11 octubre – 8 noviembre 2020

 

1.788 días viajando…
27 días en Madrid (España)…

Después de mi estancia de mes y medio en la comunidad de Cal Cases, quiero hacer una visita relajada al que fue mi hogar durante 27 años: Madrid. Así que el 11 de octubre de 2020, recojo mis cosas, las pongo sobre la moto, y me echo a la carretera.

El Viaje…

Como ya he contado en varias ocasiones, me gusta que mis viajes en moto sean, no sólo para llegar a mi destino, sino (y sobre todo) para disfrutar. Es por ello que siempre evito las autopistas, que es lo más aburrido que existe en un viaje. En cambio, cuando vas por carreteras secundarias, atraviesas pueblecitos y descubres lugares sorprendentes que han quedado en el olvido precisamente por culpa de las autopistas.

Para ello, Google Maps es la herramienta definitiva, ya que le puedes indicar en las “opciones de ruta” que evite las autopistas. Cuando lo haces, te sueles llevar la sorpresa de que la mayoría de las veces el camino es incluso algo más corto, pero la duración suele ser mayor. Eso se debe a que la estimación del tiempo se hace pensando que viajarás al máximo que permite cada carretera. Pero con mi moto no suelo ir más rápido de 80-90 kms/h, por lo que, para mí, la diferencia de tiempo no es tan grande, y el disfrute es muchísimo mayor.

El otro punto importante para viajar largas distancias en moto, es no hacer etapas muy largas y parar con frecuencia para disfrutar de los lugares. Mis etapas no suelen ser de más de 300-400 kms por día y nunca hago más de 100 kms sin parar.

Así que, para ir de Cal Cases a Madrid…

…Google Maps me ofrece 3 rutas de casi la misma distancia y duración. Escojo la más corta, de 672 kms. 

Y lo haré en dos etapas, por lo que comentaba antes, para disfrutar del viaje. Durante mis paradas voy lanzando peticiones de Couchsurfing por la zona de Teruel para ver si consigo algún sitio donde dormir.

1ª Etapa (11 oct)

De Cal Cases (Barcelona) a Mas de las Matas (Teruel) – 319 kms.

10:00 – Ya estoy preparado para recorrer los 8 estresantes kms de pista forestal que hay para salir de Cal Cases hasta una carretera normal.

11:37 – Primera parada para un café en el Bar Tomis en Santa Margarida de Montbui

13:45 – Segunda parada en L’Espardaner, en Castelldans (Lleida), donde me pido unas patatuelas para ir tirando.

14:17 – Y a esto es a lo que me refiero cuando hablo de viajar por carreteras secundarias. No ves estas cosas cuando vas por una autopista. Aquí con vistas al pueblecito de El Cogul (Lleida).

14:50 – O el pueblecito de Serós (Lleida).

15:05 – Poco después llego al Puente sobre el río Ebro, a la altura de Mequinenza (Zaragoza)

Justo después del puente, está la Fábrica de Kebab, que “casualmente” está en el Matadero Municipal.

Hago una parada en Alcañiz (Teruel) que es más o menos la mitad del camino hasta Madrid. Aún no tengo alojamiento, así que me voy a un café y dedico un buen rato a buscar algo.

Todos mis intentos de conseguir Couchsurfing por esta zona han sido infructuosos. Y los pocos alojamientos que hay abiertos, son carísimos. Empiezo a desesperarme. Pregunto en la cafetería, pero tampoco saben decirme nada.

Recurro a Google Maps para buscar algo económico en los alrededores y, finalmente, encuentro el Camping La Palanca del Mas, en las afueras de Mas de las Matas (Teruel), quienes, por teléfono y muy amablemente, me ofrecen una caravana por 25€. Es más de lo que pensaba gastarme, pero no quiero dormir debajo de un puente. Así que allá voy.

18:06 – Me pongo en camino para allá. Poco antes de llegar, paso por el espectacular Embalse de Calanda (Teruel).

18:35 – Y ya atardeciendo, llego por fin al Camping La Palanca del Mas. Ésta es la caravana que me ofrecen para pasar la noche. No, no me puedo quejar… en absoluto.

Por la noche me doy una vuelta por el pueblo Mas de las Matas (Teruel), aunque hay poco ambientillo, la verdad.

2ª Etapa (12 oct)

De Mas de las Matas (Teruel) a Madrid – 377 kms.

Me levanto al amanecer, desayuno algo, recojo y me pongo en camino.

08:54 – Miniparada en Alcorisa (Teruel) para echar gasolina.

Y, a partir de aquí, empieza un problema que no había previsto: El frío.

Y es que se juntan varias cosas:

1) Yo viajo ligero y, en la medida de lo posible, por zonas cálidas, por lo que no llevo un buen equipamiento para la moto. Una chaqueta motera que me regalo mi amigo José y poco más. Voy bien por encima de los 10º. Por debajo, la cosa se pone chunga. Pero como estamos todavía en octubre, pensé que no habría problema.

2) Yo busqué en Google Maps el camino más corto sin ir por autopista, pero sin tener en cuenta un factor fundamental: La altura. Y es que resulta que la carretera que he escogido, circula gran parte del tiempo entre los 900 y los 1.300 m de altitud, con un frío del carajo.

El resultado es que, poco después de salir, me encuentro con un día nublado y especialmente frío, en una carretera que va recorriendo montañas a unos 1.000 m de altitud y con temperaturas que, con suerte, rondan los 5º.

Y 5º en moto, son como 5º con un viento de 80-90 kms/h de frente.

Total, que cuando veo que estoy a punto de sufrir una hipotermia, paro en el primer pueblo que pillo. El pueblo es Gargallo y me tomo un café bien caliente en el Bar Moliner.

Después de tomarme el café, decido abrigarme un poco más con lo que encuetro en la mochila. Me pongo una camiseta térmica sobre mi camiseta, por encima la sudadera, por encima mi abrigo y por encima la chaqueta motera. Casi no puedo mover los brazos, parezco Michelín. Y debajo de los vaqueros me pongo lo único que tengo, mi pantalón de pijama. A ver si así… 

12:38 – De esta forma voy tirando, con algunas paradas, hasta Maranchón (Guadalajara), donde tengo algo de ánimo suficiente como para hacer alguna foto.

No sé si se aprecia mi cara de congelación. La verdad es que tengo momentos de agobio de pensar que no voy a poder seguir, porque me dan tiritonas fuertes y me llego a encontrar físicamente mal.

Me meto en el Bar La Fonda, donde me siento al lado de la estufa y ya no hay quien me mueva.

Y donde me pido otro café hirviendo y algo con calorías (muy rico el pincho, por cierto).

Al cabo de unos cuantos kms más, por fin la carretera abandona las montañas y empieza a bajar a un nivel aceptable, sale el sol y empiezo a pensar que sobreviviré al viaje.

15:15 – Y así, pasadas las 3 de la tarde, por fin entro en la Comunidad de Madrid, por una carretera por la que no había pasado en mi vida. Aquí no parece que vaya a haber ningún control de acceso.

Adiós Casa Mer…

Después de pasar los primeros días de mi estancia en Madrid con mi buena amiga Vanesa, el resto del mes lo paso en casa de Mer, quien viajó conmigo por Vietnam y por Costa Rica y a quien le he cuidado de sus gatos, Telmo y Mayo, innumerables veces. Y es que se muda. Se va del piso que tantas veces me ha acogido en los últimos años. Pero como lo tiene pagado hasta fin de mes, me deja quedarme hasta entonces y, a cambio, me ofrezco a echarle una mano con la mudanza.

Va a ser raro ser yo quien despida este piso donde tantas veces he estado y que tan buenos recuerdos me trae de los últimos años.

Así que el dia 16 es el gran día… ¡el día de la mudanza!

Día y de cajas y caos.

Menos mal que a Telmo y Mayo nos los llevamos ayer a su nuevo hogar. La verdad es que lo pasaron un poco mal con el traslado. Para ellos todo su universo ha sido este piso.

Al cabo de pocas horas de eficacísimo trabajo de los mudanceros, el piso queda con este árido aspecto.

Menos mal que al menos tengo cama y sofá. Para mí es un auténtico lujo. Así que tengo alojamiento asegurado durante las próximas 2 semanas.

Mer y yo nos despedimos de su barrio tomando unas cervecillas en el que ha sido nuestro bar más habitual, el Urumea-II.

Por cierto, uno de mis descubrimientos de esta temporada en el barrio de La Latina ha sido la cafetería Dr. Limón. Un poco escondida, pero eso le da un encanto muy especial. Muy recomendable.

Madrid…

Así que estoy en Madrid. Y Madrid es… eso, Madrid. y no hay pandemia que cambie eso. Así que aprovecho mis días para darme largos paseos por…

El Parque del Retiro

…o la Catedral de la Almudena, que cuando la veo desde esta perspectiva siempre me imagino la conversación entre el obispo y el arquitecto:

– Pues verá, Sr. Arquitecto, queremos ampliar la catedral, pero manteniendo el estilo y la estética…
– Claro, monseñor, sujéteme el cubata.

Pero aunque la pandemia no pueda con los madrileños… parece que sí puede con sus comercios. En un paseo por la Calle Arenal, me quedo impresionado con la cantidad de locales cerrados.

Y, como siempre que vengo a Madrid, aviso a mi agencia de actores, Mabel Humer, de que estoy por aquí. Y ellos enseguida me mandan a castings.

Aunque esta vez no ha habido suerte y no me han cogido en ninguno.

BBQ con gallinas…

Mis buenos amigos Lau y Óscar (con quienes me fui de finde a Córdoba en febrero) se han ido a vivir a una casa por la zona norte de Madrid y nos han invitado a Mer, Txarly, Vanesa y a mí a una BBQ para conocer su casa…

…y a sus gallinas!

Y aprovechamos la tarde para dar un paseo por los alrededores…

…y saludar a Petra.

Foto de Lau

Currillos…

Y como siempre que vengo a Madrid, aprovecho también para buscar algunos currillos. Y mi mejor proveedor de currillos aquí es mi gran amigo Jorge, que siempre me pide que le haga alguna chapucilla en casa. En este caso me ha pedido que le haga una especie de embellecedor para el murete de su acceso a la planta de abajo.

Así que compro la madera a medida, las esquinas, compruebo que encaje todo bien (sí, esa esquina tuvieron que volverla a cortar, no fue fallo mío)…

Lo barnizo todo bien…

Y, finalmente, así es como queda.

La Navaja…

Tal y como ya conté en el blog, el 4 de marzo de 2020, cuando iba a subir al tren que me llevaría a Vitoria para comprarme mi actual moto, me detectaron que llevaba una navaja multiusos en mi mochila y no me dejaban subir al tren con ella. La única solución que encontré entonces, fue la de buscar un voluntario en la cafetería (entre los 4 gatos que estábamos en Atocha a las 7 de la mañana) para darle mi navaja. El elegido fue Jorge, un chico de Azuqueca de Henares, al que le pedí que me guardara la navaja y que me diera su teléfono y que le llamaría cuando volviera a pasar por Madrid para recuperarla. Después de la sorpresa inicial, y una vez que le hube demostrado que era un viajero de verdad y no un loco con una navaja, Jorge fue más que comprensivo y aceptó hacerme ese grandísimo favor.

Pues el 25 de noviembre, casi 9 meses más tarde, cuando me quedan pocos días de estar en Madrid, me pongo en contacto con Jorge y no sólo se acuerda de mí, sino que ha estado mirando con mucho interés mi blog y, por supuesto, tiene mi navaja que puedo pasar a recoger cuando quiera.

Para que no me pille tan mal, quedamos en Alcalá de Henares, que me queda algo más cerca. Y aprovecho que llego pronto para hacer algo de turismo por la ciudad de Cervantes.

Y finalmente quedo con Jorge, al que le abradezco infinitamente la confianza y el haberme guardado la navaja tantísimo tiempo. Cualquier otro la habría perdido por algún rincón del trastero.

.Kelly y planes…

Como comentaba más arriba, Mer me dejó okupar su apartamento hasta final de mes, así que para noviembre tenía que buscarme la vida.

Como todavía no tengo muy claro hacia dónde tirar, quiero aguantar un poco más en Madrid. Además, tengo un posible rodaje para mediados de noviembre por aquí, así que estoy intentando alargar mi estancia mientras decido hacia dónde ir después. Mis opciones son:

1) Volver a Cal Cases (Barcelona) y pasar allí el invierno. Es la opción más sencilla, pero también la más conservadora. Sé que estaré de maravilla allí, pero supone zona de confort, poca aventura, pocas novedades… y me va apeteciendo un cambio y emociones.

2) Irme a Italia. Mi amiga Giada, quien fue mi host de Couchsurfing en Carrara durante mi viaje por Italia en julio de 2015, se ofrece a acogerme si voy por allí. Y he visto que el ferry de Barcelona a Italia es sorprendentemente barato (unos 65€ y con moto). Así que sería muy tentador dar el salto a Italia, quedarme unos días por el norte y luego aprovechar la moto para recorrer el país.

3) Pero me echa para atrás el tema del frío. El viaje hasta Madrid en moto me demostró que voy mal equipado y resisto poco las bajas temperaturas. Así que no me veo recorriendo Italia en Invierno. Y no me apetece nada tener que hacerme una PCR para ir, por eso me planteo irme a un sitio cálido y con menos restricciones. Y en mi cabeza empieza a sonar un lugar… Canarias.

El tema es (que me desvío) que mientras decido para donde tirar, necesito un lugar donde quedarme en Madrid, así que busco varias opciones en Workaway y Couchsurfing. Y es a través de este último donde contacto con Kelly, una maravillosa americana de origen griego, que accede a acogerme en su apartamento cerca de Plaza elíptica desde el 2 de noviembre.

Kelly es profesora de inglés de alumnos muy avanzados y, aunque lleva unos cuantos años por aquí, no habla un español demasiado fluido, lo que me permite volver a practicar mi inglés, que lo tenía un poco abandonado.

Kelly me pone en su habitación de invitados y me deja usar la cocina. La verdad es que estoy de lujo. Y aunque sólo estoy una semana, conectamos enseguida. Kelly lo define muy bien en la referencia que me deja en la web de Couchsurfing cuando me voy:

What a pleasure it was. He blended seamlessly to my crazy routine. It was like having family over. Perfect guest!!!!

Tenemos largas charlas, especialmente sobre Couchsurfing y su filosofía, ya que Kelly es una de las fundadoras del proyecto. Me parece muy interesante su visión del cambio que ha dado CS hacia su profesionalización, especialmente ahora que han empezado a cobrar, algo sobre lo que Kelly siempre fue gran defensora en contra del criterio de muchos de los creadores.

En otra de nuestras conversaciones, Kelly se sorprende infinitamente cuando le digo que tengo muchos hermanos y que casi todos están por Madrid.

– Then… why are you here???

Como buena griega, le parece inentendible que no esté alojado por uno de mis herman@s. Le explico que, en general, no me gusta pedir favores y, aunque estoy bastante unido a mi familia, prefiero no molestar. Kelly me cuenta que en la cultura griega e italiana (que también conoce de cerca) sería impensable algo así. Me dice que si ella fuese a la ciudad donde está uno de sus hermanos y no se alojara con él, éste le dejaría de hablar por un año. Kelly dice que le sorprendió al llegar a España que en general la cultura aquí es menos “mediterránea” de lo que esperaba, en lo que se refiere a la unión familiar, mucho menos que en Italia o Grecia. Me parece muy interesante su visión.

En otra conversación, le hablo de mis dudas sobre hacia dónde ir después de Madrid. Y a ella no le cabe duda: Canarias. Muchas menos restricciones, nada de frío, tranquilidad, buen rollo… y sigue siendo España. Ni siquiera necesito PCR para ir.

Así que la decisión está tomada. En cuestión de apenas 2 días desde que tomo la decisión de irme a Canarias…

1) Encuentro un maravilloso workaway en Lanzarote con Liz, una entrenadora de perros suiza, que me dice que aunque en principio ya tiene una voluntaria, le gusta tanto mi perfil que puedo ir cuando quiera.

2) Decido que me quiero llevar la moto hasta allí, por lo que cogeré el ferry en Cádiz, que sólo sale los martes.

3) Decido que me voy ya. No voy a esperar al rodaje. Ya vendré en avión cuando salga, que los vuelos están baratejos.

4) Me compro un billete de ferry para el martes 10 de noviembre. No es muy barato (215 € con moto), pero es el precio de tener luego movilidad allí.

5) Decido que me voy de casa de Kelly el domingo 8 por la mañana, para hacer una primera etapa Madrid-Córdoba, el lunes hacer Córdoba-Cádiz y coger el ferry el martes por la tarde. Así voy con algo de margen por si tengo algún problema por el camino.

Y dicho y hecho, el domingo por la mañana estoy listo para salir.

¿El viaje?… en el próximo capítulo.

Conclusiones…

Volver a Madrid es siempre un placer. Siempre. Sobre todo por volver a ver a la familia que escogí: mis amigos. Venir a Madrid es un no parar de cerveceo que ninguna pandemia puede evitar (siempre con cuidado, claro).

Pero es curioso como 5 años de viajes por zonas tropicales o buscando los veranos en el hemisferio adecuado, me han hecho delicadito para el frío. Y el hecho de moverme en moto, lo acentúa todo mucho más. vamos, que no quiero invierno!!

Y, por otra parte, las restricciones en Madrid en estas fechas se estaban acentuando demasiado y se empezaba a rumorear un segundo confinamiento. Ésa ha sido otra de las razones de mi marcha precipitada. Si hay otro confinamiento, que me vuelva a pillar en una isla.

Así que le estoy muy agradecido a Madrid, y me lo he pasado genial durante este mes. Pero, durante el invierno…

…buscadme en Canarias.

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