Hoy el día empieza a las 7:00. Anoche no fui capaz de terminar de escribir el post de ayer, me quedaba dormido. 

Por cierto, las dos noches se oían maullidos como de cachorro de gato en el falso techo. Yo creía que era una cría de gato atrapada e intenté rescatarla sin éxito. Pero anoche me di cuenta que se oían varios cachorros. Sonaba como una camada de gatos recién nacidos. Creo que teníamos un nido justo encima de nuestras cabezas.

Hoy vamos para Vang Vieng, la zona más fiestera de Laos.

Dejamos el hotel a las 7:45 y nos vamos a la zona de puestos callejeros a desayunar. Comparto un bocata vegetal con Miriam (qué rico está el pan de aquí) y yo me pido un ice-oreo-banana-coffe que está impresionante.

Ahí mismo nos encontramos con Sitske. Al final va al norte en un minivan. Nos despedimos de ella y contratamos un tuk-tuk a la estación de buses. Nos pide 30.000, ofrezco 20.000 y después de muchas risas lo dejamos en 25.000. La mejor forma de regatear es con humor.

A las 8:45 estamos en la estación. Compramos dos billetes para Vang Vieng por 105.000 Kips cada uno.

Es un bus “VIP”, aunque el precio es prácticamente el mismo que los demás y no hay más opciones. Es algo más moderno de lo habitual por aquí y tiene aire acondicionado. La primera vez que lo sentimos.

Me quedo frito hasta la primera parada a las 11:30 para ir al servicio. 2.000 Kips por mear. Me siento en Europa!.

El lugar está por las montañas y tiene unas vistas increíbles.

La carretera está llena de curvas entre las montañas y vamos sentados al final del todo, por lo que se diría que vamos en una batidora. Pero no me quejo, voy en medio y puedo estirar las piernas.

Sobre las 14:15 el bus hace una parada un un puestecito de carretera donde nos dan de comer. Va incluido en el viaje. Se puede elegir entre un plato de arroz con verduras o una sopa de noodles de arroz. Opto por lo segundo. Está muy ligera pero muy rica.

De postre no puedo evitar la tentación…

Sobre las 14:45 remprendemos el camino. Ya queda poco.

Llegamos sobre las 15:45 a la estación de buses de Vang Vieng. Como siempre un montón de tuk-tuk’s esperan para llevarnos al centro. Pero en este caso la guía dice que estamos sólo a 2 kms. Aún así nos piden 20.000 Kips y la gente lo paga sin rechistar excepto una pareja se israelíes y nosotros, que insistimos en que 10.000 como mucho o nos vamos andando. Cuando ya se ha ido todo el mundo y quedan pocos tuk-tuk’s vacíos nos dicen que OK y vamos por la mitad que el resto. No se concibe Asia sin el regateo.

Finalmente llegamos al centro de Vang Vieng.

Esto es como el Benidorm de Laos. Está por completo orientado al turismo y a la fiesta. Aunque mucho menos que antes. La principal atracción es el “tubbing”, bajar el río Mekong en un flotador hecho con la cámara de una rueda de tractor, parando en todos los bares del camino para emborracharse. Pero un año murieron 27 turistas ahogados en el río por el exceso de alcohol y ahora la cosa está mucho más restringida. Sigue habiendo tubbing, pero con muchos menos bares y mayor control. Esto ha provocado cierta decadencia en la ciudad y se nota. Aún así se ven hombres sin camiseta y chicas en bikini por la calle. Esto es impensable en cualquier otra ciudad de Laos. Pues eso, el Benidorm de Laos.

Acompañamos a los israelíes a un par de Guesthouses que les han recomendado.

Finalmente nos quedamos en Viengvilay Backpacker Hostel, donde nos dan una doble sin A/A por 60.000 la noche, una ganga. A los israelíes no les convence y se van a buscar otro sitio.

En la recepción del hostal hay una perrita que ha tenido 5 cachorros.

Dejamos las cosas y nos damos un paseo hasta el río Mekong.

Aprovecho para darme un baño en el río y nos tomamos una cerveza en una de las casetas.

Me encanta el puente artesanal por el que se cruza el río, tanto personas como bicis y motos.

A la vuelta preguntamos en una agencia al lado del hostal por el tubbing y decidimos hacerlo mañana. Es lo más típico aquí. Es un recorrido como de unas 3 horas por el río.

Lo único es que para que no nos cobren el tuk-tuk de subida del río debemos ser mínimo 4 personas.

Al volver al hostal conocemos al primer español del viaje, un mallorquín supersimpático llamado Daniel. Nos cuenta de su viaje que empezó por Nueva Zelanda y que ahora pasa por Asia. Se apunta al tubbing mañana y se trae a una amiga sueca, Luisa, así que ya somos 4.

Nos vamos a cenar con Daniel a un restaurante indio cercano (todo está cercano. La ciudad es minúscula).

Después de cenar nos damos una vuelta. Daniel nos enseña que hay dos atracciones nocturnas. Una es tumbarte en un bar a ver Friends.

La otra es el garito más típico del lugar, el Sakura.

Entramos a tomarnos algo y nos pedimos el que resulta ser el peor mojito de nuestra vida.

¿En cuantos otros garitos puedes encontrarte un perro durmiendo? :-p

Una vez que termino el mojito decido retirarme al hostal a escribir esto. Miriam y Daniel se quedan un poco más.

Cuando salgo, no lo pueden decir más claro:

Como el WiFi no llega a la habitación estoy en la recepción del hostal escribiendo esto. ¿En cuantas recepciones de hotel te puedes encontrar una perrita amamantando a 5 cachorros?

Ahora es casi medianoche hemos quedado mañana con Daniel y Luisa a las 9:30, así que… a dormir!!

¡Chimpún!

Buenas noches!!

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