24 agosto – 11 octubre 2020

 

1.760 días viajando…
40 días en Cal Cases (Catalunya)…
5 días en Barcelona (Catalunya)…
3 días en Montserrat (Catalunya)…

Continúo con mi estancia por Catalunya. Justo antes del confinamiento estuve en Cal Cases (la comunidad que conocí dos años atrás en mi mototrip por el norte de España) con la intención de estar una temporada larga, pero me ofrecieron pasar el confinamiento en Menorca… y como para decir que no.

Después del confinamiento volví de nuevo por Cal Cases con la intención de pasar más tiempo, pero me tuve que ir a los pocos días.

Pero a la 4ª va la vencida. En esta ocasión vengo con la intención de estar más de un mes para poder integrarme bien y aprender en profuncidad de este increíble lugar y esta increíble experiencia.

Cal Cases…

Como ya he contado en otras ocasiones, Cal Cases es una comunidad de familias que nació como cooperativa hace 13 años a partir de un proyecto surgido en el Ateneu Rosa de Foc de Barcelona, aunque como concepto empezó unos años antes, cuando un grupo de amigos se reunía para teorizar y planificar cómo sería vivir en comunidad.

Cal Cases está en la comarca de El Moianès, una región de enormes bosques que se pierden en la lejanía. De hecho, la comunidad está en medio del bosque y se accede por 5 kms de carretera en mal estado y 3 kms de pista forestal llena de piedras que es todo un reto cada vez que la recorro con la moto. Ideal si quieres aislarte del mundo.

Eso sí, sus atardeceres son simplemente espectaculares.

Dante…

Como siempre que vengo a Cal Cases, una de mis tarea más gratificantes y esperadas es cuidar de Dante, el gatete de Núria, cuando ella no está. Pero la verdad es que cuando está, también nos hacemos compañía mutuamente.

La última vez que estuve aquí, tuve que cuidar de 4 gatos, pero ahora sólo está Dante.

Mandala murió hace unas pocas semanas. Tenía muchos problemas de salud, la pobrecita.

Rubio ha sido adoptado por Pat, una amiga de Núria, y se ha ido a vivir a su casa del Maresme con el perrete Bitxu. Y parece que se ha adaptado bien.

Foto de Pat

Y Malik, que era el más callejero y salvaje, ha sido adoptado por Josep en Manresa y está feliz de su nueva vida hogareña, después de vivir tanto tiempo en la calle.

Foto de Núria

Normalmente nos llevamos a Dante a la hora de comer a la zona del comedor, para que le dé el sol y explore un poco, pero él sobre todo quiere mimos.

Probablemente por el hecho de tener sólo 3 patas (perdió una por una infección tras el mordisco de otro gato), se siente un poco vulnerable y suele rehuir a los niños. Pero no siempre. Cuando consigo que los chavales se acerquen despacio y con cuidado, Dante se deja querer.

En Cal Cases suelo dormir en la “Habitación de Montse”, en la Masía principal, ya que Montse no suele venir mucho por aquí. Pero cuando Núria se va unos días por vacaciones o curro, me quedo en su casa para atender a Dante. Es entonces cuando más tiempo pasamos juntos. Ya sea en el porche…

…pero especialmente en las siestas o viendo series. Es tumbarme, y se me viene encima.

Y también cuando trabajo o escribo.

Pero lo que más le gusta a Dante, por encima de todo, es comer. Nunca había visto a un gato tener tanta ansiedad por la comida. Es de los pocos gatos que no sabe regularse y que se comería cualquier cosa. Al principio Núria probó a que comiera lo que quisiera para que aprendiera a autoregularse, y casi le da algo. Incluso nada más comer, viene hasta donde estás y te lleva hasta su comedero y te dice casi textualmente “quiero más”.

La comida…

Y, a propósito, si hay algo que disfruto especialmente en Cal Cases, son las comidas. La forma en que lo tienen organizado me parece un ejemplo en cuanto a “crear comunidad”. La comida se compra de forma colectiva (gran parte viene del huerto) y se turnan para cocinar. Todos los domingos se pone una tabla y cada miembro de la comunidad se apunta para cocinar una comida o una cena a la semana. Y si lo piensas, es un chollo. A cambio de cocinar para 20/30 personas una vez a la semana y tener que luego recoger y limpiarlo todo (excepto lo de cada uno, que se lo friega cada uno), el resto de los días, cocinan para ti. Es un lujo para quien no le apetece mucho lo de cocinar todos los días.

Y el hecho de comer todos juntos es uno de los momentos más agradables y que me permiten conocer a todos los miembros. Las comidas casi siempre se hacen fuera, aunque empiezan a venir días fríos, pero bajo el sol se está de muerte.

Y, a veces, después de comer, cae una siesta.

Las cenas también solemos hacerlas fuera, si hace calor. Aquí unas tortipizzas espectaculares que hicieron una noche.

Y cuando bajan las temperaturas, las cenas las hacemos dentro.

Los desayunos, en cambio, se los hace cada uno, ya que cada uno se levanta a una hora. Yo suelo levantarme al amanecer y me voy a la Sala Polivalente a hacer mi sesión de yoga. Después voy a la cocina. Si no hay café hecho, hago una cafetera de las grandes y me preparo unas tostadas que me como fuera, disfrutando de la tranquilidad del lugar por la mañanas.

Yo casi todos los días me paso por la cocina para echar una mano en lo que pueda y, a veces, me encargan algún plato, como estas ensaladas con lechugas, pepinos y zanahorias del huerto.

Y no soy el único ayudante… especialmente cuando se prepara algún postre especial.

En alguna ocasión muy especial Francesc nos ha hecho alguna de sus espectaculares paellas.

Y aquí Benoît llevándose el mérito. tongue-out

Y, en otra ocasión, fue Laura la que nos hizo una fideuá de las que no se olvidan.

Por cierto, así son las llamadas a comer…

Setas…

Una de las cosas más interesantes que he hecho en esta visita a Cal Cases, ha sido ir a buscar setas al bosque. Nunca lo había hecho y es divertidísimo.

Núria y Álex me enseñan a distinguir las setas comestibles, especialmente Els Rovellons. Al prinicpio parece difícil y que no vamos a encontrar nada, hasta que Núria encuentra un lugar donde hay muchos. Aquí se ve mi primer rovelló… y la ilusión que me hace.

Y aquí se ven todos los que hemos recogido esa tarde.

Las tareas…

Simpre que vengo a Cal Cases, vengo como voluntario, es decir, ofrezco mi ayuda a cambio de poder disfrutar de esta experiencia. La verdad es que aquí da gusto, porque me dejan gestionarme mi tiempo y mis tareas con total libertad y siempre que me piden algo es con un “si te apetece”. Así que unas veces me uno a proyectos colectivos, en otras voy haciendo una serie de proyectos que me han propuesto y, en otras , tomo yo la iniciativa y hago algo que creo que vendría bien.

El huerto

Nada más llegar a Cal Cases, estamos en plena época de recolección de tomates y judías verdes. La cosecha ha sido bastante buena.

Foto de Inés

El huerto nos provee también en gran cantidad de calabacines, calabazas, melones, sandías, lechugas, pimientos, remolacha, zanahorias, apio, col, etc…

La escalera

Uno de mis primeros proyectos en solitario en Cal Cases es reparar la pequeña escalera que da acceso desde el exterior a la zona de viviendas. Estaba hecha de ladrillo y con las heladas se ha ido rompiendo y está hecha una pena. Lástima que se me olvidó hacerle una foto del “antes” para que se viera el estado, pero aquí se puede ver el proceso.

La primera idea fue hacerla de nuevo con ladrillos, pero se nos ocurrió a Núria y a mí que podríamos hacerla de piedra para que quedara más integrada en el muro y aguantara mejor las heladas. Yo nunca había hecho nada parecido, pero es ponerse.

Lo primero fue picar y quitar gran parte del ladrillo roto hasta dejar una supercie en la que colocar las piedras. Luego tuve que recorrerme los camios de los alrededores con la carretilla para recoger piedras con la forma y el tamaño adecuados.

Luego viene la parte divertida, la de armar el tetris.

Voy a incluir un nivel de piedras a ras del suelo, cosa que no había antes. Para ello hay que picar un poco el terreno.

Y sigue el tetris.

A partir de aquí ya es rellenar con cemento intentando que las piedras formen una superficie más o menos regular. En vez de cemento usamos cal hidráulica natural, que es más respetuosa con el medio ambiente. 3 partes de arena por cada 1 de cal, más un poco de agua hasta formar la masa.

Después de unas cuantas horas, ya tenemos la primera versión.

Y, tras dejar secar y limpiar los restos de cal de las piedras, así es cómo queda.

Con el uso se irá oscureciendo e integrándose más en el muro.

Las casas de paja

Cuando empezó el proyecto de Cal Cases, se rehabilitaron las 8 viviendas adyacentes a la Masía, pero no eran suficientes para las 12 familias que había entonces. Es por ello que, a continuación, se dedicaron dos veranos a construir de cero “Las Casas de Paja”, 4 viviendas hechas de balas de paja y barro, de la forma más sostenible posible. El resultado es una auténtica preciosidad.

Han pasado unos 8 años desde su finalización y la cara norte ha sufrido bastante deterioro por la humedad y el tiempo. Es por ello que se organiza el proyecto conjunto de rehacer la pared norte con una nueva capa de barro y con grandes piedras en su base para evitar la humedad. Yo me apunto a participar en el proyecto, que durará varios días.

La primera fase es recoger piedras por los caminos. Aquí muestro un resumen de la jornada. A esta tarea se apuntan hasta los niños más pequeños de la comunidad. Para poder transportarlas, contamos hasta con un tractor.

Y como somos muchos (estamos casi todos, más 3 amigas que han venido de visita), las tres siguientes fases se pueden hacer casi a la vez: Rascar el barro que está que se cae, poner otra capa de barro con cal y paja, y poner las piedras con cal a modo de zócalo o rodapiés.

Aquí estoy yo, dándolo todo, fijando las piedras con cal.

Vídeo de Inés

Y así de bien va quedando.

Los almendros

Un vecino de Artés tiene un campo de almendros y olivos, y tiene un acuerdo con Cal Cases mediante el cuál nosotros le ayudamos con el campo a cambio de parte de la cosecha.

Una parte del trabajo es desbrozar el campo, justo debajo de los árboles, para poder recoger más tarde las almendras.

Así que allá vamos Benoît, Jordi, Ignasi (el dueño del campo) y yo.

Y unos días después, unos cuantos hacemos la recogida de la almendra de la forma más tradicional.

Y la verdad es que están superricas.

Por cierto, mientras estamos acabando la faena, me fijo en las estelas de los aviones… y me da la sensación de que un piloto se ha dejado el bocata en el aeropuerto.

Tras el duro trabajo, viene la recompensa.

Y la tercera parte del trabajo, es quitarle la piel a las almendras.

Más desbroces

Y ya puestos a desbrozar, pues recorto la hierba de detrás de las viviendas…

…y la zona de la yurta.

Antes…

…y después.

Que, por cierto, me encontré una escalera de cemento escondida bajo las zarzas en la zona de la yurta.

Durante…

…y después.

Hacer Camino

Hay una tarea que aquí llaman genéricamente “hacer camino” y que consiste en mejorar de alguna manera los caminos de acceso a la comuunidad.

Ya sea rellenando los canales que forma la lluvia…

…o todo lo contrario. Vaciando los canales por los que sí debe ir el agua de lluvia.

Antes…

…y después.

Limpiando el camino de piedra

Una de las tareas “autoimpuestas”, es decir, de las que decido hacer por mi cuenta sin que nadie me diga nada, es adecentar el camino de piedra que da acceso a las viviendas desde las zonas comunes, que se ha llenado de barro con las últimas lluvias.

Durante…

…después.

Cortando Leña

Una de las tareas más colectivas es la que se refiere a la leña y que se hace una vez a la semana. Unas veces se trata de ir al bosque a cortar algunos árboles (bien escogidos, cerca de un campo de siembra para dejar un poco más de espacio). Otras veces se trata de recoger toda esa leña y llevarla a Cal Cases. Y otras veces se trata de cortar esa leña en pedazos más pequeños para que quepan en las estufas de la casa.

Aquí un ejemplo de cómo es esta última tarea en todas sus variantes.

Y aquí estoy yo en plena faena. Es un privilegio haber tenido la oportunidad de aprender a trabajar con una motosierra.

Vídeos de Xavi

Y aquí un resumen de la mañana de trabajo.

La casa árbol

Pero una de las tareas más divertidas y diferentes ha sido el colaborar en la construcción de la Casa-Árbol.

Se trata de un proyecto de confinamiento. Durante esa época, para entretener a los más pequeños, se creó una comisión que los incluía con el objetivo de construir la primera Casa-Árbol de Cal Cases. Los niños participaron activamente en la elección del arbol y en la construcción de la primera estructura. Yo he llegado justo a tiempo para colaborar en la colocación del suelo.

Es una buena ocasión para poner a prueba mi vértigo.

Aquí puede verse todo el proceso de cortar las tablas para que encajen con las ramas que pasarán por dentro de la Casa-Árbol.

Y así va quedando…

Desde este lado no parece tan alta…

…pero es desde este lado desde donde se aprecia la verdadera altura que tendrá la casa.

Vidàlia…

Aprovecho estos días para visitar otra comunidad cercana, Vidàlia, un proyecto al que se acaba de unir mi amiga Daniela. Así que aprovecho la excusa de visitarla para conocer el lugar y el proyecto.

Esta comunidad se ha formado habitando la antigua colonia textil de Cal Vidal, cerca de Puigreig (Barcelona). Su proyecto se basa más en un cohousing que en un proyecto de cooperación, pero es impresionante por el tamaño del sitio.

Barcelona…

Aprovecho la cercanía para hacer un par de visitas a Barcelona, lo que es siempre un enorme placer.

Mi amiga Marta me invita a ver un espectáculo de danza aérea que hace su cuñada Sheila con la compañía Del-Revés en el Castillo de Montjuic.

Y algo más tarde, paso un fin de semana largo también por barcelona y aprovecho para visitar alguno de mis lugares favoritos…

Desayunar en el Catalina Café

Donde puedo comprobar que aún hay gente que lee periódicos de papel.

Festa Major en Artés…

Una de las cosas que más me gusta de Catalunya es su activismo social y su asociacionismo vecinal. Los catalanes no esperan a que las administraciones públicas haga su trabajo. Ellos se juntan y cooperan ante cualquier necesidad, incluido el ocio.

Artés, como todos los municipio catalanes, tiene su Festa Major anual organizada por el ayuntamiento y que coincide con mi estancia por aquí. Pero para los habitantes de este pequeño pueblo, no les parece bastante, así que todos los años tienen la Festa Major Alternativa organizada por el Ateneu Popular la Falç.

A diferencia de la seriedad, solemnidad y caspa que asociamos a los Ateneos en España (Véase el Ateneo de Madrid), los Ateneus Populars en Catalunya son más parecidos a asociaciones vecinales donde se desarrollan actividades culturales y sociales, pero nada elitistas, muy para todos.

En este caso, la Festa Major Alternativa, se desarrolla en el Ateneu Popular la Falç, de Artés. Y para allá que me voy.

Sólo hay que fijarse en las pintadas que decoran el espacio para entender un poco lo que es un Ateneu Popular.

Ahí me veo varios conciertos muy divertidos como el de Raimon, Garfunkel i el Piltrafilla.

Mientras el perrete del cantante espera pacientemente a que termine el concierto.

O el de Pariéndola

O mi favorito, el de Mateólika, todo un descubrimiento.

Excursiones al Montserrat…

Una de las cosas que más me apetecía hacer estando en Catalunya era, cómo no, patearme la que es su montaña más representativa, el Macizo de Montserrat. Y es que esa montaña representa mi adolescencia, que es cuando yo vivía por aquí y me hice varias excursiones con amigos.

Y no me hago una, sino dos excursiones, a cada cuál más chula. Y como ambas dan para mucho, las he contado en dos posts independientes.

La primera fue el 8 de septiembre de 2020, la hice en solitario y fue más bien… accidentada, pero muy emocionante.

La segunda fue una excursión de dos días, menos de una semana después, el 13-14 de septiembre de 2020, con mi amiga Marta. Y mucho más fluida y completa.

Por cierto, la primera excursión fue tan accidentada que incluso se me despegó la suela de una de mis botas. Ya he hablado varias veces en el blog de ellas (mis botas), ya que llevan conmigo desde hace unos 25 años. Me las regaló mi hermano Santiago cuando yo tenía unos veintitantos, como se puede ver en este documento inédito.

Les dediqué un homenaje en este blog cuando subí el Ngauruhoe en Nueva Zelanda en 2016, y las volví a mencionar cuando les cambié las suelas en Costa Rica para subir el Chirripó en 2018.

Como me sigo resistiendo a deshacerme de ellas, ya que están increíblemente bien a pesar del trote que les he dado durante décadas, María, de Cal Cases,que tiene mucha experiencia en el tema, me dice cómo pegar la suela, limpiándola muy bien, lijando las superficies a pegar, y hacerlo con cola de contacto.

Y, por supuesto, apretar todo bien hasta que se seque.

Quedan tan bien, que me las llevo al día siguiente a la segunda excursión de dos días y aguantan perfectamente. Aún tirarán unos años más. ¡Muchas gracias, María!

Conclusiones y Planes…

Por fin he tenido la ocasión (a la 4ª va la vencida) de pasar una temporada larga en Cal Cases. Mes y medio. Y me ha sabido a poco. Era algo que realmente me apetecía hacer, para poder conocer en profundidad esta comunidad de familias, su funcionamiento y a todos sus miembros.

Cal Cases no es una utopía, obviamente… pero se parece. Claro que tienen sus conflictos y problemas, pero lo más impresionante es ver cómo, después de 13 años, siguen trabajando para solucionarlos cuando surgen. No dejan que los problemas se enquisten y los enfrentan. Algo que muchas veces cuesta ver en otro tipo de convivencias.

Lo que más puedo notar, desde mi perspectiva, es la energía. Hay una energía muy especial que puedes sentir en cuanto llegas a este lugar. Y eso es algo que no se puede fingir, está ahí y es real.

Y yo me he sentido muy bien acogido y apreciado. No solo no me obligan a nada (siempre me piden las cosas con un “si te apetece”), sino que me agradecen innumerables veces mis pequeñas contribuciones a la comunidad. Y yo estoy muy feliz de haber dejado mi pequeña huella, como la escalera de piedra. La verdad es que nunca estaré lo suficientemente agradecido a Núria por haberme introducido en esta comunidad que ya considero como mi segundo hogar (el primero es el viaje).

Y es que ante la pregunta que me han hecho algunos amigos de si me veo viviendo en una comunidad así, la respuesta es que quizá sí… algún día. Pero no ahora. Sigo sintiendo la necesidad imperiosa de moverme, de explorar y de aprender. Incluso en una época de pandemias como ésta, no me quiero quedar en un solo sitio, quiero moverme todo lo que sea posible, aunque sea, por ahora, en un radio mucho menor.

Dentro de mis planes más inmediatos, sigo teniendo en mente la idea de viajar a Italia aprovechando la invitación de mi amiga Giada. Incluso he estado viendo (con gran sorpresa) lo baratos que son los billetes de Ferry desde Barcelona a Italia con la moto. Es muy tentador. Pero tanto el frío como el Covid me frenan a la hora de tomar la decisión de lanzarme. El ferry a Génova, que me dejaría mucho más cerca de donde vive Giada, está suspendido hasta enero. Y el ferry a Roma… me obliga a cruzarme media Italia en moto, algo que en otro momento hubiera sido maravilloso, pero que en este momento me da miedo por el frío y por la posibilidad de confinamientos.

Y en esto estaba, cuando de repente me surge la posibilidad de un Housesitting en el centro de Barcelona por 2-3 meses cuidando un gatito. Demasiado tentador. Pero me gustaría pasar por Madrid antes de ir a Barcelona, para hacer unas gestiones, ir al dentista, visitar a la familia y amigos…

Pero justo cuando estaba pensando que tenía muy pocos días (menos de una semana) antes del comienzo del housesitting para disfrutar de Madrid, van y me lo cancelan (el housesitting), así que aprovecharé para pasar más días en Madrid mientras pienso cuál será el siguiente paso.

Así que, Madrid…

…allá voy!

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