta el centro, donde podré coger el bus.

Así que vamos hasta casa de sus suegros, que está al lado, y recogemos a…

Y parece que le he caído bien a Lucke, porque al final decide llevarme hasta la misma casa de Jan aunque no le pille para nada de paso. Insisto en que haciendo autostop se conoce gente maravillosa.

Al final nos despedimos ahí dándole millones de gracias…

…y llego a casa de Jan, que ya me tiene la cena lista. Y la verdad es que se lo ha currado un montón. Nada menos que Spring Rolls.

Con una presentación inmejorable. Me pedía que viniese con hambre y casi me los como todos.

Y Jan no deja de sorprenderme, esta vez con el postre.

Charlamos durante la cena de sus proyectos para con la casa. Los australianos nunca se cansan de reformar o cambiarse de casa. A ella le encantaría construir una pequeña casa en el backyard para ella sola, ya que su actual casa es de dos pisos y la ducha está arriba, lo que se le hace cada vez más duro.

Por cierto, lo del autostop me gusta tanto que hasta me he creado un instagram donde pongo todas las fotos que me saco con toda esa gente maravillosa que me lleva por el mundo.

Y así acaba mi semana En Kangaroo Island. No me acabo de hacer a la idea del todo de que mañana vuelo de vuelta a Melbourne. Ha sucedido tan rápido y tan fuera de mis planes, que aún me siento confuso, pero, por otra parte, la verdad es que me apetece volver. No sé qué tiene esta ciudad que me atrapa tanto.

Pero en cuanto me den el visado de indonesia, pongo rumbo a Darwin.

Cuentas

Y estamos ya a mediados de mes y aún no hemos repasado las cuentas de enero. Veamos…

GASTOS:
  • COMIDA:
    • Comer fuera:          149,43€
    • Comprar comida:        23,47€
    • Cafés:                 66,93€
    • Bebidas:              106,57€
  • TRANSPORTE: 
    • Myki:                  49,14€
    • Alquiler Coche:        27,68€
    • Reserva Campervan:     70,56€
  • OTROS: 
    • Corte de pelo:          7,06€
    • Champú:                 1,71€
    • Ropa:                  58,20€
    • Entradas Santuario:    22,49€
    • Piscina:                4,45€
    • Certificado médico:    52,91€
    • Renovación Carnet:     23,50€
    • Renovación Pasaporte:  25,68€
    • Visado Indonesia:      49,38€
    • Datos Internet:        20,55€
  • TOTAL:                    759,71€
INGRESOS:
  • Camarero:                 908,23€
  • Propinas:                  89,46€
  • UberEATS:                 531,45€
  • TOTAL:                  1.529,14€
SALDO:
  • TOTAL:                   -769,43€

Y vuelvo a tener un saldo negativo (o sea, gastos negativos, o sea, ingresos). No sólo eso, es el mes que mejor saldo he conseguido. Ventajas de estar en Melbourne. Al menos estoy ahorrando un poquito para mi entrada en Asia.

Mis saldos mensuales quedan tal que así:

  • DIC’15:              345€    (Media: 345€)
  • ENE’16: 393-19 =     374€    (Media: 360€)
  • FEB’16:              387€    (Media: 369€)
  • MAR’16: 468-290 =    178€    (Media: 321€)
  • ABR’16: 301-39 =     262€    (Media: 309€)
  • MAY’16:              880€    (Media: 404€)
  • JUN’16: 925-12 =     913€    (Media: 477€)
  • JUL’16: 765-30 =     735€    (Media: 509€)
  • AGO’16: 602-507 =     95€    (Media: 463€)
  • SEP’16: 864-641 =    223€    (Media: 439€)
  • OCT’16:            1.090€    (Media: 498€)
  • NOV’16: 706-753 =    -47€    (Media: 453€)
  • DIC’16: 1178-1057=   121€    (Media: 427€)
  • ENE’17: 760-1529 =  -769€    (Media: 342€)
  • TOTAL:         4.787€
  • MEDIA MENSUAL:   342€

Mi media mensual de gastos baja por primera vez de 400€. Perfecto. El viaje está siendo cada vez más sostenible. Es lo que te da la experiencia.

Y para terminar, una pequeña reflexión. Me han pasado por facebook este vídeo bastante emotivo (aunque debo decir que tiene toda la pinta de ser un muy buen intencionado montaje) para cuestionar el racismo.

Y no puedo evitar pensar que nos centramos demasiado en el problema del racismo o en la xenofobia sin quizá darnos cuenta de que sólo es una parte pequeña de un problema mucho más grande. Algo que me gusta llamar parcelismo. Y es que nos cuesta la vida no considerarnos parte de un grupo y, como tal, considerarnos superiores a otros grupos. Y eso, efectivamente, se aplica a la raza, pero también lo hacemos con la especie (nos consideramos superiores que otras especies), con la religión, con la ubicación geográfica, con la generación, con el género, con la clase social, con la tribu urbana, con la tendencia de moda… Nos creamos nuestra pequeña percelita con los que consideramos “iguales” a nosotros y despreciamos a los que están fuera de esa parecelita, o simplemente los compadecemos, porque son inferiores.

Entender que hay que derribar barreras y que hay una única parcela (el universo), que hay una única manera de comunicarse (el amor) y que las desgracias de los demás nos afectan a todos, porque todos estamos conectados (empatía), es lo único que nos despertará como sociedad…

…y como individuos.

1 Comment

  1. Al

    Wau! Grandes palabras… Muy difíciles de practicar. ��

    Reply

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