El día comienza a las 7h. El primero en levantarse es Francesco, que marcha a clase. Desayuno con Serena y nos despedimos. Ella marcha al trabajo como profesora de italiano y latín en un instituto y yo dedico la mañana a pasear por Como. Hace un día frío y gris… pero Como es una pasada.



Llego hasta el lago…
Hago parada en el Café Umberto donde tomo un desayuno de campeón… vegetariano.
La previsión se cumple y empieza a nevar a lo grande. Aprovecho para planificar los días de hoy y mañana. He quedado con Verónica en la farmacia de Torno a partir de las 16h. Por otra parte he quedado con Fulvia (quien me ha invitado a la ceremonia) para comer mañana en Milán y conocernos por fin cara a cara, después de casi un año de amistad a distancia. Como debo ir a Milán, necesito alojamiento ahí, así que vuelvo a bucear en couchsurfing. Lanzo varias peticiones y rápidamente recibo respuesta de Stefani, que me dice que lamentablemente no está este fin de semana, ya que viaja a Varsovia, pero que si nos vemos antes de las 18h de mañana, me deja las llaves de su apartamento.
Realmente hay gente maravillosa en el mundo.
Le digo que me parece algo maravilloso, pero que no me conoce de nada y que lo normal sería que desconfiara. Me dice que ella confía en la gente y que es algo que no puede evitar y me reitera su invitación, que acepto emocionado y muy agradecido.
No para de nevar, pero no me quiero pasar la mañana en el café, así que les dejo el equipaje alli y salgo a dar una vuelta.
De milagro no muero congelado. Dios, que frío!!
Llego hasta el final del camino…
…y decido que ya he «fatto un giro» más que suficiente y me vuelvo al café pasadas las 14h. Quiero comer algo caliente, pero lo único más o menos vegetariano que tienen que no sea pasta (normalmente evito el gluten. Aquí ya es un logro si consigo tomar pasta sólo una vez al día) es un bocadillo de lechuga, tomate y aceitunas. Aceptamos barco…
A las 15:30 compro una botella de vino para la cena (que no probaré, ya que no puedo tomar ni alcohol ni azúcar 5 dias antes de la ceremonia), compro el billete a Torno (1,30€) y espero al bus muerto de frío…
…y finalmente cojo el de las 16:12.
En apenas 15 minutos llego a Torno. Es un precioso pueblecito medieval situado en la ladera de una montaña a orillas del lago Como. A pesar de estar muy nublado y nevando, las vistas que se aprecian son espectaculares.
Al llegar a la farmacia me doy cuenta de que no he concretado la hora con Vero y de que no tengo internet para decirle que he llegado. Así que me pongo a buscar WiFis como loco bajo la nieve cuando oigo mi nombre. ¿Casualidades? de la vida… Vero ha ido a la farmacia a comprar el fermento para hacer queso casero y me ha reconocido.
Vamos a su casa, un acogedor piso de dos plantas, y conozco a su compañero de piso, Alessandro (Ale) y a Allen, que viene desde Bosnia para pasar una temporada con ellos trabajando en su restaurante. Y es que Vero, Ale y Katia (la tercera ocupante del piso, actualmente de viaje y cuya habitación me ceden muy amablemente) llevan un restaurante en un pueblecito minúsculo un poco más arriba de la montaña: El Crotto. Tienen su propio huerto y arboles frutales. Casi todo lo que cocinan es natural y artesanal.
Como ayuda en el restaurante cogen a gente a través de otra red que no conocía y que permite ofrecer alojamiento y conocimiento a cambio de trabajo (workaway). Así es como han contactado con Allen. Me parece algo muy interesante y tomo buena. 😉
Ale y Vero son de esas personas increíbles que sólo te las encuentras viajando. Divertidas, entrañables, amabilisimas, interesantes y con enormes conocimientos en un montón de cosas. Se conocieron en México al coincidir en un hostel mientras ambos viajaban.
Durante los meses de invierno, como el restaurante tiene menos clientela, se dedican a hacer pasta fresca que venden por encargo a domicilio. De hecho llego en pleno proceso de la preparación de los tagliatelle absolutamente artesanos.
Parte son para cenar y parte los convertirán mañana en ravioli para entregar a los clientes. De hecho Ale, cuando llego, está preparando el relleno a base de un tipo de lechuga radicchio y quesos ricotta y scamorza.
La pasta está hecha con harina de trigo y de sémola (50/50), huevo, sal y agua. Para cortarla prepararla y cortarla usan una máquina de lo más artesanal.

Allen, el bosnio, ha estudiado diseño gráfico (cuando llego está trabajando con su mac en su portafolio), pero está fascinado con la cocina italiana y está pensando en llevar la fabricación artesanal de la pasta a su país con el nombre de bosniatelle… 😀
Nos pasamos la tarde charlando en inglés (Allen solo habla inglés), español (Ale y Vero lo hablan muy bien, ya que Ale vivió en Argentina y Vero en México) e italiano (tengo que practicarlo un poco!), y cocinando.
Por fin nos sentamos a cenar sobre las 19h (horario europeo). Todo vegetariano en mi honor (excepto el embutido de jabalí matado con arco y flecha por los abuelos de Allen en Bosnia): tagiatelle artesanal con salsa de tomate, y ensalada. Es curioso como en Italia se toma la pasta de primero y la ensalada de segundo. Supongo que es porque la pasta tiene que tomarse en su punto, no puede esperar.
Tras la cena Ale saca su guitarra…
…y la verdad es que tiene una voz chulísima. Y de eso entiendo… 😉
Hablamos de teorías conspiratorias y de como evitar que nos lean el pensamiento… 😀
Sobre las 22:30 nos retiramos a dormir.
Lo confirmo una vez más. No importa lo maravillosos que sean los sitios que visito, lo mejor de los viajes es siempre la experiencia de conocer a gente increíble a través de couchsurfing.
Tengo clarísimo que tengo que volver este verano a echarles una mano en el restaurante y poder apreciar el lugar con buen tiempo. Estamos bajo cero y no para de nevar… :-s
Pero, por una noche, se agradece dormir en una cama, la verdad…
¡Buenas noches!

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